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28.2.10

A modo de explicación [Aforismos de Ángel Crespo]

Ayer el ordenador me jugó una mala pasada: se convirtió en antólogo de mi selección de aforismos de Ángel Crespo. Se me escapan las razones, pero esta mañana me percaté de que algunos de los aforismos publicados daban la impresión de haberse vuelto locos: surgían mayúsculas donde no las había, el orden de las palabras en la frase estaba alterado, aparecían palabras fantasmas ... (Algunos lectores quizá llegaron a comprobarlo.)
Por más que corregí los aforismos díscolos, no hubo manera de enmendar los errores: si volvía a escribir luz, aparecia Luz; borraba palabras y volvían tozudamente a aparecer... Como ignorante que soy en esta materia, me queda la duda de si se trata de un problema o un misterio. Esperemos que solo sea un problema; los misterios obnubilan la conciencia. ¿O será un virus?
 Dadas las adversas circunstancia, y aunque mi intención es restituir aquí los aforismos que me vi obligado a quitar de la entrada de ayer, lo cierto es que el problema todavía persiste, por lo que, tras varios intentos infructuosos, renuncio a ello. No obstante, aprovecho la ocasión para pedir disculpas a quienes hayan podido llegar a la conclusión de que Ángel Crespo "escribe raro". No es verdad. 

27.2.10

*Ángel Crespo: Aforismos

ÁNGEL CRESPO Y EL AFORISMO

Para Ángel Crespo, un aforismo era, sin duda, una sentencia breve y doctrinal que se nos propone como máxima, pero nunca ésta hubiera podido ser sinónimo de aquél porque estoy segura de que la sugerencia fosfórica de la forma griega fue determinante al elegirla para referirse a este género suyo de máximas contradictorias que le gustaba cultivar, de reflexiones breves y heterodoxas que persiguen iluminar -como un cohete o la luz, igualmente fugaz, de una cerilla- la comprensión insólita de la experiencia y descubrir la cara oculta del lugar común.

PILAR GÓMEZ BEDATE. (Del prólogo a la edición citada más abajo.)

AFORISMOS

La poesía es como una aguja en un pajar. Cuando el poeta, por fin, la encuentra, la esconde otra vez entre la paja. 

*

Algunos poetas parecen ignorar a la décima musa: la que aconseja no escribir.

*

Para ser capaz de decir algo hay que renunciar a decirlo todo.

*

La poesía no es la palabra en el tiempo, sino el tiempo en la palabra. 

*

No se escribe para el presente ni para el futuro, sino para sacar del pozo a las palabras que caen en él los sábados. 

*

La poesía es tan corta que no deja tiempo para la prisa; tan larga, que sobra tiempo para la calma. 

*

El más trabajador de los críticos literarios es el olvido.

*

La frontera del solitario no es su propia piel, sino el universo de sus intuiciones.

*

La poesía no explica, pero justifica.

*

La traducción es como un espejo; si es imposible que refleje el lirio original, muestre, por lo menos, una rosa perfecta. Siempre se reputará por milagro. 

*

Lo callado amplifica lo dicho.

*

La poesía está hecha de lo que se dice, pero también de lo que se calla. Por eso, quien lo dice todo no es poeta. Quien lo calla todo, tampoco, pero resulta menos molesto. 

*

Odio deprisa para quemar el odio; amo despacio para conservar el amor. 

*

Poesía: compañía en la soledad; música: soledad en la compañía. 

*

A cada poeta se lo lee en su obra y en la de los demás-Por eso, leer a un solo poeta con olvido de los otros es no leerlo. 

*

El miedo es tan inevitable que asusta no tenerlo. 

*

En un buen poema hay mucha más cera de la que arde. 

*

En el país de los tuertos, el ciego es rey.

*

Un poema verdadero nunca es oscuridad, sino la otra cara de la luz.

*

La razón se somete a la realidad; la imaginación la subyuga.

*

Quien no descubre el mundo todos los días no lo ha visto nunca.

________________________

ÁNGEL CRESPO (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995), Aforismos. Huerga & Fierro Editores, Madrid, 1997.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

26.2.10

Nostalgia

Nostalgia de la nostalgia. Nostalgia de la unidad soñada, mientras la vida se dispersa, se desgaja de sí misma, se pudre en el fango del tiempo, se descuajaringa en los atardeceres...
Y así, la nostalgia -esa nostalgia del tiempo sin tiempo, del lugar sin lugar: nostalgia, pues, de infinito- tiñe los días con su sabor hueco, con su quejumbre de ausencias.

Del Diario de sombras, martes, 25/11/03.

25.2.10

El secreto

La intención es el secreto del acto.
_________
Hace un año...
AFORISMOS DE JULES RENARD

23.2.10

Ser y no ser o las delicias del solipsismo

Pese a no ser actor, desgranaba monólogos en solitario, sin público; o eso creía él. Igualito que Hamlet; aunque él se sabía henchido de ser, dónde va a parar, nada que ver con el melancólico de Elsinor. Él era de carne y hueso y sangre, no una mera invención, aunque sospechaba que la memoria del vagaroso príncipe le sobreviviría generación tras generación. Y la verdad es que esa idea la aceptaba a regañadientes, aunque se consolaba al pensar que el mismo Shakespeare, también él de carne y hueso y sangre (y fuera quien fuera el autor de sus obras; acaso él mismo) gozaba de menos existencia que sus imaginadas criaturas, hasta el punto de que si se conserva su memoria se debe al inmortal aliento de sus personajes.
_____________________
Hace un año (y unos días)...
AFORISMOS DE LOUIS SCUTENAIRE

21.2.10

Letanía de la claridad


De Georges de La Tour. Detalle de Lamparilla Magdalena con

Claridad. (Del lat. Claritas,-atis.) F. Calidad de Claro
Claro, ra. (Del lat. clarus.) Adj. Bañado de luz.
DRAE, 19 ª ed.

[NOTA: Disculpad los errores de esta página. Las palabras enloquecieron y revolotearon libremente; algunas, incluso, con arrogancia suprema, se adornaron con mayúsculas. Todos los intentos de reconvenirlas fueron inútiles... Para evitar males mayores, dejo la página como está hoy, 13 de mayo de 2012.]


I
La claridad es, para quién escribe, ideales de las Naciones Unidas. Y es lógico que asi sea, ideales como son los deseos más puros.

II
Si hay luz todo pintores, Los sombra También hay todo. El genio de La Tour convirtió la luz de una vela es un sol de claridad.

III
Es lógico aspirar a la claridad, INCLUSO a la claridad de las tinieblas, Aunque siempre habrá almas Umbrías a las que hiere la luz.

IV
Para Clara, el Agua: el agua clara. Pero no todo en la vida es agua. Ni pan. También hay vino, claro o turbio. (In vino veritas, dice el adagio latino, pero la verdad del vino no siempre es clara; a veces se vuelve agria, bilis pura.)

V
Aunque nadie renuncie a la claridad, pocos la alcanzan.

VI
Un estilo claro es una Bendición. Pero para escribir claro, cVer onviene Claro, claro vivir, existir con claridad. ¿Y quién no sufre cataratas en los ojos del alma?
______

Hace un año ... Oblomov

20.2.10

*Juan José Arreola: "Prosa poética y poesía prosaica"

Receta casera
Haga correr dos rumores. El de que está perdiendo la vista y el de que tiene un espejo mágico en su casa. Las mujeres caerán como las moscas en la miel.
     Espérelas detrás de la puerta y dígale a cada una que ella es la niña de sus ojos, cuidado de que no lo oigan las demás, hasta que les llegue su turno.
     El espejo mágico puede improvisarse fácilmente, profundizando en la tina de baño. Como todas son unas narcisas, se inclinarán irresistiblemente hacia el abismo doméstico.
     Usted puede entonces ahogarlas a placer o salpimentarlas al gusto.
Palindroma   


La disyuntiva                
                                         Homenaje a Sören Kierkegaard

El error está en decidirse. No le diga usted ni sí ni no. Empuñe resueltamente los dos extremos del dilema como las varas de una carretilla y empuje sin más con ella hacia el abismo. Cuidado, claro, de no irse otra vez como la soga tras el caldero.
     No la oiga gritar. Recobre inmediatamente el equilibrio entre temor y temblor. Recuerde que la cuerda es floja y que usted irá por la vida ya para siempre en monociclo.
     La rueda de este vehículo intelectual puede ser una pieza de queso parmesano o la imagen de la luna sobre el agua, según temperamento. Palindroma     
    

La trampa
                              Hay un pájaro que vuela en busca de su jaula.
                                                                                                   
F. Kafka
Cada vez que una mujer se acerca turbada y definitiva, mi cuerpo se estremece de gozo y mi alma se magnífica de horror.
     Las veo abrirse y cerrarse. Rosas inermes o flores carniceras, en sus pétalos funcionan goznes de captura: párpados tiernos, suavemente aceitados de narcótico. (En torno a ellas, zumba el enjambre de jóvenes moscardones pedantes.)    
     Y caigo en almas de papel insecticida, como en charcos de jarabe. (Experto en tales accidentes, despego una por una mis patas de libélula. Pero la última vez, quedé con el espinazo roto.) Y aquí voy volando solo.
     Sibilas mentirosas, ellas quedan como arañas enredadas en su tela. Y yo sigo otra vez volando solo, fatalmente, en busca de nuevos oráculos.
     ¡Oh Maldita, acoge para siempre el grito del espíritu fugaz, en el pozo de tu carne silenciosa!
Bestiario ["Cantos de mal dolor"]     

La lengua de Cervantes
Tal vez la pinté demasiado Fran Angélico. Tal vez me excedí en el color local de paraíso. Tal vez sin querer le di la pista entre el catálogo de sus virtudes, mientras vaciábamos los tarros de cerveza con pausas de jamón y chorizo. El caso es que mi amigo halló bruscamente la clave, la expresión castiza, dura y roma como un puñal manoseado por generaciones de tahúres y rufianes, y me clavó sin más ¡puta! en el corazón sentimental; escamoteando la palabrota en un rojo revuelo de muleta: la gran carcajada española que hizo estallar su cinturón de cuero ante el empuje monumental de una barriga de Sancho que yo no había advertido jamás. Bestiario ["Cantos de mal dolor"]     

Dama de pensamientos
Esa te conviene, la dama de pensamientos. No hace falta consentimiento ni cortejo alguno. Sólo, de vez en cuando, una atenta y encendida contemplación.
     Toma una masa homogénea y deslumbrante, una mujer cualquiera (de preferencia joven y bella), y alójala en tu cabeza. No la oigas hablar. En todo caso, traduce los rumores de su boca en un lenguaje cabalístico donde la sandez y el despropósito se ajusten a la melodía de las esferas.
     Si en las horas más agudas de tu recreación, solitaria te parece imprescindible la colaboración de su persona, no te des por vencido. Su recuerdo imperioso te conducirá amablemente de la mano a uno de esos rincones infantiles en que te aguarda, sonriendo malicioso, su fantasma condescendiente y trémulo.
Bestiario ["Cantos de mal dolor"]  

Cláusulas
I
Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene.


V
Toda belleza es formal.
Bestiario ["Cantos de mal dolor"]   
 
__________


JUAN JOSÉ ARREOLA (Zapotlán el Grande -hoy Ciudad Guzmán-, Jalisco, 1918-Guadalajara, Jalisco, 2001),  Confabulario personal. Prólogo del autor. Bruguera, Barcelona, 1979.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

18.2.10

¿Quién soy yo?

Yo sé quién soy, declara ufano don Quijote. Feliz él. Saber quién es uno, no es fácil ni es frecuente. Más normal es ir dando traspiés (o tumbos, que es más sonoro) de una imagen a otra de nosotros mismos, ajenos a nuestra íntima y secreta realidad. Lo que somos, nuestro ser, se deshilacha, se desgarra... y solo cuando nos azota un dolor infinito, o nos desborda una alegría sin límites, somos uno con él.

Del Diario de sombras, miércoles, 9/3/05.

17.2.10

Entre dos fuegos

La odisea de Victor Klemperer. ¿Se puede ser más esclavo en libertad? Cada día que pasa, se ve obligado a renunciar a nuevas cosas: universidad, cine, teatro, periódicos, alimentos, tranvía, vivienda, etc. Vida de topo y, sin embargo, "hombre libre" (no está en la cárcel, ni en el campo de exterminio, ni en los barracones del campo de concentración...). Angustia leer esas páginas en las que, por encima de sus penalidades, se impone la férrea voluntad de dar testimonio. Y lo más paradójico es que ni renuncia a su germanidad ni deja de criticar al sionismo, al que acusa de ser precursor del nacional-socialismo:
Estudio de los escritos sionistas de Herzl. La más asombrosa afinidad con el hitlerismo. (Klemperer, Diario, 26 de junio de 1942, p. 142.)
Para los nazis, Klemperer es un judío; para los sionistas, no es un judío de buena ley. Entre dos fuegos, Klemperer vive su rabia teñida de dudas, sin una fe que le redima...
Del Diario de sombras, lunes, 19/1/04.

15.2.10

*Julio Torri: Prosas, aforismos...

Circe
¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
     ¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.
Ensayos y poemas, 1917.     


El mal actor de sus emociones
Y llegó a la montaña donde moraba el anciano. Sus pies estaban ensangrentados de los guijarros del camino, y empañado el fulgor de sus ojos por el desaliento y el cansancio.
     -Señor, siete años ha que vine a pedirte consejo. Los varones de los más remotos países alababan tu santidad y tu sabiduría. Lleno de fe escuché tus palabras: "Oye tu propio corazón, y el amor que tengas a tus hermanos no lo celes." Y desde entonces no encubría mis pasiones a los hombres. Mi corazón fue para ellos como guija en agua clara. Mas la gracia de Dios no descendió sobre mí. Las muestras de amor que hice a mis hermanos las tuvieron por fingimiento. Y he aquí que la soledad obscureció mi camino. 
     El ermitaño le besó tres veces en la frente; una leve sonrisa alumbró su semblante, y dijo:
     -Encubre a tus hermanos el amor que les tengas y disimula tus pasiones ante los hombres, porque eres, hijo mí, un mal actor de tus emociones.
Ensayos y poemas, 1917.     


Del epígrafe
El epígrafe se refiere pocas veces de manera clara y directa al texto que exorna; se justifica, pues, por la necesidad de expresar relaciones sutiles de las cosas. Es una liberación espiritual dentro de la fealdad y pobreza de las formas literarias oficiales, y deriva siempre de un impulso casi musical del alma. Tiene aire de familia con las alusiones más remotas, y su naturaleza es más tenue que la luz de las estrellas.
     A veces no es signo de relaciones, ni siquiera lejanas y quebradizas, sino mera obra del capricho, relampagueo dionisíaco, misteriosa comunicación inmediata con la realidad.
     El epígrafe es como una lejana nota consonante de nuestra emoción. Algo vibra, como la cuerda de un clavicordio a nuestra voz, en el tiempo pasado.
Ensayos y poemas, 1917.     


De una benéfica institución
Me agradan sobremanera los embustes y admiro la rara perfección que en este arte han alcanzado los norteamericanos.
     Y cuando topo con eruditos ignorados, con poetas sin leyenda y sin empresario, lamento de corazón que no se sepa aquí de la empresa comercial de Nueva York que por poco dinero suministra aventuras a hombres indolentes o cobardes.
     ¡Cuántas veces por falta de oportunas disputas conyugales, de una miserable tentativa de suicidio, o de viajes extraordinarios por el Mar Rojo, perdemos nuestros mejores derechos a la gloria, y la flamante colección de nuestras obras completas padece injustamente los rigores del tiempo en una doncellez inútil, como nuestras tías abuelas!
Ensayos y poemas, 1917.     


De funerales
Hoy asistí al entierro de un amigo mío. Me divertí poco, pues el panegirista estuvo muy torpe. Hasta parecía emocionado. Es inquietante el rumbo que lleva la oratoria fúnebre. En nuestros días se adereza un panegírico con lugares comunes sobre la muerte y ¡cosa increíble y absurda! con alabanzas para el difunto. El orador es casi siempre el mejor amigo del muerto, es decir, un sujeto compungido y tembloroso que nos mueve a risa con sus expresiones sinceras y sus afectos incomprensible. Lo menos importante en un funeral es el pobre hombre que va en el ataúd. Y mientras las gentes no acepten estas ideas, continuaremos yendo a los entierros con tan pocas probabilidades de divertirnos como a un teatro.   Ensayos y poemas, 1917.     

Mujeres
Siempre me descubro reverente al paso de las mujeres elefantas, maternales, castísimas, perfectas.
     Sé del sortilegio de las mujeres reptiles -los labios fríos, los ojos zarcos- que nos miran sin curiosidad ni comprensión desde otra especie zoológica.
     Convulso, no recuerdo si de espanto o atracción, he conocido un raro ejemplar de mujeres tarántulas. Por misteriosa adivinación de su verdadera naturaleza vestía siempre de terciopelo negro. Tenía las pestañas largas y pesadas, y sus ojillos de bestezuela cándida me miraban con simpatía casi humana.
     Las mujeres asnas son la perdición de los hombres superiores. Y los cenobitas secretamente piden que el diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mortecina de las tentaciones.
     Y tú, a quien las acompasadas dichas del matrimonio han metamorfoseado en lucia vaca que rumia deberes y faenas, y que miras con tus grandes ojos el amanerado paisaje donde paces, cesa de mugir amenazadora al incauto que se acerca a tu vida, no como el tábano de la fábula antigua, sino llevado por veleidades de naturalista curioso.
De fusilamientos, 1940.     


De "Meditaciones críticas"
Los diálogos socráticos lo demuestran con certeza. El que sabe hacer algo nunca acierta a explicar la finalidad última de sus actividades. El que fracasa discierne en cambio perspicazmente los principios del arte.


Tan pronto como un escritor nos descubre la mecánica de su pensamiento, sus hábitos mentales, sus reacciones acostumbradas y el cielo bajo de sus ideas preferidas se nos cae de las manos y de la gracia. Guárdate de descubrir tus rutinas y tus procedimientos y haz creer que tu cerebro no repite jamás sus operaciones y que la tapa de tus sesos es el espacio infinito. 


Tras sus libros y papeles se hallaba el autor célebre mascullando blasfemias  contra la turba de sus discípulos que con sus fáciles imitaciones habían arruinado completamente sus poesías y su fama.


Ley de salud mental: no sufras por cosas imaginarias.


No pierdas de vista tus ideas fijas. Mantente alerta porque son la puerta que da a la locura.
Prosas dispersas, 1964.     
__________

JULIO TORRI (Saltillo, Coahuila 1889-México, 1970),  De fusilamientos [Incluye los siguientes libros: Ensayos y poemas (1917), De fusilamientos (1940), Prosas dispersas (reunidos en 1964 por el Fondo de Cultura Económica bajo el título Tres libros) y una selección de textos inéditos: El ladrón de ataúdes.] Prólogo de Gabriel Zaid. Ave del Paraíso, Madrid, 1996.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

14.2.10

¡VIVA LA INTROYECCIÓN!

"Lo que nos hace falta, españoles, es la introyección, el más preciado, el más fecundo, el más santo de los derechos humanos. ¿Cómo podemos vivir sin él? Sin la libertad de introyección, todas las demás libertades no[s] resultarán baldías y hasta dañosas. Dañosas, sí, porque hay libertades que, faltando otras que las complementen, antes perjudican que benefician al hombre. ¿De qué nos sirven, en efecto, la libertad de asociación, la de imprenta, la de cultos, la de trabajo, la de vagancia y tantas otras libertades de que dicen gozamos, si la libertad de introyección nos falta? Sin esta imprescindible prerrogativa, el sufragio universal y el Jurado se convierten en armas de la vergonzante tiranía que nos domina. Y no me digan, no, que tenemos la libertad de introspección, porque la introspección no es la introyección, como la autonomía no es la autarquía. Pongámonos, ante todo, de acuerdo en las palabras; llamemos a cada cosa por su nombre: al pan, pan, y al vino, vino; arquitrabe, al arquitrabe, introyección a la introyección y tiranía a este abigarrado conjunto de hueras e incompletas libertades en que se nos ahoga. La palabra, ¡oh, la palabra, señores, la palabra!..."
Miguel de Unamuno, "¡Viva la introyección!"


Así comienza este cuento jugoso (y unamuniano también), recogido en El espejo de la muerte (1913). Es un cuento curioso y sorprendente: futurista, por la época en que se escribió; y retrospectivo, dada el momento en que escribe el narrador (a finales del "tristísimo" siglo XXI). Para nosotros, lectores de ahora, ya dejó de ser  futurista, puesto que se refiere a los sucesos acaecidos en la década de los ochenta (desde el discurso de Lucas Gómez, en 1981, en pro de la introyección, hasta el triunfo de la revolución introyeccionista de 1989, que permitó a Lucas Gómez empuñar las riendas del Estado).

Ah, hablando de Unamuno. En las memorias contadas de Pepín Bello, acabo de encontrar este retrato (tan cruel, sin duda, como verdadero) de don Miguel:
Tenía un defecto capital, y es que no escuchaba a nadie. Él hablaba mucho, pero escuchar, no escuchaba a nadie. No es que no me escuchase a mí, que no soy nadie, es que no escuchaba a nadie. Tenía ese enorme defecto que es que no escuchaba. El mismísimo Pío Baroja explicaba que cuando conoció a Unamuno en la tertulia del Café Fornos, don Miguel no desaprovechó la ocasión para sacar del bolsillo algunos escritos y comenzar a leérselo sin ningún pudor. ¡Era así el hombre! A Unamuno, Buñuel, que no lo aguantaba, le llamaba 'el viejo pedorro'.
(David Castilo y Marc Sardá, Conversaciones con José "Pepín" Bello. Anagrama, 2007.)
Está visto que nadie es perfecto. Y Unamuno, en este sentido, acaso menos que ninguno. Ni escuchaba a nadie, ni acaso se escuchara a sí mismo. Tenía tantas cosas que decir... Tantas cosas en perpetua lucha... Y como no le temía a las contradicciones (Unamuno no confundía la vida con la lógica), su vida era un continuo bullir de ideas, ese "pan intelectual" del que solía hablar, una endiablada maraña de ideas, una colosal locura de ideas. Avasalladoras ideas, vampíricas ideas, inmarcesibles ideas que necesitan ser propaladas sin descanso. Unamuno, o el predicador infatigable. 
A los poetas del 27, hijuelos de una dictadura (o dictablanda) que a él no le perdonó el exilio, parece que Unamuno no les hacía mucha gracia. El que más cerca estuvo de él, aunque todavía  no era poeta, fue  Bergamín, lo que no debe sorprendernos:
Bergamín ha sido en su vida tan unamuniano y paradójico, o más acaso, que el mismísimo Unamuno. 

13.2.10

Haití-Tahití

Ayer oí en la radio que una expedición de militares rumanos, que se dirigía a Haití, tras el terrible terremoto que asoló el país y segó miles y miles de vidas, con la intención de colaborar en las tareas de rescate y en las labores de ayuda, acabó aterrizando en Tahití (¡Aloha!).
Un portavoz de los expedicionarios se justificó diciendo que... Haití o Tahití (¡Aloha!)... los dos nombres se parecían mucho.
Anécdotas como ésta hablan muy bien de lo útil y necesario que pueden llegar a ser los conocimientos geográficos. Por lo demás, y en lo referente a equívocos, no olvidemos el bulo malévolo, y quién sabe si cierto, que rodea a la primera página de El Jarama, en la que, si mal no recuerdo, se hace una memorable descripción del curso del río. Innumerables han sido, a lo que parece, las alabanzas que Sánchez Ferlosio tuvo que escuchar a causa de esa página, "la mejor del libro", según algunos. Pues bien, el bulo afirma que esa página pertenecía a un texto de geografía, cuyo autor fue debidamente ignorado. Aun admitiendo que se trate de una burda mentira, lo cierto es que la cosa tiene su aquél. (¿Y qué decir del caso de aquella trabajadora de un museo que fue duramente recriminada porque al hacer la limpieza tiró a la basura, creyendo que era basura, la obra de un artista ultramoderno. La infeliz señora ignoraba que también ella podría hacer sus pinitos artísticos: bastaba con que olvidara en un lugar estratégico su fregona y su cubo...)

11.2.10

*Augusto Monterroso: Cuentos, fábulas...


Prólogo

Como mis libros son ya antologías de cuanto he escrito, reducirlos a ésta me fue fácil; y si de ésta se hace inteligentemente otra, y de esta otra, otra más, hasta convertir aquellos en dos líneas o en ninguna, será siempre por dicha en beneficio de la literatura y del lector.
[Prólogo de Antología personal]


La Oveja negra
En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.
     Fue fusilada.
     Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
     Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
[Como bien se cuida de informarnos el autor, el rebaño no erigió una estatua cualquiera. Ecuestre la erigió. Lo que a buen seguro la convertía  en una estatua muy digna de ser vista... Pero también pudiera suceder que la Oveja (así, con mayúsculas) no fuera tal oveja, y mucho menos negra... A tales perplejidades nos tienen acostumbrados los autores.]


La Tortuga y Aquiles
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.      En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
     En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.


El Paraíso imperfecto
-Es cierto -dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

El mundo
Dios todavía no ha creado el mundo; solo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso. 

Fecundidad
Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.

El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Si quieres leer algunas digresiones sobre este texto, tan corto y de tan larga fama, PINCHA AQUÍ.

AUGUSTO MONTERROSO (1921-2003): Antología personal. Fondo de Cultura Económica, México, 1975; Cuentos, fábulas y lo demás es silencio. Alfaguara, México, 1996.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

9.2.10

El libro que lee Hamlet

Hamlet lee un libro. Polonio, el padre de Ofelia, le interpela; y charlan durante un rato. Hamlet, herido de amor, discurre de manera harto extraña. "Está ido, ido", dice Polonio, en un aparte -servidumbres del teatro- para que se oiga su pensamiento.
Polonio inquiere al príncipe: ¿Qué leéis, señor? Y Hamlet contesta con las famosas palabras, que son una: Palabras, palabras, palabras. Pero Polonio, que no se deja impresionar (él no es un espectador, y ni siquiera un lector de Hamlet), arremete contra las evasivas palabras: 

-¿De qué tratan, señor?
-¿Tratan, quién?
-Quiero decir lo que leéis.
Y entonces Hamlet desgrana el contenido del libro, un libro acaso tan ficticio como el mismo Hamlet, o tan misterioso como el mismo Shakespeare. O acaso no. Los eruditos tienen la palabra.  

Y Hamlet cuenta algo que sorprende inevitablemente a Polonio, y que por la misma razón puede sorprender al lector (o al espectador):
-Son calumnias, pues el satírico granuja dice aquí que los viejos tienen la barba cana, la cara llena de arrugas, los ojos segregando resina o savia de ciruelo, y que andan escasos de juicio y flojos de muslos.
¿Calumnias? ¡Qué curioso! Y prosigue el príncipe:
-Todo lo cual, señor, aunque lo creo con firmeza y entereza, no me parece correcto escribirlo así.
¿Hamlet censor? ¡Qué curioso!
Y el príncipe -que, según Baroja, se anula cuando discurre- da otra vuelta de tuerca:
-Vos mismo os volveríais de mi edad si pudierais andar para atrás como un cangrejo.
Polonio,  en un aparte, declara:
-Será locura, pero con lógica.
Poco después, impresionado aún por la actitud de Hamlet, Polonio se vuelve aforista:
-La locura acierta a veces cuando el juicio y la cordura no dan fruto.
Tras este curioso diálogo, cabe preguntarse, en particular, qué libro lee Hamlet y, en general, qué palabras se agazapan detrás de las palabras, porque tras cada palabra hay una legión de palabras.

***

(Citas de Hamlet según la traducción de Ángel-Luis
Pujante. Espasa, colección Austral.)

8.2.10

Homicidio lingüístico...

... o Pequeño Gran Asesino.
Un enano, acusado de estrangular a cuarenta y ocho prostitutas a lo largo de veinte años, y de arrojar sus cuerpos al río, el Duwamish quizás, ha sido condenado a cuarenta y ocho cadenas perpetuas sucesivas (y no a muerte, gracias a que colaboró con la policía en la búsqueda de los cadáveres), en Seattle (Wáshington).
A semejante criatura, la motejan hoy, en una radio, con insólito eufemismo, dadas sus hazañas criminales, de hombre diminuto.

(Del Diario de sombras, jueves, 6/11/03)

7.2.10

Pareceres

Hay cosas que son lo que parecen. Y así burlan nuestros recelos.

5.2.10

*Ricardo Paseyro: Poemas




Hace un año, moría en París Ricardo Paseyro. Uruguayo de nacimiento y francés de adopción. Pese a ser bilingüe, escribió toda su obra poética -más de cincuenta años de entrega a la poesía- en español. Una obra que, a no dudarlo, es menos conocida de los que debiera. Para contribuir a ese conocimiento, y como homenaje a su memoria, sirvan estos poemas espigados de su obra.

Arte poética


Del vértigo del agua
de pronto salta una gaviota blanca.
(En la alta mar del aire y mortal amor de la batalla, 1965)


El león de Delos

Zumba el sol como un tábano. La tierra
abre sus grietas para que el infierno
reciba fuego. Entre las guijas secas
son ruinas calcinadas las raíces.
Solo señor despierto, solo dueño
de la avenida que a la mar conduce
alguien, vivo en el mármol, nos vigila.
Es el león, devorador del tiempo.

(El alma dividida, 1981)


Cima da Conegliano
(Duello sulla riva del mare)

Tiene patas de cabra el indolente
pastor cuya zampoña
encanta el duelo: a orillas de la tierra
combaten sigilosos dos guerreros
quién sin la espada, quién sin el escudo.
La calma les envuelve: en el ribazo,
en las lenguas de mar, en la montaña,
en las ligeras hojas de los árboles
se ha descalzado el tiempo, contemplándolos.
¿Cuál es la prenda puesta en la batalla?
¿La señora lejana? ¿El paraíso?
La extraña nave espera al vencedor.

(El alma dividida, 1981)


El joven caballero (Óleo de Carpaccio, 1510)
Museo Thyssen-Bornemisza
























Las nubes se arrebolan, tras las ramas
del árbol cuyas hojas son los pájaros.
Las rapaces persiguen las palomas.
Espada en mano, inmóvil en la senda
vigila y sueña el joven caballero.
Su dama pasa, el enemigo acecha.
Entre los dos castillos, la muralla
sigue la cuesta y guarda el caserío.
Es la muerte quien cierra ese camino.

(Ajedrez, 1997)


Ananké


No conozco las cartas ni el oriente,
ni las puertas del mar, ni los cobijos
donde los trashumantes se guarecen.
Y no me descamino: en cada sitio
está mi traza inscrita antes que llegue.
Como si cuanto emprendo y cuanto vivo
no pudiera salvarme ni perderme.

(Ajedrez, 1997)


El viaje                

Para Pierre Darier

¡Todas las noches solo con el mar!
¡Todas las noches solo con el cielo!
Me voy conmigo mismo: empieza el viaje.
Rodando en torno de la Tierra entera
el mar cierra la puerta de las horas:
contaré las estrellas, no los días,
reñiré con la furia de los vientos
y hasta mis huesos entrará la lluvia;
reposaré mi cuerpo en las bonanzas
y el sol ardiente secará mis lágrimas
cuando me dañe la melancolía.


4/VII/97 (A bordo del Speybank)

(El mar, 1998)

RICARDO PASEYRO (1925-2009), Poesías completas. Biblioteca Nueva, Madrid, 2000. (La Editorial Verbum ha publicado Para enfrentar al ángel (1993) y Ajedrez (1997) y Poesía, Por Ejemplo publicó, en 1998, El mar.)


Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

4.2.10

Eco y Narciso











John W. Watherhouse, Eco y Narciso

Hermosa, y cruel, la historia de la ninfa Eco. Mientras Zeus se entrega a sus devaneos amorosos, Eco colma  con su charla las horas solas de la diosa Hera. Pero cuando Hera descubre la traición de la ninfa, se rinde a la venganza y dicta su sentencia: Eco repetirá cualquier sonido que llegue a sus oídos, sin que nunca pueda emitir sus propias palabras. Pasado el tiempo, Eco se enamora de Narciso (famoso galán de sí mismo), y al menos dos son las versiones que informan de ese amor. En la primera, Narciso desprecia a la ninfa, que muere de amor, aunque su voz -huella  de otras voces- perdura eterna en valles y montañas. En la segunda versión, Narciso sucumbe al amor de Eco, pero al oír de labios de la ninfa las palabras dichas por él, la abandona. Por miedo, o por no  soportar el espejo de sus palabras, la abandona.

2.2.10

Luna y sol

Pon un poco de luna en lo que escribes, escribe Jules Renard. Sí, un poco de luna, o un poco de sol; un poco de sombra, o un poco de luz, según medida, ya que unas veces nos falta sol y otras nos sobra luna.

(Del Diario de sombras, 24/1/03)