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8.4.13

Retahíla de putas (Mamotreto XXI de “La Lozana andaluza”)

“En fin, aunque la Lozana nazca de la vida real de sus personajes en el ambiente corrompido y rufianesco de la Roma renacentista, tiene, como obra literaria, un modelo en la estructura Dialogada de la Celestina, un precedente de la figura humana de su protagonista en la lasciva Franquila de la Thebayda, y el antecedente novelístico de la intervención del autor en la Cárcel de amor. Así que no es la Lozana andaluza una obra aislada, sin antecedentes literarios, como Afirma Menéndez y Pelayo, sino que tiene notables puntos de contacto con la tradición literaria que la precede.

Igualmente importante, sin embargo, es el lugar que ocupa la Lozana en el desarrollo de la Picaresca española. La Lozana retrata la corrupción moral y social de la época de Carlos V, y señala el principio de la picaresca dentro del mundo licencioso romano. El Retrato de la Lozana andaluza se inicia con la narración biográfica del origen, linaje y condición de su protagonista, es decir, con lo que Carlos Blanco Aguinaga ha llamado la “prehistoria” en la novela picaresca. Aldonza (o Lozana como vino a ser conocida por su gallardía, lozanía y belleza) nació en Córdoba de un padre mujeriego y jugador, que no dejó a su viuda e hijas nada más que una casa en pleito y algunas deudas. El carácter moralmente dudoso de este hombre nos recuerda al del padre de Lazarillo, quien “padeció persecución por justicia” como hizo también el padre de otro pícaro, el buscón Pablos. La muerte de la madre de Lozana la deja sola, y poco después la vemos amancebada con Diomedes, un mercader genovés a quien se entrega por razones obviamente económicas. El rico hombre de negocios le puede ofrecer, por lo menos temporalmente, viajes, criados y vida placentera; la Lozana piensa que la culminación de sus relaciones serían los hijos, hecho que “había de ser banco perpetuo, para no faltar a su fantasía y triunfo”. Sin embargo, su bienestar y planes de seguridad quedaron muy pronto desbaratados por el indigno padre de Diomedes, quien encarcela a su hijo y ordena que arrojen al agua a su amante, la Lozana. Sobreviviendo a esta injusta sentencia, la joven cordobesa se encamina hacia Roma, donde empieza una serie de aventuras que abarcan un período de doce años, desde su llegada a la ciudad en 1513, años en que presencia la coronación de León X, hasta el 1524. La obra se divide en tres partes, en las cuales se nos presenta la progresiva evolución de la Lozana desde los años de su adolescencia a su madurez, y los oficios que ejerce para ganarse la vida: maestra de hacer afeites, perfumera, prostituta y alcahueta.”

[Bruno Damiani, “Introducción”, pp. 16-17]


Otra pregunta que hace la Lozana al valijero cuando se levanta

Lozana. Decíme, señor, esas putas o cortesanas, o como las llamáis, ¿son todas d’esta tierra?

Valijero. Señora, no, hay de todas naciones: hay españolas castellanas, vizcaínas, montañesas, galicianas, asturianas, toledanas, andaluzas, granadinas, portuguesas, navarras, catalanas y valencianas, aragonesas, mayorquinas, sardas, corsas, secilianas, napolitanas, bruzesas, pullesas, calabresas, romanescas, aquilanas, senesas, florentinas, pisanas, luquesas, boloñesas, venecianas, milanesas, lombardas, ferraresas, modonesas, brecianas, mantuanas, raveñanas, pesauranas, urbinesas, paduanas, veronesas, vicentinas, perusinas, novaresas, cremonesas, alejandrinas, vercelesas, bergamascas, trevisanas, piedemontesas, savoyanas, provenzanas, bretonas, gasconas, francesas, borgoñonas, inglesas, flamencas, tudescas, esclavonas y albanesas, candiotas, bohemias, húngaras, polacas, tramontanas y griegas.

Lozana. Ginovesas os olvidáis.

Valijero. Ésas, señora, sonlo en su tierra, que aquí son esclavas, o vestidas a la ginovesa por cualque respeto.

Lozana. ¿Y malaguesas?

Valijero. Todas son maliñas y de mala digestión.

Lozana. Dígame, señor, y todas éstas, ¿cómo viven, y de qué?

Valijero. Yo’s diré, señora: tienen sus modos y maneras que sacan a cada uno lo dulce y lo amargo. Las que son ricas, no les falta qué espender y qué guardar. Y las medianas tienen uno aposta que mantiene la tela, y otras que tienen dos, el uno paga y el otro no escota; y quien tiene tres, el uno paga la casa, y el otro la viste, y el otro hace la despensa, y ella labra. Y hay otras que no tienen sino día e vito, y otras que lo ganan a heñir, y otras que comen y escotan, y otras que les parece que el tiempo pasado fue mejor. Hay entr’ellas quien tiene seso y quien no lo tiene; y saben guardar lo que tienen, y éstas son las que van entre las que son ricas, y otras que guardan tanto que hacen ricos a munchos; y quien poco tiene hace largo testamento, y por abreviar cuando vaya al campo final, dando su postremería al arte militario, por pelear y tirar a terrero; y otras que a la vejez viven a Ripa. Y esto causan tres estremos que toman cuando son novicias, y es que no quieren casa si no es grande y pintada de fuera, y como vienen, luego se mudan los nombres con cognombres altivos y de grand sonido, como son: la Esquivela, la Cesarina, la Imperia, la Delfina, la Flaminia, la Borbona, la Lutreca, la Franquilana, la Pantasilea, la Mayorana, la Tabordana, la Pandolfa, la Dorotea, la Orificia, la Oropesa, la Semidama y doña Tal, y doña Andriana, y ansí discurren mostrando por sus apellidos el precio de su labor; la tercera, que por no ser sin reputa, no abren público a los que tienen por oficio andar a pie.

Lozana. Señor, “aunque el decidor sea necio, el escuchador sea cuerdo”. ¿Todas tienen sus amigos de su nación?

Valijero. Señora, al principio y al medio, cada una le toma como le viene; al último, francés, porque no las deja hasta la muerte.

Lozana. ¿Qué quiere decir que vienen tantas a ser putas a Roma?

Valijero. Vienen al sabor y al olor. De Alemaña son traídas, y de Francia son venidas. Las dueñas d’España vienen en romeaje, y de Italia vienen con carruaje.

Lozana. ¿Cuáles son las más buenas de bondad?

Valijero. ¡Oh, las españolas son las mejores y las más perfectas!

Lozana. Ansí lo creo yo, que no hay en el mundo tal mujeriego.

Valijero. Cuanto son allá de buenas, son acá de mejores.

Lozana. ¿Habrá diez españolas en toda Roma que sean malas de su cuerpo?

Valijero. Señora, catorce mil buenas, que han pagado pontaje en el golfo de León.

Lozana. ¿A qué vinieron?

Valijero. Por hombres para conserva.

Lozana. ¿Con quién vinieron?

Valijero. Con sus madres y parientas.

Lozana. ¿Dónde están?

Valijero. En Campo Santo.


Francisco Delicado, La Lozana andaluza
Edición, introducción y notas de Bruno Damiani
Madrid: Clásicos Castalia, 1972

8.11.12

+”Jadis, si je me souviens bien…” (Une saison en enfer), de Arthur Rimbaud, con la traducción de Ramón Buenaventura

Poema inicial de Una temporada en el infierno, de Rimbaud

* * * *

“Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que todos los corazones se abrían, en el que todos los vinos se escanciaban.

Una tarde, me senté a la Belleza en las rodillas. — Y la encontré amarga. — Y la cubrí de insultos.

Me armé contra la justicia.

Escapé. ¡Oh brujas, miseria, odio: a vosotras se os confió mi tesoro!

Logré que se desvaneciera en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda alegría, para estrangularla, salté como una fiera, sordamente.

Llamé a los verdugos para, mientras perecía, morder las culatas de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme en la arena, en la sangre. La desgracia fue mi dios. Me tendí en el lodo. Me dejé secar por el aire del crimen. Y le hice muy malas pasadas a la locura.

Y la primavera me trajo la horrorosa risa del idiota.

Ahora bien, últimamente, habiendo estado a punto de soltar el último ¡cuac!, se me ocurrió buscar la clave del antiguo festín, en el que había, quizá, de recobrar el apetito.

La caridad es esa clave. — ¡Semejante inspiración demuestra que todo fue un sueño!

"Seguirás siendo hiena, etc.", exclama el demonio que de tan amables adormideras me coronó. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales."

¡Ah! ¡Ya he aguantado demasiado:  — Pero, querido Satanás, te lo suplico, menos irritación en la pupila. Y mientras van llegando las pequeñas cobardías que faltan, para ti, que tanto valoras en el escritor la carencia de facultades descriptivas o instructivas, arranco unas cuantas páginas repelentes de mi cuaderno de condenado.


Versión de Ramón Buenaventura
[Rimbaud, Una temporada en el infierno. Madrid, Hiperión, 1982]

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

2.11.12

*Giuseppe Ungaretti: poemas de "La alegría"

Ricordo d'Affrica

Il sole rapisce la città
Non si vede più
Neanche le tombe resistono molto

Recuerdo de África

El sol arrebata la ciudad 
Ya no se la ve
Ni siquiera las tumbas resisten mucho tiempo

*   *   *

Dannazione

Chiuso fra cose mortali
(Anche il cielo stellato finirà)
Perché bramo Dio?

Condenación

Preso entre cosas mortales
(También el cielo estrellado tendrá fin)
¿Por qué anhelo a Dios?

*   *   *

Allegria di naufragi (Versa il 24 febbraio 1917)

E subito riprende
il viaggio
come 
dopo il naufragio
un superstite
lupo di mare

Alegría de naufragios

Y en seguida vuelve a emprender
el viaje
como lo haría
tras el naufragio 
un lobo de mar
superviviente

*   *   *

Un'altra notte (Vallone il 20 aprile 1917)

In quest'oscuro
colle mani
gelate
distinguo 
il mio viso

Mi vedo
abbandonato nello'infinito

Otra noche

Con las manos
heladas 
distingo 
mi cara 
en la oscuridad

Me siento
abandonado en el infinito


GIUSEPPE UNGARETTI (1888-1970), De "Vida de un hombre". Edición bilingüe. Versión de Giovanni Cantieri. Plaza & Janés, Barcelona, 1974.

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30.8.11

*La rosa (y II): Poemas y aforismos de Juan Ramón Jiménez

Salvador Dalí

P O E M A S

La única rosa

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo
¡amor! la única rosa.

Rosa

Sólo eres tú
(aquella tú)
cuando me hieres.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Canción. Seix Barral, Barcelona, 1993.

A F O R I S M O S
[Ideolojía, Ideolojía II, inéditos]

Uno y las rosas de la tumba solamente. Sólo nuestro pensamiento, flor de nuestra vida o la flor que abre de nuestra carne podrida. Eso es intimidad. Lo demás -amada, padre, madre, hermanos, amigos-   no es nada.

*

El pensamiento primero es como una rosa de sueño; después como una rosa de bruma; después como una rosa de cristal...

*

Le arranco más al sueño que a la vida; porque el sueño es como una vida mejor, cuyas rosas quisiera sembrar en mi realidad.

*

La rosa, ¿cómo está vestida y desnuda a un tiempo?

*

Perfecto e imperfecto, como la rosa.

*

Crítico de mis entrañas; cuando yo digo del poema:

No le toques ya más,
que así es la rosa,

es después de haber llevado el poema hasta la rosa.

*

Dos rosas son dos; cuatro, cuatro; siete, siete. Muchas, una.

*

¡Pobre rosa, que no puedes huir!

*

La poesía debe ser tan natural en el poeta como la rosa en el rosal.

*

La forma de la rosa dura lo que dura la forma de su esencia.

*

Perfección es penúltima imperfección.
De ahí no hay que pasar si queremos seguir vivos. "Así es la rosa."


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958), Con la Rosa del Mundo (1896-1954). Libro transcrito y orquestado por Emilio Ríos. Barcelona, La Poesía, señor hidalgo, 2002.

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27.8.11

*La rosa (I): Un soneto de Góngora, y un comentario de Azorín

A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?

Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

LUIS DE GÓNGORA (1561-1627), Sonetos completos. Edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité. Clásicos Castalia, Madrid, 2ª ed., 1975.


Comentario de Azorín

Rosas de España, rosas que el recio pintor Zurbarán amaba: D. Luis de Góngora ha querido pintaros en catorce versos henchidos de emoción. No sabemos cuándo Góngora escribió este soneto; pero nos place ver al poeta ya un poco viejo, pobre, amargado por las adversidades de la vida. ¿Se acordaba de su Córdoba cuando escribía estos versos? ¿Veía, sobre la foscura del panorama de la Serranía, brillar una rosa encendida que se inclina sobre su tallo? ¿Era para él la rosa símbolo del breve esplendor del poeta, del poeta que tiene un momento de inspiración, de plenitud, y luego acaba en la sombra y en el olvido? Ayer naciste y morirás mañana -escribe Góngora-.
Para tan breve ser, ¿quien te dio vida? En una estancia, sobre una mesa, puesta en un búcaro, hay una bella rosa; en las paredes se ven los retratos de guerreros y de teólogos; un libro de Garcilaso o de Cervantes reposa junto al jarrón en que la rosa luce.
Entra un rayo vívido de sol por la ancha ventana. La rosa alcanza, en este minuto supremo de su vida, su plenitud. Unas manos finas y blancas la han cogido; unos ojos claros y verdes -como los de Melibea, como los de Dulcinea- la han contemplado; un instante sus pétalos fragantes han rosado una boca y una nariz sensuales y ávidas. Luego la rosa ha sido puesta en el búcaro de cristal. En la estancia reina la paz, y los teólogos y los guerreros miran desde sus marcos.
¿Para vivir tan poco estás lucida, y para no ser nada estás lozana? Este minuto en que la rosa brilla y aroma, ¿qué es en la eternidad del tiempo? Minuto de 1600, o de 1800, o de 1900; minuto en que en estas paredes de la sosegada estancia acaba de ser colocado un cuadro de Velázquez, o una escena de Goya, o un paisaje de Beruete; minuto en que unos ojos han leído una poesía de Garcilaso, o de Chénier, o de Samain; minuto en que ha resonado en el callado ámbito una dulce música de Salinas, o una trágica sonata de Beethoven; minuto en que la emoción humana ha llegado a lo más delicado y lo más intenso, ¿qué representas tú entre las dos eternidades que nos ciñen y aprisionan en lo pretérito y en lo futuro, las dos eternidades del pasado y del presente? Dilata tu nacer para tu vida, que anticipas tu ser para tu muerte. Así escribe el poeta. No importará nada, sin embargo, el dilatar ese nacer. No se adelantará nada con perdurar en el limbo de la vida sin entrar de lleno en la vida. El limbo de la vida es tan fugaz como la vida misma. Entremos en la vida resueltamente. Seamos en ella lo que nuestro ser quiere -espontáneamente- que seamos. Podrán pasar los mundos y podrá dilatarse el tiempo en sucesión interminable de siglos y siglos. Pero este minuto en que la rosa -cortada por bellas manos- luce y perfuma en su búcaro de cristal, frente a un retrato de Velázquez, en una estancia en que han resonado las armonías de Beethoven, este minuto es lo más alto, lo más fino y lo más exquisito de la civilización humana. No sabemos lo que podrá producir el tiempo en su corriente inacabable; mas este instante, tan fugitivo, tan alado, es la flor maravillosa -¡oh hombres!- de la pretérita eternidad...

JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (Azorín), Al margen de los clásicos. Introducción de Santiago Riopérez y Milá. Biblioteca Nueva, Madrid, 2005.

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29.5.11

* Pío Baroja, Aurora roja: El derecho - La ley - La esclavitud - Las vacas - Los negros - Los blancos - Otras pequeñeces

Recientemente he leído Aurora roja, tercera novela de la trilogía barojiana La lucha por la vida. Fechada en “Madrid, diciembre 1904”, Baroja ofrece en ella un vívido retrato del anarquismo finisecular,  años antes de la aparición de la CNT, el sindicato anarcosindicalista.

“Llaneza, amigo Sancho”, reconvenía don Quijote a su fiel escudero. Llaneza es lo que prodiga Baroja, y por lo que resulta tan entrañable su lectura. Llaneza es esa manera tan cercana de contar las cosas, sin estridencias, sin triquiñuelas.

En esta novela se refleja toda la panoplia de ideas, diversas y antagónicas, reciamente encarnadas en los personajes, de las que se nutría el anarquismo finisecular, y apuntando de soslayo a sus fricciones con el socialismo. Los hijos de Bakunin, tan enemigos entre sí, eran unánimes en su repudio de los hijos de Marx.

Parece increíble la viveza con que una novela puede mostrarnos la mentalidad de una época; y ello sin dejar de ser novela, ni proponer tesis, ni hacer sociología. Aunque muchas de aquellas ideas quedaron arrumbadas en los sótanos de la historia, otras perduran a pesar de todas las caídas del telón de la historia. Las ideas muertas, que tanta vida tuvieron, son como esos dioses a los que se tragó el desierto, y a los que nadie implora.

Pero es una curiosa experiencia, y la novela de Baroja la propicia, ver cómo las ideas –a veces puras entelequias– se encarnan en personas concretas. Ideas que se “tienen”, como diría Ortega; a diferencia de las creencias, en las que “se está”. Quizás por ello, gentes que profesan ideas diferentes, comparten idénticas creencias, incluso sin saberlo. Pero si es posible cambiar de ideas, o incluso vivir de espalda a ellas, las creencias habitan en nosotros, seamos conscientes o no. Y, a veces, sólo por contraste, llegamos a percatarnos de ellas.

SEGUNDA PARTE
Capítulo II

El domingo siguiente llegó Manuel tarde a la reunión; hacía un hermoso tiempo de invierno, y Manuel y la Salvadora lo aprovecharon para pasear.

Cuando entró Manuel en el juego de bolos, la discusión estaba en su período álgido.

Qué tarde le dijo el Madrileño; te has perdido la gran juerga; pero, en fin, todavía continúa.

Las caras estaban congestionadas.

¿Quiénes son los que discuten?

El Estudiante, Prats y ese jorobado amigo tuyo.

El jorobado era Rebolledo.

Lo que proclamamos nosotros decía el estudiante Maldonado con voz iracunda es el derecho al bienestar de todos.

Ese es el derecho que yo no veo por ningún lado replicó Rebolledo, padre.

Pues yo, sí.

Pues yo, no. Para mí, tener derecho y no poder, es como no tener derecho. Todos tenemos derecho al bienestar; todos tenemos derecho a edificar en la Luna. ¿Pero podemos? ¿No? Pues es igual que si no tuviéramos derecho.

Se pueda o no se pueda, el derecho es el mismo replicó Maldonado.

Claro dijo Prats.

No, claro no y el jorobado agitó enérgicamente la cabeza con vigorosos signos negativos-, porque el derecho de la persona varía con los tiempos y hasta con los países.

El derecho es siempre el mismo afirmó el grupo jacobino.

¿Pero cómo antes se podía haces una cosa, por ejemplo, tener esclavos, y ahora no?
preguntó el jorobado.

Porque las leyes eran malas.

Todas las leyes son malas afirmó rotundamente el Libertario.

Las leyes son como los perros que hay en el Tercer Depósito dijo con ironía el
Madrileño; ladran a los que llevan blusa y mala ropa.

Si se suprimiera el Estado y las leyes
afirmó uno de los circunstantes los hombres volverían a ser buenas personas.

Esa es otra cuestión repuso con desdén Maldonado; yo le contestaba al señor y señaló a Rebolledo, y, ¡la verdad!, no recuerdo lo que decía.

Usted decía dijo el jorobado que las leyes antiguas, que permitían tener esclavos, eran malas, y yo digo que no; lo que sí afirmo es que si volvieran aquellas leyes volvería a haber el derecho de tener esclavos.

No ...; la ley es una cosa; el derecho es otra.

El derecho es lo que a cada uno le corresponde naturalmente como hombre... Todos tenemos derecho a la vida; creo que no lo negará usted.

Ni lo niego ni lo afirmo...; pero que mañana vengan los negros, por ejemplo, a Madrid, y, a éste quiero y a éste no quiero, empiecen a cortar cabezas, ¿qué hace usted con el derecho a la vida?

Podrán quitar la vida, no el derecho a la vida replicó Prats.

¿De modo que estará uno muerto, pero tendrá derecho a la vida?

Aquí, en Madrid, todo se resuelve con chistes dijo el catalán enfadado.

No, no es un chiste; es una aplicación de lo que ustedes dicen.

Es usted un reaccionario.

Yo discuto como puedo. Presento mis argumentos, y por ahora no me han convencido.

¿Pero es que usted no cree gritó Maldonado que todo el que nace tiene derecho a vivir?

No sé contestó el jorobado; las vacas también nacen y deben tener derecho a vivir; pero, a pesar de esto, las matamos y nos las comemos en biftec; es decir, se las comen los que tienen dinero.

Se echaron todos a reír.

Es que se va de la cuestión dijo Prats.

No replicó el jorobado; es que a mí las pamplinas me hacen la santísima, ¿sabe usted?, y aquí se habla mucho, pero no se dice na, Todos esos derechos que ustedes dicen, yo no los veo por ninguna parte, y pa mí todo eso de los derechos es hablar de la mar. Es como si a mí me quisieran demostrar que tengo derecho a quitarme la joroba. Yo creo que estas cosas las hacen las circunstancias, y pondré un ejemplo: Que tengo que pasar una botella de vino por las Puertas y me la ven, que yo haré que no me la vean, y me piden el consumo, y yo ¿qué hago? Pagar. ¿Por qué? Porque tienen el derecho de exigirme el pago; pero mañana suprimen los consumos, pues no me pueden pedir ni una perra gorda, aunque traiga un bocoy, porque ya no tienen derecho a exigirme nada. Yo encuentro esto más claro que el agua. El hombre vive, si puede, y si no puede, se muere, y al que se muere lo entierran, y no hay más derecho ni más filosofía que eso.

Así, echándolo todo a rodar, no hay discusión posible dijo Maldonado.

Yo encuentro que tiene razón exclamó el Libertario.

Sí; desde su punto de vista, sí añadió Juan.

De esa manera de pensar repuso el Libertario son la mayoría de los españoles. En un pueblo donde hay un cacique no se pregunta si el cacique tiene razón o no tiene razón, sino si tiene fuerza. Es el más fuerte..., pues tiene razón... Es la ley natural..., la lucha por la vida.

El jorobado quedó engreído de su triunfo, y, sin duda, no quiso quedar ante el auditorio como un negador sistemático, y con cierta modestia añadió al cabo de un rato:

Yo no sé de estas cuestiones nada; hablo al buen tuntún...; ahora, hay cosas que me parecen bien, como la que se ha dicho antes, de repartir el trabajo entre todos, y hasta eso de suprimir la herencia.

Pero si niega usted los principios, ¿con qué derecho va usted a impedir que el hijo herede al padre? -preguntó Maldonado.

Pondría una ley que lo prohibiera. A mí me parece natural que todos los hombres tengan al empezar su vida medios idénticos de trabajo; luego el listo y el trabajador, que vayan arriba; el holgazán, que se fastidie.

Con la anarquía ya no habrá holgazanes
dijo Prats.

¿Y por qué no?

Porque no; porque la holgazanería es un producto de la organización social de hoy; suprima usted ésta, y ya no habrá holgazanes.

¿Por qué?

Porque nadie tendrá interés en no trabajar, como no habrá avaros tampoco.

Se entabló entonces un diálogo vivo entre Prats y Rebolledo.

¿Y el que guarde dinero? preguntó el jorobado.

No habrá dinero, ni propiedad, ni guardias para vigilar la propiedad.

¿Y los ladrones?

No habrá ladrones.

¿Y los criminales?..., ¿los asesinos?

No habrá criminales. Sin propiedad, no hay ladrones, ni gente que asesine para robar.

Pero hay hombres que asesinan porque tienen mala sangre desde chicos.

Esos son enfermos, y hay que curarlos.

¿Entonces, las cárceles se convertirán en hospitales?

Sí.

¿Y lo alimentarán a uno allá sin hacer nada?

Sí.

Pues va a ser el gran oficio el de criminal dentro de poco.

Usted todo lo quiere tomar al pie de la letra
dijo Prats.
Esas cosas de detalles se estudiarán.

Bueno, y otra cosa: los obreros, ¿qué vamos ganando con la anarquía?

¿Qué? Mejorar la vida.

¿Ganaremos más?

¡Claro! A cada uno se le dará el producto íntegro de su trabajo.

Eso quiere decir que a cada uno se le dará lo que merece.

Sí.

¿Y quién lo tasa? ¿Y cómo se tasa?

¿No se ve claramente lo que uno ha trabajado? dijo Prats de malhumor.

En el oficio de usted y en el mío, sí; pero en los ingenieros, en los inventores, en los artistas, en los hombres de talento, ¿quién les tasa el trabajo?

Esta exclusión de su persona entre los hombres de talento indignó al catalán, que dijo en un arranque de malhumor:

Esos, que vayan a romper piedra a la carretera.

No arguyó Maldonado; que cada uno haga su obra. El uno dirá: «he escrito este libro»; el otro: «he cultivado este prado»; el otro: «he hecho este par de zapatos»; y no será el uno superior al otro.

Bueno replicó Rebolledo; pero aun suponiendo que el inventor no sea superior al zapatero, dentro de los inventores habrá uno que invente una máquina importante y otro que haga un juguete, y uno será superior a otro; y dentro de los zapateros habrá también unos buenos y otros superiores a otros.

No, porque la idea de categoría habrá desaparecido.

Pero eso no puede ser.

¿Por qué no?

Porque es como si yo le dijera a usted: «Este banco es mayor que esa bocha»; y usted me dijera: «Mañana no lo será, porque vamos a suprimir los metros, las varas, los palmos, todas las medidas, y no se verá si es mayor o menor».

Es que usted todo lo mira tal como es ahora, y no puede usted comprender que el mundo cambia en absoluto -dijo Maldonado con desdén.

¡Sí, no lo he de poder comprender! Tan bien como usted. Yo no dudo de que tenga que variar; de lo que dudo es de que usted sepa cómo va a variar. Porque usted me dice: no habrá ladrones, no habrá criminales, todos serán iguales...; no lo creo.

No lo crea usted.

Claro que no; porque si tuviera que creer en esos milagros, por su palabra de usted, antes hubiera creído en el Papa.

Maldonado se encogió de hombros, y dijo algunas impertinencias respecto del barbero.

Me ha convencido usted le dijo Manuel al jorobado.

Claro exclamó el Madrileño impaciente, como que todas esas fórmulas son mamarrachadas. No hay mas que una cosa: la Revolución por la Revolución, pa divertirse.

Eso es dijo el señor Canuto; qué tanta teoría, ni tanta alegoría, ni tanta chapucería. ¿Qué hay que hacer? ¿Pegarle fuego a todo? Pues a ello. Y echar con las tripas al aire a los burgantes y tirar todas las iglesias al suelo, y todos los cuarteles, y todos los palacios, y todos los conventos, y todas las cárceles... Y si ve a un cura, o a un general, o a un juez, se acerca uno a él disimuladamente y se le da un buen cate o una puñalá trapera... y adivina quién te dio... Eso es.

Prats protestó, diciendo que los anarquistas eran hombres dignos y humanos, y no una partida de asesinos.

¡Pero será este hombre mendrugo!
exclamó el señor Canuto en el colmo del desprecio; luego, compadecido de las pocas luces de su interlocutor, le dijo: Mire usted, pollo, antes de que usted viniera al mundo, me dolían a mí los molares de saber lo que es la anarquía; pero he visto algo en la vida poniéndose el dedo índice junto al párpado inferior del ojo derecho; más que muchos, y he cambiado de táctica militar. ¿Está usted enterado? Y me he convencido de que la cuestión está en echar el sello y no meter el zueco. ¿Me comprende usted? Pues bien; mi sistema actual es mismamente tan científico como un máuser. Echa usted el cañón y dispara...: pum..., pum..., pum..., todas las veces que usted quiera; ahora, si pone usted el fusil apuntándose al pecho, es posible que se atraviese usted el corazón.

No le entiendo a usted dijo el catalán.

¿No? y el señor Canuto sonrió mirando a su interlocutor con lástima. ¡Qué le vamos a hacer! Quizá yo no de pie con bola y, haciéndose el humilde, continuó: pero sí que me figuraba conocer un poquito de la vida y del rentoy. Pero vamos a cuentas. Si usted tiene una caballería o un niño, es igual para el caso, con úlceras escrofulosas, ¿qué hace usted?

¡Yo qué sé! No soy veterinario ni médico.

Usted tratará de que desaparezcan esas úlceras, ¿no es verdad?

Claro.

Y para esto puede usted hacer muchas cosas. Primera, intentar curar al enfermo: yodo, hierro, nueva vida, nuevo alimento, nuevo aire; segunda, aliviarlo, limpiar las úlceras, desinfectarlas y demás; tercera, paliar, o lo que es lo mismo, hacer la enfermedad menos dura, y cuarta cosa, disimular las úlceras, o sea poner encima una capa de polvos de arroz. Y esto último es lo que usted quiere hacer con las úlceras sociales.

Será verdad; a mí no me lo parece.

¿No? Pues a mí, sí. Yo le daría a usted un consejo. No sé si se ofenderá usted. Eso es.

No, señor, yo no me ofendo.

Pues hágase usted socialista.

¿Por qué?

Porque eso que dice usted y hacerse “socialero”, es lo mismo que ir a cazar al Pardo con un morral muy grande, ¿sabe usted?, y una escopeta de caña. Eso es.

PÍO BAROJA
(LA LUCHA POR LA VIDA, III)
Aurora roja 
Madrid
Editorial Caro Raggio
1974

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

3.5.11

*Antonio Machado: Proverbios y cantares


[Los “Proverbios y cantares” se publicaron por primera vez –sin la dedicatoria– en la
Revista de Occidente, I, n.º III, 1923.
Al recogerse en Nuevas canciones, tercer libro de poesía de Antonio Machado, publicado en 1924, el poeta desechó varias piezas, quedando un total de 99.]

Estos Proverbios y cantares –el título, y en buena medida, las formas y acentos, son los mismos que en Campos de Castilla [donde figura el famosísimo: Todo pasa y todo queda; / pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar]–, empiezan con la soleá de la “nueva objetividad”: El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas: /es ojo porque te ve.

Esa “nueva objetividad” no es, a la manera escolástica tradicional, primacía de la “cosa”, que estaría ahí para que el intelecto se ajustara a ella, sino que es comunidad con el “tú”, con el “otro”, con los “otros”, en diálogo fecundo. Incluso en lo hondo del “yo” late un “otro”: si nos entendemos a nosotros mismos, ha de ser porque nos tratamos y nos interpelamos como si fuéramos “otro”. La introspección lleva a la “otredad”, si no cae en “vicio solitario”: Todo narcisismo / es un vicio feo /y ya viejo vicio.

Y luego: Mas busca en tu espejo al otro, / al otro que va contigo.

Eso implica volverse más enérgicamente que nunca contra el subjetivismo decimonónico, y contra la primacía del moi fondamental bergsoniano: No es el yo fundamental / eso que busca el poeta, / sino el tú esencial.
JOSÉ MARÍA VALVERDE, “Introducción”

*   *   *

A José Ortega y Gasset

I
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

XV
Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.

XVII
En mi soledad
he visto cosas muy claras,
que no son verdad.

XXXVI
No es el yo fundamental
eso que busca el poeta,
sino el tú esencial.

XL
Los ojos por que suspiras,
sábelo bien,
los ojos en que te miras
son ojos porque te ven.

XLIII
Dijo otra verdad:
busca el tú que nunca es tuyo
ni puede serlo jamás.

XLVI
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.

L
Con el tú de mi canción
no te aludo, compañero;
ese tú soy yo.

LII
Hora de mi corazón:
la hora de una esperanza
y una desesperación.

LIII
Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.

LXVI
Poned atención:
un corazón solitario
no es un corazón.

LXXXV
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

ANTONIO MACHADO, Nuevas canciones y De un cancionero apócrifo. Edición, introducción y notas de José Mª Valverde. Madrid, Editorial Castalia, 1971.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

20.2.11

*Ignacio Aldecoa: “Neutral corner”, una mirada al mundo del boxeo

Boxeo

Hubo un tiempo en que el boxeo despertaba pasiones, incluso encontradas. Mucho coraje y mucha ambición tenía que hervir en la sangre de esos púgiles que saltaban al ring a zurrar al prójimo, rodeados por vociferantes espectadores. Quizás el odio, incluso fingido, ayudara algo en la tarea.

A la “mística” del boxeo pobreza, coraje, mucho tesón y paraísos soñados apenas le queda ya la memoria del pasado.

Hoy por hoy, el boxeo solo despierta indiferencia. Y la indiferencia, pasión fría, no ofende a los indiferentes. Quizás esa indiferencia explique el éxito de Clint Eastwood con su película sobre el boxeo (femenino, por más señas). Sorprende la ausencia de escándalo y la favorable acogida. Aventuremos una hipótesis: cuando dos mujeres boxean, la fiereza y la violencia de la lucha, por alguna oscura razón, se tiñe de erotismo, que a nadie repele. Quizás nada explica la hipótesis, pero por si acaso…

A Ignacio Aldecoa le encargaron escribir  sobre boxeo, y así surgió este delicioso libro de estampas, delicadamente líricas, acerca de un mundo tantas veces sórdido: Neutral corner. Unas espléndidas fotografías de Ramón Masats acompañan al texto. 

En el prólogo, Miguel García-Posada señala “la conjunción de la eficacia del relato, siempre ajustado, siempre lacónico, y la honda belleza del estilo.”

El capítulo que sigue es uno más, entre los muchos memorables. 

Avispas y hormigas [11]

   Tu cabeza, Apollophanes, ha llegado a ser un cedazo, o las páginas de un libro carcomido, exactamente igual que un hormiguero, o como las notas musicales lidias o frigias. Pero sigue boxeando sin miedo, porque aunque te hagan papilla la cabeza tendrás las mismas marcas que tienes; no puedes tener más.

LUCILIUS

—Tienes que seguir.

—No puedo.

—Tienes que seguir.

—No puedo.

—Tienes que seguir.

—No puedo.

Un enjambre de avispas alrededor de la cabeza. Un turbante de pequeñas llamas. Un incendio en los oídos, crepitando, devorando la voz humana. Chispas en los ojos, dentro de los ojos, cauterizando el iris, royendo el nervio óptico. Y ahora una lengua bífida hasta el oscuro pensamiento, iluminándolo y quemándolo. Fuego en el vientre y en el corazón. Otra vez avispas; en los pulmones, en las celdillas de los pulmones y dentro de los guantes y en los huesos destrozados de las manos.

—No puedo más.

—Sigue.

—No puedo más.

—Sigue.

—No puedo más.

—Sigue.

La cabeza se desprenderá con el enjambre y volará hasta las estrellas, hasta la dispersión de las estrellas. Hay que meter la cabeza en el agua para que desaparezcan las avispas. Entonces quedarán dos o tres agonizantes sobre los párpados, las más dolorosas sí, pero las últimas. Porque el ruido, este ruido, porque el ruido...

—Sigue y no seas cobarde.

—No.

—Sigue y no seas cobarde.

—No.

—Sigue y no seas cobarde.

—No.

Quiero cantar; marcharme por algún camino sin gente, cantando. Quiero oírme, llegar a un arroyo, tumbarme a la sombra de un árbol y cantar y oír. Quiero encontrar un hormiguero y deshacerlo, pisar las hormigas y orinarlas. Quiero volverme niño y dejar todo esto, porque no puedo más, porque ya te he dicho que no puedo más, porque tengo un enjambre en la cabeza y dentro de la cabeza, porque estoy en un incendio. Porque no puedo, porque no puedo más. ¿Lo entiendes?

—Tienes que seguir si quieres continuar comiendo de esto.

IGNACIO ALDECOA, Neutral corner. Prólogo de Miguel García-Posada. Fotografías de Ramón Masats. Madrid, Alfaguara, 1996.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

12.2.11

*Ramón Gómez de la Serna: Caprichos


A
diferencia de los Los caprichos grabados por Goya (tan tétricos, tan lúcidos, tan crueles), los Caprichos escritos por Gómez de la Serna resultan ser chispeantes, tiernos, quiméricos.

La primera edición de estos Caprichos apareció en 1925 y hasta 1956 no apareció la segunda que, según parece, era muy distinta de la primera. En 1962, meses antes de fallecer Gómez de la Serna, publicó Espasa-Calpe, en la colección Austral, una edición con casi cuatrocientos caprichos, que bien pudieran ser considerados microrrelatos. Ignoro si esta edición, que tengo a mano, coincide exactamente con la de 1956 o si incluye nuevos textos. En el “Breve prólogo” que precede a ambas ediciones, el autor se refiere así a su libro:

Éste es el libro de lo imaginario puro con algo de absurdo, contando con que lo absurdo no puede ser tonto, ni taimado, ni avieso.

Aquí están realizadas todas las pesadillas y venganzas ideales, después de rotos innumerables borradores de otras tantas.

Y aunque es tan diverso el resultado, yo tengo que exclamar ante los antagonistas como final de este introito: «¡Amigos, se hizo lo que se pudo, no los pude inventar mejores!»

La vida son estos divertimientos y después está el Cielo, pero ésa es otra inmensa cosa.

R. G. S.

Buenos Aires.

VERDADERA FALSA MUERTE DE CALÍGULA

Calígula quizá no murió así, pero debió morir así.

El bárbaro tetrarca —por ser tres veces brutal— ordenó que los que saliesen aquella noche con investidura roja fuesen muertos por sus centuriones.

El Implacable tenía aquella noche una cita proterva, y en la ofuscación de la prisa el muy idiota se olvidó de su propia orden y se embozó en la túnica roja, siendo muerto por su propia guardia al salir del palacio.

CLEPTÓMANA DE CUCHARILLAS

Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.

Es ésa una cleptomanía corriente sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo reyes que cambiaron las de oro por otras de similor, para evitar que se llevasen tan costoso “recuerdo de S. M.”.

Poseía cucharillas de los mejores hoteles del mundo, de las casas más nobles —con el escudo en el agarradero—, y hasta algunas arrancadas a las colecciones napoleónicas.

Un día, sin poder resistir mi curiosidad, le pregunté qué se proponía almacenando tantas cucharillas.

Entonces la cleptómana me dijo en voz baja:

—Vengarme del mundo... Dejarlo sin una cucharilla... Que muevan el café con tenedor.

LAS NEGRURAS DE REMBRANDT

Ha aparecido un experto en Rembrandt que ha penetrado en el secreto de sus fondos oscuros.

En esa afición al contraste con el negro en sus grandes cuadros había algo más que una propensión al claroscuro.

Se han encontrado en esas negruras del artista misterios de su pasión, sombras agazapadas de sus sueños, un fondo de aguafuerte de sus miedos.

En esa bituminosa y abrumadora recámara de sus cuadros estaba vibrando en la luz negra el destino de sus personajes y del mismo pintor.

En su Lección de anatomía se asoman la muerte y su estado mayor sobre las personas que componen el cuadro, amparado el macabro grupo por el cortinado de negruras que paramenta el fondo.

EL LECTOR DE REOJO

Al que lee nuestro diario de reojo no le importa que le miremos con estrábica iracundia.

No es que seamos egoístas, es que ese segundo lector desconocido retarda nuestra lectura, nos hace tropezar o patinar en lo que vamos leyendo, y como además tiene ideas contrarias a las nuestras, lee de otra manera lo que lee y nos equivoca.

El lector de reojo tenía que sufrir su condigno castigo algún día, y la cosa sucedió en el tranvía 50.

Lo llevaba al lado y no lograba despegarlo ni doblando violenta y sorpresivamente mi diario, cuando de pronto se metió con más anhelo en la página, haciendo gestos de estupor.

Leía una necrología con la media foto de los jubilados, que en comparanza súbita noté que era su retrato. ¡Era su necrología! ¡Alguna vez tenía que suceder una cosa así para escarmiento de lectores entrometidos!

SEIS BARBAS DE BESUGO

El anfitrión campechano pidió a voz en grito en el comedor del figón solitario:

—¡Eh de la casa! ¡Vino, cordero y un besugo por barba!
Nadie respondía, y entonces el caballero estentóreo volvió a gritar:

—¡Lo dicho! ¡Vino, cordero y un besugo por barba!

Era disparatado pero pintoresco el buen ver de aquel conjunto de caballeros con aquellas barbas plateadas que tenían cola de pescado en la punta.

Escamadísimos y corridos se fueron de la posada misteriosa buscando la barbería en que les descañonasen de sus absurdas barbas de besugo.

EL GATO QUE VUELA

Al gato que vuela no lo suelen ver más que los trasnochadores impenitentes, y eso si no pierden de vista la perspectiva de los tejados.

El gato que vuela no es que vuele seguido en el cielo de la madrugada, porque entonces sería un gran murciélago, sino sólo hace una cosa: que salta de alero a alero atravesando la calle, como si volase.

Como los naturalistas nunca andan por las ciudades de cuatro y media a cinco de la madrugada, no han podido anotar ese salto maravilloso —más vuelo que salto— que engatuña el cielo delirante en el entrevero de la noche y el día.

SABE A MARIPOSA

Llegó a la gran bodega el supercatador, y cuando le dieron a probar el caldo rubio del jerez nuevo, dijo sin dubitación alguna:

—Esto sabe a mariposa.

Todos se quedaron perplejos porque el dictamen del supercatador era inapelable.

Por si hablaba en un sentido simbólico, le preguntaron:

—¿Y eso qué quiere decir?

—Nada, no se alarmen —repuso el genio en distinguir sabores—. Eso quiere decir que ha caído una mariposa en la gran tinaja.

Dudando de tanta sutileza, subieron en una escalera para ver si se veía la mariposa ahogada, y, en efecto, una mariposa blanca se había ahogado en el néctar rubio.

REVOLUCIÓN

Cuando la revolución está en su crepiteo más sangriento es cuando se oye gritar:

—¡A matar los pavos reales!

No sería una revolución completa y tan digna como debe ser si no se oyese ese grito que es el ex libris revolucionario:

—¡A matar los pavos reales!

Entonces la multitud se desparrama por palacios y zoológicos y no queda un pavo real vivo y con plumas.

Entonces —sólo entonces— comienza la contrarrevolución.

EL SUEÑO Y LA MUERTE

Al sentirse envarado por el sueño y la muerte se apresuró a irse a la cama.

Quería saber quién iba a llegar antes, si el sueño o la muerte, pero en mitad del pasillo cayó dormido para siempre.

El sueño y la muerte habían empatado en él su eterna jugada.

EL NEGRO CONDENADO A MUERTE

Aquel negro había tenido la avilantez de amar a una blanca y eso, en la pulcra yanquilandia, no se perdona.

Los jueces, que por algo se lavaban los dientes cuatro veces al día, pronunciaron una terrible sentencia condenatoria. El negro sería ejecutado por tres veces con macabra saña.

La noche de capilla fue aterradora para el pobre hombre empavonado, tan terrible que, cuando le llevaron a matar en la madrugada de ojos pitañosos, se había vuelto blanco.

Así como en la noche de la capilla última ha habido condenados que han encanecido por completo aun habiendo entrado pelijóvenes, el negro se había convertido en blanco.

En vista de eso, los jueces se reunieron en consejo urgente y como, al perder el color, el delito se había convertido en falta, optaron por casar a la pareja de blancos.

Ramón Gómez de la Serna, Caprichos. Madrid, Espasa-Calpe, 1962.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)