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15.2.13

… mujeres como las demás…

Groucho MarxEn algún lugar que no recuerdo me topé hace años con esta extraña afirmación de Groucho Marx: Los hombres somos mujeres como las demás.
Da que pensar la frasecita, se mire como se mire.
Y si no es de Groucho, será de Woody Allen. Tanto monta...

31.3.12

Modo de montar en bicicleta (Un texto que no escribió Cortázar)

untitledProlegómenos. Es preciso, ante todo, que el que monta no tenga miedo a las caídas. Es además conveniente que los brazos no estén rígidos. Hay varios sistemas de montar; los más usados consisten en servirse del pedal, o mejor montar teniendo la máquina entre piernas. Para apearse, lo más cómodo es hacerlo por el pedal; algunos lo hacen por detrás y también apoyando el pie en una acera próxima. El eje del pedal ha de estar al tercio de la longitud de la planta del pie a contar desde los dedos. Al mover los pedales conviene que la punta del pie se halle dirigida un poco hacia abajo. Para sostenerse, si la máquina se inclina hacia un lado, basta girar el manillar de modo que la máquina tienda a desviarse hacia el mismo lado.

Excursión en bicicleta. Cuando se emprende una excursión en bicicleta es necesario llevar consigo un farol, una bomba, un neumático, una camisa de dormir (de seda), medias y pañuelos, una camiseta, un revólver y un mapa. Es práctico llevar varios botones y el dinero y el reloj en un cinturón, al cual irá sujeto la pistola o revólver.

Carreras modernas. En las carreras modernas el ciclista va precedido de una motocicleta, alcanzándose así velocidades mucho mayores. El efecto de los entrenadores es cortar el aire y producir una aspiración del mismo delante del ciclista, aparte de evitar a éste la fatiga cerebral que exige el cuidar de conservar la velocidad lo más constante posible, en cuyas condiciones el trabajo realizado en un tiempo dado es mínimo. Distínguense los corredores en dos clases, los “sprinters” y los “stayers”. Los primeros tienden a alcanzar la mayor velocidad, los segundos a hacer el mayor recorrido. A los últimos se les llama también “de fondo”. 
ENCICLOPEDIA VNIVERSAL ILVSTRADA EVROPEO-AMERICANA, s.f. (pero posterior a 1907).

31.12.11

¡Feliz 2012!… dentro de lo posible


El Bosco, Adoración de los Magos. Museo del Prado. Madrid.


¿No es precisamente la felicidad eso que todo el mundo busca y que no hay absolutamente nadie que no la quiera?¿Dónde la vieron para enamorarse de ella? Seguro que la poseemos, aunque no sé cómo. Existe la modalidad de quien la posee y se siente feliz. Y hay quienes son felices en esperanza. Estos últimos la poseen en grado inferior a los primeros, que son felices al poseer la felicidad real, pero están en mucho mejor situación que aquellos que no son felices ni por la realidad ni por la esperanza. Ni siquiera éstos desearían ser felices si no poseyeran la felicidad en cierto grado. Lo que es ciertísimo es que la desean. No sé como, pero han tenido conocimiento de ella; por eso tienen no sé qué noción de ella. Me ocupo en saber si esta noción reside en la memoria Si reside en ésta, es que hubo un tiempo en que fuimos felices. No trato ahora de indagar si fuimos felices cada uno individualmente considerado o lo fuimos en la persona del primer pecador, en la cual morimos todos y de la cual todos nacimos en la miseria.


El tríptico cerrado de la Adoración de los Magos.


Lo que ahora me interesa saber es si la felicidad está en la memoria. Porque lo que es cierto es que no la amaríamos si no la conociésemos. Oímos el vocablo felicidad y todos confesamos anhelar la realidad misma. No nos basta el placer que dimana del vocablo. Un griego lo oye en latín y no siente placer alguno, porque desconoce el significado de la palabra. En cambio, a nosotros sí que nos causa placer, como se lo causaría al griego si lo oyera en griego, porque la realidad no es griega ni latina. Es una cosa que tanto griegos como latinos ansían alcanzar. Y dígase lo propio del resto de los lenguajes humanos. Todos la conocen, y si pudiéramos preguntarles con una única palabra si desean ser felices, responderían sin la menor duda que sí. Y esto no sería posible si no estuviera en la memoria de ellos la realidad designada por la palabra felicidad.

San Agustín
Confesiones, Libro X, 21
Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2000
Traducción de José Cosgaya, O.S.A.
 

   

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Últimas citaciones

San Juan de la Cruz

Alberto Caeiro

José A. Muñoz Rojas

 

F

28.5.11

Los antivirus y yo

Como a la peste. Así hay que temer a los virus informáticos. Y a los antivirus también. Que en ocasiones causan más daño del que evitan. Yo no puedo olvidar que un antivirus, el Norton dichoso, aniquiló el disco duro de mi primer ordenador, de aquellos con monitor todo culo. La pantalla se puso de luto riguroso, y por mucho ¡arre, arre! no había manera de que arrancara. Puede que fuera yo el causante del colapso al contestar al buen tuntún algunas preguntas en inglés. Lo cierto es que el ordenador cayó fulminado y la pitanza con que le había alimentado desapareció. Todo cosas de poco valor, recuperadas gracias a la copia de seguridad almacenada en un disquete. 

Estos últimos días, a causa de otro antivirus, me quedé sin conexión a internet, lo que me obligó a mucho platicar por teléfono con los técnicos. Tras tediosas comprobaciones, el diagnóstico fue que se había originado un conflicto en el ordenador. ¡Para echarse a temblar! ¡Un conflicto! (Un técnico me recomendó que dejara descansar durante un cuarto de hora al ordenador. A veces, basta con eso, añadió el mago, para que se arregle. Como no estaba en condiciones de dudar, aunque sospechaba que quizás quería despedirme, le creí; pero no hubo tal. El reposo no dio su fruto. La lucha interna continuaba.)

Después de casi dos horas al teléfono (algo que ahora me cuesta creer), el último técnico con el que hablé sentenció que nada podía hacer, que el problema era del ordenador.

A la lucha del ordenador se añadió la mía propia. La idea de llevar el portátil a reparar me sumió en una postración, digamos, binaria. Paseé mi abatimiento durante dos horas, y poco a poco ahuyenté los miedos: se imponía copiar los ficheros personales y borrarlos del ordenador…

Tras la tempestad, vino la calma. En ocasiones, no es mala idea dejar reposar las cosas. Y así, al cabo de unos días, supuse que quizás desinstalando el antivirus… (aunque no parecía haberse instalado). Y voilà, problema resuelto. Lo veía y no lo creía. En el correo me esperaba un presupuesto de reparación: 60 euros. Y entonces pensé: qué importante es en esta vida saber dónde se sopla. Qué duda cabe que antes del eureka el presupuesto me hubiera parecido salvífico…

31.12.10

¡Feliz 2011!

Con los años, el arte y la vida son uno.
Braque



El tiempo es difícil de encontrar y fácil de perder.
Lao Tse

20.10.10

Jorobados

Tres famosos jorobados: Lichtenberg, Kierkegaard... y Quasimodo; pero no el poeta nobel, que yo sepa. (A la joroba me refiero, no a la fama.)

23.5.10

Cuadros

Durante años, al levantar la vista de la mesa de trabajo, vi una reproducción de El grito.

El_grito_de_Munch

¡Angustioso Munch!

Después, y durante muchos años, lo que vi fue El caminante sobre el mar de nubes.

El_caminante_sobre_el_mar_de_nubes_Friedrich

¡Apacible Friedrich!

*

Ahora, la pared está desnuda.

Y yo la miro más.

(Y a veces la veo como si fuera un cuadro: abstracto, sin marco...)

17.12.09

Casualidades

Haberlas, haylas. Y no son meigas, que son casualidades, coincidencias fortuitas que parecen esconder (o eso creemos) un sentido oculto. Voy al caso. El pasado lunes colgué en el blog (me pregunto si este verbo patibulario es el apropiado) una selección de los Dichos de san Juan de la Cruz. Un día después descubrí, ¡oh, casualidad!, que el lunes había sido el aniversario de la muerte del santo. Hacía tiempo que tenía preparados esos textos, igual que otros. ¿Por qué los colgué ese día? Pura casualidad. Pero quien estuviera al tanto del aniversario, pudiera pensar que se trataba de una elección. Una simple casualidad, pues, y un buen tema de reflexión, si elevamos la anécdota a categoría criminal: qué difícil es demostrar la inocencia, cuando nadie te cree y los hechos (o su interpretación) hablan en tu contra. Recientemente se ha dado algún caso de ese tenor. Y ante tal situación, un inocente siempre queda inerme. El culpable está mejor pertrechado: puede mentir, reírse, engañar, incluso ciscarse en la sociedad... El inocente sólo cuenta con la verdad, y una verdad que no es creída, de poco sirve: prisionero de ella, incluso el inocente puede acabar lleno de dudas. El culpable puede negar la realidad; el inocente, no, y ése es su sino. Porque a veces es más fácil a los culpables zafarse de la justicia que a los inocentes. Cosas de la vida y, a veces, de las casualidades.

12.12.09

Paradojas verbales

Abstemio como era, le encantaba la palabra dipsomanía, y despreciaba a los burdos borrachos, que traicionan la ebriedad apolínea. 

*    *    *

Rendido hipocondriaco, le seducían los nombres de escogidas enfermedades: erisipela, ictericia, malaria... El nombre de otras, con buen sentido, le horrorizaba: son nombres que pellizcan la memoria de los seres vivos.  

5.11.09

Misoneísmo

El diccionario de la RAE es parco en la definición: "Aversión a las novedades." Más explícita es la Enciclopedia vniversal ilvstrada evropeo-americana, vulgo "Espasa": (Etim.- Del gr. misein, odiar, y neos, nuevo.) m. Aversión innata y sistemática contra todo lo moderno, especie de rutina que se opone a la introducción de ideas o costumbres nuevas. El misoneísmo, como oposición ciega a las innovaciones necesarias, es expresión exagerada de la ley de inercia que actúa en la vida individual y colectiva humana..." ¿Misoneísmo? Pero ¿quién no ha sentido alguna vez miedo ante lo nuevo? Y la mayoría de la gente atraviesa ese miedo sin angustiarse por él: si se le hace frente, el miedo se diluye, pero si se atrinchera en nuestra imaginación, se vuelve imbatible. Lo curioso de las novedades es que enseguida envejecen, y la costumbre nos las vuelve indiferentes. Pero parece que el misoneísta sería tan sólo el que se siente agarrotado por la inminencia de lo nuevo, el que lo teme sin razón, metódicamente, de un modo inflexible. Pero como todo lo viejo nuestro ha sido nuevo en algún momento, no estará de más echar un vistazo y disfrutar vicariamente con las tribulaciones de un monje medieval enfrentado a las novedades del momento. ¿Quién no se ha sentido alguna vez tan indefenso como él?