15.2.13
31.12.12
31.3.12
Modo de montar en bicicleta (Un texto que no escribió Cortázar)
31.12.11
¡Feliz 2012!… dentro de lo posible
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F |
28.5.11
Los antivirus y yo

Como a la peste. Así hay que temer a los virus informáticos. Y a los antivirus también. Que en ocasiones causan más daño del que evitan. Yo no puedo olvidar que un antivirus, el Norton dichoso, aniquiló el disco duro de mi primer ordenador, de aquellos con monitor todo culo. La pantalla se puso de luto riguroso, y por mucho ¡arre, arre! no había manera de que arrancara. Puede que fuera yo el causante del colapso al contestar al buen tuntún algunas preguntas en inglés. Lo cierto es que el ordenador cayó fulminado y la pitanza con que le había alimentado desapareció. Todo cosas de poco valor, recuperadas gracias a la copia de seguridad almacenada en un disquete.
Estos últimos días, a causa de otro antivirus, me quedé sin conexión a internet, lo que me obligó a mucho platicar por teléfono con los técnicos. Tras tediosas comprobaciones, el diagnóstico fue que se había originado un conflicto en el ordenador. ¡Para echarse a temblar! ¡Un conflicto! (Un técnico me recomendó que dejara descansar durante un cuarto de hora al ordenador. A veces, basta con eso, añadió el mago, para que se arregle. Como no estaba en condiciones de dudar, aunque sospechaba que quizás quería despedirme, le creí; pero no hubo tal. El reposo no dio su fruto. La lucha interna continuaba.)
Después de casi dos horas al teléfono (algo que ahora me cuesta creer), el último técnico con el que hablé sentenció que nada podía hacer, que el problema era del ordenador.
A la lucha del ordenador se añadió la mía propia. La idea de llevar el portátil a reparar me sumió en una postración, digamos, binaria. Paseé mi abatimiento durante dos horas, y poco a poco ahuyenté los miedos: se imponía copiar los ficheros personales y borrarlos del ordenador…
Tras la tempestad, vino la calma. En ocasiones, no es mala idea dejar reposar las cosas. Y así, al cabo de unos días, supuse que quizás desinstalando el antivirus… (aunque no parecía haberse instalado). Y voilà, problema resuelto. Lo veía y no lo creía. En el correo me esperaba un presupuesto de reparación: 60 euros. Y entonces pensé: qué importante es en esta vida saber dónde se sopla. Qué duda cabe que antes del eureka el presupuesto me hubiera parecido salvífico…
31.12.10
¡Feliz 2011!
Braque

El tiempo es difícil de encontrar y fácil de perder.
Lao Tse
20.10.10
Jorobados
Tres famosos jorobados: Lichtenberg, Kierkegaard... y Quasimodo; pero no el poeta nobel, que yo sepa. (A la joroba me refiero, no a la fama.)
23.5.10
Cuadros
Durante años, al levantar la vista de la mesa de trabajo, vi una reproducción de El grito.
¡Angustioso Munch!
Después, y durante muchos años, lo que vi fue El caminante sobre el mar de nubes.
¡Apacible Friedrich!
*
Ahora, la pared está desnuda.
Y yo la miro más.
(Y a veces la veo como si fuera un cuadro: abstracto, sin marco...)
17.12.09
Casualidades
Haberlas, haylas. Y no son meigas, que son casualidades, coincidencias fortuitas que parecen esconder (o eso creemos) un sentido oculto. Voy al caso. El pasado lunes colgué en el blog (me pregunto si este verbo patibulario es el apropiado) una selección de los Dichos de san Juan de la Cruz. Un día después descubrí, ¡oh, casualidad!, que el lunes había sido el aniversario de la muerte del santo. Hacía tiempo que tenía preparados esos textos, igual que otros. ¿Por qué los colgué ese día? Pura casualidad. Pero quien estuviera al tanto del aniversario, pudiera pensar que se trataba de una elección. Una simple casualidad, pues, y un buen tema de reflexión, si elevamos la anécdota a categoría criminal: qué difícil es demostrar la inocencia, cuando nadie te cree y los hechos (o su interpretación) hablan en tu contra. Recientemente se ha dado algún caso de ese tenor. Y ante tal situación, un inocente siempre queda inerme. El culpable está mejor pertrechado: puede mentir, reírse, engañar, incluso ciscarse en la sociedad... El inocente sólo cuenta con la verdad, y una verdad que no es creída, de poco sirve: prisionero de ella, incluso el inocente puede acabar lleno de dudas. El culpable puede negar la realidad; el inocente, no, y ése es su sino. Porque a veces es más fácil a los culpables zafarse de la justicia que a los inocentes. Cosas de la vida y, a veces, de las casualidades.
12.12.09
Paradojas verbales
Abstemio como era, le encantaba la palabra dipsomanía, y despreciaba a los burdos borrachos, que traicionan la ebriedad apolínea.
* * *
Rendido hipocondriaco, le seducían los nombres de escogidas enfermedades: erisipela, ictericia, malaria... El nombre de otras, con buen sentido, le horrorizaba: son nombres que pellizcan la memoria de los seres vivos.
