A veces, uno piensa: ¡Qué lejos queda ya aquello que creíamos que nunca llegaría! Lo amable de la vida, lo ingrato. Las cosas vividas dormitan en la memoria, mientras el tiempo vivo ni duerme ni descansa.
A veces, engañado por la fantasía, uno cree que no ha llegado lo que ya dejó de ser. La imaginación se divierte jugando con los deseos y azuzando los temores. Los deseos pujan, los temores frenan. ¿Quién puede ser libre, quién vive sin temor, como quería Spinoza? A veces, es tan grande el temor que llegamos a temer lo que queremos. Quien lo ha vivido, lo sabe. Para el resto, no hay sombra en el deseo, todo es luz.
A cada momento, el tiempo se ríe de nosotros, con su risa sardónica de días y de noches.