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12.2.11

*Ramón Gómez de la Serna: Caprichos


A
diferencia de los Los caprichos grabados por Goya (tan tétricos, tan lúcidos, tan crueles), los Caprichos escritos por Gómez de la Serna resultan ser chispeantes, tiernos, quiméricos.

La primera edición de estos Caprichos apareció en 1925 y hasta 1956 no apareció la segunda que, según parece, era muy distinta de la primera. En 1962, meses antes de fallecer Gómez de la Serna, publicó Espasa-Calpe, en la colección Austral, una edición con casi cuatrocientos caprichos, que bien pudieran ser considerados microrrelatos. Ignoro si esta edición, que tengo a mano, coincide exactamente con la de 1956 o si incluye nuevos textos. En el “Breve prólogo” que precede a ambas ediciones, el autor se refiere así a su libro:

Éste es el libro de lo imaginario puro con algo de absurdo, contando con que lo absurdo no puede ser tonto, ni taimado, ni avieso.

Aquí están realizadas todas las pesadillas y venganzas ideales, después de rotos innumerables borradores de otras tantas.

Y aunque es tan diverso el resultado, yo tengo que exclamar ante los antagonistas como final de este introito: «¡Amigos, se hizo lo que se pudo, no los pude inventar mejores!»

La vida son estos divertimientos y después está el Cielo, pero ésa es otra inmensa cosa.

R. G. S.

Buenos Aires.

VERDADERA FALSA MUERTE DE CALÍGULA

Calígula quizá no murió así, pero debió morir así.

El bárbaro tetrarca —por ser tres veces brutal— ordenó que los que saliesen aquella noche con investidura roja fuesen muertos por sus centuriones.

El Implacable tenía aquella noche una cita proterva, y en la ofuscación de la prisa el muy idiota se olvidó de su propia orden y se embozó en la túnica roja, siendo muerto por su propia guardia al salir del palacio.

CLEPTÓMANA DE CUCHARILLAS

Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.

Es ésa una cleptomanía corriente sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo reyes que cambiaron las de oro por otras de similor, para evitar que se llevasen tan costoso “recuerdo de S. M.”.

Poseía cucharillas de los mejores hoteles del mundo, de las casas más nobles —con el escudo en el agarradero—, y hasta algunas arrancadas a las colecciones napoleónicas.

Un día, sin poder resistir mi curiosidad, le pregunté qué se proponía almacenando tantas cucharillas.

Entonces la cleptómana me dijo en voz baja:

—Vengarme del mundo... Dejarlo sin una cucharilla... Que muevan el café con tenedor.

LAS NEGRURAS DE REMBRANDT

Ha aparecido un experto en Rembrandt que ha penetrado en el secreto de sus fondos oscuros.

En esa afición al contraste con el negro en sus grandes cuadros había algo más que una propensión al claroscuro.

Se han encontrado en esas negruras del artista misterios de su pasión, sombras agazapadas de sus sueños, un fondo de aguafuerte de sus miedos.

En esa bituminosa y abrumadora recámara de sus cuadros estaba vibrando en la luz negra el destino de sus personajes y del mismo pintor.

En su Lección de anatomía se asoman la muerte y su estado mayor sobre las personas que componen el cuadro, amparado el macabro grupo por el cortinado de negruras que paramenta el fondo.

EL LECTOR DE REOJO

Al que lee nuestro diario de reojo no le importa que le miremos con estrábica iracundia.

No es que seamos egoístas, es que ese segundo lector desconocido retarda nuestra lectura, nos hace tropezar o patinar en lo que vamos leyendo, y como además tiene ideas contrarias a las nuestras, lee de otra manera lo que lee y nos equivoca.

El lector de reojo tenía que sufrir su condigno castigo algún día, y la cosa sucedió en el tranvía 50.

Lo llevaba al lado y no lograba despegarlo ni doblando violenta y sorpresivamente mi diario, cuando de pronto se metió con más anhelo en la página, haciendo gestos de estupor.

Leía una necrología con la media foto de los jubilados, que en comparanza súbita noté que era su retrato. ¡Era su necrología! ¡Alguna vez tenía que suceder una cosa así para escarmiento de lectores entrometidos!

SEIS BARBAS DE BESUGO

El anfitrión campechano pidió a voz en grito en el comedor del figón solitario:

—¡Eh de la casa! ¡Vino, cordero y un besugo por barba!
Nadie respondía, y entonces el caballero estentóreo volvió a gritar:

—¡Lo dicho! ¡Vino, cordero y un besugo por barba!

Era disparatado pero pintoresco el buen ver de aquel conjunto de caballeros con aquellas barbas plateadas que tenían cola de pescado en la punta.

Escamadísimos y corridos se fueron de la posada misteriosa buscando la barbería en que les descañonasen de sus absurdas barbas de besugo.

EL GATO QUE VUELA

Al gato que vuela no lo suelen ver más que los trasnochadores impenitentes, y eso si no pierden de vista la perspectiva de los tejados.

El gato que vuela no es que vuele seguido en el cielo de la madrugada, porque entonces sería un gran murciélago, sino sólo hace una cosa: que salta de alero a alero atravesando la calle, como si volase.

Como los naturalistas nunca andan por las ciudades de cuatro y media a cinco de la madrugada, no han podido anotar ese salto maravilloso —más vuelo que salto— que engatuña el cielo delirante en el entrevero de la noche y el día.

SABE A MARIPOSA

Llegó a la gran bodega el supercatador, y cuando le dieron a probar el caldo rubio del jerez nuevo, dijo sin dubitación alguna:

—Esto sabe a mariposa.

Todos se quedaron perplejos porque el dictamen del supercatador era inapelable.

Por si hablaba en un sentido simbólico, le preguntaron:

—¿Y eso qué quiere decir?

—Nada, no se alarmen —repuso el genio en distinguir sabores—. Eso quiere decir que ha caído una mariposa en la gran tinaja.

Dudando de tanta sutileza, subieron en una escalera para ver si se veía la mariposa ahogada, y, en efecto, una mariposa blanca se había ahogado en el néctar rubio.

REVOLUCIÓN

Cuando la revolución está en su crepiteo más sangriento es cuando se oye gritar:

—¡A matar los pavos reales!

No sería una revolución completa y tan digna como debe ser si no se oyese ese grito que es el ex libris revolucionario:

—¡A matar los pavos reales!

Entonces la multitud se desparrama por palacios y zoológicos y no queda un pavo real vivo y con plumas.

Entonces —sólo entonces— comienza la contrarrevolución.

EL SUEÑO Y LA MUERTE

Al sentirse envarado por el sueño y la muerte se apresuró a irse a la cama.

Quería saber quién iba a llegar antes, si el sueño o la muerte, pero en mitad del pasillo cayó dormido para siempre.

El sueño y la muerte habían empatado en él su eterna jugada.

EL NEGRO CONDENADO A MUERTE

Aquel negro había tenido la avilantez de amar a una blanca y eso, en la pulcra yanquilandia, no se perdona.

Los jueces, que por algo se lavaban los dientes cuatro veces al día, pronunciaron una terrible sentencia condenatoria. El negro sería ejecutado por tres veces con macabra saña.

La noche de capilla fue aterradora para el pobre hombre empavonado, tan terrible que, cuando le llevaron a matar en la madrugada de ojos pitañosos, se había vuelto blanco.

Así como en la noche de la capilla última ha habido condenados que han encanecido por completo aun habiendo entrado pelijóvenes, el negro se había convertido en blanco.

En vista de eso, los jueces se reunieron en consejo urgente y como, al perder el color, el delito se había convertido en falta, optaron por casar a la pareja de blancos.

Ramón Gómez de la Serna, Caprichos. Madrid, Espasa-Calpe, 1962.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

6.3.10

*RAMÓN Gómez de la Serna: Greguerías

ORIGEN DEL NOMBRE
¿Que por qué se llaman Greguerías?
Al encontrar el género me di cuenta de que había que buscar una palabra que no fuese reflexiva ni demasiado usada, para bautizarle bien.
[...]
Greguería, algarabía, gritería confusa. (En los anteriores diccionarios significaba el griterío de los cerditos cuando van detrás de su mamá.)
Lo que gritan los seres confusamente desde su inconsciencia, lo que gritan las cosas.
Por lo menos no puede caber duda de que he bautizado un género con una palabra que estaba perdida en el diccionario, que no era nombre de nada y que ahora, al ser pronunciada por alguien en un diario, o por un micrófono, hace que resulte aludido yo, que cambié su sentido, que la convertí en lo que no era.
[...]
La cosa sucedió en el piso primero derecha de la casa número 11 de la calle de la Puebla, en la villa y corte de Madrid.
Era un día aplastado por una tormenta de verano. Tenía hinchada la frente. Me asomaba al balcón y volvía a meterme dentro y a sentarme.
[...]
Sobre la mesa, las tijeras, abiertas como cuando los pelícanos abren el pico los días de calor, estorbaban la idea. Las cerré.
Por fin, en una última llamada del balcón, dándome un golpe contra la esquina del diván al salir a buscar lo que estaba entre cielo y tierra, encontré la invención de la greguería.
Sí... Yo quería decir, yo había pensado... recordando el Arno en Florencia... frente a aquella pensión en que habité... que... que la orilla de allá... Sí, la orilla de allá quería estar a la orilla de acá... Eso, ese deseo inaudito pero real... Esa perturbación de la estabilidad de las orillas, ¿qué era?... Era... una "greguería". Así me salió del bombo cerebral "esa" palabra que no sabía bien lo que significaba y fui al diccionario para ver lo que era...

DEFINICIÓN DEL GÉNERO
Humorismo + metáfora = greguería. 

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

GREGUERÍAS
El tiempo sabe a agua seca.

*

La eñe tiene el ceño fruncido.

*

El grillo mide las pulsaciones de la noche.

*

Los hai-kais son telegramas poéticos.

*

Hay recuerdos con marco y recuerdos sin marco.

*

El cisne es la S capitular del poema del estanque.

*

La jirafa es el periscopio para ver los horizontes del desierto.

*

El agua no tiene memoria: por eso es tan limpia.

*

La morcilla es una transfusión de sangre con cebolla.

*

Aburrirse es besar a la muerte.

*

En la gruta bosteza la montaña.

*

La T es el martillo del abecedario.

*

El café con leche es una bebida mulata.

*

La palmera es el monumento al cohete.

*

El agua se suelta el pelo en las cascadas.

*

Los mapas tienen venas de sangre azul.

*

El obelisco es la palmatoria de los siglos.

*

Las golondrinas entrecomillan el cielo.

*

La gasolina es el incienso de la civilización.

*

En la noche helada cicatrizan todos los charcos.

*

Los negros tienen voz de túnel.

*

Los sordos ven doble.

*

La araña es la zurcidora del aire.

*

La luna es un banco de metáforas arruinado.

*

La luna es el ojo de buey del barco de la noche.

*

Camoens y Cervantes son como dos compañeros de asilo: el uno, tuerto, y el otro, manco.

*

¿Qué es la ilusión? Un suspiro de la fantasía.

*

Ya sé; sudario para el verano  y mortaja para el invierno.

*

Las erratas son las hermanas de las ratas.
________________________

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA (1888-1963), Greguerías, en Obras selectas. Prólogo de Pablo Neruda. Introducción de Federico Carlos Sáinz de Robles. Carroggio Ediciones, 2ª ed., Barcelona, 1973.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

26.11.09

Gómez de la Serna y el hijo surrealista

Quien todavía no conozca el vídeo desopilante -¡uf!, gracias al cielo: al fin puedo usar con sentido este extraño vocablo... o voquible- de Gómez de la Serna, sírvase pinchar aquí: El orador. Quien avisa no es traidor.


Los surrealistas son unos seres puros y tenaces, que devuelven a la realidad, por otro camino que el de siempre, su sentido religioso, escatológico y esotérico.
Ramón Gómez de la Serna, Ismos

A Philippe Soupault, al que me referí días atrás, le cabe el mérito de haber escrito, con André Breton, el primer texto de literatura surrealista: Los campos magnéticos (1919). La fecha tiene su importancia: se acababa de firmar el acta de defunción del mundo viejo, tras una oleada de muerte y destrucción que arrasó a Europa a lo largo de cuatro años. En ese momento, muchos jóvenes artistas, y escritores, aspiraban a hacer tabla rasa del pasado. (O a burlarse de él, como Marcel Duchamp pintando un bigotito daliniano a la Monna Lisa.) En cualquier caso, la tea iconoclasta empezó a arder antes de la guerra. Esa tea la prendió Marinetti, con su Manifiesto del futurismo, publicado en Le Figaro, el 20 de febrero de 1909. En la soflama se pueden leer frases incendiarias como éstas:


QUEREMOS CANTAR EL AMOR AL PELIGRO...


UNA BELLEZA NUEVA: LA BELLEZA DE LA VELOCIDAD...


SÓLO HAY BELLEZA EN LA LUCHA...


QUEREMOS GLORIFICAR LA GUERRA -ÚNICA HIGIENE DEL MUNDO-, EL MILITARISMO, EL PATRIOTISMO...


MUSEOS, ¡CEMENTERIOS!...


ADMIRAR UN CUADRO VIEJO ES DERRAMAR NESTRA SENSIBILIDAD EN UNA URNA FUNERARIA...


¡VENGAN, PUES, LOS BUENOS INCENDIARIOS DE DEDOS TIZNADOS!...


EL ARTE SÓLO PUEDE SER VIOLENCIA, CRUELDAD E INJUSTICIA...


¡NO HAY LA MENOR FATIGA EN NUESTROS CORAZONES! ¡ESTÁN ALIMENTADOS DE FUEGO, DE ODIO Y DE VELOCIDAD!...


¡ERGUIDOS EN LA CIMA DEL MUNDO, UNA VEZ MÁS LANZAMOS NUESTRO DESAFÍO A LAS ESTRELLAS!


André Breton, que parecía tener unas aspiraciones más íntimas que los desbocados (o bocazas) futuristas, definió así su invento, el surrealismo: Automatismo psíquico puro, en función del cual uno se propone expresar el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensar con ausencia de todo control ejercido por la razón y al margen de toda preocupación estética o moral. A partir de esa fórmula, la misión de Breton, entronizado como supremo y férreo pontífice del movimiento ("El surrealismo no permite a aquellos que se entregan a él abandonarlo cuando mejor les plazca", escribió en el Primer Manifiesto, pero sí permite expulsar a los que considere disidentes) consistió en "obedecer el dictado mágico del inconsciente, multiplicar en lo posible las confidencias del abismo interior", según informan Durozoi y Lecherbonnier.
Estas nimias disquisiciones, me han llevado a consultar Ismos, el libro en que Gómez de la Serna hace un recorrido por los movimientos artísticos y literarios de vanguardia. En sus páginas, es fácil percibir el espíritu que, en sus inicios, animaba al surrealismo, ajenos a lo que acabaría siendo su devenir. Para entender la subversión antiburguesa del surrealismo de esa primera hora, es un estorbo saber que esa rebeldía acabó convertida, en algunos casos, en la defensa de posiciones totalitarias. El Segundo Manifiesto (1930), con sus expulsiones (Soupault y Artaud, entre otros), marca el punto de inflexión. La Révolution surréaliste, título de la revista del movimiento, y como consecuencia de los lazos con el Partido Comunista, cambia de nombre: Le surréalisme au service de la révolution. (Hasta qué punto incidió el crac de 1929 en las convulsiones de la década siguiente, es algo que se me escapa, pero lo cierto es que a partir de ese momento el fantasma del desempleo acabó convirtiéndose en una terrible realidad omnipresente, que seguramente fue la causa, en parte, de muchas de las cosas que sobrevinieron. A este respecto, Manuel Azaña, en un artículo de 1939 (?) sobre los orígenes de la guerra civil, hablaba de lo pernicioso que resultó el hecho de que, a partir de 1930, se cortara de raíz la emigración a América, como resultado de la crisis económica y de la actitud proteccionista de las repúblicas americanas. Hasta entonces, casi 100.000 personas -la cifra que aporta Azaña parece que es algo excesiva- emigraban cada año, fundamentalmente de Galicia. A partir de 1930, los felices 20 empezaron a convertirse en los terribles 30.)
Volviendo a Gómez de la Serna: en Ismos dedica una veintena de páginas, dentro del artículo "suprarrealismo", a ilustrar lo que, en su momento auroral, representaba ser (o sentirse) surrealista. Se sirve, para ello, de la familia Kloz -monsieur Pierre Kloz, madame Magda Kloz y el jovencito Henri Kloz, el hijo surrealista- para dar una explicación práctica de aquello que, como apostilla Gómez de la Serna, "no acaba de poderse definir bien como doctrina". Copio, de esa veintena de páginas, el capítulo II.



["El hijo surrealista"] 


II


El primer disgusto serio entre los Kloz y su hijo sucedió aquella mañana en que el portero subió a anunciar a monsieur Kloz que su hija había tenido un niño y que, al sentirse morir en la hora del parto, había declarado que su hijo era del señorito Henri.
El padre, convertido en abuelo por sorpresa, abrió con iracundia las ventanas de la alcoba de su hijo y dejó su sueño con los párpados arrancados. Una barbaridad que no se le ocurre más que a un padre.
-El portero dice que el hijo de su hija es tuyo -le espetó sin darle tiempo a que naciese a la vida con calma.
-No es mío... Es de su hija... Es un botones... Yo he podido fabricar un botones, pero no un hijo mío... El hijo de la hija de una portera es un botones.
-¿Es eso humanitario?
-Los porteros no merecen ningún humanitarismo porque son abortos de burgueses... Esa chica, por su educación y su alma, no tenía más que buena presencia... Además, están en un escaño tan fácil las hijas de las porteras, que no se es responsable de atropellarlas.
-¿Pero no has encontrado otra mujer en que fijarte?
-No he encontrado otra... La vida está llena de imposibles... Todos tenéis la culpa de estos desaguisados... Las mejores mujeres son las que ya han escogido mis amigos y que todavía no he podido quitárselas.
-Eres un cínico... Tú no eres digno de ser mi hijo.
-Ni tú, entonces, digno de ser mi padre.
-¿No respetas a los viejos?
-Ni a las viejas... No se consigue el perdón de seguir viviendo sino gracias a la tolerancia... Los que tienen el mayor deber de ser nuevos son los viejos... Sólo poniéndose al día, admitiendo y haciendo pública admisión de toda modernidad, podrán ser perdonados... Si no, habrá que matarlos... Son loros con la psitacosis, que es de tan mortal contagio.
-En la China...
-Ya sé lo que me vas a decir, y a eso te contestaré que por eso la China es un pueblo confuso, avejentado, insoluble. Pero no hay teorías ni razones contra lo que yo digo... No hay más que procurar ensanchar la vida, modificarla para la libertad, arreglar lo que más repugna tener que arreglar.
-Fíjate que de ese modo vas contra lo social.
-Sea lo que sea, si lo social es esa cosa repugnante, quieta, irrespirable, voy contra lo social; pero ¿por qué lo social no va a ser otra cosa? Tiene que ser otra cosa.
-No nos comprenderemos nunca.
-Pues tú debes comprenderme a mí aunque yo no pueda comprenderte. La única verdad atendible es la verdad más actual.
-¡A tu padre esas palabras!
-Y a mi madre... Porque no se trata de tu hijo, sino de una juventud que ve que todos los problemas más agudos son escamoteados, y los viejos se hacen los sordos y procuran ganar tiempo para retrasar todas las cosas. Queremos mañana mismo la substitución de una cosa por otra, y que no se os ocurra llamarnos a la guerra para distraer así el problema íntimo de la vida.
-Relajas toda la moral del mundo... No comprendes que el enemigo nos acecha.
-A mí no me acecha más que el portero, que cree que le he robado la flor de su hija, esa flor de té que cuidaba para la Comedia Francesa.
-¡Eres un sinvergüenza!
-Soy un surrealista.
El padre, al oír aquello de surrealista, se quedó pálido de ira, con los lentes temblantes como una ventana cuando ha pasado por la calle un camión lleno de flejes de hierro:
-¡Un surrealista! ¿Y te atreves a confesarlo?
-¡Con toda el alma, y ante el Tribunal Supremo; porque, por surrealista, soy capaz de ir a la cárcel y al patíbulo!
-¡Si supieses siquiera lo que es ser surrealista!
-Es el espíritu de la revolución permanente, que no se deja engañar por ninguna política, que propugna siempre un más allá de programas desconocidos.
Como la discusión había subido de tono, apareció la madre, con una dignidad de confesionario balumbante.
-¿Sabes lo que se ha atrevido a decirme que es?
Madame Kloz abrió los ojos desmesuradamente como si los fuese a dejar caer en la alfombra.
-¡Surrealista!
Madame Kloz dijo entonces:
-Yo ya sabía, pero no había querido darte un disgusto que te pudiese costar la vida... Tienes un principio de diabetes, y una cosa así te puede añadir una barbaridad de azúcar.
Los dos progenitores, con un aire de gran dignidad, salieron de la alcoba, y Henri se comenzó a vestir sin arrepentirse de sus violencias, pues sólo la agresión paternal se aprovecha de que el hijo esté entre los vendajes de las sábanas para darle un disgusto en condiciones tales de inferioridad.
RAMON GÓMEZ DE LA SERNA, Ismos. Ediciones Guadarrama, Madrid, 1975.

26.9.09

Los Ramones



Hay dos Ramones por antonomasia en la literatura española: uno tiene don, y se le conoce por don Ramón Maria del Valle-Inclán; el otro, más modesto, firmaba RAMÓN, a secas y con mayúsculas. Pues bien, este Ramón -Gómez de la Serna-, escribió una deliciosa biografía, muy ramoniana, por supuesto -sincopada y volandera-, sobre don Ramón María. En ella resulta evidente la devoción que el biógrafo profesaba al maestro. Atrabiliario es una palabra que le cuadra bien a Valle-Inclán; mucho genio, destemplado y violento. Ramón, por su parte, era más dado a la pura extravagancia.
Una cosa llamativa de verdad es la gran cantidad de anécdotas que se le atribuyen a Valle-Inclán. Gómez de la Serna afirma que ninguna es apócrifa, aunque no todas le sucedieran al "de las barbas de chivo", como motejara Darío al gran don Ramón. Que a fulanito le ha ocurrido un suceso peregrino, pues ya está: al poco tiempo, Valle-Inclán podía contar con una anécdota nueva. (Y cómo no pensar en lo que sentiría el "autor" de la anécdota al verse despojado de esa manera de un trozo de su biografía. ¡Pobrecillo!) Pero es lo que pasa cuando hay contrabando de anécdotas.
En las anécdotas auténticas, Vallé-Inclán resulta puntilloso y agresivo. Escuchemos la que recoge Gómez de la Serna, tras avisarnos de que don Ramón "poseía la esgrima de la conversación":
Alguien pintaba un personaje del siglo XIX, y para caracterizarlo dijo:
-Tenía un aire melancólico.
-¡Alto! -dijo don Ramón. ¿Qué año ocurrió ezo?
-En 1856.
-¿En 1856? ¡Impozible!
-¿Imposible? ¿Por qué?
-Porque en 1856 la melancolía no ezizte aún... La melancolía fue dezcubierta en 1861.
Genio y figura...