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Mostrando entradas con la etiqueta Diario de sombras. Mostrar todas las entradas
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26.2.12

No saber

Cuando nuestro sentir gime por los cuatro costados, conviene no saber lo que sentimos. No saber, y evitar así que lo sentido nos venza y azuce sádicamente nuestro dolor.

Lo mismo que hay sentimientos que apenas nos confesamos a nosotros mismos, hay otros en los que nos demoramos con inaudita paciencia, a pesar de que su sordo veneno nos emponzoña el alma.

[Revisión de un texto del Diario de sombras, 13/12/2003, sábado.]

9.12.09

La poesía moderna, según Ricardo Reis

La poesía moderna, declaraba Ricardo Reis, es una poesía de masturbadores. Lo chocante de la expresión no le resta validez crítica, antes al contrario. La frase da en el blanco del narcisismo. El masturbador busca su placer, con autosuficiencia en la búsqueda; y pone todo su empeño en sacar de sí mismo -a base de método, estudio y dedicación- lo que de otro modo no sabría. Pero es evidente que nadie puede obligarse a sentir lo que no siente. En ese empeño, siempre hay traición, burla del sentir. Tristes masturbaciones en las que el placer es desbancado por la férrea voluntad, tristes. En la búsqueda de nosotros mismos, a veces llegamos a encontrar al que no somos. Triste invierno de los sentimientos, si apenas son el rescoldo de lo vivido, tristes. ¿Por qué la poesía, tan esquiva con el adulto, seduce al joven? ¡Quién lo sabe! Pero si no es ésa la realidad, lo cierto es que lo parece. Quizá pudiéramos encontrar ahí  una explicación al hecho de que los sentimientos más veraces acaben convertidos, con el paso del tiempo, en burdo sentimentalismo de cartón piedra. (Miércoles, 17/12/03).

3.12.09

Recuerdos

Los recuerdos, muralla contra el tiempo, se diluyen, se pierden. Son como un río de sueños y realidades que duermen y zozobran en los sótanos del alma. Y no hay ancla que los dé amparo frente al huracán del tiempo y contra la intemperie del olvido. Equipaje de humo, los recuerdos son la huella de lo que fuimos. Y ya no somos. (Sábado, 27/12/03).

25.11.09

Signos

El corazón apesadumbrado ve signos en todas partes. En su afán por comprender lo incomprensible, busca razones en todo lo que le rodea. Y si queda insatisfecho, no por eso desiste. Prefiere cualquier explicación absurda, o loca, antes que el vacío de no saber. Los signos apaciguan -o exaltan- al corazón corroído de pesadumbre. Y cualquier explicación, incluso absurda, es bien recibida, aunque nada explique. Pero una explicación, la que sea, se vuelve necesaria para atraer la calma. Y esa calma no tiene precio. Por eso, el corazón apesadumbrado mendiga razones, sin desdeñar las sinrazones. (Miércoles, 10/12/03).

22.11.09

¡Ojalá que os roben!



Sucedió en un vagón de metro, hace más de cinco años, dos días después de Reyes. Espectral, comenzó a hablar con un hilillo de voz... Algunos me conoceréis. Estoy enferma de sida y esta noche he dormido en la calle. ¡Así tengo la cara! Estoy enferma y no soy mala; yo no robo. Rostro cenceño, amarilloso. Paseó por el vagón su vaso de plástico, su indigencia, y ante la vana respuesta escupió una colérica maldición: Hasta ahora me daba pena que os robaran, pero ¡ojalá que os roben!, ¡ojalá que os veáis como me veo yo! El vagón se hundió en una sima de silencio... Vaharadas de culpa... ¡Torva miseria!


Si sólo se diera limosna por compasión, no quedaría un mendigo vivo; es la cobardía la que da limosna. Esto es, más o menos, lo que sostiene Nietzsche. No sé si tiene razón o no,  pero a nadie se le escapa que, en el metro, la compasión, a ciertas horas, o a todas horas, brilla por su ausencia; e incluso, visto lo visto, la cobardía. ¡Qué diferencia con lo que sucede a la salida de los bingos! El dinero que llega por azar, rompe las manos. 

12.11.09

La vida en sueños

Algunas cosas las comprendemos demasiado tarde. Es difícil vivir y comprender a la vez aquello que vivimos. El tiempo pasado, tamiz de lo vivido, nos ayuda a ello, acaso cuando comprender ya no es ninguna ayuda. Hay cosas que sólo la lejanía ilumina; lo inmediato es, tantas veces, oscuro y nebuloso. Lleva su tiempo alcanzar la exacta distancia, lleva su tiempo ordenar la realidad vivida. Incluso hay momentos en que parece que, más que vivir, soñamos. Tan lejos estamos de la vida que vivimos. (Lunes, 9/2/04).

10.11.09

Supervivientes

Somos supervivientes. Y perfectamente podríamos estar muertos. (Domingo, 23/11/03).

5.11.09

Traducir lo sentido

La irrefutable poética de Bernardo Soares: «Decir lo que se siente exactamente como se siente -con claridad, si es claro; oscuramente, si es oscuro; confusamente, si es confuso-.» (Libro del desasosiego, 84.) El quid de la cuestión es, pese a todo, poder decir lo que uno siente exactamente como lo siente. Es indispensable traducir lo sentido, poner palabras al sentimiento. Y eso no siempre se logra. Unas veces no es fácil expresar lo que sentimos; otras veces es difícil saber lo que sentimos. Y a veces, incluso, solo después de escribirlo alcanzamos a saber lo que sentimos. Así de misteriosos son los sentimientos, así de sorprendente es la escritura. (Martes, 25/11/03).

28.10.09

Un día triste

(En el metro.) Amanece un día triste, con esa tristeza de plomo de los días lluviosos. ¡Qué tristeza tan diferente de la pura melancolía! La melancolía es suave, dulzona: el sueño de una ilusión ausente. La tristeza es áspera, ríspida. Tristeza que deja exánime, que roba el alma. Cuando me levanté, sentía en todo el cuerpo un dolor abstracto, un mal presagio, un frío desasimiento, un nudo de vida coagulada. Con el paso de las horas crece el ánimo, pero el sudario, pese a todo, me acompaña: semblante adusto y esperanza seca. (Martes, 9/12/03)

27.10.09

No pensar

Mejor es no pensar en el futuro. Mejor es no pensar. Mejor. Mejor es dejar que la música de Debussy nos seduzca, o que nos alegre la de Mozart, o que nos fortalezca la de Beethoveen, o que nos exalte la de Bach, o que nos traspase la de Monteverdi... No pensar, sobre todo no pensar lo que no puede ser pensado. No pensar en el tiempo lejano; sentir en cada impulso las espinas del tiempo. Sentir, no pensar. El futuro no admite ser pensado: pensarlo sólo añade sombras a las sombras. Pensar lo que no puede ser pensado es volver loco al pensamiento. (Viernes, 5/12/03, pero también vale para este 27/10/09.)