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28.6.13

Algunas fotografías de Josef Sudek

Contemplando las fotografías del checo Josef Sudek (1896-1976) es fácil reconocer que en todas partes, incluso en los objetos más humildes, arraiga la poesía. Según Flaubert “está en todo y en todas partes”.

En su adolescencia, Sudek fue aprendiz de encuadernador, en Praga, y ya por entonces le interesaba la fotografía.

Participó en la Gran Guerra, y la explosión de una granada le desgajó el brazo derecho.

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Nunca más volvió a ser encuadernador.

Se concentró entonces en la fotografía, utilizando cámaras de gran formato, sus favoritas.

Las fotografías de Sudek descubren la belleza y la poesía oculta en las cosas. Son verdaderos poemas visuales.

19.6.13

El protojesuita, el moro, la concepción inmaculada y la mula… (Fragmento de “El relato del peregrino”, de Ignacio de Loyola)

En El relato del peregrino, la singular autobiografía de Ignacio de Loyola, se narra una anécdota que da una idea cabal de su bravía juventud. 
De todos es sabido que el paso del tiempo vuelve extraños comportamientos que fueron normales, lo que dificulta asomarse al pasado sin enjuiciarlo con la superioridad propia del que cree que sus valores de época son el no va más. Tales ejercicios de ética ucrónica adulan nuestro ego hasta el delirio y, bien mirado, equivaldrían a la compra de indulgencias, laicas. Mirar hacia atrás en plan perdonavidas es propio de mentecatos cegados por la mera cronología. ¿Cómo comprender el pasado sin renunciar a las certezas del presente? ¿Y quién ha dicho que nuestro presente sea moralmente superior a todo el pasado? Epicteto decía que unas cosas dependen de nosotros y otras no. En aquellas que dependen de nosotros ponemos en juego nuestra libertad. Pero a veces nos asusta decidir y recurrimos a subterfugios para rebajar el miedo. Es una manera de decidir como si no decidiéramos. Y eso es lo que hizo el futuro fundador de la Compañía de Jesús: supeditar su crucial decisión a lo que hiciera una mula. Y la mula bendita “decidió”, sin ella saberlo, que no se derramara sobre ella sangre inocente.


Pues, yendo por su camino, le alcanzó un moro, caballero en un mulo; y yendo hablando los dos, vinieron a hablar en Nuestra Señora; y el moro decía que bien le parecía a él la Virgen haber concebido sin hombre; mas el parir quedando virgen no lo podía creer, dando para esto las causas naturales que a él se le ofrecían. La cual opinión, por muchas razones que le dio el peregrino, no pudo deshacer. Y así el moro se adelantó con tanta prisa, que le perdió de vista, quedando pensando en lo que había pasado con el moro. Y en esto le vinieron unas mociones que hacían en su ánima descontentamiento, pareciéndole que no había hecho su deber, y también le causan indignación contra el moro, pareciéndole que había hecho mal en consentir que un moro dijese tales cosas de Nuestra Señora, y que era obligado volver por su honra. Y así le venían deseos de ir a buscar el moro y darle de puñaladas por lo que había dicho; y perseverando mucho en el combate de estos deseos, a la fin quedó dubio, sin saber lo que era obligado hacer. El moro, que se había adelantado, le había dicho que se iba a un lugar que estaba un poco adelante en su mismo camino, muy junto del camino real, mas no que pasase el camino real por el lugar.
Y así, después de cansado de examinar lo que sería bueno hacer, no hallando cosa cierta a que se determinase, se determinó en esto, scilicet, de dejar ir a la mula con la rienda suelta hasta al lugar donde se dividían los caminos; y que si la mula fuese por el camino de la villa, él buscaría el moro y le daría de puñaladas; y si no fuese hacia la villa, sino por el camino real, dejarlo quedar. Y haciéndolo así como pensó, quiso Nuestro Señor que, aunque la villa estaba poco más de treinta o cuarenta pasos, y el camino que a ella iba era muy ancho y muy bueno, la mula tomó el camino real, y dejó el de la villa.


Ignacio de Loyola, El relato del peregrino
Barcelona: Editorial Labor (“Las Ediciones Liberales”), 1973

18.6.13

Presentación de *Arcos y flechas*, de Ricardo Paseyro

LOS LIBROS DE EL ALAMBIQUE
colección de poesía


La Fundación Alambique para la Poesía tiene el placer de invitarle el domingo 23 de junio, a las 12:00 h, en la Taberna El Alambique, a la presentación de

Arcos y flechas (2000-2007)

libro póstumo del gran poeta uruguayo

Ricardo Paseyro




Intervendrán:
Fernando Bergamín, Fernando-Guillermo de Castro, Jorge Dot,
Ignacio Gómez de Liaño, Ángel Guinda y Agustín Porras

Lectura de una selección de sus poemas en la voz de
José Luis de la Vega

Taberna El Alambique * Calle Fúcar, 7 (Barrio de las Letras) * Madrid
Más información en

http://www.fundacionalambique.com/


14.6.13

El testigo oidor (En el metro)

Sé que hay gente que desprecia (esa es la palabra) viajar en metro. Allá ellos. A mí el metro me gusta (aunque no sea esa la palabra) pero, por desgracia, hasta esas toperas han terminado llegando los teléfonos móviles, y ahora, además del sincopado “¡oye...! ¡oye...! ¡se corta!”, también es posible escuchar enjundiosos monólogos. El martes, sin ir más lejos, tuve la extraña sensación de haberme colado en la consulta de un terapeuta. Se siente algo turbio (¿pudor ajeno?) cuando, a solo unos centímetros, oyes a una mujer que abre de par en par su corazón al interlocutor lejano y, de paso, a los circunstantes. La aindiada mujer despedía quejas de su hija adolescente, y declaraba el dolor por tener que separarse de ella, y reconocía la llaga abierta del desprecio con que la hija despachaba sus desvelos. Fría como el mármol, la hija parece dispuesta —al menos mientras le dure la adolescencia— a pasarle factura a la madre por tanta lejanía. La interlocutora de la mujer, y yo mismo, involuntario testigo oidor, pudimos escuchar este triste lamento:
—Y yo le dije: «Doménica, ¿por qué no hablas conmigo...? Yo te quiero, cariño...» Y ella me contestó: «¿Acaso usted habló conmigo cuando se fue para allá? ¿Y de qué me sirve ahora que usted me quiera?»

10.6.13

“Borges y yo”, en la voz de uno de los dos

No le vendría mal a este “Borges y yo” un epígrafe tomado del Rimbaud más precoz, que escribía cartas enigmáticas a su profesor: Je est un autre (Yo es otro).
Las personas necesitamos los espejos (tan recurrentes en la obra de Borges) para, unas veces, ver en ellos el reflejo de lo que somos, y otras, las menos, aquello que nos permite ser, el azogue de nuestra alma.
Quizás vivimos, sin apenas sospecharlo, escindidos de nosotros mismos, sin saber quién habla en nosotros, ni si soy yo, o el otro, el que calla en mí.
¿Quién no ha sentido alguna vez que caminaba a dos pasos de sí mismo?


“Borges y yo” (EL HACEDOR, 1960)

8.6.13

Sumario del número 7 de “El Alambique” (Se anexan poemas de Pablo Guerrero, Ángel Campos Pámpano y Erich Mühsam, así como aforismos de Juan Varo)

Fiel  a su cita semestral, acaba de aparecer el número 7 de El Alambique. Agustín Porras, su director, propone como de costumbre una breve reflexión en el Brindis de bienvenida.

Las restantes secciones son:

TIENEN LA PALABRA Poemas de José Luis de la Vega, Alejandro Marzioni, Enric López Tuset, Ricardo Virtanen, Miguel Ángel Yusta, Vicente García, Patricio Gutiérrez del Álamo, Adriana Davidova, Carlos Iglesias Díez, Arabella Siles, Joseto Romero, Anaís Pérez Layea, Pedro Gandía, Ricardo Fernández Moyano, David Rey Fernández, Miguel Losada, Yamila Greco, Ismael García Clavero, Manuel Quiroga Clérigo, Arahel Rodas y Carmen López.

HOMENAJE A ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO 
Dosier coordinado por Miguel Ángel Lama 
Textos y poemas de Miguel Ángel Lama, José Antonio Zambrano, Miguel Casado, Irene Sánchez Carrón, Claudio Rodríguez Fer, Elías Moro Cuéllar, Carlos Medrano, Antonio Sáez Delgado, Tomás Sánchez Santiago, Manuel Vicente González, Eva María Romero Rivero, Álex Chico, Luis Arroyo Masa, José Juan Cuño, Joaquín Beltrán Salgado, Antonio Gómez, Basilio Sánchez, Pablo Guerrero y Álvaro Valverde.
Álbum Campos Pámpano. 
Fotografías.
Antología poética de Ángel Campos Pámpano. 
Selección de Miguel Ángel Lama.  
Bibliografía de Ángel Campos Pámpano

ÁTOMOS (Máximas, sentencias, aforismos)   
Los imprescindibles
Chamfort: Las máximas de un hombre desesperanzado, por Luis Valdesueiro. 
Máximas y pensamientos de Chamfort (Selección y traducción de Luis Valdesueiro). 
Escribir al límite: el aforismo español contemporáneo

Juan Varo Zafra, por José Ramón González.
Aforismos de Juan Vara Zafra.


LENGUA EXTRANJERA, VERSIÓN CASTELLANA  Poemas de Maria do Sameiro Barroso (versión de Ángel Guinda), António Barahona (versión de Manuele Masini), Paul Celan (versión de Andrés Unger y Dominique Leonor Unger) Luljeta Lleshanaku (versión de Lucia Paprčková) y Erich Mühsam (versión de Andrés Unger y Dominique Leonor Unger). 
Notas biobibliográficas.

UN BOCETO DEL NATURAL   
(Fragmentos de diario), por Ada Soriano.

DISCURSOS   
Fragmentos de la Ausencia, por Mohsen Emadi.

La penúltima  
Noticia de la aparición del primer volumen de la nueva colección de poesía “Los libros de El Alambique”: Arcos y flechas (2000-2007), de Ricardo Paseyro.

Artistas invitados  
Antonio Covarsí, Luis Costillo, Javier Fernández de Molina, Luis Valdesueiro, María Isabel Rodríguez Villar y Manuel Calvo Abad


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Manuel Calvo Abad, Sin título

ÁNGEL

Extiendes la blancura de la luz primera 
y limpias la ceniza del vuelo de los pájaros.
Untas a las raíces la noche temblorosa
para aceptar la sombra.

Pero ciernes la nieve.

Para explicar el aire, las palabras
que rayan la costumbre
de mirar y no ver.

Amas el agua que somos. Lentamente
nace el sol en los quejigos.

Quieres quebrar las corazas,
el engaño del frío, para ser
un silencio feliz en el poema.

Un instante, tal vez, de certidumbre.

Así te veo ahora: amando
ferozmente a la vida
desde el reloj sin tiempo de la muerte.


Pablo Guerrero


ME LLEGUÉ A LA CIUDAD con el frío de las mañanas de viaje para ver los colores de las casas: la lentitud del rosa ensombrecido de sus fachadas, la luz blanca o dorada de las plazas vacías tras la lluvia, en la tarde. Buscaba mi lugar, perseguía un texto que había perdido (leído) en algún sitio. Anduve hasta el muelle. Lloviznaba. Y, allí, solo, en el muelle sin nadie, recordé en voz alta el comienzo de la Oda Marítima.
(De La ciudad blanca)

ASÍ VIVIERAS: 
cercano a lo que importa,
visión más alta.

Donde crece el olvido,
donde deslumbra y hiere.
(De Por aprender del aire)


Ángel Campos Pámpano


TRES AFORISMOS DE JUAN VARO ZAFRA

La vida se parece más al póker que al ajedrez: el ajedrez premia a los osados; la vida a los prudentes.

Dos demonios me visitan diariamente: el demonio de mediodía, solar, lascivo y perezoso; el demonio de medianoche, febril, desmemoriado y suicida.

Los sentimientos se contagian; la inteligencia y la sensibilidad no. Por eso nada pueden éstas contra aquéllos.

Juan Varo Zafra


LEITSATZ

Fürcht nicht die Stunde, da du stirbst.
Die Welt, o glaub’s nur, kann dich missen. 

Kein Stern, um dessen Licht du wirbst, 

wird mit dir in den Tod gerissen.

Solang du lebst, wirst du gebraucht.
Soll dich das Leben nicht vergessen, 

sorg, daß die Tat nicht untertaucht, 

an der du deine Kraft gemessen.

Leb, daß du stündlich sterben kannst,
in Pflicht und Freude stark und ehrlich, 

nicht dich, — das Werk, das du begannst, 

mach für die Menschheit unentbehrlich!


AXIOMA

No tienes por qué temer la hora de tu muerte.
El mundo, créeme, se las arreglará sin ti.
Ninguna de las estrellas cuya luz cortejas
se apagará contigo cuando mueras.

Mientras vivas, se te necesita.
Para que la vida no te olvide
procura que no se pierdan las obras
a las que dedicas tus esfuerzos.

Vive como si cada hora fuera la última.
Sé fuerte, actúa con honestidad en el deber y la alegría.
¡Que las obras que iniciaste —no tú—
sean imprescindibles para la humanidad! 


Erich Mühsam (Versión de Andrés Unger y Dominique Leonor Unger)

4.6.13

El piso de la soledad

Con estas palabras: «El hijo que no he tenido es mi verdadera obra maestra», concluye Ramón López Velarde su artículo “Obra maestra” (El minutero, 1923). Arranca el texto con la descripción de un tigre, inquieta fiera constreñida en exigua jaula. «Judío errante sobre sí mismo», dictamina el poeta.
Ese tigre que golpea los barrotes con su cola anuncia la amarga greguería con estrambote del segundo párrafo: El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad. No retrocede ni avanza.
A partir de ahí, las palabras del poeta parecen tambalearse, enmarañadas en la paternidad y sus responsabilidades eternas, en la renuncia al hijo natural y en la proclamada existencia del hijo negativo, obra maestra. Pero esa algarabía de palabras nos estorba: la desolada greguería las socava, las torna insípidas y exculpatorias, incapaces de hacer que olvidemos el aritmético dolor, símbolo del infinito, impreso en el piso de la soledad.  

2.6.13

Presentación del n.º 7 de “El Alambique”

[Las metáforas viciosas]



Para H.-G. Gadamer, el uso de metáforas no es esencial en el discurso poético. De nada sirven las metáforas si falta la poesía, viene a decir. Dos siglos antes que él, Antonio de Capmany  criticaba el uso  innecesario e inapropiado de las metáforas, aunque sin renegar de ellas. Pero antes que una metáfora viciosa, como las llamaba, prefería la palabra lisa y llana que simplemente nombra. ¡Qué pobre es la sencillez y cuánto cuesta merecerla!                                                                                                                                                                                          

[VICIOSO, SA. adj. Lo que tiene, ò padece vicio, ò le causa.  
Diccionario de autoridades, 1739.]

Son viciosas las metáforas que se toman de objetos opuestos, o términos incoherentes de comparación, esto es, que excitan ideas que no pueden ligarse, como si dijéramos: un torrente que se enciende, en lugar de, que arrebata; tomó la espada, y la esgrimió como un león, pudiendo decir, como un Cid. Así será bien dicho: el puñal de la envidia, y no el puñal sino el opio de la pereza; porque el puñal y la envidia tienen esto de común entre sí; el uno hiere el cuerpo, y el otro el alma. La pereza es pasiva, es una inacción, y por esto es comparable al sopor causado por el opio. Dice un poeta: saqué esta antorcha de Marte, por decir, esta espada. ¿Qué conveniencia tiene la antorcha que alumbra con la espada que corta? ¿Y qué necesidad hay de nombrar los objetos físicos y naturales con rodeos y signos metafóricos, sean o no congruentes? La metáfora sirve para hacer en algún modo visible lo invisible, y como palpable lo espiritual: ¿qué cosa, pues, más visible y palpable que una espada? ¿Qué palabra me representará con más viveza un álamo que la voz propia álamo; una bala que la voz propia bala? ¿Cómo he de entender que el áspid de metal es el arcabuz?


Antonio de Capmany, Filosofía [o Tratado] de la elocuencia [1776].