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31.10.11

A pie de foto (24): La sombra siempre

          Foto de Chema Madoz


 La sombra siempre nos acompaña. Pero no siempre es nuestra sombra, ni siempre somos quien somos.
  

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28.10.11

Hablar por los codos y saber escuchar

Las costumbres cambian, incluso las buenas. Y pocas cosas hay tan cómicas como acechar las costumbres lejanas: desde la ilusión del presente nos reímos, nos burlamos de las costumbres arcaicas, olvidando que nuestras costumbres presentes, casi tan efímeras como el presente mismo, acabarán siendo pasto de las risas futuras.

En 1957 (o tal vez 1956), época por la que  desembarcó en España el invento de la televisión, que tantas costumbres cambió, Antonio de Armenteras publicó un libro de éxito sobre buenas costumbres: Enciclopedia de la Educación y mundología. (Curioso palabro, ahora en barbecho, que aparenta apelar al nombre de una ciencia, y que, según el DRAE (22ª ed.), en realidad significa la “experiencia y habilidad para gobernarse en la vida”. Editó el libro De Gasso hermanos, en Barcelona.

Recuerdo haber ojeado hace años ese curioso libro; ayer, casualmente, descubrí, varado entre otros papeles, la fotocopia de una página que atesora un párrafo singular, al menos visto con ojos de ahora mismo; en su momento, quizás fuera un párrafo terriblemente serio e inapelable. Quién sabe. Lo cierto es que donde menos se espera salta el humor, aunque maldita la gracia:  

El hablar por los codos debe ser únicamente privilegio femenino. Aunque sea una lástima que mujeres encantadoras hablen de lo que no entienden, en ellas la charlatanería tiene disculpa, en el hombre jamás. El ejercicio que debe hacer el hombre después de la comida es andar un kilómetro; el de la mujer, hablar una hora. No invirtamos los términos; conservemos nosotros nuestra hombría, y ellas su feminidad.

¡Hombría y feminidad! ¡Uf! Pese a lo dicho, el autor no olvida el elogio, ¿con aviesas intenciones?, de las mujeres que saben escuchar:

Las que saben escuchar, las que saben dar al hombre que habla la impresión de que es bien comprendido, sobre todo por ellas, pueden estar seguras de triunfar en toda la [sic] reunión.

Hablar por los codos y saber escuchar. No cabe duda: por la boca muere –y vive– el pez.


  

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26.10.11

A pie de foto (23): Punto de vista

               Foto de Alexander Rodchenko


 Lo más usual puede llegar a sorprendernos. Basta con que lo veamos desde un punto de vista inusual, si bien no siempre resulta fácil salir de nosotros mismos, ni abandonar nuestras rígidas pautas. Lo normal es que seamos esclavos de un único punto de vista. En Planilandia, ese libro tan singular de Abbot, los puntos son puntos y las líneas son líneas, pero los puntos nunca llegarán a comprender a las líneas. Pertenecen a otra dimensión… 
  

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22.10.11

“De l’eau”: un poema de Francis Ponge, traducido por Borges

En 1947, Borges publicó en la revista Sur la traducción de dos poemas de Francis Ponge, pertenecientes al libro de prosas Le parti pris des choses, publicado en 1942. Acerca de ese libro, Sartre escribió estas esclarecedoras palabras: “Yo no creo que jamás se haya ido tan lejos en la aprehensión del ser de las cosas. Aquí, materialismo e idealismo están ya fuera de tiempo. Estamos muy lejos de las teorías, en el corazón de las cosas mismas, y las vemos de pronto como pensamientos espesados por sus propios objetos.”

De los dos poemas traducidos por Borges, transcribo el que lleva por título “Del agua”. Lo tomo de Miscelánea, un extenso volumen recién publicado que reedita varios libros de crítica incidental del autor argentino (Prólogos, con un prólogo de prólogos; Borges oral; Biblioteca personal. Prólogos; Borges en Sur; Textos cautivos y Borges en El Hogar).  

DE L'EAU

Plus bas que moi, toujours plus bas que moi se trouve l’eau. C’est toujours les yeux baissés que je la regarde. Comme le sol, comme une partie du sol, comme une modification du sol.

Elle est blanche et brillante, informe et fraîche, passive et obstinée dans son seul vice : la pesanteur; disposant de moyens exceptionnels pour satisfaire ce vice : contournant, transperçant, érodant, filtrant.

À l’intérieur d’elle-même ce vice aussi joue : elle s’effondre sans cesse, renonce à chaque instant à toute forme, ne tend qu’à s'humilier, se couche à plat ventre sur le sol, quasi cadavre, comme les moines de certains ordres. Toujours plus bas : telle semble être sa devise : le contraire d’excelsior.

*   *   *

On pourrait presque dire que l'eau est folle, à cause de cet hystérique besoin de n'obéir qu'à sa pesanteur, qui la possède comme une idée fixe.

Certes, tout au monde connaît ce besoin, qui toujours et en tous lieux doit être satisfait. Cette armoire, par exemple, se montre fort têtue dans son désir d’adhérer au sol, et si elle se trouve un jour en équilibre instable, elle préférera s’abîmer plutôt que d’y contrevenir. Mais enfin, dans une certaine mesure, elle joue avec la pesanteur, elle la défie : elle ne s’effondre pas dans toutes ses parties, sa corniche, ses moulures ne s’y conforment pas. Il existe en elle une résistance au profit de sa personnalité et de sa forme.

LIQUIDE est par définition ce qui préfère obéir à la pesanteur, plutôt que maintenir sa forme, ce qui refuse toute forme pour obéir à sa pesanteur. Et qui perd toute tenue à cause de cette idée fixe, de ce scrupule maladif. De ce vice, qui le rend rapide, précipité ou stagnant; amorphe ou féroce, amorphe et féroce, féroce térébrant, par exemple; rusé, filtrant, contournant; si bien que l’on peut faire de lui ce que l’on veut, et conduire l’eau dans des tuyaux pour la faire ensuite jaillir verticalement afin de jouir enfin de sa façon de s’abîmer en pluie : une véritable esclave.

... Cependant le soleil et la lune sont jaloux de cette influence exclusive, et ils essayent de s’exercer sur elle lorsqu’elle se trouve offrir la prise de grandes étendues, surtout si elle y est en état de moindre résistance, dispersée en flaques minces. Le soleil alors prélève un plus grand tribut. Il la force à un cyclisme perpétuel, il la traite comme un écureuil dans sa roue.

*   *   *

L’eau m’échappe... me file entre les doigts. Et encore ! Ce n’est même pas si net (qu’un lézard ou une grenouille) : il m’en reste aux mains des traces, des taches, relativement longues à sécher ou qu’il faut essuyer. Elle m’échappe et cependant me manque, sans que j’y puisse grand chose.

Idéologiquement c’est la même chose : elle m’échappe, échappe à toute définition, mais laisse dans mon esprit et sur ce papier des traces, des taches informes.

*   *   *

Inquiétude de l’eau : sensible au moindre changement de la déclivité. Sautant les escaliers les deux pieds à la fois. Joueuse, puérile d’obéissance, revenant tout de suite lorsqu’on la rappelle en changeant la pente de ce côté-ci.

FRANCIS PONGE, Le parti pris des choses

DEL AGUA

Más abajo que yo, siempre más abajo que yo está el agua. Siempre la miro con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte  del suelo, como una modificación del suelo.

Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso, y dispone de medios excepcionales para satisfacer este vicio: contornea, atraviesa, corroe, se infiltra.

En su propio interior funciona también el vicio: se desfonda sin cesar, renuncia a cada instante a toda forma, sólo tiende a humillarse, se acuesta boca abajo en el suelo, casi cadáver, como los monjes de ciertas órdenes. Cada vez más abajo: tal parece ser su divisa: lo contrario de excelsior.

*   *   *

Casi se podría decir que el agua está loca, por esa histérica necesidad de no obedecer más que a su peso, que la posee como una idea fija.

Es verdad que todas las cosas del mundo conocen esa necesidad, que siempre y en todas partes debe satisfacerse. Este armario, por ejemplo, se muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si algún día llega a encontrarse en equilibrio inestable preferirá deshacerse antes que oponérsele. Pero, en fin, hasta cierto punto juega con el peso, lo desafía: no se está desfondando en todas sus partes; la cornisa, las molduras no se prestan a ello. Hay en el armario una resistencia en beneficio de su personalidad y de su forma.

LÍQUIDO es, por definición, lo que prefiere obedecer al peso para mantener su forma, lo que rechaza toda forma para obedecer a su peso. Y lo que pierde todo su aplomo por obra de esa idea fija, de ese escrúpulo enfermizo. De ese vicio, que lo convierte en una cosa rápida, precipitada o estancada, amorfa o feroz, amorfa y feroz, feroz taladro, por ejemplo, astuto, filtrador, contorneador, a tal punto que se puede hacer de él lo que se quiera, y llevar el agua en caños para después hacerla brotar verticalmente y gozar por último de su modo de deshacerse en lluvia: una verdadera esclava.

... Sin embargo el sol y la luna le envidian esta influencia exclusiva, y tratan de mortificarla cuando, por ocupar grandes extensiones, les presenta un fácil blanco, o cuando se encuentra en estado de menor resistencia, dispersa en delgados aguazules. El sol le arranca entonces mayor tributo mayor. La obliga a un perpetuo ciclismo, la trata como a una ardilla en su rueda.

*   *   *

El agua se me escapa... se me escurre entre los dedos. ¡Y no sólo eso! Ni siquiera resulta tan limpia (como un lagarto o una rana): me deja huellas en las manos, manchas que tardan relativamente mucho en desaparecer o que tengo que secar. Se me escapa, y sin embargo me marca; y poca cosa puedo hacer en contra.

Ideológicamente es lo mismo: se me escapa, escapa de toda definición, pero deja en mi espíritu, y en este papel, huellas, huellas informes.

*   *   *

Inquietud del agua: sensible al menor cambio de declive. Que salta las escaleras con los dos pies al mismo tiempo. Que, pueril de obediencia, abandona en seguida sus juegos cuando la llaman cambiándole la dirección de la pendiente.

Traducción de JORGE LUIS BORGES
Publicado en Sur, Buenos Aires, XVI, núms. 147-148-149, enero, febrero, marzo de 1947).
Recogido en Miscelánea. Barcelona: Debols!llo, 2011.


  

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19.10.11

666

Hace meses encontré en el metro un folleto: a todo color, en papel cuché. Acaso lo olvidó alguien, o quizás alguien lo dejó a propósito. Pudiendo haber caído en otras manos, vino a caer en las mías. Misterios de la contingencia.

El título del folleto era sugestivo: Los Eventos Finales, y asimismo el subtítulo: El futuro de la humanidad según la Biblia. Lo edita un “grupo misionero cristiano de Madrid”. Una nota advierte: “Este publicación no es para negocio”. Sí, parece que sus pretensiones son otras.

Tras echarle un rápido vistazo, un capítulo atrajo mi atención. Hablaba del número de la bestia, 666, y después de leerlo quedé pensativo, si no pasmado. Una vez repuesto de la sorpresa di en pensar que no hay fronteras para la imaginación, que no se puede poner puertas al campo (de la imaginación). Me acordé (por si venía a cuento) de que Borges consideraba a la teología una rama de la literatura fantástica.

Para ilustración de los posibles lectores, copio a continuación el texto, fielmente:

El numero de la Bestia

«Pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13: 18). Uno de los títulos oficiales del papa de Roma es: Vicarius Filii Dei, traducido como: Vicario del Hijo de Dios.

En la coronación de los papas, se les pone la corona papal sobre la cabeza y se pronuncian las siguientes palabras: «Tu eres el padre de los príncipes, de los reyes, y de los gobernadores del mundo y vicario de Dios».

Esta pretensión del papa de ser el vicario de Cristo está en contradicción con la Escritura. El Salvador había dicho que el Espíritu Santo será su sustituto aquí en la tierra (Juan 14: 16, 26; 15: 26).

Apocalipsis 13: 18 nos dice que su número es el 666.

Sobre una de las coronas que lleva el papa esta escrito uno de sus títulos oficiales: VICARIUS FILII DEI (Vicario del Hijo de Dios).

Si desciframos las letras latinas de este título nos da la siguiente suma: 666 =(V = 5, I = 1, C = 100; I = 1; V = 5; I = 1; L = 50; I = 1; I = 1; D = 500; I = 1).

Aunque en el texto escribe VICARIUS, entiendo que quiere decir VICARIVS, a la antigua usanza.

Y concluye el capítulo:

A su vez Irineo, un alumno de Policarpo, discípulo del apóstol Juan, consideraba la cifra 666 como si fuera la palabra griega Lateinos que significa reino latino, la cual también nos da el numero 666. El latín es el idioma oficial de la iglesia de Roma. Todos los documentos papales, todas las bulas papales y todas la excomuniones se escriben en latín.

Cuando hablamos del Anticristo tenemos que decir que no nos referimos a una persona, sino a una institución (la Iglesia Católica Romana). En esta iglesia hay muchos cristianos sinceros que sirven a Dios según el conocimiento que tienen, sobre ellos Dios derrama su misericordia y no tienen nada que ver con los errores de dicha institución.

¡Curioso batiburrillo! Mi ignorancia, y el asombro ante el poder de la imaginación, propicia la sonrisa. De todos modos, y puesto que nunca he sabido cómo se las apañaban los romanos para sumar, me hubiera gustado ver la satánica suma hecha al modo romano.


  

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17.10.11

El momento de la inspiración

Hay momentos en los que nos envuelve un gélido vacío, como si nuestros sentimientos estuvieran congelados.

Hay momentos en los que parecemos atisbar la llegada del mal tiempo: esas desabridas mañanas, esas tardes adustas del invierno; momentos en los que la imaginación vuela, ya que cuesta creer que haya llegado el otoño.

Hay momentos en los que sentimos el frío por venir, como si nuestro espíritu fuera un descampado baldío, como si temiéramos los escarpados meses del invierno.

Hay momentos, en fin, en los que las palabra parecen dictadas por un frío venidero, palabras ajenas al menor atisbo de inspiración, esa inspiración de la que tanto llegó a recelar Stendhal.

Para escribir, confiesa en su Vida de Henry Brulard, aguardaba el momento de la inspiración. (¡El momento de la inspiración!) Y a cuenta de la espera, el novelista se propina algunos reproches: No superé esta manía hasta muy tarde. (¡Manía!) Y para desbrozar dudas, remata: Esta estupidez ha perjudicado mucho a la cantidad de mis trabajos. (¡Estupidez!)

Pero a partir de cierto momento, Stendhal dejó de esperar el momento de la inspiración y encontró su verdadera inspiración escribiendo. Buen remedio, sin duda, para la falta de inspiración, o para que la inspiración se manifieste, si quiere.

De todos modos, la inspiración parece ser menos esquiva con los poetas que con los novelistas. Al fin y al cabo, un buen poema pudiera labrarse con unas docenas de palabras y para armar una buena novela se necesitan muchas palabras, todas las palabras que son necesarias, muchas palabras.


  

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15.10.11

Los segadores (Una parábola de Unamuno)


Llegaron a segar un campo dos segadores. El uno, ansioso de segar mucho, empezó a cortar sin cuidarse de afilar la guadaña, y al poco rato, mellada y embotado el filo, derri­baba la yerba, mas sin cortarla. El otro, deseoso de segar bien, se pasó casi toda la mañana en afilar su instrumento, y al caer de la tarde ni éste ni aquél habían ganado su jornal. Así hay quien sólo se cuida de obrar sin afilar ni pulir su voluntad y su arrojo, y quien se pasa la vida en afile y pulimento, y en prepararse a vivir, le llega la muerte. Hay, pues, que segar y pulir la guadaña, obrar y pre­pararse para la obra.
Sin vida interior no la hay exterior.

Miguel de Unamuno
Vida de don Quijote y Sancho


  

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14.10.11

A pie de foto (22): Conocimiento vicario (Dos versiones)

          Foto de Desiree Dolron


1
Tan cerca moramos de nosotros mismos —tan cerca y tan lejos— que solo gracias a los demás podemos llegar a conocernos.

2
Somos tan iguales, tan distintos, y tan cerca moramos de nosotros mismos —tan cerca, tan lejos— que solo gracias a nuestros semejantes —tan iguales,
tan distintos— podemos llegar a conocernos.


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11.10.11

Miente quien quiere, pero engaña quien puede

El mentiroso tiene dos males, que ni cree ni es creído.
BALTASAR GRACIÁN, Oráculo manual

El mentiroso se engaña, y no siempre engaña. Cuanto menos duda de su éxito, más necio es. La mentira exige exceso de inteligencia, y el mentiroso (aquel que cree verdades las mentiras que dice) parece ignorar que el embuste se descifra en los resquicios de las palabras, lo que permite que su interlocutor le engañe a él fingiendo que es engañado. De ese modo, la mentira le estalla en las manos, sin darse cuenta siquiera. ¿A quién engaña, pues, ese mentiroso al que, por piedad, no descubrimos su mentira ni declaramos sus engaños abortados?

Al mentiroso le sucede lo mismo que a Don Juan: que allí donde va, pronto o tarde, la realidad se amotina. Contra él.
Del Diario de sombras
[2-4-2004 y 10-10-2011]


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9.10.11

El sol de octubre

Para quienes disfrutan de lo sencillo, el sol de octubre es una bendición.

Para recibir esa bendición, basta con sentarse en un banco y desafiar al sol con los párpados cerrados, sin pensar en nada, sumidos en la pura ceguera, sintiendo que el calor nos lame suavemente y dejándonos llevar por el delicado placer que convoca el sol de octubre… Al cabo de un rato, cuando levantamos los párpados,  descubrimos un halo de felicidad en cuanto nos rodea. 

Todo el mundo parece feliz: el que monta en bici, la pareja que pasea, aquel que pugna con el perro, la adolescente atleta…

Todo el mundo parece feliz: el que lleva el periódico debajo del brazo, la que compra el pan, el que pasea presuroso, la que empuja el cochecito del niño...

Todo el mundo parece feliz, y parece fácil caer en la tentación de suponer que el mundo, al leibniziano modo, está bien hecho. (Pero más que hecho, está por hacer o, quizás, a medio deshacer.)

Es indudable que en este pequeño mundo que me rodea, de apenas unos metros cuadrados, reina la felicidad. El otro, el mundo con mayúsculas, seguro que sigue sumido en sus arteros afanes, en sus fiebres astutas, en sus demoliciones ingratas, en su sordo frenesí y en su abúlico revuelo. 

Pero en este pequeño mundo, animado por el sol, rebrota la felicidad. En este pequeño mundo, y en este pequeño tiempo (la felicidad tiene medida), surge ese placer menudo, sin estridencias, que se apiada de nosotros mismos y nos brinda momentos únicos, felices, que espantan desalientos y temores en pos de una imagen más fiel de nosotros mismos y de la vida toda. Y todo ello gracias al compasivo y amoroso sol de octubre, ese sol que presagia despedidas y nostalgias.


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7.10.11

A pie de foto (21): Metafísica de las nubes

          Foto de Brett Weston


Nubes sinuosas, que evolucionan lentamente y en silencio se esfuman, pueblan el cielo de formas efímeras —pura nada— que invitan al ensueño.

Se cuenta (o lo he soñado) que a Giuseppe Ungaretti, grandísimo poeta, le gustaba, en su juventud, demorarse en el escrutinio de las nubes —vigilar su paso, su forma, su nada— mientras permanecía tumbado en la hierba. 

Bastante metafísica hay en no pensar en nada, decía Alberto Caeiro. No tanta, quizás, como la que hay en contemplar las nubes. Ellas nos enseñan la metafísica de lo que es y ya no es, la metafísica de la esquiva contingencia, la metafísica de la vida toda y de la muerte fugaz. La metafísica, en fin, de las nubes.


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6.10.11

A pie de foto (20): Alicia

          Retrato de Alicia Liddell, por Charles Lutwidge Dogson


Alicia Liddell, disfrazada para la ocasión de “pequeña mendiga”, luce con desparpajo sus harapos ante la cámara de Charles Lutwidge Dogson, más conocido por Lewis Carroll.

Alicia Liddell, sí, la misma Alicia que sueña mientras sestea, la musa de un hombre que era, verdaderamente, dos.

Alicia Liddell, sí, la misma Alicia que avivó la fantasía de Lewis Carroll, y alentó su prodigioso delirio.

Quizás el diácono Dogson, y el lógico y matemático Dogson, y el fotógrafo Dogson, quizás todos ellos, quizás, tengan menos de Lewis Carroll de lo que Lewis Carroll tuvo de ellos.

Quizás un mágico espejo separaba la existencia del singular Carroll y la del plural Dogson.


Carta de Lewis Carroll a Alicia Liddell,
señora de Hargreaves,
el 1 de marzo de 1885,
probablemente

Querida señora Hargreaves:

Me imagino que esta carta le llegará casi como de una voz de ultratumba, después de un silencio tan largo. Sin embargo, no se ha producido ningún cambio del que yo pueda darme cuenta en «mi» facultad del recuerdo de los tiempos en que manteníamos correspondencia. Voy apercibiéndome de lo que significa la pérdida de memoria en un hombre viejo, y me refiero a nuevas amistades (por ejemplo, hice amistad, hace unas pocas semanas, con una niña de unos doce años, con la que di un paseo, ¡y ni siquiera puedo recordar su nombre en este momento!); pero mi memoria visual de aquella que fue, a través de tantos años, mi ideal amiga-niña, es más clara que nunca. Desde aquella época he tenido docenas de amigas-niñas, pero con ellas todo ha sido diferente...
Lewis Carroll, Niñas
Barcelona: Lumen, 19782.  


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4.10.11

A pie de foto (19): Agua

          Foto de Franco Fontana


Agua: el espejo más hondo.
Narciso lo supo en su propia carne.
Su crimen fue, afirma Lavelle, preferir su imagen a sí mismo.
Crimen, o ceguera, que eclipsó su existencia y anegó su vida.

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2.10.11

A pie de foto (18): Misterio y belleza

          Foto de Ellen Kooi


A veces la belleza es extraña, extraña y misteriosa: un desafío al espíritu. Extraña belleza misteriosa.

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