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30.4.10

*Julio Ramón Ribeyro: Dichos de Luder

Julio_Ramón_Ribeyro

Como lector, lo reconozco, cultivo mis manías. Si devoro la obra de algunos autores, con otros, a los que no admiro menos, soy más cauto, y apenas me intereso por alguno de sus libros. Es lo que me sucede con Julio Ramón Ribeyro. Desde que me aficioné a sus Prosas apátridas  (las releí con fervor, en la edición original y en la ampliada de Seix Barral) encuentro en esas prosas, de tan pasmosa sencillez (siempre tan ardua) algo que cautiva: sea esa mirada lenta que acaricia las cosas, sea el inventario de una vida más o menos anodina a la que las palabras dotan de sentido. Quién sabe. Lo cierto es que a lo largo de los años he encontrado un sedoso placer en ese libro de Ribeyro. (Llevado por la afición al género, asimismo exploré su voluminoso diario, La tentación del fracaso, y me queda la impresión de que esos centenares de páginas me han llegado menos que sus desnudas prosas apátridas.)

Al margen de esos dos libros, apenas conozco de Ribeyro algún cuento y ninguna novela, mea culpa. (Hago propósito de enmienda, al menos en lo que a los cuentos se refiere.) Es un misterio por qué nunca me atrajo esa parte de su obra. Y, pese a todo, me basta y me sobra lo leído para considerar a Ribeyro un excelente escritor.

A pesar de lo dicho, conozco otro texto de Ribeyro que me encanta. Lo descubrí hace tiempo, surfeando por internet. Es una obrilla grave y jocosa: Dichos de Luder, una colección de anécdotas, reflexiones, pensamientos dialogados, declaraciones, todo ello presidido por el afán de lo breve y lo neto. (Porque también hay brevedad farragosa.) El tal Luder vendría a ser el alter ego del autor. Algunas de las anécdotas referidas las vivieron, según parece, otros escritores. Pero si las vivieron otros y las cuenta el autor, eso es lo importante, siempre que hablemos de literatura.

No he visto la edición impresa (Jaime Campodónico Editor, Lima, 1989 y 1992), que presumo agotadísima. He consultado algunas de las múltiples “ediciones” que pululan por la red. (Según parece, Tusquets renunció a editar el libro en España a causa de su exiguo tamaño.) Con las consabidas reservas, por tanto, he pergeñado esta selección de los dichos de Luder. (Sé que la palabra es aguda, pero de manera natural me sale Lúder. Seguro que a más de uno le sucede lo mismo. Pero no entremos en disquisiciones, que a ninguna parte nos llevarían.

¡Bon appétit!

DICHOS DE LUDER
Le preguntan a Luder por qué no escribe novelas.
-Porque soy un corredor de distancias cortas. Si corro maratón me expongo a llegar al estadio cuando el público se haya ido.  

*

-Nunca he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni desterrado -dice Luder-; debo, en consecuencia, ser un miserable. 

*

-¿A qué te dedicas ahora? -le preguntan a Luder.
-Estoy inventando una nueva lengua.
-¿Puedes darnos algunos ejemplos?
-Sí; dolor, soñar, libre, amistad...
-¡Pero esas palabras ya existen!
-Claro, pero ustedes ignoran su significado.

*

Un amigo viene a visitar a Luder, que está muy enfermo, y lo encuentra escribiendo febrilmente:
-¡Cómo! -le pregunta en broma-, ¿estás escribiendo tu canto del cisne?
-¡Ojalá...! Mi gruñido del puerco.

*

-Es un escritor tan anticuado -dice Luder-, que cuando abres uno de sus libros todas sus letras salen volando, como una nube de polillas.

*

-Grandes artistas son los que dan origen a una escuela -dice Luder-, pero prefiero a los que desalientan con su obra toda tentativa de imitación.

*

Encuentran a Luder abatido ante una revista abierta:
-¡Dicen aquí que mi estilo se acerca a la perfección!
-¿Y eso te molesta?
-¡Naturalmente! El gran arte consiste no en el perfeccionamiento de un estilo, sino en la irrupción de un nuevo estilo.

*

-Lo mismo, o algo parecido, dice Montaigne en sus Ensayos -le reprocha alguien al escucharlo lanzar una sentencia moralizante.
-¿Y qué? -protesta Luder-. Eso sólo demuestra que los clásicos siguen plagiándonos desde la tumba.

*

-Empieza a sobrarme un poco de pasado -se queja Luder-. Ya no sé dónde meterlo, ni qué hacer con él. Eso quiere decir que me estoy volviendo  viejo.

*

Luder regresa de su habitual paseo por el malecón.
-Estoy confundido -dice-. Cuando me aprestaba a gozar de una nueva puesta de sol, un vagabundo salta la baranda, camina hasta el borde del acantilado, se baja los pantalones, y se caga mirando mi crepúsculo. Eso demuestra la relatividad de nuestras concepciones estéticas.

*

-Toda mi obra es un acto de acusación contra la vida
-dice Luder-. No he hecho nada por mejorar la condición humana. Si mis libros perduran será debido a la perversidad de mis lectores.

*

-Todos conocen las palabras que arroban, las palabras que asustan, las palabras que hieren -dice Luder-. Sólo nos falta descubrir la palabra que mata.

*

Leí en alguna parte esta frase -dice Luder-: "Nuestro primer deber es sobrevivir, ya luego nos ocuparemos de la victoria". Pero también podría decirse: "Nuestro primer deber es la victoria, qué importa si no sobrevivimos". Todos los aforismos son reversibles.

*

-Hoy he amanecido particularmente optimista -dice Luder-. Creo que voy a poder al fin dedicarme a la redacción de mi epitafio.

*

-Nada me impresiona más que los hombres que lloran
-dice Luder-. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando solo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.
 

*

-Es penoso irse del mundo sin haber adquirido una sola certeza -dice Luder-. Todo mi esfuerzo se ha reducido a elaborar un inventario de enigmas.

*

-No hay que buscar la palabra más justa, ni la más bella, ni la más rara -dice Luder-. Busca solamente tu propia palabra.

*

-Literatura es impostura -dice Luder-. Por algo riman.

________________________

JULIO RAMÓN RIBEYRO (Lima, 1929-Lima, 1994), Dichos de Luder. En Perú lo ha editado Jaime Campodónico Editor, Lima, 1989 y 1992. 

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

25.4.10

"¿Y qué me decís de las manos?" Palabras de Michel Eyquem, Señor de Montaigne, sobre el lenguaje del cuerpo

Michel_de_Montaigne

Quoy des mains ? nous requerons, nous promettons, appelions congedions, menaçons, prions, supplions, nions, refusons, interrogeons, admirons, nombrons, confessons, repentons, craignons, vergoignons, doubtons, instruisons, commandons, incitons, encourageons, jurons, tesmoignons, accusons, condamnons, absolvons, injurions, mesprisons, deffions, despitons, flattons, applaudissons, benissons, humilions, moquons, reconcilions, recommandons, exaltons, festoyons, resjouissons, complaignons, attristons, desconfortons, desesperons, estonnons, escrions, taisons ; et quoy non ? d'une variation et multiplication à l'envy de la langue. De la teste : nous convions, nous renvoyons, advoüons, desadvoüons, desmen­tons, bienveignons, honorons, venerons, desdaignons, demandons, escon­duisons, égayons, lamentons, caressons, tansons, soubmettons, bravons, enhortons, menaçons, asseurons, enquerons. Quoy des sourcils ? quoy des espaules ? Il n'est mouvement qui ne parle et un langage intelligible sans discipline et un langage publique : qui faict, voyant la varieté et usage distingué des autres, que cestuy cy doibt plus tost estre jugé le propre de l'humaine nature. Je laisse à part ce que particulierement la necessité en apprend soudain à ceux qui en ont besoing et les alphabets des doigts et grammaires en gestes, et les sciences qui ne s'exercent et expriment que par iceux, et les nations que Pline dit n'avoir point d'autre langue.

* * *

¿Y qué me decís de las manos? Con ellas pedimos, prometemos, llamamos, despedimos, amenazamos, suplicamos, negamos, rechazamos, preguntamos, admiramos, enumeramos, confesamos, nos arrepentimos, tememos, nos avergonzamos, dudamos, informamos, ordenamos, incitamos, animamos, juramos, atestiguamos, acusamos, condenamos, absolvemos, injuriamos, despreciamos, desafiamos, nos enojamos, halagamos, aplaudimos, bendecimos, humillamos, nos burlamos, nos reconciliamos, aconsejamos, exaltamos, celebramos, nos regocijamos, compadecemos, nos entristecemos, nos desanimamos, nos desesperamos, nos asombramos, nos escandalizamos, callamos; ¿y con qué no? Todo emula a la lengua por su variación y multiplicación. Con la cabeza invitamos, expulsamos, autorizamos, desautorizamos, desmentimos, asentimos, honramos, veneramos, desdeñamos, pedimos, despedimos, nos alegramos, lamentamos, acariciamos, disputamos, sometemos, provocamos, exhortamos, amenazamos, aseguramos, preguntamos. ¿Y qué hay de las cejas? ¿Y de los hombros? No hay movimiento que no hable tanto un lenguaje inteligible, sin aprendizaje, como un lenguaje público: lo que hace que, dada la variedad y el uso particular de los otros, este deba ser considerado como propio de la naturaleza humana. Dejo aparte aquello que individualmente de pronto enseña la necesidad a cuantos lo necesitan, los alfabetos de los dedos y las gramáticas de gestos, y las ciencias que solo se ejercen y expresan mediante estos, y las naciones de las que Plinio cuenta no tener otra lengua.

MICHEL DE MONTAIGNE, Ensayos, II, 12. Traducción de Almudena Montojo. Cátedra, Madrid, 2003.

21.4.10

La poética oculta de Tadeo Piera (y 2)

En otra ocasión, Tadeo Piera sostuvo ante Lorenzo que las opiniones de los críticos no le preocupaban lo más mínimo, lo que no impidió que diera la tabarra al bendito a costa de un tal Juan Bernáldez, que en El Cocodrilo le motejó de poeta pirotécnico. El apelativo sacó de sus casillas al poeta. De pirotécnico, ¡nada!, ¡nada de nada! “Pero camino de casa –rememora Lorenzo–, don Tadeo se detuvo y me dijo que él tenía seguramente algo de barroco, y yo que quizá sí, señor Piera, y él que incluso bastante de barroco, y yo, que quizá sí, señor Piera. Y él fue entonces y dijo malhumorado: Barroco pase, pero de seguro un pirotécnico no soy.” Días después, Lorenzo, harto ya de jeremiadas, se burla del desprecio expresado por el poeta hacia las críticas, despellejando su incongruencia: “El capullo la ha cogido modorra con el Bernáldez ese de los cojones. ¡Anda y que si le llegan a importar las críticas!”.

Otro día, mientras estaban sentados en un parque, don Tadeo, que no quitaba ojo a un chaval rubito
–"tan hermoso que más parecía una muchacha”, apostilla Lorenzo–, preguntó a éste si se había fijado en el chaval –“como poeta, declaró don Tadeo, estaba obligado a apreciar la belleza donde quiera que se manifestase”–; pero Lorenzo, toreando la pregunta, preguntó al poeta si preparaba un nuevo libro. “Los libros se preparan solos”, apuntilló el vate. Y a continuación, Lorenzo recoge unas palabras que aclaran la poética de don Tadeo: “Luego me preguntó qué me parecía este título: Melodía, mediodía y yo le contesté lealmente que un juego de palabras, y él, entonces, que eso precisamente era la poesía, un juego de palabras.”

El 4 de diciembre amaneció lloviendo, y Lorenzo no pudo acompañar a Tadeo en su paseo matinal, circunstancia que aprovechó el poeta para dar a conocer al jubilado las primicias de su nuevo libro. Lorenzo, qué remedio, se resignó a soportar el coñazo, son sus palabras, aunque bien vengó en su diario la afrenta: “¡Había que verle despacio! Manoteaba como si le hubiera dado el baile San Vito y hubo un momento en que se acaloró, le subió el flujo a la cabeza y creí que se caía redondo. Pero no. Fue bajando la voz hasta que dejó de oírsele, cerró los ojos y entonces pensé que iba a echarse a llorar. Pero tampoco.” La conclusión de Lorenzo es terminante: “Con un poeta leyendo sus versos uno nunca sabe por qué registro va a salir. Pero lo peor es que llega un momento en que uno no escucha, sólo piensa en lo que debe decirle cuando termine.” Pero Lorenzo salió del aprieto diciendo al poeta algo que sabía que le agradaría oír: “que de su poesía podía decirse cualquier cosa menos que fuera facilona, y él que si de veras lo creía así, y yo que por ese lado podía dormir tranquilo”.

Un día del mes de mayo, Lorenzo vio en el despacho del poeta “un verso tan tachado y corregido que sólo quedaban cinco palabras de la poesía original”. Al salir, Lorenzo preguntó a don Tadeo, “como quien no quiere la cosa”, si corregía mucho sus versos, y así, con sarcasmo incluido, anota la respuesta: “y él, con todo el morro, que no, que para él crear era un acto mecánico y que, a veces, sin pretenderlo, hablaba en endecasílabos. Que corregir era el defecto de los poetas facilones, que cosen y recosen tanto sus versos que a mil leguas se notan las costuras.”

A finales del verano, tras su regreso de unos días de vacaciones pasados en San Juan de Luz, don Tadeo le informa a Lorenzo de que había aprovechado esos días para empezar un nuevo libro. Y Lorenzo aprende otra lección magistral, esta vez sobre el verso y la prosa. Escribe el jubilado, con retranca final: “Le pregunté que si de versos, y él que natural, que la prosa no la trabaja. Le dije que si tan distintos eran el verso y la prosa, y él que entre uno y otra había la misma distancia que entre Miguel Ángel y un pintor de brocha gorda. No quise preguntarle a qué Miguel Ángel se refería para no ponerle en un brete.”

Es una delicia leer y ver el mundo a través de los ojos de un hombre tan sencillo, de una espontaneidad en bruto, que con tanta gracia y frescura nos descubre su extrañeza ante el hecho de que las cosas sean tan distintas de cómo las viste la apariencia.

19.4.10

La poética oculta de Tadeo Piera (1)

Leo a pequeños sorbos el Diario de un jubilado. Se trata, en efecto, de un diario –Delibes no toma el nombre del género en vano–, el diario que lleva Lorenzo, desde que se jubiló, a los sesenta años. En este diario, las palabras, más que leerlas, parece que se escuchan, tal es la viveza verbal de su autor. Con desenvoltura, Lorenzo va dando cuenta de las pequeñas anécdotas que jalonan su vida cotidiana, en la que curiosamente acabará ocupando un lugar relevante su relación con Tadeo Piera, el viejo poeta provinciano.

Para entretener sus ocios jubilares, Lorenzo busca una distracción remunerada. En el periódico ve un anuncio que despierta su desconfianza, pero al que responde, espoleado por su mujer: “Caballero distinguido, necesita acompañante por horas. Bien retribuido. Se exige discreción y buena presencia. Inútil sin informes.”

Con más miedo que vergüenza, asegura el bueno de Lorenzo, acude a la cita. Hay acuerdo, y Lorenzo comienza su tarea de acompañante de don Tadeo Piera, distinguido poeta al que la lesión en una pierna le resta movilidad. A partir de entonces, Lorenzo ausculta la intimidad del poeta y, poco a poco, acaba desvelando sus secretos. (Una de las tres hermanas que viven con el poeta, comenta enseguida a Lorenzo que, desde que cumplió los cuarenta, Tadeo Piera tenía todo preparado para su ingreso en la Real Academia Española. Meses después, el propio Lorenzo será testigo de los desvelos del vate cuando avizore la posibilidad de conseguir el Premio Nobel de Literatura.)

Lorenzo y su mujer, la Anita, viven solos. El hijo y la hija ya volaron del nido familiar. Su mayor ilusión es llegar a concursar en alguno de los concursos de la televisión: “Un, dos, tres...”, o “El precio justo”. Son incansables enviando cartas para ver si son seleccionados. Pero además de los concursos, les encantan los culebrones, aunque esos dramas truculentos casi siempre les dejan al borde de las lágrimas. Un día, Lorenzo pregunta por curiosidad al poeta si él ve los culebrones, y el poeta queda horrorizado por la pregunta. Pese a todo, Lorenzo acabará sabiendo que don Tadeo es un incondicional es un incondicional de los dichosos culebrones. Así, poco a poco, Lorenzo irá descubriendo las pequeñas mentiras del poeta, y a la admiración inicial  –“este hombre debe ser un pozo de ciencia”, pensó al ver su despacho atestado de libros– le suceden otros pensamientos menos halagüeños.

Lorenzo desgrana en su diario las nimias peripecias de su vida, sin obviar sus escarceos sexuales con la Faustina (¡después de treinta años de fidelidad a la parienta!), a dos mil duros el desahogo, aunque acabará pagando un precio mayor.

Su relación con Tadeo Piera, le ofrece a Lorenzo nuevos descubrimiento, que contribuyen a recrear la imagen del poeta. Un día, Lorenzo le preguntó “por qué ahora los versos no pegaban”, ya que él tenía entendido que siempre tenían que “pegar, que eso era un verso”. La respuesta del poeta –“... que la poesía no era la rima, que la poesía estaba en la combinación de las palabras, pegasen o no”– quizá no satisfizo plenamente al  jubilado.

Cuando Tadeo Piera regala a Lorenzo su libro El paraíso enigmático, el jubilado recoge en su diario las palabras con que lo define el poeta: “Es un libro ensoñador, me dijo, cosa comprensible puesto que yo, en el fondo, soy un nostálgico.” Como el jubilado es incapaz de descifrar la letra, el poeta lee la dedicatoria: “A Lorenzo, mis pies y mis manos, con afecto.” Apenas cinco días después, ya está el poeta queriendo saber si Lorenzo ha leído el libro. Y el jubilado le dice su verdad: que le había empezado pero se le hacía un poco trabalenguas, ante lo cual don Tadeo se siente obligado a desvelar su poética oculta. Lorenzo recrea el momento con su ingenua sencillez: “Él se perdió por el pico y me confesó que, de primeras, escribía clara su poesía pero luego oscurecía los versos porque, de lo contrario, nadie le tomaba en serio. Le pregunté si es que la poesía debía ser enredosa y él que algo parecido a eso, que la poesía que se entiende a la primera es poesía facilona y hoy no hay poeta que se estime que quiera hacer poesía facilona.”

18.4.10

*José Bergamín: Aforismos

jose_bergamin

EL PENSAMIENTO AFORÍSTICO DE JOSÉ BERGAMÍN
"En Bergamín, pensamiento y poesía, inteligencia y pasión, pasión y conocimiento se apoyan entre sí y, aún más, se justifican mutuamente. Dice uno de sus aforismos: "Por la pasión, la inteligencia. Pasión no quita conocimiento; al contrario, lo da." Y en otro: "La inteligencia es el precipitado de la pasión." Y aun otro más: "Sé apasionado hasta la inteligencia." La pasión llena de contenido la inteligencia; ésta le ofrece a aquélla cauce, sentido y meta.
[...]
Lejos del pensamiento como género y de la máxima moral, el aforismo no es un apunte que se entrega al discurrir; aspira, más bien, a imponerse como una iluminación súbita. Tampoco pretende adoctrinar. Más cerca del "aviso" en este punto, quiere provocar y afectar a la inteligencia para que se mantenga prevenida, pero lo quiere hacer por sorpresa, desbancando de un trazo todo supuesto dogmático -en efecto, el estilo aforístico es por definición antidogmático- y aún más, afirmando un verdad que despista al sentido común: "lo razonado nada tiene que ver con lo razonable", Bergamín apunta siempre desde un extremo para iluminar el aforismo, para revelarlo en un fogonazo. Es como una ofrenda que nos brinda a los lectores, fruto de esos detenimientos de poeta "interrotto". En Pascal y Nietzsche están los extremos ardientes de su inspiración: "Pascal: la inteligencia de la pasión." "Nietzsche: la pasión de la inteligencia." El aforismo basa su virtud en lo certero de su expresión. La pasión y la razón aunando esfuerzos se lanzan a la diana y ya todo depende del tino del que partió. En el aforismo cuenta el tino, lo certero de su disparo, por eso "ni una palabra más: aforismos perfecto".
[...]
El aforismo bergaminiano es pasión e inteligencia entendidas de modo complementario: sé apasionado hasta la inteligencia, habíamos recordado, estando en la inteligencia el detonante iluminador de la pasión. "Si quieres expresar la luz hazte cámara oscura", dijo Bergamín en un aforismo de Arte de temblar, tercera parte de La cabeza a pájaros. Años antes, en El cohete y la estrella, había dejado dicho aforísticamente algo que entusiasmó a Unamuno: "Existir es pensar; y pensar es comprometerse." En el revés de la visión cartesiana, en que el pensamiento se adelanta a la existencia, haciéndola posible, Bergamín invoca el pensamiento como clavo ardiendo al que se aferra el existente y el pensar es inconcebible desasido en un medio a-pático, como flotando sin mezclarse. Pensar es, pues, apasionarse, es decir, comprometer al pensamiento en la pasión o, lo que es lo mismo, ser apasionado hasta la claridad de la pasión que es para Bergamín la inteligencia."

ALFONSO LÁZARO PANIAGUA >>> "El pensamiento aforístico de José Bergamín" 

De EL COHETE Y LA ESTRELLA
Se puede vacilar antes de decidir, pero no una vez decidido.

*

Poca sensualidad, nos aparte de Dios; mucha, nos lleva.

*

La sensualidad sin amor es pecado; el amor sin sensualidad es peor que pecado.

*
Existir es pensar; y pensar es comprometerse.

*

El arte verdadero procura no llamar la atención, para que se fijen en él.

*

Toda tradición verdadera suele parecer revolucionaria.

*

Se puede decir lo contrario de lo que se ha dicho, pero no se puede hacer lo contrario de lo que se ha hecho.

*

No pienses nada o piensa hasta el fin.
¡Qué pocos se atreven a seguir hasta el fin su propio pensamiento!

*

El escepticismo es provisional aunque dure toda la vida.

*

Desconfiad de los hombres que se ocultan; debajo de un caparazón siempre hallaréis alguna viscosidad.


De LA CABEZA A PÁJAROS
El aforismo es pensamiento: un pensamiento. Porque se piensa en pensamientos: se dice en pensamientos el pensar. Y si no se dice, no se piensa, o si no se piensa, no se dicen. Pero una vez dichos, ya no hay más que hablar, no hay más que decir. Ni una palabra más: aforismo perfecto.  

*

Se pueden medir las palabras, pero no se pueden medir los pensamientos.

*

El aforismo no es breve: es inconmensurable.

*

Razón es pasión y pasión es conocimiento. 

*

Las cosas como son. ¿Cómo son las cosas?

*

No sé lo que es la cosa en sí: ni me importa. Quiero saber lo que es la cosa en mí; la causa en mí de ser: mi pensamiento. 

*

La primera obligación es la devoción.

*

La poesía no tiene historia: tiene estilo. 

*

No hay fe sin duda, ni duda sin fervor. 

*

Se empieza siempre por creer y se acaba siempre por dudar; pero hay que empezar siempre de nuevo. 

*

El perdón es una ratificación moral del olvido. 

*

Piensa siempre en la muerte para la vida, no en la vida para la muerte. 

*

Bienaventurados los que no saben leer ni escribir porque ellos serán llamados analfabetos. 

*

El aburrimiento de la ostra produce perlas. 

*

Más vale un pájaro volando que ciento en la mano. 

*

La mano del poeta no tiembla: tiembla su corazón.

*

De ilusiones se vive. Cuando no se vive de verdad. (Y cuando se vive de verdad se muere de mentira -de mentiras. Para resucitar, como la luz, aparentemente.)

*

Poeta: no le tengas miedo a la oscuridad.
Mientras más oscuro es el poeta, más clara es su poesía.

*

¿Qué eres, cuando eres, si no eres enigma?

*

La poesía es siempre pensamiento porque no puede ser nunca extensión.

*

El manantial piensa, el arroyo discurre.
Pensar no es discurrir: discurrir es huir del pensamiento. 
________________________

JOSÉ BERGAMÍN (Madrid, 1895-Fuenterrabía, 1983), El cohete y la estrella. La cabeza a pájaros. Edición de José Esteban. Cátedra, Madrid, 1981.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

14.4.10

La araña y la mosca (Heidegger y Hitler)

Martin_Heidegger

Hace tiempo leí un librito de Marcel Conche: Heidegger en la tormenta, interesante, y polémico, formado por dos opúsculos: "Heidegger
'resistente'" y "Heidegger inconsiderado". En él, Conche aborda un tema peliagudo: las relaciones del filósofo con el nacionalsocialismo durante la época en que fue rector de la universidad de Friburgo (del 24 de abril de 1933 hasta el mismo mes de 1934, fecha en que dimitió). El 1 de mayo de 1933, el controvertido filósofo se había afiliado
al NSDAP.

Conche enseña sus cartas desde el principio: su propósito es liberar a Heidegger de la sospecha de nacionalsocialismo, ya que, según afirma, lo esencial del nacionalsocialismo es el racismo y el antisemitismo, y no encuentra razones para acusar a Heidegger de ninguna de las dos cosas, y ello a pesar de que aceptara con entusiasmo el cargo de rector. (Por aquellos tiempos, en Salamanca, otro filósofo fue nombrado rector, nombrado -y destituido- y, nuevamente, nombrado -y destituido-, unas veces por los hunos y otras veces por los hotros, como a él le gustaba decir. Vaivenes académicos de un filósofo paradójico, brillante y honesto: Miguel de Unamuno.) Aunque Conche libera a Heidegger de la acusación de racista y antisemita, recalca, no obstante, que el filósofo se sentía muy alemán, lo que pudiera explicar su acercamiento al nacionalsocialismo.

El librito de Conche ilustra a la perfección la enmarañada relación del intelectual y la política. El intelectual acaba siendo la mosca; y el político, la araña. Y las relaciones de la mosca y la araña se basan en un malentendido: creer que sus intereses y aspiraciones coinciden.  Ese malentendido lo expresa acertadamente Marcel Conche:

El malentendido entre Hitler y Heidegger se debe a su relación absolutamente dispar con el lenguaje. Para Hitler, el lenguaje no representa sino un medio para actuar sobre las almas y las voluntades: sin preocuparse de la verdad, que puede ser diferente, hay que decir lo que surtirá efecto y lo que surtirá el efecto deseado. Desde este punto de vista, la palabra es más eficaz que lo escrito ya que, explica Hitler, "el orador no deja de recibir del seno de la masa misma, durante el curso de su conferencia, las rectificaciones necesarias midiendo por la expresión de los presentes... si la impresión y la acción de sus palabras conducen al fin deseado" [Mein Kampf]. Así, hay que decir una cosa u otra según el efecto producido. Para Heidegger, por el contrario, cuya primera preocupación no es gustar o arrastrar, sino conducir por el camino de la meditación, las palabras y el lenguaje entrañan en sí mismos una relación con el origen, con lo primordial, una lección de verdad. Sabemos con cuánta atención, con cuánto escrúpulo, escruta y analiza las palabras y sabemos también que, para él, la lengua alemana es privilegiada por su afinidad con la lengua griega. La seriedad que para Heidegger tienen las palabras y la verdad hace que constantemente caiga en la trampa de Hitler, quien, por su parte, no toma en serio las palabras ni la verdad.

MARCEL CONCHE, Heidegger en la tormenta. Editorial Melusina, 2006.

¡Pero hay tantos, antes de Hitler y después de Hitler, que no se toman en serio las palabras ni la verdad...! 

11.4.10

*Jonathan Swift: Pensamientos sobre temas diversos (y epitafio)

Jonathan_Swift

"Swift escribió mucho y sobre muy diversos temas, siempre fustigando a la sociedad de su época. Fue un polemista admirado y temido. Escribió prosa y verso, una novela, algunos relatos y sobre todo panfletos y tratados. La mayoría de sus obras fueron publicadas en vida anónimamente, y sólo por una, Los viajes de Gulliver, recibió un pago, en concreto 200 libras.

Abordó asuntos políticos -los círculos del poder en Londres, las relaciones entre Irlanda e Inglaterra, la situación europea-, temas religiosos -los excesos de la jerarquía eclesiástica, el dogmatismo de algunos clérigos, el desmesurado poder de la iglesia- y problemas sociales como el hambre en Irlanda. Escrutó con irónica severidad a la sociedad en la que vivía y reflexionó sobre la condición humana, sus debilidades y sus mezquindades, desde la perspectiva de un agudo misántropo.

En palabras de Taine, Swift fue 'panfletario contra la oposición y contra el gobierno, despedazó o destrozó a sus adversarios haciendo uso de la ironía y de sus comentarios sentenciosos, con su tono de juez, soberano y verdugo. Hombre de mundo y poeta, inventó el sarcasmo impío, la risa fúnebre, la alegría convulsa de contrastes amargos; y arrastrando los arneses mitológicos como si fueran un guiñapo con el que hay que cargar, se construyó una poética personal mediante la plasmación de los detalles más crudos de la vida trivial, del impacto doloroso de lo grotesco, y de la revelación implacable de la inmundicia que ocultamos'."

MAURICIO BACH (Del prólogo a la edición citada más abajo)

PENSAMIENTOS
Poseemos religión suficiente para hacernos odiar, pero no para hacernos amar al prójimo.

*

Cuando deseamos o pedimos algo, nuestra mente se concentra por completo en el lado o circunstancias positivas de ello; cuando lo obtenemos, nuestra mente se concentra en las negativas.

*

Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, lo reconoceréis por este indicio: que todos los necios se conjuran contra él.

*

Si un hombre compilase todas sus opiniones sobre el amor, la política, la religión, la enseñanza y demás asuntos, empezando por las de su juventud y siguiendo hasta la vejez, ¡vaya paquete de inconsistencias y contradicciones resultaría finalmente!

*

El planteamiento estoico consistente en satisfacer nuestras necesidades eliminando nuestros deseos es como optar por cortarnos los pies cuando anhelamos unos zapatos.

*

Sólo el desdichado admite el poder que tiene el destino, ya que quienes son felices le atribuyen todo su éxito a su propia prudencia y valía.

*

A pesar de que se acusa a los hombres de no conocer sus propias flaquezas, quizá sólo unos pocos conozcan sus propias virtudes. En los hombres, como en la tierra, en ocasiones se encuentra una veta de oro cuya existencia desconocía el propio dueño.

*

Todos los seres humanos desean tener una vida larga, pero nadie quiere ser viejo. 

*

Una magnífica observación, digo cuando leo un pasaje de un autor cuya opinión coincide con la mía. Cuando diferimos, entonces dictamino que es él quien está equivocado. 

*

Muy pocos hombres, hablando con propiedad, viven en el presente, más bien se están preparando para vivir en otro momento. 

*

Nunca me sorprendo de ver hombres malvados, pero sí de ver que no se avergüenzan de ello. 

*

Una persona jamás debería avergonzarse de admitir que se ha equivocado, ya que eso no es sino decir, con otras palabras, que hoy es más sabia que ayer. 

*

Las personas aceptan que su ingenio provoque las risas de los demás, pero no que las provoquen sus insensateces.

*

Nadie acepta consejos, pero todo el mundo acepta dinero; por tanto el dinero es mejor que los consejos. 

*

La vida no es una farsa, es una tragedia ridícula, que es el peor de los géneros. 

*

El matrimonio engendra muchos vástagos: arrepentimiento, discordia, penuria, celos, sufrimiento, aburrimiento, aversión y otros.

*

A veces leo un libro con placer y detesto al autor.

*

Mientras leo un libro, tanto si resulta inteligente como si es una tontería, tengo la sensación de que está vivo y me habla.  

(De Pensamientos sobre temas diversos.)


EPITAFIO DE JONATHAN SWIFT ESCRITO POR ÉL MISMO

Swift

[Fotografía tomada de Wikipedia (edición inglesa). Catedral de San Patricio, Dublín]

Hic depositum est Corpus

JONATHAN SWIFT S.T.D

Hujus Ecclesiae Cathedralis

Decani,

Ubi sa'va Indignatio

Ulterius

Cor lacerare nequit,

Abi Viator

Et imitare, si poteris,

Strenuum pro virili

Libertatis Vindicatorem.

Obiit 19 Die Mensis Octobris

A.D. 1745 Anno Aetatis 78

(Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, doctor en Sacrosanta Teología, deán de esta iglesia catedralicia, donde la feroz cólera ya no puede romperle el corazón. Sigue adelante, viajero, e imítale si puedes, ya que fue un hombre que por encima de todo defendió la libertad. Fallecido el 19 de octubre de 1745, a la edad de 78 años.)

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JONATHAN SWIFT (Dublín: 1667-1745), Ideas para sobrevivir a la conjura de los necios. Selección, traducción, presentación y apéndice de Mauricio Bach. Ediciones Península, Barcelona, 2000.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

10.4.10

Dos

Viejas fotografías: invitan a soñar lo vivido.

***

¿Las razones del corazón? Ni el corazón las conoce.

9.4.10

Fácil y difícil

Muchas veces tengo presente el aforismo de JRJ, que en mi recuerdo, y traicionando acaso su literalidad, viene a decir, más o menos: para unos lo fácil es difícil, para otros lo difícil es fácil. Fácil, difícil. Lo que sabemos, una vez sabido, es fácil; lo que ignoramos, mientras lo ignoramos, es difícil. Para el equilibrista que cruzó de una torre a otra torre  las difuntas Torres Gemelas, la cosa no debió ser fácil, pero tampoco difícil, aunque su proeza nos dé vértigo sólo con pensar en ella. Es inevitable acabar creyendo que es fácil todo aquello que para nosotros lo es. Y al pensar así nos equivocamos, nuestra ecuanimidad desbarra; lo mismo que nos equivocamos al pensar que es difícil todo lo que para nosotros lo es. No es posible ser juez y parte; nuestro error es ése. Error que nos vuelve, en incontables ocasiones, injustos con nosotros mismo y con los demás.

8.4.10

Dudas

Si es inevitable pararse en la duda, y ciertamente lo es salvo que uno sea muy zoquete, inevitable es también correr el riesgo de quedarse prendado en la duda. Porque las dudas son como abismos, simas ante las que la razón se turba, precipicios en que  se hunde el afán de certezas. Quién no duda, poco sabe, poco siente.

Pero hay unas dudas -dudas del sentir y del soñar- que son el anzuelo que muerde nuestra ansiedad. Esas dudas son terribles, terribles dudas que crean fantasmas, fantasmas que ocupan nuestra mente, mente que se entrega a un sinfín de lucubraciones a cual más cruel; dudas crueles que roen nuestro ser y que arrostramos como almas en pena, pena de vivir, ¿vivir, para qué? Dudas que asolan la adolescencia y ciegan en la edad adulta. Perversas dudas que empujan hacia la nada y convierten nuestra vida en un desierto. Y es inevitable atravesar ese desierto de dudas, atravesarlo esquivando espejismos, y mirando de reojo nuestro dolorido sentir, sin dejar de buscar cabales razones en la oscuridad que somos.
  
Y luego están las otras dudas, las metafísicas dudas, las dudas que nos diluyen en cualquier momento, ¿quién soy?, ¿qué será de mí?, ¿qué sentido tiene la vida?, dudas que esconden preguntas ardientes, como clavos de crucificado. Nada nos guarda de esas dudas, ni la zoquetería siquiera, porque las tales impregnan aquello que somos, incluso sin nosotros saberlo. Esas dudas, más que tenerlas, nos tienen, y nos duelen en la sangre del alma. Son dudas sin respuesta, aunque se admitan apuestas -¡bendito Pascal-, dudas que nos hunden en un mar de dudas, eternas dudas de nuestra inquieta finitud. 

6.4.10

Esperanzas locas

Muchas esperanzas, si no todas, son esperanzas locas. Y, pese a su locura, esperamos que se cumplan. Creemos en ellas, más allá de la sensatez, más allá de la sinrazón. Y si no se cumplen, acaso nos sentimos redimidos por haberlas creído posibles: la creencia las ponía al alcance de la mano y diluía la congoja; las volvía posibles, aunque esa posibilidad fuera, desde un principio, una ilusión. Pero como nunca sabemos de antemano en qué acabará todo cuanto es posible, debemos esperar incluso lo imposible, ya que el futuro no se deja adivinar. (De ahí que pueda haber locuras razonables y corduras insensatas.) Pero al final, el tiempo enseña sus cartas y deshace el nudo de la espera, a favor o en contra de la esperanza. Pero mientras estamos en sus manos, nos embarga la sensación de que no hacemos pie en el suelo de los días, por vivir entre la esperanza de lo imposible y el temor a que incluso lo posible no lo sea.

(Del Diario de sombras. Domingo, 23/11/03)

4.4.10

"¿Dónde hay más cabrones y putas?" Algunas consideraciones de Pierre de Bourdeilles, señor de Brantôme, sobre geografía erótica

 Pierre_de_Bourdeille

"Antes de acabar, diré que he visto disputar sobre cuál es la región de Europa y de la cristiandad donde hay más cabrones y putas. Dícese que en Italia las damas son muy calientes y por lo tanto muy putas, como dice M. de Beze en un epigrama; que donde más da el sol y caliente, más enardece á las mujeres, según el verso:

Credibile est ignes multiplicare suos.
[Es de creer que multiplica sus fuegos.]

Lo mismo es España, aunque está á Occidente; el sol calienta tanto á las damas como en Oriente.

Las flamencas, alemanas, suizas, inglesas y escocesas, aunque más al septentrión, también son calientes y yo lo sé, que he conocido muchas. Las griegas tienen motivo para serlo, pues caen muy á levante. Así desean en Italia Grecca in letto; y de veras tienen ellas muchas cosas, virtudes y atractivos, que no sin causa hicieron en el pasado las delicias del mundo y enseñaron á las damas italianas y españolas desde los antiguos tiempos á los presentes, de tal modo, que las modernas sobrepujan casi á las antiguas; finalmente, griega era Venus, reina y emperatriz de las putas.

En cuanto á nuestras bellas francesas, vióselas en un principio bastante groseras y contentándose con hacerlo á lo burdo; pero de cincuenta años acá han tomado y aprendido á las otras naciones tantas gentilezas, monerías, atractivos y virtudes, costumbres, gracias, lascivias y tanto se han aplicado á instruirse, que sobrepujan á las demás en todas las maneras; y, como he oído decir á los mismos extranjeros, valen mucho más que las otras, á más que las palabras íntimas parece que suenan más ardientes y mejor en nuestra lengua. Fuera de esto, y sobre todo, la hermosa libertad francesa, hace á nuestras damas más deseables, asequibles, amables y agradables que todas las otras [...].

En fin, en Francia da gusto hacer el amor, díganlo los doctores en la materia y los mismos cortesanos, que mejor que yo sabrán sofisticar sobre ello; y, si van á decir verdad, putas por acá, cornudos por allá, doy fe de haberlos visto en todas las regiones y países y en ninguno he observado más castidad que en otro."

PEDRO DE BOURDEILLES, Señor de Brantôme
(1540-1614), Las damas galantes. Versión castellana de la última edición publicada en francés, cuidadosamente corregida y revisada según los manuscritos de la época, con noticias históricas y críticas por la marquesa de Fermorán. París, Garnier Hermanos. s.f. [c. ¿1900?]