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31.12.13

¡Año a la vista!…

Para saludar al nuevo año –si no es posible, ay, que sea un año nuevo– vaya esta serenísima “Spiegel im Spiegel”, de Arvo Pärt. ¡Feliz 2014!

30.12.13

Pasen y vean

En una ocasión, al menos, Cervantes renunció a poner títulos descriptivos a los capítulos del Quijote.
En el capítulo IX de la Segunda parte, aquel en que don Quijote y Sancho Panza entran en el Toboso –media noche era por filo, poco más o menos en busca del palacio de Dulcinea, el socarrón alcalaíno se pone tautológico y recurre a un título  magistral, e inapelable, por lo poco que declara y lo mucho que sugiere: Donde se cuenta lo que en él se verá. Como en el circo: “pasen y vean”.

28.12.13

De la soledad

No es fácil llegar a conocer las entrañas de la soledad -conocer la soledad como se conoce un territorio-: el impulso a huir de ella es muy poderoso, y nos domina de tal modo que, aunque la soledad nunca nos abandone, siempre le estamos dando la espalda. No llegamos a conocerla del todo; el miedo nos domina. Y, por eso, cuanto más huimos de ella, más la tememos. Nuestro miedo acrecienta el pavor que despierta en nosotros. Pero la huida nada remedia, y más cuando ni siquiera sabemos de qué huimos. Al huir, el miedo multiplica el temido mal que nos asedia.

27.12.13

Fragmentos de "Fragmentos de un evangelio apócrifo"

47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.
Jorge Luis Borges, "Fragmentos de un evangelio apócrifo", en Elogio de la sombra (1969)

21.12.13

Sumario del n.º 8 de la revista de poesía “El Alambique” [Se incluye, además, 1 poema de Enrique García-Máiquez, 2 poemas de Fernando Merlo y 3 aforismos de Manuel Neila]

Acaba de aparecer el número 8 de El Alambique. Agustín Porras, su director, abre el número con una breve reflexión en el Brindis de bienvenida.

Las restantes secciones son:

TIENEN LA PALABRA
Poemas de
Raquel Fernández Menéndez, Enrique García-Máiquez, Álvaro Galán Castro, Ana Garrido, Leoni Disla, Fernando Aínsa, José Ángel García, Manuel Quiroga Clérigo, Francisco Mora, Enrique Gismero, Juan Antonio Marín, Aitor Francos, Pedro Ovalles, Jacobo Valcárcel y Marco Rosmarine.


HOMENAJE A FERNANDO MERLO
Dosier coordinado por Francisco Cumpián

Textos de
Luis García de Ángela, Pedro Roso, Francisco Cumpián, José María Báez, Juan Miguel González, Javier Espinosa, José Luis de la Vega, Alejandro Robles y José Infante.
Álbum Merlo. Fotografías.
Antología poética de Fernando Merlo. Selección de Francisco Cumpián y Luis García de Ángela. 
ÁTOMOS (Máximas, sentencias, aforismos)  
Los imprescindibles
Joubert: Los aforismos de un poeta de la luz, por Luis Valdesueiro.
Aforismos de Joubert (Selección y traducción de L. V.). 
Escribir al límite: el aforismo español contemporáneo
Manuel Neila, por José Ramón González.
Cabos sueltos, de Manuel Neila.

DISCURSOS  
Los pasos contados de Manuel Carrión, por Lorenzo Martín del Burgo.

HOY NOS ACOMPAÑAN  
Leandro Calle
, Seis poetas de Mendoza (Argentina).
Débora Benacot, Carlos Levy, Marta Miranda, Patricia Rodón, Hernán Schillagi y Fernando G. Toledo.
Nota bibliográfica.

ESTA NOCHE, GRAN VELADA
Inés Ramón, La poesía de Alejandro Céspedes.
LENGUA EXTRANJERA, VERSIÓN CASTELLANA 
Poemas de
Niels Hav (traducción de Orlando Alomá).
La penúltima 
Poema manuscrito de Fernando Merlo.

Artistas invitados 
José Aguilera, Bonifacio Alfonso, Rafael Alvarado, Ángel Luis Calvo Capa, Mari García, Isabel Garnelo, Chema Lumbreras y Sebastián Navas



LÓGICO

Mi mujer me abandona, unas veces por otro
y otras porque descubre
al monstruo que he podido ocultarle hasta ahora;
me quedo sin amigos o me atacan
o son ellos los monstruos; el mundo se desploma;
me echan del trabajo; mis alumnos
vienen a celebrarlo a centenares
hasta el departamento; la inspectora
de educación se ríe; mis poemas
los empapa la lluvia y los arrastra
a las alcantarillas; y yo corro
y me persiguen las enfermedades
y los peligros cercan a mis hijos
y me duele hasta el alma –el alma que no existe–
en sueños…
Solamente, cuando al final despierto,
entiendo en un segundo de lucidez y asombro
que el mundo lógico son esas pesadillas
–perfectamente lógico–
y que el mundo real es un milagro,
un milagro extrañísimo
que no nos merecemos.

Enrique García-Máiquez


DOS CUCHILLOS
son mi pecho.
Uno blanco
y otro negro.

Ayúdame,
que el blanco se está muriendo.

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Dibujo de José Aguilera

A SUS VENAS

Estos cauces que ves amoratados 
y de amarillo cieno revestidos
eran la flor azul de los sentidos
que hoy descubre sus pétalos ajados

Besos verdes de aguja en todos lados
hieren la trabazón de los tejidos
y denuncian los brazos resentidos
la enigmática piel de los drogados

Las que llevaban vida y alimento
son tibias cobras de veneno breve
blanco caballo con la sien de nieve

Trotando corazón y pensamiento
que por las aguas de la sangre vierte
con rápido caudal la lenta muerte
                    (De Escatófago)
Fernando Merlo


TRES AFORISMOS DE MANUEL NEILA

No está mal eso de conocerse a uno mismo; pero si te resignas a ser tú mismo, ¿cómo llegarás a ser el que eres?

También los paganos se han quedado sin dioses, que han muerto como del rayo; quiero decir, la verdad, la bondad y la poesía.

La escritura poética puede dar lugar a una obra memorable o a una confesión no pedida. En el segundo caso, sólo compete al autor.

Manuel Neila


19.12.13

El momento de la inspiración…

Hay momentos en los que nos envuelve un gélido vacío, como si nuestros sentimientos estuvieran ateridos.

Hay momentos en los que tememos la llegada del mal tiempo: desabridas mañanas, tardes adustas del invierno, momentos en que la imaginación se retuerce de hastío. 

Hay momentos en los que sentimos el frío venidero como un mal presagio, como si los ariscos meses invernales flagelaran nuestro espíritu.  

Hay momentos, en fin, en que las palabras se secan, y tiemblan, ajenas al menor atisbo de inspiración, esa gozosa inspiración de la que tanto receló Stendhal.

“Para escribir –confiesa en su Vida de Henry Brulard-, aguardaba el momento de la inspiración.” (¡El momento de la inspiración!) Y a cuenta de esa espera, se propina un reproche: “No superé esta manía hasta muy tarde”. (¡Manía!) Y para desbaratar dudas, el novelista remata: “Esta estupidez ha perjudicado mucho a la cantidad de mis trabajos”. (¡Estupidez!)

Pero a partir de cierto momento, Stendhal dejó de esperar el momento de la inspiración, y encontró su verdadera inspiración escribiendo. Buen remedio, sin duda, para la falta de inspiración, o para que la inspiración se manifieste, si le place.

Menos esquiva se muestra la inspiración con los poetas que con los novelistas. Al fin y al cabo, un buen poema pudiera labrarse, en ocasión feliz, con unas docenas de palabras fulgurantes, mientras que para armar una buena novela se necesitan muchas palabras, todas las necesarias, que son muchas. Muchas palabras, muchos días. Para tal labor quizás sea más útil la dócil paciencia que la inspiración.

17.12.13

Geografía humana [La carta de Gazel a Ben-Beley –XXVI– en las CARTAS MARRUECAS, de Cadalso]

Las Cartas marruecas son un libro póstumo; no se atrevió Cadalso a publicarlo en vida. [...] Las Cartas marruecas son un anticipo de Larra y de Costa. Esa cancelación del pasado en que Cadalso insiste, ¿no es la misma renunciación al ensueño pretérito de que nos habla el pensador aragonés? Después de José Cadalso y Vázquez vendrá Mariano José de Larra.

Todavía falta algo para llegar a la honda crítica de Fígaro. En Cadalso vemos simplemente al observador; en Larra –merced a la revolución romántica– contemplamos la personalidad del artista, la individualidad del yo, frente a todo lo demás, frente a la sociedad. Y en esa lucha estriba lo dramático, lo intenso, lo emocional de Larra, que en Cadalso no existe.


Azorín, Lecturas españolas

Cadalso intenta caracterizar a sus personajes, pero no insiste demasiado en ello, porque le interesa más la censura de las costumbres que la verosimilitud de la ficción. Por eso no recarga su obra con detalles de más o menos falso orientalismo, y el lector ve oscurecerse, entre nieblas, estas figuras imaginarias de Gazel y Nuño para advertir ante sí, en el proscenio del libro, al soldado que fue cantor de Filis y a él solamente. A veces este desdoblamiento de Cadalso le obliga a defender el pro y el contra de una cuestión. En esos casos, su pensar íntimo coincide con la opinión de Nuño en quien, según se advierte por detalles muy expresivos, quiso ocultarse siempre el propio autor.

Una de las notas que la crítica ha subrayado como característica de Cadalso es su patriotismo. Este sentimiento es en toda su obra evidente. Amor a la patria consciente y perspicaz; no del que reputa lo mejor, lo único conocido, sino del que discierne las virtudes y los defectos de España y desea ardientemente la sacudida que ponga en fuga la inercia, la atonía española. Cadalso comprende que ‘el amor a la patria es ciego, como cualquier otro amor…’ (Carta XLIV). A él, su patriotismo no le impide advertir la decadencia de España, que compara con una casa que se desploma, en una página admirable. Sin embargo, y a pesar de todo, cree en la posibilidad de una redención y apunta los remedios.

Para Cadalso, la vida de España está unida a la institución monárquica. Su monarquismo es un culto. Y para él, nuestros mejores reyes fueron Isabel y Fernando –creadores de la unidad nacional– y Felipe V, que ‘fue héroe y rey’. Censura acremente a la casa de Austria y acusa a Carlos I de que ‘gastó los tesoros, talentos y sangre de los españoles en cosas ajenas a España’ (Carta III).

La sátira de Cadalso, grave en las Cartas marruecas y lejana de la travesura de Los eruditos a la violeta, endereza sus dardos hacia los cuatro puntos cardinales. El pueblo, los menestrales, los mercaderes, el escolástico pedante, el señorito jaque e inútil, la donemanía, el galiparlismo, las traducciones, la retribución de los cultos, la heráldica… Estos y otros muchos temas son blanco de sus ironías. Pero no se busque en Cadalso el sarcasmo cruel de Quevedo. Su burla suave y bien intencionada, aunque valerosa, no rehúsa el ataque a las instituciones ornadas de viejos prestigios; por ejemplo: la nobleza, las supersticiones religiosas. Así, su crítica de la aparición de Santiago en Clavijo, que atrajo la atención de Azorín, es característica de aquel siglo XVIII, siglo de Moratín, de Forner, de Jovellanos, de Feijoo, de Masdeu, espíritus independientes, críticos, agudos, valerosos.

Azorín observa también la modernidad de la crítica de Cadalso al censurar muchos defectos del siglo XVIII que aun hoy perduran. [...] Pero aunque en algún aspecto, la crítica de Cadalso sea hoy actual en conjunto, es muy de su tiempo y de su época. Así, las ideas del amante de Filis, se elevan sobre el plano del amor a la patria para llegar a conceptos de humanitarismo típicos del siglo XVIII. Las Cartas marruecas están empapadas de este espíritu de humanidad, de esta categoría ética...


Juan Tamayo Rubio, prólogo a la edición de Cartas marruecas

Carta XXVI
Del mismo al mismo
[De Gazel a Ben-Beley]

Por la última tuya veo cuán extraña te ha parecido la diversidad de las provincias que componen esta monarquía. Después de haberlas visitado, hallo muy verdadero el informe que me había dado Nuño de esta diversidad.

En efecto; los cántabros, entendiendo por este nombre todos los que hablan el idioma vizcaíno, son unos pueblos sencillos y de notoria probidad. Fueron los primeros marineros de Europa, y han mantenido siempre la fama de excelentes hombres de mar. Su país, aunque sumamente áspero, tiene una población numerosísima, que no parece disminuirse con las continuas colonias que envía a la América. Aunque un vizcaíno se ausente de su patria, siempre se halla en ella como se encuentre con paisanos suyos. Tienen entre sí tal unión, que la mayor recomendación que puede uno tener para con otro es el mero hecho de ser vizcaíno, sin más diferencia entre varios de ellos para alcanzar el favor de[l] poderoso que la mayor o menor inmediación de los lugares respectivos. El señorío de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y el reino de Navarra tienen tal pacto entre sí, que algunos llaman a estos países las provincias unidas de España.

Los de Asturias y las Montañas hacen sumo aprecio de su genealogía, y de la memoria de haber sido aquel país el que produjo la reconquista de toda España con la expulsión de nuestros abuelos. Su población es sobrada para la estrechez de la tierra, hace que un número considerable de ellos se emplee continuamente en Madrid en la librea, que es la clase inferior de criados; de modo que si yo fuese natural de este país y me hallara con coche en la corte, examinaría con mucha madurez los papeles de mis cocheros y lacayos, por no tener algún día la mortificación de ver un primo mío echar cebada a mis mulas, o a uno de mis tíos limpiarme los zapatos. Sin embargo de todo esto, varias familias respetables de esta provincia se mantienen con el debido lustre; son acreedoras a la mayor consideración, y producen continuamente oficiales del mayor mérito en el ejército.

Los gallegos, en medio de la pobreza de su tierra, son robustos; se esparcen por la península a emprender los trabajos más duros, para llevar a sus casas algún dinero físico a costa de tan penosa industria. Sus soldados, aunque carecen de aquel lucido exterior de otras naciones, son excelentes para la infantería por su subordinación, dureza de cuerpo y hábito de sufrir incomodidades de hambre, sed y cansancio.

Los castellanos son, de todos los pueblos del mundo, los que merecen la primacía en lealtad. Cuando el ejército del primer rey de España de la casa de Francia quedó arruinado en la batalla de Zaragoza, la sola provincia de Soria dio a su rey un ejército nuevo con que salir a campaña, y fue el que ganó la victoria de donde resultó la destrucción del ejército y bando austríaco. El ilustre historiador que refiere las revoluciones del principio de este siglo, con todo el rigor y verdad que pide la historia para distinguirse de la fábula, pondera tanto la fidelidad de estos pueblos, que dice serán eternos en la memoria de los reyes. Esta provincia aún conserva cierto orgullo nacido de su antigua grandeza, que hoy no se conserva sino en las ruinas de las ciudades, y en la honradez de sus habitantes.

Extremadura produjo los conquistadores del nuevo mundo, y ha continuado siendo madre de insignes guerreros. Sus pueblos son poco afectos a las letras; pero los que entre ellos las han cultivado, no han tenido menos suceso que sus compatriotas en las armas.

Los andaluces, nacidos y criados en un país abundante, delicioso y ardiente, tienen fama de ser algo arrogantes; pero si este defecto es verdadero, debe servirles de excusa su clima, siendo tan notorio el influjo de lo físico sobre lo moral. Las ventajas con que la naturaleza dotó aquellas provincias, hacen que miren con desprecio la pobreza de Galicia, la aspereza de Vizcaya y la sencillez de Castilla; pero como quiera que todo esto sea, entre ellos ha habido hombres insignes que han dado mucho honor a toda España; y en tiempos antiguos, los Trajanos, Sénecas y otros semejantes, que pueden envanecer el país en que nacieron. La viveza, astucia y atractivo de las andaluzas las hace incomparables. Te aseguro que una de ellas sería bastante para llenar de confusión el imperio de Marruecos, de modo que todos nos matásemos unos a otros.

Los murcianos participan del carácter de los andaluces y valencianos. Estos últimos están tenidos por hombres de sobrada ligereza, atribuyéndose este defecto al clima y suelo, pretendiendo algunos que hasta en los mismos alimentos falta aquel jugo que se halla en los de los otros. Mi imparcialidad no me permite someterme a esta preocupación, por general que sea; antes debo observar que los valencianos de este siglo son los españoles que más progresos hacen en las ciencias positivas y lenguas muertas.

Los catalanes son los pueblos más industriosos de España. Manufacturas, pesca, navegación, comercio y asientos, son cosas apenas conocidas de los demás pueblos de la península, respecto de los de Cataluña. No sólo son útiles en la paz, sino del mayor uso en la guerra. Fundición de cañones, fábricas de armas, vestuario y montura para ejército, conducción de artillería, municiones y víveres, formación de tropas ligeras de excelente calidad, todo esto sale de Cataluña. Los campos se cultivan, su población se aumenta, los caudales crecen y, en suma, parece esta una nación a mil leguas de la gallega, andaluza y castellana. Pero sus genios son poco tratables, únicamente dedicados a su propia ganancia e interés. Algunos los llaman los holandeses de España. Mi amigo Nuño me dice que esta provincia florecerá mientras no se introduzca en ella el lujo personal y la manía de ennoblecerse los artesanos: dos vicios que se oponen al genio que hasta ahora los ha enriquecido.

Los aragoneses son hombres de valor y espíritu, honrados, tenaces en su dictamen, amantes de su provincia y notablemente preocupados a favor de sus paisanos. En otros tiempos cultivaron con suceso las ciencias y manejaron con mucha gloria las armas contra los franceses en Nápoles y contra nuestros abuelos en España. Su país, como todo lo restante de la península, fue sumamente poblado en la antigüedad, y tanto, que es común tradición entre ellos, y aun lo creo punto de su historia, que en las bodas de uno de sus reyes entraron en Zaragoza diez mil infanzones con un criado cada uno, montando los veinte mil otros tantos caballos de la tierra.

Por causa de los muchos siglos que todos estos pueblos estuvieron divididos, guerrearon unos con otros, hablaron distintas lenguas, se gobernaron por diferentes leyes, llevaron diversos trajes y, en fin, fueron naciones separadas, se mantuvo entre ellos cierto odio que, sin duda, han minorado y aun llegado a aniquilarse; pero aún se mantiene cierto despego entre los de las provincias lejanas; y si esto puede dañar en tiempo de paz, porque es obstáculo considerable para la perfecta unión, puede ser ventajoso en tiempo de guerra por la mutua emulación de unos con otros. Un regimiento todo aragonés no mirará con frialdad la gloria adquirida por una tropa toda castellana, y un navío todo tripulado de vizcaínos no se rendirá al enemigo mientras se defienda uno lleno de catalanes.


José Cadalso (1741-1782), Cartas marruecas. Edición, prólogo y notas de Juan Tamayo y Ribo.
Madrid: Espasa-Calpe (Clásicos Castellanos), 6ª ed., 1971.

14.12.13

*Salpicaduras*, de Fernando Menéndez

Ediciones Trea inaugura su colección “Aforismo” con un libro de Fernando Menéndez: Salpicaduras. Se compone de doscientos setenta y cuatro aforismos (versos, según los denomina Silverio Sánchez Corredera en el prólogo). Autor de varios libros de poesía y de aforismos, Menéndez ha caligrafiado numerosos manuscritos, objeto de varias exposiciones.

En los últimos años, Menéndez ha publicado dos libros de aforismos: Hilos sueltos (Difácil, 2008) y Tira líneas (Difácil, 2010). Aforismos suyos figuran asimismo en la reciente antología de José Ramón González, Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (Trea, 2013).

Salpicaduras está dividido en tres partes: “Tachaduras”, “Teselas” y “Llamaradas”. Así las describe el prologuista:

Tachaduras... se encara con el poder injusto, la sucia política o el Estado opresor.

Teselas... habla desde el desengaño escéptico, los abismos existenciales y la vida absurda.; también, desde los gozos, el imperativo de vivir y la autoafirmación del ímpetu que mueve la humana naturaleza.

Llamaradas... busca la patencia de la verdad, la visión universal, la evidencia común a la que se consigue poner nombre.


[El prólogo, y dos páginas de aforismos, se pueden leer en la web de Ediciones Trea.]

Fruto de una lectura fugaz, copio a continuación unos cuantos aforismos. (Según la posología al uso, los aforismos deben degustarse en pequeñas dosis. Y así debe ser. Pero yo necesito una lectura voraz, omnicomprensiva, antes de poder demorarme en cada aforismo. Qué le vamos a hacer, si somos hijos —o hijastros, tal vez— de nuestras neurosis...).

Aforismos

La mentira es exuberante en matices.

Nada más libre que la muerte.

Vivimos en la obligación de la rapidez.
         
[De “Tachaduras”]

La realidad te hace añicos o te vuelve cínico.

Estamos abandonados al dolor de la espera.

Escribir lo necesario y sentir lo inalcanzable.
         
[De “Teselas”]

Quien gira sobre sí mismo, marea su ilusión.

La memoria es un vasto mar de olvidos.

La vida no tiene sentido sino remordimientos.
         
[De “Llamaradas”]


Fernando Menéndez, Salpicaduras

12.12.13

Aprender a ver

Toda la vida se nos va en aprender. Es un ejercicio sin fin. Algunas cosas nacemos sabiéndolas, pero las más tenemos que aprenderlas. El aprendizaje del dolor es, por ineludible, nuestra más encarnizada asignatura. Sin embargo, hay algo que descuidamos, por considerarlo irrelevante: aprender a ver. Lo cierto es que por más que miramos, no siempre vemos. Somos ciegos ante lo que nos rodea. Aprender a ver exige mirar con acuidad, interés y pasión, y desgraciadamente no siempre queremos ver. Nos falta tiempo, las prisas son nuestra coartada. Si nos detenemos en la calle a contemplar lo que nadie mira, a nuestro alrededor cunde la sorpresa. La cámara de fotos es, entonces, un buen aliado, además de buen maestro: nos ayuda a fijar nuestro tiempo en una cosa, a escrutar lo que nos rodea... Si vamos por la vida con anteojeras, la realidad se nos escapa por los flancos. Aun a riesgo de parecer ridículos, lo propio es pararse ante las cosas: sea una ventana, un árbol tísico, una puerta, el trampantojo tatuado en una pared, la sombra de una bicicleta... Mirar para ver; y ver para experimentar lo mirado.

10.12.13

Presentación del n.º 8 de la revista *El Alambique*, dedicado a Fernando Merlo

La Fundación Alambique para la Poesía tiene el placer de invitarles, el lunes 16 de diciembre, a las 20 horas, a la presentación del número 8 de la revista de poesía El Alambique, en homenaje al poeta malagueño Fernando Merlo.
Presentado por Miguel Losada (secretario de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid), Francisco Cumpián (coordinador del dosier) y Agustín Porras (director de la revista), el acto contará con la participación de varios de sus colaboradores e incluirá la lectura de una selección de textos del poeta homenajeado, en las voces de José Luis de la Vega y del ya citado Francisco Cumpián.

 


ATENEO DE MADRID
Sala Estafeta
c/ Prado, 21
28014 Madrid


www.fundacionalambique.com


7.12.13

El extraño y desagradable sueño de Manuel o el mundo al revés (Un texto de Pío Baroja)

Tuvo un sueño extraño y desagradable. Estaba en la Puerta del Sol y se celebraba una fiesta, una fiesta rara. Llevaban en andas una porción de estatuas; en una ponía: «La Verdad»; en la otra, «La Naturaleza»; en la otra, «El Bien»; tras ellas iban grupos de hombres de blusa con una bandera roja. Miraba Manuel asombrado aquella procesión, cuando un guardia le dijo:
–¡Descúbrete, compañero!
–¿Pues qué es lo que pasa? ¿Qué procesión es ésta?
–Es la fiesta de la Anarquía.
En esto pasaron unos andrajosos, en los cuales Manuel reconoció al Madrileño, Prats y al Libertario, y gritaron: «¡Muera la Anarquía!», y los guardias los persiguieron y fueron dándoles sablazos por las calles.


Pío Baroja, fragmento de Aurora roja

4.12.13

“Elegía”, de José Gorostiza

A veces me dan ganas de llorar,
pero las suple el mar.

[1922]


José Gorostiza, Poesía y poética
Madrid: Colección Archivos, 1988

A veces incluso unas pocas palabras resultan excesivas. Según el cuándo y según el cómo. Lo mismo ocurre con el dolor: basta una pizca para sentir todo el dolor del mundo. Inconmensurable dolor: en la parte está el todo, todo el dolor. Y si se contiene, duele más, siendo el mismo; el dolor contenido desgarra, desuella al propio dolor.

Algo de recóndito dolor —lágrimas esquivas frente al mar— bulle en este pareado. Precedidos de un título que presagia desbordada aflicción, quizás parezcan juguetones estos versos, aunque hablen de un juego muy serio, tan serio como el equívoco juego de vivir.

2.12.13

Chejov aconseja a Gorki sobre el uso de los adjetivos

En una carta escrita en Yalta, el 3 de septiembre de 1899, Chejov ofrece a Gorki, enfrascado por entonces en la composición de su novela Tomas Gordeiev, algunos consejos literarios. El maestro del cuento y la novela corta, el innovador dramaturgo, concluye así:

Un consejo más: al realizar [¿revisar?] las pruebas, suprima, allí donde sea posible, los adjetivos y los adverbios. Hay tantos en usted que la atención se pierde y el lector se cansa. Se comprende cuando escribo: «El hombre se sentó sobre la hierba»; se comprende porque está claro y porque no retiene la atención. Al contrario, me vuelvo oscuro y agotador si escribo: «Grande, con el pecho estrecho, hombre de estatura media, de barba pelirroja, se sentó sobre la hierba verde, ya pisada por los transeúntes, se sentó sin hacer ruido, lanzando a su alrededor miradas tímidas y temerosas...». Eso no se inscribe de un golpe en el cerebro, y la literatura debe grabarse de un solo golpe, al segundo.


Chejov/Gorki, Correspondencia
Traducción y postfacio de Rubén Pujante Corbalán
Madrid: Funambulista, 2011

Vicente Huidobro ya advirtió en su “Arte poética”: «El adjetivo, cuando no da vida, mata». Ramón Eder, por su parte, nos recuerda (en La vida ondulante) esa fatalidad homicida: «Se puede matar con un adjetivo».

Leyendo sus palabras, no parece arriesgado suponer lo que Chejov habría podido pensar del barroquismo caribeño de Paradiso, la exuberante (¿o exhuberante, como fue moda escribir?) novela de Lezama Lima. Cada quien escribe como quiere (o como puede, pues no siempre somos dignos de nuestro querer). Mientras a Chejov le preocupa el hipotético lector, a Lezama le es indiferente el hipócrita lector. Y acaso por ello los cuentos del ruso inspiran en el lector ingenuo un gozo paradisíaco y dulcemente melancólico, mientras que el escarpado Paradiso del cubano exige una lucha a brazo partido, infernal y eternizante. Pero, misterios de la estética, siempre habrá gozos para todos los gustos y lectores, por raros que sean unos y otros.