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31.1.10

30.1.10

Muerte en la acera

Anoche, fría noche, cuando íbamos a ver a Les Luthiers nos topamos -avenida del General Perón, esquina con Orense- con un cadáver tirado en la acera y cubierto con un sudario plateado. (También los hay dorados; no sé si el color significa algo.) Había policías, no faltaban curiosos.
Y en la fría noche se abisma uno en la rumia: y piensa en el ser anónimo que yace yerto en la acera fría; y piensa en las personas que amaban a ese ser que ya no existe; y piensa en la muerte que asalta en las aceras...

*

Los benditos Luthier me hicieron menos gracia que otras veces, aunque se entregaron como siempre. 
 
[Del Diario de sombras, viernes, 30 enero 2004]

29.1.10

*Antonio Porchia: Voces




Antes de recorrer mi camino yo era mi camino.

*

La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas.

*

Mi pobreza no es total: falto yo.

*

Quien perdona todo ha debido perdonarse todo.

*

Creo que son los males del alma, el alma. Porque el alma que se cura de sus males, muere.

*

Durmiendo sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es continuo.

*

Cuando me conformo con nada es cuando me conformo con todo.

*

Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre.

*

A veces creo que no existe todo lo que veo. Porque todo lo que veo es todo lo que vi. Y todo lo que vi no existe.

*

La razón se pierde razonando.

*

Algunas cosas me he resignado tanto a no tenerlas que ya no me resignaría a tenerlas.

*

El árbol está solo, la nube está sola. Todo está solo cuando yo estoy solo.

*

Con algunas personas mi silencio es total: interior y exterior.

*

Cuando observo este mundo, no soy de este mundo; me asomo a este mundo.

*

Quien busca herirte busca tu herida, para herirte en tu herida.

*

Mi última creencia es sufrir. Y comienzo a creer que no sufro.

*

En el último instante, toda mi vida durará un instante.

*

Quien ama sabiendo por qué ama, no ama.

*

Si pienso qué es la vida, creo que la vida es un milagro, y si pienso qué es un milagro, no creo en él.

*

Voy perdiendo el deseo de lo que busco, buscando lo que deseo.

*

Lo que sé lo soporto con lo que no sé.

*

Saber morir cuesta la vida. 

ANTONIO PORCHIA (1886-1968), Voces. Hachette, Buenos Aires, 8ª ed., 1978.  [La editorial Pre-Textos publicó, en 2006, la "edición integral": Voces reunidas (Voces nuevas, Voces abandonadas, Voces inéditas), con un apéndice fotográfico y un CD con las Voces  leídas por el autor.  Edición, prólogo, tabla de variantes, anexo y epílogo de Daniel González Dueñas y Alejandro Toledo, con la colaboración de Ángel Ros.]

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

26.1.10

Una anécdota de Proust


La anécdota, que parece un chiste,  la cuenta Jean Cocteau en Opio. Cuando iba a dar la consabida propina al portero del Ritz, Proust se dio cuenta de que no llevaba dinero encima. "¿Puede usted prestarme cincuenta francos?", preguntó al portero. "Ahora mismo, señor Proust." "Pues quédese con ellos, porque eran para usted."

Al día siguiente, aclara Cocteau, el portero recibió el triple de esa cantidad. El novelista pagaba con creces sus olvidos.

25.1.10

La brevedad

   La brevedad es ardua y paradójica. Escribiendo más acaso se diga menos. Fruto de la destilación de las palabras, la brevedad pide tiempo.
   En una de sus cartas provinciales, Pascal explica que ha escrito una carta tan larga por falta de tiempo para hacerla más corta.
   Así, pues, lo breve es más... tiempo. (Aunque no siempre ha de ser así. A veces la pereza impone su norma.)

24.1.10

*En Ávila, mis ojos... (Con un comentario de Eliseo Diego)




En Ávila, mis ojos,
dentro en Ávila.

En Ávila del Río,
mataron mi amigo,
dentro en Ávila.

DÁMASO ALONSO Y JOSÉ MANUEL BLECUA, Antología de la poesía española. Lírica de tipo tradicional. 2ª ed., corregida, 3ª reimpr. Editorial Gredos, Madrid, 1978.

En Ávila, mis ojos, 
dentro en Ávila.

En Ávila del río, 
mataron mi amigo.
Dentro en Ávila.

MARGIT FRENK, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII). Editorial Castalia, Madrid, 1987.


COMENTARIO DE ELISEO DIEGO
En Ávila, mis ojos,
dentro en Ávila.

En Ávila del Río
mataron a mi amigo,
dentro en Ávila.

[versión citada por Eliseo Diego. A diferencia de las anteriores, en esta versión aparece la preposición a en el cuarto verso.]

Si no hemos percibido como un estremecimiento premonitorio la primera aparición de la palabra dentro; si no nos conmovió la trémula invocación: "en Ávila, mis ojos" como vacilante entre el delicadísimo requiebro popular que alude al supremo valor de los ojos y el reproche a esos mismos ojos porque no alcanzaron a ver, a estar, a acompañar, allá dentro; si no nos ha tocado como un soplo inquietante la expectación de todo cuanto puede suceder dentro, con sus asociaciones de encierro y tiniebla, perderemos la trágica desolación con que reaparece la palabra al final de la diminuta, grandiosa elegía, luego de la suprema sencillez de "mataron a mi amigo".
ELISEO DIEGO, La sed de lo perdido. [Antología.] Edición de Antonio Fernández Ferrer. Ediciones Siruela, Madrid, 1993. [El fragmento pertenece a "La música del significado", texto recogido en Libro de quizás y de quién sabe (1989).]

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

22.1.10

Vallejo: Una broma poética



En 1926, cuatro años después de la aparición del insólito Trilce, César Vallejo editó en París, en colaboración con Juan Larrea, una revista de poesía: Favorables París Poema. Sólo se publicaron dos números, con fecha de julio y octubre.  La presentación de la revista, titulada "Presupuesto vital", corrió a cargo de Larrea, que empezaba así su artículo, con una prosa de pedernal:
En lealtad sólo hay un modo de ser, el modo de la pasión. Allí es donde se cuece el pan, el hueso y la azulejería de la vida. Guerrero oficio de existencia, -¡oh la inodora paz! a todos, expontánea (sic) y felizmente, se nos va día a día entre el humo de la hoguera y cada nueva noche nos sorprende teñidas de corazón las manos.
Y concluía Larrea el artículo de la siguiente manera:
Véase que no presento una estética entre las numerosas que cualquier espíritu puede formular dando una pequeña vuelta filosófica alrededor de las cosas. Nuestra literatura no es ni literatura, es pasión y vitavirilidad por los cuatro costados.
En consecuencia Vallejo y yo presentamos aquí diversas obras imperfectas por muy diversos estilos pero coincidentes en más de un punto esencial: en su actualidad, su pasión íntima y su orientación al conocimiento. Aún no son quizá bastante imperfectas, pero confiamos poder dentro de poco mostraros otras que lo sean mucho más.

En la revista se publicaron, además de algunos textos en prosa, poemas de Diego, Tzara, Huidobro, Neruda, Reverdy, Ribemont Dessaignes, el escultor Apeles Fenosa, Antonio Riquelme, y por supuesto Larrea y Vallejo.
En el segundo número, y último, aparte de unos cuantos aforismos, Vallejo publicó el siguiente poema:

ES LO CONTRARIO DE LO QUE QUIERO DECIR

Este mármol no es escultura
Y este cuadro no es pintura
Igual a:
Este señor no es un hombre
Ya está
Ya está
Se acabó.

 CÉSAR VALLEJO
Pareciera que Vallejo abandona las honduras de su angustia, esa lucha feroz con las palabras para exorcizar su dolor, el metafísico desgarro que siembra de negruras su existencia. Pareciera que Vallejo se entrega a la poesía de gabinete, juguetona, pulida y plana. Pero cada uno escribe lo que escribe, valga la tautología, y si a Vallejo le da por la metafísica de los materiales, qué le vamos a hacer. Lo sorprendente del caso es que unas páginas antes aparece un poema, que firma Apeles Fenosa, y cuya música estridente recuerda demasiado a Vallejo. 
Copio
el poema tal y como aparece en la revista, con todas sus peculiaridades, voluntarias o involuntarias:

He aquí que hoy saludo, me pongo el cuello y vivo,
superficial de pasos insondable de plantas.
Tal me recibo de hombre, tal más bien me despido
y de cada hora mía retoña una distanciA.

Queréis mas? encantado.

Políticamente, mi palabra
emite cargos contra mi labio inferior
y económicamente,
cuando doy la espalda a Oriente,
distingo en dignidad de muerte a mis visitas.

Desde ttttales códigos regulares saludo

al soldado desconocido
al verso perseguido por la tinta fatal
y al saurio que Equidista diariamente
de su vida y su muerte,
como quien no hace la cosa.

El tiempo tiene hun miedo ciempiés a los relojes.
                                    
 ○

(Los lectores pueden poner el título
que quieran a este poema.)

                   APELES FENOSA

Para alguien avezado en la exploración de la intrincada selva de Trilce -pero ¿cuántos lectores de esos podía haber cosechado entonces tan insólito libro?-, la broma estaba condenada al fracaso. Esos escasísimos lectores repararían, sin duda, en el inocente juego de identidades. Aunque Fenosa y Vallejo intercambien sus poemas, el acento vallejiano es inconfundible: las palabras, la sintaxis y la fragancia del poema delatan a su autor.
Eeste poema se incluyó póstumamente en los Poemas en prosa, lo que no deja de ser curioso: ubicar un poema en verso dentro de una colección de poemas en prosa (por si no fuera ya suficientes problema definir qué es un poema en prosa) acaso responda a algún oscuro misterio vanguardista, un misterio paralelo al que hizo que el conde de Lautréamont titulara Poesías su libro de aforismos. El humor, que no falte.

20.1.10

Lulio y el afato


Raimundo Lulio afirmaba que existe un sexto sentido. En los Proverbis dedica un capítulo (CCLXII) a esta novedosa potencia, la afativa, que añade a la imaginativa y a la racional. El afato se caracteriza, según Lulio, por la manifestación del pensamiento. La lengua es su instrumento. Así, pues, la lengua no sólo serviría para gustar sino también para "afar", siendo la vía mas derecha para comunicarse con el alma racional. Pero, a diferencia de los otros, no es un sentido material: "Por el afato -escribe Lulio- el hombre puede ser más querido u odiado que por otro sentido." Gran sentido parece éste, gran misterio, el afato, que Lulio acaba desvelando: El "afar" y el hablar se identifican. Y acto seguido añade: Afato y palabra son vocablos sinónimos. Es evidente que quien no posee el sentido del afato, el sentido del lenguaje, es como si viviera en una nube negra. La palabra penetra donde no llegan los ojos, toca lo que no hay manos que toquen, endulza los oídos más ásperos, desprende fragancias imposibles. Imaginemos a alguien privado de este sentido, alguien encerrado en la jaula de los otros sentidos, sin nada que medie en sus razones sin razón. El afato es el sentido que ilumina a los otros sentidos: aquel sobre el que giran todos los demás, aquel que nos permite  expresar lo que pensamos y declarar lo que sentimos, aquel que atraviesa los silencios como flecha de amor o de odio, aquel que confiesa nuestras dudas y dialoga en busca de certezas. 

19.1.10

*Guillermo de Aquitania: Haré un poema de la pura nada


IV
Farai un vers de dreit nien:
non er de mi ni d'autra gen,
non er d'amor ni de joven,
ni de ren au,
qu'enans fo trobatz en durmen
sus un chivau.
Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente.
No celebrará amor ni juventud
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo
sobre un caballo.

No sai en qual hora·m fui natz,
no soi alegres ni iratz,
no soi estranhs ni soi privatz,
ni no·n puesc au,
qu'enaisi fui de nueitz fadatz
Sobr'un pueg au.
No sé en qué hora nací, 
no estoy alegre ni estoy triste,
no soy huraño ni agradable,
y no tengo la culpa, 
que de este modo fui de noche hadado
en una alta montaña.

No sai cora·m fui endormitz,
ni cora·m veill, s'om no m'o ditz;
per pauc no m'es lo cor partitz
d'un dol corau; 
e no m'o pretz una fromitz,
per saint Marsau!
No sé cuándo estoy dormido
ni cuándo velo, si no me lo dicen.
Por poco se me parte el corazón
de un punzante dolor: 
pero no doy a cambio el precio de una hormiga, 
¡por San Marcial!

Malautz soi e cre mi morir; 
e re no sai mas quan n'aug dir.
Metge querrai al mieu albir, 
e no·m sai tau;
bos metges er, si'm pot guerir,
mor non, si amau.
Enfermo estoy y temo morir, 
y de ello no sé más que lo que oigo decir;
médico buscaré a mi voluntad, 
y no sé de uno así.
Buen médico será si consigue curarme,
pero no, si empeoro.

Amigu'ai  ieu, non sai qui s'es:
c'anc no la vi, si m'aiut fes;
ni·m fes que·m plassa ni que·m pes,
ni no m'en cau:
c'anc non ac Norman ni Franses
dins mon ostau.
Amiga tengo, no sé quién es,
pues nunca la vi, por mi fe.
Nada ha hecho que me agrade o me disguste,
y no me importa en absoluto,
que nunca hubo normando ni francés
en mi casa.

Anc non la vi et am la fort;
anc no n'aic dreit ni no·m fes tort;
quan no la vei, be m'en deport;
no·m prez un jau:
qu'ie·n sai gensor e belazor,
e que mai vau.
Nunca la vi y mucho la amo, 
jamás obtuve de ella favor ni disfavor; 
cuando no la veo, hago caso omiso:
no doy a cambio un gallo.
Que sé una más gentil y más hermosa, 
y que más vale.

No sai lo luec ves on s'esta,
si es en pueg ho [es] en pla;
non aus dire lo tort que m'a,
abans m'en cau; 
o peza'm be quar sai rema,

[per] aitan vau.
No sé en qué lugar habita,
si es en montaña o si es en llano; 
no me atrevo a decir la sinrazón que me hace, 
prefiero callar; 
y pésame mucho que ella se quede aquí:

por eso me voy.

Fait ai lo vers, no sai de cui;
et trametrai lo a celui
que lo·m trametra per autrui
enves Peitau,
que·m tramezes del sieu estui
la contraclau.
Mi poema está hecho, no sé sobre qué.
Me propongo enviarlo a aquél
que, por medio de otro, lo enviará
a Poitou, de mi parte; 
y le ruego que de su estuche me haga llegar
la contraclave.

GULLERMO IX DUQUE DE AQUITANIA (1071-1127) [y JAUFRÉ RUDEL], Canciones completas. Edición bilingüe a cargo de Luis Alberto de Cuenca y Miguel Ángel Elvira. Editora Nacional, Madrid, 1978.

SE PUEDE ESCUCHAR UNA  VERSIÓN MUSICAL AQUÍ.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

18.1.10

Vivir la vida

Unas veces vivimos la vida que no creemos vivir; y otras veces no vivimos la vida que creemos vivir. Y quizá se nos va la vida en creer que vivimos.

17.1.10

La verdad de la mentira

-¿Una mentira es tan verdadera como la verdad misma? -preguntó el discípulo.

-Bien cierto -contestó el maestro-. Las mentiras son tan reales y verdaderas como la verdad misma.

-Entonces -insistió el discípulo-, ¿cómo distinguir las verdades de las mentiras?

-Muy sencillo -contestó el maestro, mientras se quitaba las gafas-. Si vuelan, son verdades; si hozan, son mentiras. 

15.1.10

La sombra

Detrás del que busca está el que quiere ser encontrado. Porque también somos la sombra de lo que somos.

14.1.10

*Romance del prisionero: Versiones (y un comentario de Azorín)

 

Comentario de Azorín
Es por el mes de mayo. La tierra respira vitalidad y sensualidad. Ya los árboles están cubiertos de follaje nuevo. La luz tiene una viveza que antes no tenía; las sombras -la del alero de un tejado, la de un viejo muro-adquieren imperceptibles colores: sombras rojas, sombras violetas, sombras azules. Canta el agua como antes no cantaba, y sentimos un irreprimible deseo de ahondar nuestras manos en las fuentes claras, límpidas y frescas. Los insectos zumban; pasan rápidos en el aire los panzudos y torpes celonios que van a sepultarse en el seno de las rosas...
Un prisionero está en su cárcel. No puede él gozar de la Naturaleza que despierta exuberantemente. Su encarcelamiento es rigurosísimo, cruel, bárbaro. Obscuro completamente en su calabozo; no entra en él la luz del día. Ni sé cuándo es de día, ni cuándo las noches son, dice lamentándose el prisionero. Es decir, sí lo sabe; mejor dicho, lo adivina. Llega hasta el calabozo el canto de una avecilla; cuando esta avecilla canta, el prisionero sabe que ya en el mundo es de día y que los seres, las plantas, las cosas -¡todos menos él!- gozan de la luz del sol. Esta avecica (como la arañita de otro célebre prisionero)  era su único consuelo. ¡Cómo llegaban hasta su alma angustiada los trinos de este pajarito libre y feliz!
Y ya el prisionero no oye esta avecica: Matómela un ballestero. ¡Déle Dios mal galardón!
JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ, AZORÍN, Al margen de los clásicos. Introducción
de Santiago Riopérez y Milá. Madrid, Biblioteca Nueva, 2005.



[I]
Que por mayo era, por mayo,  cuando los grandes calores,
cuando los enamorados 
van servir a sus amores,
sino yo, triste mezquino, 
que yago en estas prisiones,
que ni sé cuándo es de día, 
ni menos cuándo es de noche
sino por una avecilla 
que me cantaba al albor:
matómela un ballestero; 
¡déle Dios mal galardón!
MANUEL ALVAR, El romancero viejo y tradicional. Editorial Porrúa, México, 1971.


[II]
Por el mes era de mayo,  - cuando hace la calor,
cuando canta la calandria - y responde el ruiseñor, 
cuando los enamorados - van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado, - que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día, - ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla - que me cantaba al albor:
matómela un ballestero, - ¡déle Dios mal galardón!
EL ROMANCERO VIEJO. Edición de Mercedes Díaz Roig. Madrid, Cátedra, 21ª ed., 2003. [En "El comentario de texto", Felipe B. Pedraza Jiménez, Milagros Rodríguez Cáceres y Manuel Castillo Molina utilizan este romance como modelo de comentario de textos.]


[Versión leonesa]
Mes de mayo, mes de mayo, tiempo de la gran calor
cuando los bueis están gordos y el caballo corredor,
cuando el pan andaba en cierna y el vino en la verde flor;
las mozos andan en gala, las mocitas en jibón,
y la triste de mí, cuitada, solita en esta prisión;
no veo cuando amanece ni cuando rayaba el sol,
sólo por tres pajarcillos, que cantan en el árbol:
una era la calandra y otro era el reiseñor
y otra era tortolina, solita anda sin amor,
no se posa en prado verde ni en árbol que tenga flor,
que se posa en las aradas y a la sombra de un terrón.
Pasó por ahí un cazador, de un tiro me la mató;
y si era por la carne, no pesaba un cuarterón;
y  si era por la pluma, de oro se la daba yo;
y si era por envidia, no se lo perdone Dios;
y si era por venganza, no se lo perdone, no.
ROMANCERO GENERAL DE LEÓN. Antología (1899-1989). Edición de Diego Catalán y Mariano de la Campa, con la colaboración de Débora Catalán, Paloma Esteban, Ángeles Ferrer y Maite Manzanera. 2 vols. Madrid, Seminario Menéndez Pidal/Diputación Provincial de León, 1991. [Citado en: Gonzalo Santonja, A la lumbre del día. (Notas y reflexiones sobre la lengua y la literatura de los sefardíes.) Ávila, Excmo. Ayuntamiento de Ávila, 2000.]


[Versión de Segovia]
Mes de mayo, mes de mayo, el de las regias calores,
cuando las cebadas granan y los trigos echan flores,
cuando los enamorados se enraman en sus amores;
unos con naranjas verdes y otros con agrios limones,
otros con palabras dulces que alegran los corazones.
Y yo que estoy aquí sola, metida en estas prisiones,
sin saber cuándo es de día, sin saber cuándo es de noche,
no más por los pajarillos que cantan en los árboles;
una es la pinta parda y el otro es el ruiseñor
y el otro es la tortolilla, de las aves la mejor.
ROMANCERO GENERAL DE SEGOVIA. Edición de Raquel Calvo, con la supervisión de Diego Catalán. Segovia, Seminario Menéndez Pidal/Diputación Provincial de Segovia, 1994. [Citado en: Gonzalo Santonja, Ibídem.]


[Versión sefardí]
De día, era de día, de día y no de noche,
cuando los belos mancebos servían a sus amores;
quien los vence con naranja, quien los vence con limones,
quien los vence con manzanas, qu'es el fruto de los mores.
Triste lo digo, el mezquino, que cayí en estas prisiones;
ni sé cuando es de día ni menos cuando es de noche.
Tenía tres avesicas, me cantaban rojioles,
la una era de prima, la otra de medianoche,
la más chiquitica d'ellas me cantaba al albores.
Agora, por mis pecados, no sé quién me las llevó.
Si me las llevó el buen reyes tiene mil pares de razón,
si me las llevó la reina, el Dios que sea pagador,
si me las mató el carcelero, él que tenga gualadrón. 
MANUEL ALVAR, Poesía tradicional de los judíos españoles. México, Porrúa, 1986. [Citado en: Gonzalo Santonja, Ibídem.]

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13.1.10

Generalizaciones

Alain dejó escrito que todas las ideas generales son falsas. Pero el filósofo galo tuvo la prudencia de añadir que ésta es una idea general... Y a la vez que se curaba en salud, nos dejaba como al principio, pero con todas nuestras dudas por despejar.

12.1.10

Estupidez

Somos testigos de la estupidez ajena, aunque la propia sea invisible a nuestros ojos. De ahí que, seducidos por un optimismo ciego, pensemos que nuestra vida discurre ajena a la estupidez. Si a nadie avergüenza reconocer que todos somos algo estúpidos, a pocos deja indiferente la sospecha de que alguien es testigo de su estupidez. En esto, como en tantas cosas, la razón sosiega, mientras que la imaginación, siempre loca, acaba metiéndonos en terrenos minados. Pero si es absurdo ignorar nuestras limitaciones,  no menos insensata es la estudiada vanidad de quienes se sienten glorificados por sus defectos.

11.1.10

Paciencia, pereza

La paciencia desafía al tiempo; la pereza lo desdeña.

10.1.10

*Marcial: Epigramas

Libro I, 1
He aquí a quien lees, a quien buscas, a ese famoso Marcial conocido en todo el mundo por sus picantes libritos de epigramas: la gloria que le diste, lector aficionado, cuando vivía y la disfrutaba, pocos poetas la consiguen después de incinerados.

Libro I, 16
Las cosas que lees aquí, unas son buenas, algunas medianas y la mayor parte malas. No se hace de otro modo, Avito, un libro.

Libro I, 38
El librito que lees en público, Fidentino, es mío: pero cuando lo lees mal, empieza a ser tuyo.

Libro I, 40
Tú que frunces el ceño y no lees estos versos con gusto, ojalá, envidioso, tengas envidia de todos y nadie la tenga de ti.

Libro I, 57
¿Me preguntas, Flaco, qué tipo de amante quiero o cuál no quiero? No la quiero demasiado fácil ni demasiado difícil; me gusta lo que está en medio de ambos extremos: ni quiero lo que atormenta, ni quiero lo que sacia.

Libro I, 64
Eres bonita, lo sabemos, y joven, es cierto, y rica ¿quién puede, pues, negarlo? pero, cuando te alabas en exceso, Fábula, no eres ni rica, ni bonita, ni joven.

Libro III, 71
Cuando a tu esclavo le duele la minga, a ti, Névolo, te duele el culo. No soy adivino, pero sé lo que haces.

Libro V, 81
Siempre serás pobre, si eres pobre, Emiliano: ahora las riquezas no se ofrecen a nadie, sino a los ricos.

Libro V, 83
Me persigues, huyo; huyes, te persigo. Ése es mi carácter: no quiero tu atención, Díndimo, quiero tu rechazo.

Libro VI, 79
Estás triste y eres afortunado. Procura que la Fortuna no lo sepa. Dirá que tú eres un desagradecido, Lupo, si lo sabe.

Libro XI, 62
Lesbia jura que ella no ha sido jodida nunca gratis. Es verdad. Cuando quiere ser jodida, suele pagar.

Libro XI, 67
No me das nada en vida; dices que me lo darás después de tu muerte. Si no eres un estúpido, sabes, Marón, qué deseo.

Libro XI, 97
En una sola noche soy capaz cuatro veces: pero que  me muera, Telesilla, si en cuatro años puedo joderte una sola vez.

Libro XII, 46
Eres a un mismo tiempo difícil y fácil, agradable y áspero: ni puedo vivir contigo, ni sin ti.

MARCIAL (40-103), Epigramas completos. Edición y traducción de Dulce Estefanía. Cátedra, Madrid, 1991.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

8.1.10

¿Qué significan las palabras?




-Cuando yo empleo una palabra -insistió Tentetieso/Humpty Dumpty en tono desdeñoso- significa lo que yo quiero que signifique..., ¡ni más ni menos!
-
La cuestión está en saber -objetó Alicia- si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-
La cuestión está en saber -declaró Tentetieso- quién manda aquí... ¡si ellas o yo!
(Lewis Carroll, A Través del Espejo y lo que Alicia encontró allí. Edición de Manuel Garrido, traducción de Ramón Buckley. Cátedra, Madrid, 1992.)

Humpty Dumpty bien pudiera ser el patrón de todos los tiranos que en el mundo han sido (o son, o serán...). Pues quien sojuzga las palabras, puede acabar gobernando las conciencias; quien tiene el poder de negar la realidad, impone su significado a las palabras, con lo que se vuelve imprescindible traducir las frases del propio idioma. De ese modo, cualquier realidad, por ríspida y horrísona que sea, se vuelve amable y plácida. Las palabras de la mentira son más consoladoras que las palabras de la verdad, aunque hayan sido vaciadas, o tal vez por eso, de su esencia.   
Victor Klemperer analizó el lenguaje del Tercer Reich en su LTI  (Lingua Tertium Imperii) y en su diario.  Klemperer no salía de su asombro al ver cómo día a día las expresiones se vaciaban de su sentido original y la lengua común se volvía un campo de incertezas. La finalidad no era otra que erigir una nueva realidad sobre la cruda realidad de todos los días. Las palabras pasaban de ese modo a significar lo que el poder quería que significaran. La significados bastardos trastrocaban la realidad.  ¿Propaganda? ¡Más que propaganda, ya que es omnipresente, lo envuelve todo! De ese modo, al negarnos la distancia necesaria para encarar la realidad, nos obliga a aceptar lo más extraño como si fuera lo más natural. 
La barbarie, inoculada con tiento, alarma menos; y acaba convirtiéndonos, sin nosotros saberlo, o sin querer saberlo, en figurantes de aquelarres a los que acaso nos creíamos ajenos. Terribles momentos en que una sociedad se vuelve loca -ebria de soflamas y deseos homicidas-, terribles momentos en que la lucidez se vuelve un trasunto del suicidio.

7.1.10

Comunicación

La opacidad de las palabras. No es fácil ver claro a través de ellas. Cuando hablamos, se oscurece el sentido de lo que decimos. Y lo que decimos es escuchado de diversas  maneras. Nos entendemos pese a  los malentendidos. Pero no hay perfección en el lenguaje, y esa tacha es acaso su mejor virtud. Si así no fuera, ¿acaso habría literatura? Un lenguaje exacto sería la tumba de la poesía y de la novela. Del teatro, incluso. A cada palabra que leemos, le nace un sentido ajeno a la intención del autor. Y cuantos más sentidos le nacen a lo dicho, más rico es y menos exacto. Las palabras son un camino abierto a múltiples andares. (Jueves, 20 de enero de 2005.)

6.1.10

Palabras calladas

Callamos a veces para no decir a los demás (por miedo, cortesía, prudencia, pudor, vergüenza ajena..., por mil razones, o sinrazones) lo que de ninguna manera podemos evitar decirnos a nosotros mismos. Es más fácil callar las palabras que queremos decir, que evitar pensar en lo que no queremos pensar. Los pensamientos, igual que el agua, siempre encuentran la vía.
Hace años vi una película mediocre, que me impresionó vivamente. Basada en un cuento de Kubin,  su argumento era fabuloso, de utopía infernal: presentaba un mundo en el que todas las personas eran libres de hacer su santa voluntad, sin temor a leyes ni a dioses. Si no me traiciona la memoria, no sólo eran libres de hacer lo que quisieran, sino que se veían abocados a ello. Por sugerente que fuera la idea, pronto se echaba de ver que algo así desembocaría necesariamente  en una guerra de todos contra todos. Si cualquiera es libre de hacer lo que quiera, sin responsabilidad alguna, entonces cualquiera, en el uso de esa libertad sui generis, puede acabar siendo el verdugo de los demás; y como asimismo los demás gozan de esa quimérica libertad, acabará siendo también víctima. Es el recuerdo de esa película el que me lleva a pensar que el silencio quizá se justifique en determinadas ocasiones: sería nuestra manera de respetar la propia libertad, la auténtica, la elegida.

5.1.10

*Eclesiastés, III, 1-22





No he querido resistir la tentación de citar la traducción de Alfonso el Sabio, que nos devuelve a una época en que el castellano apenas empezaba su andadura. No obstante, la traducción que he frecuentado con más asiduidad es la de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano Valera (1602), que conserva el aroma de una época en que el castellano alcanza las cimas más altas.  
Todas las cosas an tiempo, e por sus espacios e medidas passan quantas cosas so el sol son.
E tiempo de naçer e tiempo de morir, e tiempo de llantar e tiempo de arrancar lo llantado,
e tiempo de matar e tiempo de sanar, e tiempo de destroír e de fazer casa,
e de llorar e de reír, e de llañer e de sotar,
e de esparzer piedras e de cogerlas, e de abraçar e de alongarse de los abraçamientos,
e de ganar e de perder, e de guardar e desechar,
e de tajar e de coser en uno, de callar e de fablar,
de amor, de malquerencia, de batalla, de paz.
¿Qué más d'esto á el omne de su trabajo?
Vi la pena que dio Dios a los fijos de los omnes, que se estiendan en ello.
Todas las cosas fizo él buenas en su tiempo e dio el mundo a su ordenamiento d'ellos, que non falle omne la obra que obrare Dios del comienço fasta en la fin.
E coñocí en verdat que non avié mejor cosa que alegrarse el omne e fazer bien en su vida.
Ca todo omne que come e beve e vee bien e lo que·l plaze de su lavor, éste don de Dios es.
Aprendí que todas las cosas que Dios fizo durarán siempre, e nin podemos añader nin toller nada a lo que Dios fizo, que sea él temido.
E lo que es fecho, esso dura; e las cosas que de venir an, ya fueron, e Dios establece lo que passó.
Vi so el sol en logar de juizio non piadat, e en logar de justicia desegualdat,
e dix en mio coraçon: -Derecho e señorío judgará Dios, e entonces será el tiempo de toda cosa e doto departimiento.
Dix de los fijos de los omnes en mio coraçon que los provasse Dios e les mostrasse que semejavan a bestias.
E por ende es una la muerte del omne e d'ellas, e egual la fechura del omne e de la bestia. Assí como muere el omne, otrossí assí mueren todas las otras cosas e respiran todas, e el omne non á ninguna cosa más que la bestia: e todas las cosas son vanidat.
E todas van a un logar, e de tierra son fechas e a tierra se tornan egualmientre.
¿Quién sabe si el espíritu de los fijos de Adam va suso, e el espíritu de las bestias decienda yuso?
E aprendí que non avié cosa ninguna mejor que alegrarse omne en su vida, e ésta ser la su parte d'él. Ca el omne, ¿quí·l aduzdrá a tanto saber que coñosca las cosas que an a seer después d'él?
* * *
ALFONSO EL SABIO, General Estoria, Tercera Parte, IV. Libros de Salomón: Cantar de los cantares, Proverbios, Sabiduría y Eclesiastés. Edición de Pedro Sánchez-Prieto Borja y Bautista Horcajada Diezma. Gredos, Madrid, 1994.
Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa abarcarán los "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, cuentos cortos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofreceré el texto original. Asimismo, en la referencia bibliográfica, haré mención de la edición utilizada. 


4.1.10

Buen deseo oscuro

Hojeando un calendario de mesa, descubro un buen deseo oscuro: ¡Ojalá vivas todos los días de tu vida! Esas palabras de Swift parecen envenenadas, aunque se agradecen. Hay tantos días muertos en la vida... Y es tan amargo recordarlos...
Bajo esas palabras no late el miedo a la muerte sino el pavor ante los días muertos -días que reniegan del horaciano carpe diem. Días muertos, días en los que
-pese a estar vivos- no vivimos. Tales días hacen el infierno de la vida, un infierno de hielo y ausencia.