27.12.13
Fragmentos de "Fragmentos de un evangelio apócrifo"
48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.
Jorge Luis Borges, "Fragmentos de un evangelio apócrifo", en Elogio de la sombra (1969)
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10.6.13
“Borges y yo”, en la voz de uno de los dos
| No le vendría mal a este “Borges y yo” un epígrafe tomado del Rimbaud más precoz, que escribía cartas enigmáticas a su profesor: Je est un autre (Yo es otro). Las personas necesitamos los espejos (tan recurrentes en la obra de Borges) para, unas veces, ver en ellos el reflejo de lo que somos, y otras, las menos, aquello que nos permite ser, el azogue de nuestra alma. Quizás vivimos, sin apenas sospecharlo, escindidos de nosotros mismos, sin saber quién habla en nosotros, ni si soy yo, o el otro, el que calla en mí. ¿Quién no ha sentido alguna vez que caminaba a dos pasos de sí mismo? “Borges y yo” (EL HACEDOR, 1960) |
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22.10.11
“De l’eau”: un poema de Francis Ponge, traducido por Borges

En 1947, Borges publicó en la revista Sur la traducción de dos poemas de Francis Ponge, pertenecientes al libro de prosas Le parti pris des choses, publicado en 1942. Acerca de ese libro, Sartre escribió estas esclarecedoras palabras: “Yo no creo que jamás se haya ido tan lejos en la aprehensión del ser de las cosas. Aquí, materialismo e idealismo están ya fuera de tiempo. Estamos muy lejos de las teorías, en el corazón de las cosas mismas, y las vemos de pronto como pensamientos espesados por sus propios objetos.”
De los dos poemas traducidos por Borges, transcribo el que lleva por título “Del agua”. Lo tomo de Miscelánea, un extenso volumen recién publicado que reedita varios libros de crítica incidental del autor argentino (Prólogos, con un prólogo de prólogos; Borges oral; Biblioteca personal. Prólogos; Borges en Sur; Textos cautivos y Borges en El Hogar).
DE L'EAU
Plus bas que moi, toujours plus bas que moi se trouve l’eau. C’est toujours les yeux baissés que je la regarde. Comme le sol, comme une partie du sol, comme une modification du sol.
Elle est blanche et brillante, informe et fraîche, passive et obstinée dans son seul vice : la pesanteur; disposant de moyens exceptionnels pour satisfaire ce vice : contournant, transperçant, érodant, filtrant.
À l’intérieur d’elle-même ce vice aussi joue : elle s’effondre sans cesse, renonce à chaque instant à toute forme, ne tend qu’à s'humilier, se couche à plat ventre sur le sol, quasi cadavre, comme les moines de certains ordres. Toujours plus bas : telle semble être sa devise : le contraire d’excelsior.
* * *
On pourrait presque dire que l'eau est folle, à cause de cet hystérique besoin de n'obéir qu'à sa pesanteur, qui la possède comme une idée fixe.
Certes, tout au monde connaît ce besoin, qui toujours et en tous lieux doit être satisfait. Cette armoire, par exemple, se montre fort têtue dans son désir d’adhérer au sol, et si elle se trouve un jour en équilibre instable, elle préférera s’abîmer plutôt que d’y contrevenir. Mais enfin, dans une certaine mesure, elle joue avec la pesanteur, elle la défie : elle ne s’effondre pas dans toutes ses parties, sa corniche, ses moulures ne s’y conforment pas. Il existe en elle une résistance au profit de sa personnalité et de sa forme.
LIQUIDE est par définition ce qui préfère obéir à la pesanteur, plutôt que maintenir sa forme, ce qui refuse toute forme pour obéir à sa pesanteur. Et qui perd toute tenue à cause de cette idée fixe, de ce scrupule maladif. De ce vice, qui le rend rapide, précipité ou stagnant; amorphe ou féroce, amorphe et féroce, féroce térébrant, par exemple; rusé, filtrant, contournant; si bien que l’on peut faire de lui ce que l’on veut, et conduire l’eau dans des tuyaux pour la faire ensuite jaillir verticalement afin de jouir enfin de sa façon de s’abîmer en pluie : une véritable esclave.
... Cependant le soleil et la lune sont jaloux de cette influence exclusive, et ils essayent de s’exercer sur elle lorsqu’elle se trouve offrir la prise de grandes étendues, surtout si elle y est en état de moindre résistance, dispersée en flaques minces. Le soleil alors prélève un plus grand tribut. Il la force à un cyclisme perpétuel, il la traite comme un écureuil dans sa roue.
* * *
L’eau m’échappe... me file entre les doigts. Et encore ! Ce n’est même pas si net (qu’un lézard ou une grenouille) : il m’en reste aux mains des traces, des taches, relativement longues à sécher ou qu’il faut essuyer. Elle m’échappe et cependant me manque, sans que j’y puisse grand chose.
Idéologiquement c’est la même chose : elle m’échappe, échappe à toute définition, mais laisse dans mon esprit et sur ce papier des traces, des taches informes.
* * *
Inquiétude de l’eau : sensible au moindre changement de la déclivité. Sautant les escaliers les deux pieds à la fois. Joueuse, puérile d’obéissance, revenant tout de suite lorsqu’on la rappelle en changeant la pente de ce côté-ci.
FRANCIS PONGE, Le parti pris des choses
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DEL AGUA
Más abajo que yo, siempre más abajo que yo está el agua. Siempre la miro con los ojos bajos. Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo.
Es blanca y brillante, informe y fresca, pasiva y obstinada en su único vicio: el peso, y dispone de medios excepcionales para satisfacer este vicio: contornea, atraviesa, corroe, se infiltra.
En su propio interior funciona también el vicio: se desfonda sin cesar, renuncia a cada instante a toda forma, sólo tiende a humillarse, se acuesta boca abajo en el suelo, casi cadáver, como los monjes de ciertas órdenes. Cada vez más abajo: tal parece ser su divisa: lo contrario de excelsior.
* * *
Casi se podría decir que el agua está loca, por esa histérica necesidad de no obedecer más que a su peso, que la posee como una idea fija.
Es verdad que todas las cosas del mundo conocen esa necesidad, que siempre y en todas partes debe satisfacerse. Este armario, por ejemplo, se muestra muy testarudo en su deseo de adherirse al suelo, y si algún día llega a encontrarse en equilibrio inestable preferirá deshacerse antes que oponérsele. Pero, en fin, hasta cierto punto juega con el peso, lo desafía: no se está desfondando en todas sus partes; la cornisa, las molduras no se prestan a ello. Hay en el armario una resistencia en beneficio de su personalidad y de su forma.
LÍQUIDO es, por definición, lo que prefiere obedecer al peso para mantener su forma, lo que rechaza toda forma para obedecer a su peso. Y lo que pierde todo su aplomo por obra de esa idea fija, de ese escrúpulo enfermizo. De ese vicio, que lo convierte en una cosa rápida, precipitada o estancada, amorfa o feroz, amorfa y feroz, feroz taladro, por ejemplo, astuto, filtrador, contorneador, a tal punto que se puede hacer de él lo que se quiera, y llevar el agua en caños para después hacerla brotar verticalmente y gozar por último de su modo de deshacerse en lluvia: una verdadera esclava.
... Sin embargo el sol y la luna le envidian esta influencia exclusiva, y tratan de mortificarla cuando, por ocupar grandes extensiones, les presenta un fácil blanco, o cuando se encuentra en estado de menor resistencia, dispersa en delgados aguazules. El sol le arranca entonces mayor tributo mayor. La obliga a un perpetuo ciclismo, la trata como a una ardilla en su rueda.
* * *
El agua se me escapa... se me escurre entre los dedos. ¡Y no sólo eso! Ni siquiera resulta tan limpia (como un lagarto o una rana): me deja huellas en las manos, manchas que tardan relativamente mucho en desaparecer o que tengo que secar. Se me escapa, y sin embargo me marca; y poca cosa puedo hacer en contra.
Ideológicamente es lo mismo: se me escapa, escapa de toda definición, pero deja en mi espíritu, y en este papel, huellas, huellas informes.
* * *
Inquietud del agua: sensible al menor cambio de declive. Que salta las escaleras con los dos pies al mismo tiempo. Que, pueril de obediencia, abandona en seguida sus juegos cuando la llaman cambiándole la dirección de la pendiente.
Traducción de JORGE LUIS BORGES
Publicado en Sur, Buenos Aires, XVI, núms. 147-148-149, enero, febrero, marzo de 1947).
Recogido en Miscelánea. Barcelona: Debols!llo, 2011.
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13.9.11
A pie de foto (13): Odiseo / Ulises
Retrato de Joyce, por Berenice Abbott
Si Homero era ciego, ¿acaso Joyce era tuerto?
Soy el primer aventurero hispánico que ha arribado al libro de Joyce…
Confieso no haber desbrozado las setecientas páginas que lo integran, confieso haberlo practicado solamente a retazos y sin embargo sé lo que es, con esa aventurera y legítima certidumbre que hay en nosotros, al afirmar nuestro conocimiento de la ciudad, sin adjudicarnos por ello la intimidad de cuantas calles incluye.
Jorge Luis Borges, Inquisiciones (1925).
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12.8.11
+”Arte poética”, de Jorge Luis Borges, en su propia voz

“
Mi propósito era hablar del credo del poeta, pero, al examinarme, me he dado cuenta de que yo sólo tengo un credo vacilante. Este credo quizá me sea útil a mí, pero difícilmente servirá a otros.
De hecho, considero todas las teorías poéticas meras herramientas para escribir un poema. Supongo que deben de existir muchos credos, tantos como religiones o poetas. […]
Me considero esencialmente un lector. Como saben ustedes, me he atrevido a escribir; pero creo que lo que he leído es mucho más importante que lo que he escrito. Pues uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede.
”
Jorge Luis Borges, “Credo de poeta”, en Arte poética. Seis conferencias.
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11.11.09
Borges y Bioy, bromistas
Decíamos con Borges que habría que publicar en un diario un artículo sobre Juan Ramón Jiménez y deslizar una errata, de modo que el nombre apareciera así: "Juan Jabón Jiménez". Después, publicar en otro diario o revista otro artículo y que el nombre del poeta apareciera alguna vez cambiado, por ejemplo: "Juan Jarrón Jiménez". Etc., etc. Publicar finalmente en otra parte un artículo desenmascarando el complot; en el último párrafo el nombre del desagraviado poeta aparecería así: "Juan Jamón Jiménez".
ADOLFO BIOY CASARES, De jardines ajenos. Libro abierto. Tusquets Editores, Barcelona, 1997, p. 127.
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