Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

27.4.13

Lo que la Lozana le dijo al portugués

 
─Pagá si queréis, que no hay coño de balde.


Francisco Delicado, La Lozana andaluza
(Mamotreto XXVII)

24.4.13

Pensar por lo breve: una antología aforística

“La limitada visibilidad del aforismo, condenado a circular por cauces de distribución minoritaria, ha impedido percibir con claridad la importancia que el género ha ido adquiriendo en España a lo largo de los últimos treinta años. Poco a poco, pero sin pausa, el número de libros de aforismos, publicados por lo general en pequeñas editoriales, y en tiradas aún más pequeñas, ha venido creciendo desde principios de los años ochenta, hasta conformar en la actualidad un extenso corpus alejado del gran público y escasamente estudiado. De ahí que un libro como éste, en el que se ofrece un detallado panorama del aforismo español de entresiglos y una amplia selección de textos de autores de diferentes promociones, pueda entenderse como el resultado de una tarea que se planteaba ya como urgente. El autor describe con detalle el alcance del fenómeno en el campo literario español, reflexiona sobre el aforismo como género de discurso y ofrece una amplia muestra de las variantes que el género ha adoptado en España desde 1980. El resultado es un amplio mosaico de textos que, sin duda, sorprenderán al lector por su riqueza y profundidad.” [De la contracubierta.]


Más información, AQUÍ.

21.4.13

Budhi-Dhorma y el espejo

Budhi-Dhorma se mira en el espejo:
‒¿Qué miras? ‒pregunta altanero.
‒Miro a un necio que se mira en mí ‒contesta humilde.

Budhi-Dhorma sabe ser inmisericorde consigo mismo.

[22/03/2009]

19.4.13

[Del odio insuficiente: carta de Clodia a Catulo…, y el famoso poema del vate]

XIII-A. De Clodia a Catulo

(Por el mismo mensajero, el mismo día.)
(En griego.)

Hombrecito:
Sí. Es verdad. Todo es verdad. ¿Cómo podría no ser cruel contigo? Sopórtalo, súfrelo, pero no me abandones.
Te lo diré todo: es mi último recurso. Prepárate para este nuevo horror. Mi tío me violó cuando tenía doce años. ¿Sobre qué, sobre quién descargar mi venganza?
¿Que cómo ocurrió? En un huerto, al mediodía. Bajo un sol ardiente. Ahora ya te lo he dicho todo.
Nadie puede ayudarme, ni pido ayuda. Pido compañía en el odio. Lo que no puedo tolerar en ti es que no odies bastante.
Ven a mí. Ven a mí, hombrecito.
Pero ¿qué más podría decirte?
Ven.

XIII-B. De Catulo

Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

«Odio y amo. Quizá preguntes cómo es esto posible.
No lo sé. Pero así lo siento. Y es mi cruz.»


Thornton Wilder, Los idus de marzo
[María Antonia Oyuela, trad.]

17.4.13

[Amores e idolatría del rey Salomón]

      Pero el rey Salomón se enamoró de muchas mujeres extranjeras, además de la hija del Faraón: moabitas, amonitas, edomitas, fenicias e hititas, de las naciones de quienes había dicho el Señor a los de Israel: “No os unáis con ellas ni ellas con vosotros, porque os desviarán el corazón tras sus dioses”. Salomón se enamoró perdidamente de ellas; tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas. Y así, cuando llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor, como el corazón de David, su padre.       
     Salomón siguió a Astarté, diosa de los fenicios; a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor, como su padre, David. Entonces construyó una ermita a Camós, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses.  
     El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden. Entonces el Señor le dijo:
     ---Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre, David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida.
[Reyes 1, 11 1-13]



NUEVA BIBLIA ESPAÑOLA
Traducción de los textos originales dirigida por Luis Alonso Schôkel y Juan Mateos
Madrid: Ediciones Cristiandad, 1977


13.4.13

“... a los pies de los apóstoles” (El apóstol Pedro y la mentira de Ananías)

Vida de la comunidad: comunidad de bienes

     El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie tenía por propia cosa alguna, sino que tenían todo en común. Los apóstoles daban testimonio con energía de la resurrección de Jesús, el Señor, y gozaban de gran simpatía. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos cuantos eran dueños de haciendas o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según sus necesidades. José, llamado por los apóstoles Bernabé -que significa hijo de la consolación-, levita, chipriota de nación, tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.

El caso de Ananías y Safira

     Sin embargo, un tal Ananías, de acuerdo con Safira, su mujer, vendió una propiedad y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; luego tomó el resto y lo puso a los pies de los apóstoles. Pedro le dijo:
     -Ananías, ¿cómo es que Satanás se te ha metido dentro? ¿Por qué has mentido al Espíritu Santo reservándote parte del precio de la finca? ¿Acaso no era tuya antes de venderla, y aun después de venderla no quedaba a tu disposición el precio? ¿Por qué has hecho esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
    
Ananías, al oír estas palabras, cayó muerto, y cuantos lo supieron se llenaron de miedo. Fueron unos jóvenes, lo amortajaron y lo llevaron a enterrar.
     Unas tres horas más tarde llegó su mujer, que ignoraba lo sucedido. Pedro le preguntó:
     -Dime, ¿vendisteis la finca por tanto?  
     Ella contestó:
     -Sí, por tanto.
     Pedro replicó:
     -¿Por qué os pusisteis
de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los que han enterrado a tu marido están ya pisando el umbral para llevarte a ti.  
     En el acto cayó a sus pies y expiró. Al entrar los mozos la encontraron muerta; se la llevaron y la enterraron junto a su marido. La comunidad entera quedó espantada y lo mismo todos los que se enteraron. 
[
Hechos de los apóstoles, 4 32  y ss.]



Biblia

En el texto he combinado diversas traducciones, aunque la base es la de las editoriales San Pablo y Cristiandad. 

11.4.13

Memorias de un libro

Las aventuras de un libro vagabundo, la primera novela de Paul Desalmand, autor de varias decenas de libros, es una novela sorprendente y encantadora. Como es sabido, el término novela es plural y ampara a libros de muy diverso pelaje. Este que nos ocupa vendría a ser las memorias de un libro (y no un libro de memorias), narradas desde la altura de los veinte años, edad provecta para muchos libros, si nos atenemos a la calidad de los materiales. El libresco narrador nos ofrece enseguida la ficha técnica de su nacimiento:

Nací el 17 de junio de 1983, a las 16.37, en la imprenta La Manutention, en Mayenne. Formato: 16,5 centímetros x 12,5 centímetros. Peso: 230 gramos. Número de páginas: 224. Tipografía: Garamond. Cuerpo: 12. Tipo de papel: papel volumen de 90 gramos. Seis dibujos de Jean Mulatier. Tirada: 800 ejemplares numerados de 1 a 800, y veinte ejemplares sobre papel japón numerados de I a XX con la ilustración de la cubierta y grabados originales de Marc Pessin.

El imprimé en France no será obstáculo para que este libro acabe sus días en un río del África negra, víctima de la desafección de un emigrante expulsado de Francia. Azares de la vida, digo, de los libros.

Desde el momento de su aparición, el incógnito libro (para mantener un poco el misterio nos oculta el nombre del autor, el título y el editor) va pasando por distintas librerías y lectores diversos, igual que Lázaro de Tormes pasaba de amo en amo. Fruto de ese trasiego, y de la experiencia acumulada durante años, son los comentarios jugosos que desgrana, muchos de los cuales ahondan en la psicología de lectores, libreros y escritores. (En cierta ocasión, en una librería de una pequeña ciudad de la Francia profunda se presentó un anciano preguntando por un libro de Arnaldo Calveyra. Al poco rato, apretando el libro contra el pecho, el anciano emocionado confesó: ¡Soy yo!)

De las conversaciones mantenidas con otros libros, algunos muy destacados en la historia de la literatura, también deja constancia. En una ocasión, mientras charlaba en la biblioteca del profesor Lunel con algunos compañeros de estante, fue testigo de la aflicción que le causaba a la Antología de la poesía griega que fuera Robert Brasillach su compilador. Nada consolaba a la pobre Antología. Los libros que la rodeaban coincidían en alabar la decisión del general De Gaulle de no evitar el fusilamiento del colaborador de los nazis.

Aunque confraternizaba con todos sus hermanos de papel, nuestro libro solo le concede a uno el título de amigo: una traducción de Crimen y castigo aparecida a principios del siglo pasado. La admiración compartida por Dostoievski, por el autor y por el hombre, cimentó esa amistad.

Al anochecer, amparados en el silencio, los libros parlotean. Una noche, en la librería de Veyrier, un librero de viejo del rastrillo de Clignancourt-Saint-Ouen, presenció esta desoladora escena:

Una Cartuja de Parma se lamentaba de no haber tenido más que un solo lector, que había tardado más en leer la novela que Stendhal en dictarla. Cincuenta y tres días, como se sabe. Una Náusea publicada en la colección Blanche le respondió:

—No se queje; al menos llegó hasta el final. ¡Si contara los lectores que me han abandonado a la mitad! Aunque algunos han llegado a mi conclusión falsamente optimista... ¡Incluso le di un vuelco a la vida de un adolescente!

Queda claro que los libros sufren y padecen. Y que les acogota el miedo. Un miedo omnipresente –eco de los viejos tiempos– a la guillotina, que decapita, año tras año, miles y miles de libros (sobajados unos, inmaculados otros), iniciando el camino de vuelta a la pasta primigenia.

Al lector curioso (tan invocado por los clásicos) seguramente le seduzca este libro, si sigue vivo.



Paul Desalmand, Las aventuras de un libro vagabundo
Barcelona: Destino, 2010

8.4.13

Retahíla de putas (Mamotreto XXI de “La Lozana andaluza”)

“En fin, aunque la Lozana nazca de la vida real de sus personajes en el ambiente corrompido y rufianesco de la Roma renacentista, tiene, como obra literaria, un modelo en la estructura Dialogada de la Celestina, un precedente de la figura humana de su protagonista en la lasciva Franquila de la Thebayda, y el antecedente novelístico de la intervención del autor en la Cárcel de amor. Así que no es la Lozana andaluza una obra aislada, sin antecedentes literarios, como Afirma Menéndez y Pelayo, sino que tiene notables puntos de contacto con la tradición literaria que la precede.

Igualmente importante, sin embargo, es el lugar que ocupa la Lozana en el desarrollo de la Picaresca española. La Lozana retrata la corrupción moral y social de la época de Carlos V, y señala el principio de la picaresca dentro del mundo licencioso romano. El Retrato de la Lozana andaluza se inicia con la narración biográfica del origen, linaje y condición de su protagonista, es decir, con lo que Carlos Blanco Aguinaga ha llamado la “prehistoria” en la novela picaresca. Aldonza (o Lozana como vino a ser conocida por su gallardía, lozanía y belleza) nació en Córdoba de un padre mujeriego y jugador, que no dejó a su viuda e hijas nada más que una casa en pleito y algunas deudas. El carácter moralmente dudoso de este hombre nos recuerda al del padre de Lazarillo, quien “padeció persecución por justicia” como hizo también el padre de otro pícaro, el buscón Pablos. La muerte de la madre de Lozana la deja sola, y poco después la vemos amancebada con Diomedes, un mercader genovés a quien se entrega por razones obviamente económicas. El rico hombre de negocios le puede ofrecer, por lo menos temporalmente, viajes, criados y vida placentera; la Lozana piensa que la culminación de sus relaciones serían los hijos, hecho que “había de ser banco perpetuo, para no faltar a su fantasía y triunfo”. Sin embargo, su bienestar y planes de seguridad quedaron muy pronto desbaratados por el indigno padre de Diomedes, quien encarcela a su hijo y ordena que arrojen al agua a su amante, la Lozana. Sobreviviendo a esta injusta sentencia, la joven cordobesa se encamina hacia Roma, donde empieza una serie de aventuras que abarcan un período de doce años, desde su llegada a la ciudad en 1513, años en que presencia la coronación de León X, hasta el 1524. La obra se divide en tres partes, en las cuales se nos presenta la progresiva evolución de la Lozana desde los años de su adolescencia a su madurez, y los oficios que ejerce para ganarse la vida: maestra de hacer afeites, perfumera, prostituta y alcahueta.”

[Bruno Damiani, “Introducción”, pp. 16-17]


Otra pregunta que hace la Lozana al valijero cuando se levanta

Lozana. Decíme, señor, esas putas o cortesanas, o como las llamáis, ¿son todas d’esta tierra?

Valijero. Señora, no, hay de todas naciones: hay españolas castellanas, vizcaínas, montañesas, galicianas, asturianas, toledanas, andaluzas, granadinas, portuguesas, navarras, catalanas y valencianas, aragonesas, mayorquinas, sardas, corsas, secilianas, napolitanas, bruzesas, pullesas, calabresas, romanescas, aquilanas, senesas, florentinas, pisanas, luquesas, boloñesas, venecianas, milanesas, lombardas, ferraresas, modonesas, brecianas, mantuanas, raveñanas, pesauranas, urbinesas, paduanas, veronesas, vicentinas, perusinas, novaresas, cremonesas, alejandrinas, vercelesas, bergamascas, trevisanas, piedemontesas, savoyanas, provenzanas, bretonas, gasconas, francesas, borgoñonas, inglesas, flamencas, tudescas, esclavonas y albanesas, candiotas, bohemias, húngaras, polacas, tramontanas y griegas.

Lozana. Ginovesas os olvidáis.

Valijero. Ésas, señora, sonlo en su tierra, que aquí son esclavas, o vestidas a la ginovesa por cualque respeto.

Lozana. ¿Y malaguesas?

Valijero. Todas son maliñas y de mala digestión.

Lozana. Dígame, señor, y todas éstas, ¿cómo viven, y de qué?

Valijero. Yo’s diré, señora: tienen sus modos y maneras que sacan a cada uno lo dulce y lo amargo. Las que son ricas, no les falta qué espender y qué guardar. Y las medianas tienen uno aposta que mantiene la tela, y otras que tienen dos, el uno paga y el otro no escota; y quien tiene tres, el uno paga la casa, y el otro la viste, y el otro hace la despensa, y ella labra. Y hay otras que no tienen sino día e vito, y otras que lo ganan a heñir, y otras que comen y escotan, y otras que les parece que el tiempo pasado fue mejor. Hay entr’ellas quien tiene seso y quien no lo tiene; y saben guardar lo que tienen, y éstas son las que van entre las que son ricas, y otras que guardan tanto que hacen ricos a munchos; y quien poco tiene hace largo testamento, y por abreviar cuando vaya al campo final, dando su postremería al arte militario, por pelear y tirar a terrero; y otras que a la vejez viven a Ripa. Y esto causan tres estremos que toman cuando son novicias, y es que no quieren casa si no es grande y pintada de fuera, y como vienen, luego se mudan los nombres con cognombres altivos y de grand sonido, como son: la Esquivela, la Cesarina, la Imperia, la Delfina, la Flaminia, la Borbona, la Lutreca, la Franquilana, la Pantasilea, la Mayorana, la Tabordana, la Pandolfa, la Dorotea, la Orificia, la Oropesa, la Semidama y doña Tal, y doña Andriana, y ansí discurren mostrando por sus apellidos el precio de su labor; la tercera, que por no ser sin reputa, no abren público a los que tienen por oficio andar a pie.

Lozana. Señor, “aunque el decidor sea necio, el escuchador sea cuerdo”. ¿Todas tienen sus amigos de su nación?

Valijero. Señora, al principio y al medio, cada una le toma como le viene; al último, francés, porque no las deja hasta la muerte.

Lozana. ¿Qué quiere decir que vienen tantas a ser putas a Roma?

Valijero. Vienen al sabor y al olor. De Alemaña son traídas, y de Francia son venidas. Las dueñas d’España vienen en romeaje, y de Italia vienen con carruaje.

Lozana. ¿Cuáles son las más buenas de bondad?

Valijero. ¡Oh, las españolas son las mejores y las más perfectas!

Lozana. Ansí lo creo yo, que no hay en el mundo tal mujeriego.

Valijero. Cuanto son allá de buenas, son acá de mejores.

Lozana. ¿Habrá diez españolas en toda Roma que sean malas de su cuerpo?

Valijero. Señora, catorce mil buenas, que han pagado pontaje en el golfo de León.

Lozana. ¿A qué vinieron?

Valijero. Por hombres para conserva.

Lozana. ¿Con quién vinieron?

Valijero. Con sus madres y parientas.

Lozana. ¿Dónde están?

Valijero. En Campo Santo.


Francisco Delicado, La Lozana andaluza
Edición, introducción y notas de Bruno Damiani
Madrid: Clásicos Castalia, 1972

2.4.13

Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos



La editorial Trea publicará próximamente el libro Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología, 1980-2012, de José Ramón González, profesor de la Universidad de Valladolid. 

En el número 44 de la revista elcuaderno se publica el artículo de Martín Mercader “En estado de aforismo”, así como una mínima selección de los autores antologados, entre los que me encuentro.