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31.8.11

Monterroso, ¿destronado?

Hace semanas que observo con creciente perplejidad las estadísticas del blog. Durante mucho tiempo, y hasta hace un par de meses, la entrada de los cuentos y fábulas de Augusto Monterroso campaba invicta en la estadística diaria, semanal y mensual.

Ya sabía yo que con las estadísticas hay que ser escéptico y tomárselas con cautela: nos dicen que alguien llamó a la puerta pero nos ocultan si llegó a entrar, si apenas echó un vistazo, si leyó la entrada o si salió raudo lanzando pestes, quizás. La estadística nos informa del número de veces que llamaron a la puerta. Y poco más. Y a eso vamos: la entrada sobre los cuentos de Monterroso ha sido destronada del primer puesto de la estadística diaria, semanal y mensual. Veamos cómo ha sido. Hace dos meses publiqué una entrada sobre un viaje en autobús. Recogía en ella una expresión, que elevé a título, digamos que en rumañol, de una deslenguada muchacha: “Están en el chocho folladas”.

A raíz de la publicación, el número de visitantes de esa entrada no dejó de crecer sin que ninguna otra fuera capaz de desbancarla, lo que en cierto sentido me apenaba. Bastaron dos palabras procaces para que un blog (permitidme una pizca de ironía) que se quiere devoto de la más acendrada cultura acabara mancillado por inquisidores lujuriosos. (A veces me asalta la tentación de eliminar esa entrada, pero no sería justo.) Si “folladas” y “chocho” da pie a más búsquedas que “Monterroso” y “cuentos”, ¿acaso queda otra que rendirse ante la tozuda realidad?

Pero no, no me resigno a que dos sonorosas palabras destronen impunemente a un zahoría de la lengua. Ensayaré un remedio, que espero útil para desbancar a la susodicha entrada. Me serviré, para ese fin, de un texto de Cabrera Infante, plagadísimo de todas esas palabras que tan diversamente nombran al falo, y que sin duda aumentarán la competencia léxica de quienes lleguen hasta ellas. Al fin y al cabo, el ámbito de nuestra lengua es vasto y numeroso.   

NOTA: Anoche preparé esta entrada con la intención de publicarla hoy. Pues bien, esta mañana, para mi sorpresa, descubrí que la entrada de los cuentos de Monterroso había recuperado el primer puesto semanal. ¿Por qué hoy y por cuánto tiempo?


PERI PHALOS

Altar_fálico_de_Dionisos_en_Delos

 

Polla, picha, pija, pico, pinga, morronga, cabilla, cabia o cavia, caoba, majagua, mazorca, moco, pájaro, levana o lebana, linga, carajo, tranca, trozo, mecha, trabuco, perinola o pirinola, mandarria, pene, palo, mástil, verga, vergajo, vianda, la cabezona, la calva, cuero, látigo, rabo, chorizo, morcilla, tabaco, la sinhueso, arma, espada, pluma (“mojar la pluma”) –y casi siempre, cosa curiosa, el nombre está en femenino.

Guillermo Cabrera Infante
Exorcismos de esti(l)o
Barcelona, Seix Barral, 1976


 

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30.8.11

*La rosa (y II): Poemas y aforismos de Juan Ramón Jiménez

Salvador Dalí

P O E M A S

La única rosa

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo
¡amor! la única rosa.

Rosa

Sólo eres tú
(aquella tú)
cuando me hieres.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Canción. Seix Barral, Barcelona, 1993.

A F O R I S M O S
[Ideolojía, Ideolojía II, inéditos]

Uno y las rosas de la tumba solamente. Sólo nuestro pensamiento, flor de nuestra vida o la flor que abre de nuestra carne podrida. Eso es intimidad. Lo demás -amada, padre, madre, hermanos, amigos-   no es nada.

*

El pensamiento primero es como una rosa de sueño; después como una rosa de bruma; después como una rosa de cristal...

*

Le arranco más al sueño que a la vida; porque el sueño es como una vida mejor, cuyas rosas quisiera sembrar en mi realidad.

*

La rosa, ¿cómo está vestida y desnuda a un tiempo?

*

Perfecto e imperfecto, como la rosa.

*

Crítico de mis entrañas; cuando yo digo del poema:

No le toques ya más,
que así es la rosa,

es después de haber llevado el poema hasta la rosa.

*

Dos rosas son dos; cuatro, cuatro; siete, siete. Muchas, una.

*

¡Pobre rosa, que no puedes huir!

*

La poesía debe ser tan natural en el poeta como la rosa en el rosal.

*

La forma de la rosa dura lo que dura la forma de su esencia.

*

Perfección es penúltima imperfección.
De ahí no hay que pasar si queremos seguir vivos. "Así es la rosa."


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958), Con la Rosa del Mundo (1896-1954). Libro transcrito y orquestado por Emilio Ríos. Barcelona, La Poesía, señor hidalgo, 2002.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

29.8.11

Un error, trágico error, o El lenguaje de los signos


En su historia de la revolución rusa*, Orlando Figes cuenta un error, trágico error, protagonizada por Dzerhinsky, el jefe de la Cheka (Comisión Extraordinaria de Todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución, la Especulación y el Abuso de Poder).

Los métodos de tortura que empleaba la Cheka eran muy variados, y dependían de la inventiva de los chekistas, lo que hizo que algunas chekas acabaran siendo conocidas por su «especialidad». Veamos, sumariamente, alguna. La de Jarkov consistía en sumergir en agua hirviendo las manos de las víctimas… En Armavir les destrozaban el cráneo con una tira de cuero… En Kiev fijaban una jaula con ratas al torso de la víctima…
El invierno ofrecía inéditas posibilidades: derramar agua sobre las víctimas desnudas hasta convertirlas en estatuas de hielo… Algunas chekas preferían la tortura psicológica: hacer creer a las víctimas que iban a ser fusiladas, y dispararles con cartuchos de fogueo… O enterrarlas vivas… O encerrarlas en un ataúd con un cadáver… Tampoco faltaron víctimas obligadas, por añadidura, a presenciar la tortura, la violación o el asesinato de algún ser querido…

Dado que Lenin consideraba a los rusos «demasiado blandos» para aplicar las «duras medidas» del Terror, favoreció el empleo de extranjeros en la Cheka. El número de jóvenes era, asimismo, considerable.

Inmersos en la embrutecedora violencia, algunos chekistas acabaron locos; otros buscaron alivio en la bebida o en las drogas… La lengua rusa se enriqueció con nuevos sinónimos del verbo ‘matar’.

El fin último de la maquinaria de terror eran las ejecuciones. Durante la guerra civil se llevaron a cabo decenas de miles de ejecuciones sumarias. En ese clima aconteció el error, trágico error, que Orlando Figes relata así:

«En 1919, durante una sesión del Sovnarkom, Lenin escribió una nota y se la pasó a Dzerzhinsky: “¿Cuántos contrarrevolucionarios peligrosos tenemos en prisión?”. Dzerzhinsky garrapateó: “Alrededor de mil quinientos”, y devolvió la nota. Lenin le echó un vistazo, colocó un signo de una cruz  al lado de la cifra, y se lo devolvió al jefe de la Cheka. Esa noche, mil quinientos prisioneros de Moscú fueron fusilados siguiendo las órdenes de Dzerzhinky. Resultó ser una tremenda equivocación. Lenin no había ordenado la ejecución de todos: siempre colocaba una cruz sobre algo que había leído para dar a entender que lo había hecho y que lo tenía en cuenta. Como resultado de este sencillo error de Dzerzhinky, mil quinientas personas perdieron la vida.»

Pareced evidente que no sólo equivocan las palabras; los signos, sin leyenda, pueden invitar al crimen.


* Orlando Figes, La Revolución rusa (1891-1924). La tragedia de un pueblo. Barcelona, Edhasa, 2000.

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28.8.11

A pie de foto (2): La mujer cebra

 

Lucien Clergue


La mujer cebra es blanca y es negra.

Negra y blanca, de día y de noche.
De noche y de día, blanca y negra.

Y siempre a rayas.


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27.8.11

*La rosa (I): Un soneto de Góngora, y un comentario de Azorín

A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?

Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

LUIS DE GÓNGORA (1561-1627), Sonetos completos. Edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité. Clásicos Castalia, Madrid, 2ª ed., 1975.


Comentario de Azorín

Rosas de España, rosas que el recio pintor Zurbarán amaba: D. Luis de Góngora ha querido pintaros en catorce versos henchidos de emoción. No sabemos cuándo Góngora escribió este soneto; pero nos place ver al poeta ya un poco viejo, pobre, amargado por las adversidades de la vida. ¿Se acordaba de su Córdoba cuando escribía estos versos? ¿Veía, sobre la foscura del panorama de la Serranía, brillar una rosa encendida que se inclina sobre su tallo? ¿Era para él la rosa símbolo del breve esplendor del poeta, del poeta que tiene un momento de inspiración, de plenitud, y luego acaba en la sombra y en el olvido? Ayer naciste y morirás mañana -escribe Góngora-.
Para tan breve ser, ¿quien te dio vida? En una estancia, sobre una mesa, puesta en un búcaro, hay una bella rosa; en las paredes se ven los retratos de guerreros y de teólogos; un libro de Garcilaso o de Cervantes reposa junto al jarrón en que la rosa luce.
Entra un rayo vívido de sol por la ancha ventana. La rosa alcanza, en este minuto supremo de su vida, su plenitud. Unas manos finas y blancas la han cogido; unos ojos claros y verdes -como los de Melibea, como los de Dulcinea- la han contemplado; un instante sus pétalos fragantes han rosado una boca y una nariz sensuales y ávidas. Luego la rosa ha sido puesta en el búcaro de cristal. En la estancia reina la paz, y los teólogos y los guerreros miran desde sus marcos.
¿Para vivir tan poco estás lucida, y para no ser nada estás lozana? Este minuto en que la rosa brilla y aroma, ¿qué es en la eternidad del tiempo? Minuto de 1600, o de 1800, o de 1900; minuto en que en estas paredes de la sosegada estancia acaba de ser colocado un cuadro de Velázquez, o una escena de Goya, o un paisaje de Beruete; minuto en que unos ojos han leído una poesía de Garcilaso, o de Chénier, o de Samain; minuto en que ha resonado en el callado ámbito una dulce música de Salinas, o una trágica sonata de Beethoven; minuto en que la emoción humana ha llegado a lo más delicado y lo más intenso, ¿qué representas tú entre las dos eternidades que nos ciñen y aprisionan en lo pretérito y en lo futuro, las dos eternidades del pasado y del presente? Dilata tu nacer para tu vida, que anticipas tu ser para tu muerte. Así escribe el poeta. No importará nada, sin embargo, el dilatar ese nacer. No se adelantará nada con perdurar en el limbo de la vida sin entrar de lleno en la vida. El limbo de la vida es tan fugaz como la vida misma. Entremos en la vida resueltamente. Seamos en ella lo que nuestro ser quiere -espontáneamente- que seamos. Podrán pasar los mundos y podrá dilatarse el tiempo en sucesión interminable de siglos y siglos. Pero este minuto en que la rosa -cortada por bellas manos- luce y perfuma en su búcaro de cristal, frente a un retrato de Velázquez, en una estancia en que han resonado las armonías de Beethoven, este minuto es lo más alto, lo más fino y lo más exquisito de la civilización humana. No sabemos lo que podrá producir el tiempo en su corriente inacabable; mas este instante, tan fugitivo, tan alado, es la flor maravillosa -¡oh hombres!- de la pretérita eternidad...

JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (Azorín), Al margen de los clásicos. Introducción de Santiago Riopérez y Milá. Biblioteca Nueva, Madrid, 2005.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)


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26.8.11

Recuerdos

Fotograma de Recuerda de Hitchcock. Decorado de Dalí.


Los recuerdos, en la lejanía, se vuelven borrosos, como si los atravesara la niebla. Y si entonces les pedimos nitidez, será a costa de la verdad.

No recordamos las cosas como fueron, las recordamos según dictamen de nuestro recuerdo. (Por eso las fotografías, con su stop al tiempo, nos sorprenden tanto.)

Las cosas fueron a su modo, y en nuestro recuerdo son de otra manera. Recordamos desde el presente, aunque recordemos el pasado. Al margen del presente no hay recuerdos. Y elegimos los recuerdos en connivencia con los olvidos (su azogue inevitable: el recuerdo obra de espejo). Olvidos que dan firmeza a lo recordado, ya que la memoria, inquisidora fiel, elige, disecciona, separa, destierra, aniquila, niega, oculta, condena y, en consecuencia, olvida. Y de ese mantillo de olvido brotan los recuerdos, fósiles recuerdos si no fuera porque la vida es un constante trasegar. Sólo en la inconstancia es el hombre constante, venía a decir Montaigne; otro tanto puede decirse de los recuerdos, que nunca se aquietan, expuestos a lo inesperado.

Algunas veces pareciera que llegamos a desasirnos de nosotros mismos —de la sucesión temporal que somos y de la dependencia del espacio— y entonces contemplamos nuestros recuerdos como si no fueran nuestros. Pero siguen siendo nuestro, aunque nos parezcan ajenos.

Vivimos, soñamos y amamos en razón de lo que somos. Y a pesar de que el tiempo y el espacio se burlen de nosotros, no podemos renunciamos al recuerdo, aunque sólo sea para seguir haciendo pie en el presente.


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25.8.11

El primer paso

Algún venerable sabio taoísta supuso que una larga caminata empieza con el primer paso. Ese primer paso es la realidad y la metáfora que ordena nuestro existir.

Definitivo es el primer paso, y aun los siguientes, que le van a la zaga. Cada aspecto de nuestra vida está signado por un primer paso, y cada uno de esos primeros pasos es como una flecha lanzada hacia un fin.

Siendo posible corregir el rumbo de nuestra vida, no lo es desandar lo andado, que siempre nos acompaña, sin redención posible. Nunca volveremos a ser quien fuimos antes de ser quien somos.

Cada paso imprime su huella en el camino, cada senda añade una vena a nuestra alma. Pero nunca sabemos a dónde nos llevarán nuestros pasos, o qué nos aguarda en el lugar de arribada.

Las certezas de nuestra vida son escasas. Y si acaso la vida es sueño —y nosotros el sueño de una sombra, o la sombra de un sueño—, es innegable que nuestro soñar es vivir, vivir y caminar, al menos mientras no nos desvele la muerte.


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24.8.11

+”Gassman legge il menù.” (Y una receta dadá para componer poemas.)

Tristan Tzara tuvo una feliz idea: ofrecer al mundo su receta para componer poemas (dadaístas, por supuesto).

La receta ponía al alcance de todos, fueran letrados o iletrados, la creación poética.

La cosa no podía ser más sencilla.

Se toma un periódico y unas tijeras.
Se elige un artículo que tenga la misma extensión que queremos dar al poema. Se recorta con cuidado cada palabra del artículo y la vamos introduciendo en una bolsa. Agitamos las palabras, y acto seguido sacamos de la bolsa una tras otra, colocándolas por orden. El último paso, y definitivo, consistirá en copiar a conciencia las palabras, y voilà!: el poema está hecho.

De un modo fácil y entretenido, y con ayuda del azar, hemos compuesto un poema (¡un poema dadaísta!) que no conocían los siglos, y que te convertirá en un poeta original, pero incomprendido por los simples. (Un poema en prosa, por supuesto, pero tan poético… Supongo que no sería traición al espíritu dadá componer el poema en verso, troceándolo según nos venga en gana, aun a riesgo de que el poema sea más largo que el artículo original.)

De la receta de Tzara parece desprenderse un axioma: Todos poetas y la poesía en todo. ¡Me gustaría creerlo!

En cualquier caso, recientemente he encontrado, en You Tube, un divertido ejemplo (hay más) de cómo un buen rapsoda es capaz de convertir en poesía incluso el menú de un restaurante. Pasen y vean.

Gassman lee el menú

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23.8.11

A pie de foto (1): El lector recogido

Lehnert y Landrock

¿En qué piensa el lector? ¿Finge que lee? ¿Hay regocijo en su mirada? ¿Se burla por dentro del entrometido forastero que –¡en el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!– pretende detener ese instante? ¿Acaso llegó a contemplarse leyendo? ¿Adivinó entonces cierta sorna en el rabillo del ojo? ¿Quedó mudo –¡en el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!– ante la pervivencia del instante ido?

22.8.11

Paradoja del mentiroso

Acostumbrado a decir mentiras, al mentiroso se le desdibuja la realidad: huye de ella, la traiciona, y acaba sumido en honda confusión.
Y llegará el día en que queriendo decir mentiras diga verdades sin querer.


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21.8.11

"La relación intrínseca entre el arte moderno y la melancolía renacentista", según László F. Földényi

La relación intrínseca entre el arte moderno y la melancolía renacentista nos permite comprender no solo el matiz básicamente positivo que el concepto de melancolía adquiere después de la Edad Media, sino también la aparición de ciertas figuras melancólicas representativas, sobre todo entre los artistas. Los melancólicos de la Edad Media son enfermos mentales anónimos, excluidos del reino de Dios, que han dejado de existir y que por tanto nadie recuerda. En el Renacimiento, el melancólico es todo un ejemplo; es él quien cumple con mayor ardor el imperativo dirigido a todos, el de construir un mundo propio, y en esto, el primer lugar lo ocupaban los artistas, que se sometían al poder divino y destructivo de la melancolía. Es en la creación artística donde de verdad se manifiestan el infinito poder creativo y la capacidad ilimitada de la personalidad, pero también su dependencia, su sometimiento y su escasa fiabilidad. Nacen obras con enormes pretensiones; no obstante, tras las obras acabadas están también las inacabadas, las creaciones que han quedado en meros fragmentos y que muchas veces —y no por azar— provienen de los talleres de los más grandes. A más exigencia, más riesgo. Por otra parte, la aparente seguridad y solidez de las obras maestras es el resultado de arriesgadísimos y delicadísimos equilibrios: tras las obras perfectas se oculta siempre la posibilidad de la destrucción; hasta podría decirse que consideramos auténticamente grandes y verdaderas las creaciones en las cuales percibimos la muerte que amenaza al mismo tiempo la obra, al autor y a nosotros. Esta destrucción no lo es en un sentido figurado; es, en el sentido más estricto de la palabra, una llamada a la muerte que todo hombre solitario debe afrontar. Y como somos mortales, la soledad amenaza a todos, sea con disimulo, sea de modo desafiante. Quien es el centro del universo —¡y quién no cree serlo desde la pérdida o, como mínimo, el oscurecimiento de la fe religiosa!— sólo tiene que rendir cuentas ante la muerte, y quien no renuncia a ser el señor de la creación está condenado a una soledad irremediable. [Leonardo recomienda a los pintores retirarse a la soledad más absoluta; en las biografías de Vasari encontramos a numerosos artistas solitarios y poco sociables.] Los melancólicos creativos y geniales son célebres por su soledad y también por el silencio que los envuelve. Si ya de por sí no puedo compartir mi mundo, mi concepción del mundo, con nadie, el intercambio será aún más inimaginable en el caso de quienes, a costa de la autodestrucción, pretenden crear un mundo propio y radicalmente distinto del de los otros. El aristocratismo del arte no es manifestación de la arrogancia, sino de la búsqueda. Quien se empeña en llegar a una existencia absolutamente autónoma se ve rodeado de la soledad (que él mismo no ha elegido) y del silencio; y el precio de su creación es no tomar nota de nada más. La obra es producto del ya mencionado riesgo, y por lo que respecta a los otros, nada más insensato que hacer accesible a todos esta situación de riesgo y su resultado, la obra. El arte es aristocrático desde el Renacimiento y ha conservado este su escudo hasta el día de hoy: para los no iniciados, resulta tan arduo entrar en el mundo de los retratos renacentistas como en el presuntamente difícil y complejo mundo de las obras de nuestro siglo. No todos pueden enfrentarse a la muerte y a la destrucción, cuyo riesgo hace grande a la obra; o, para expresarlo de forma más aguda: una sociedad es tanto más vital cuanto menos se ocupa del arte. La melancolía se relaciona con el arte moderno como con los misterios en la Antigüedad. Al igual que estos, el arte es ambiguo: es democrático porque todos pueden entrar, y aristocrático porque pocos pueden convivir con esta posibilidad y porque menos aún son capaces de recorrer el camino hasta el final y descubrir allí, al descorrer —como el personaje del poema de Schiller— el velo que oculta la verdad de la poesía, la mirada amenazante de la nada. Estos pocos se abren a la melancolía, y como una sociedad no puede ser melancólica en su totalidad, no todos pueden ser igualmente receptivos al arte. El arte es ‘peligroso’, al menos en la Edad Moderna, ya que una de sus principales tareas consiste en introducir en el mundo de los otros la soledad y el silencio definitivo que mencionan las últimas palabras de Hamlet. Las obras maestras hacen al hombre casi tan desdichado como el amor: lo arrancan de la vida cotidiana y luego lo envuelven en sus redes. Prometen, pero al final no dan nada. Desearíamos fundirnos con ellas, incorporarlas a nosotros, pero nos rechazan y generan un anhelo que, carente de meta, no puede satisfacerse. Podríamos también calificar el arte de inmoral; no obstante, confrontados con las obras, descubrimos que la moralidad y la amoralidad son palabras ridículas e infladas que en el arte pierden su significado cotidiano. Ante el arte somos impotentes: intuimos que no deberíamos exponernos al encuentro con las obras, sabemos de entrada que sucumbiremos y nos perderemos, tememos el absurdo que se nos vendrá encima y, sin embargo, vamos a su encuentro con la misma tozudez con que hurgamos una y otra vez en nuestras heridas.

LÁSZLÓ F. FÖLDÉNYI
Melancolía
Traducción de Adan Kovacsics
Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1996.


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20.8.11

Budhi-Dhorma y “Paradiso” [Notas…] (14) Del alma

Finalmente, cediendo a un designio aristotélico, Budhi-Dhorma pasó de la potencia al acto: tras meses de divagaciones, aprovechó unos días de holganza en el septentrión para adentrarse en Paradiso. Como afirma el dicho: Nunca es tarde si la dicha es buena.

A Budhi-Dhorma le extrañó la aparición del esperma. No recuerda tal uso para esa palabra, aunque sabe que antiguamente las velas se elaboraban con el genésico licor de las ballenas.

La imagen del niño, lleno de ronchas y respirando con dificultad, en cuyo pecho cae una gota de cera ardiente, le produce un pinchazo de dolor.

Blas, el perro cojo, mira a Budhi-Dhorma como si esperara una respuesta. Y Budhi-Dhorma se pregunta, vieja pregunta, si las bestias tienen alma. Antaño, parece que no la tenían; ahora, algunos creen que sí. Ah, manes de Francisco de Asís. Budhi-Dhorma, hecho un mar de dudas, no tiene la certeza de que él tenga alma, y así soslaya la eterna cuestión de la inmortalidad, tan cara a filósofos y teólogos.

Eso del alma —piensa Budhi-Dhorma— parecen fantasías de filósofos griegos cegados por la luz; mediterráneas fantasías, pudiera decirse; yo, por mi parte, quedo satisfecho con que haya alma mientras hay vida, porque, ya que a veces, ni eso.

Blas, el perro cojo, está en calma: ni se interroga acerca del alma, ni siente el dolor del tiempo ido, ni le avasalla el miedo negro  del futuro, ni le aturde el pánico ante la postrer agonía.

Tenga alma o no —discurre Budhi-Dhorma—, Blas vive como si tal cosa, a la pata la llana, mal que le pese a Aristóteles, o a Tomás de Aquino, o a Jesús Mosterín; y si tiene alma, seguro que no lo sabe; y si no la tiene, seguro que lo ignora.

Baldovina pide auxilio a Truni y al gallego Zoar, su marido. Y entonces acontece, así lo proclama Maximino Cacheiro, la representación metafórica de “la iniciación del pequeño Cemí por la Santísima Trinidad”. Truni y Zoar acompañan a Baldovina en esa representación, temerosos de que a su regreso, el Coronel, padre del niño, les inculpe y los despida de la casa, y tengan que “llenar con lágrimas sus baúles”.

“Llenar con lágrimas sus baúles” —paladea las palabras Budhi-Dhorma, sintiendo un filológico placer. Llenar... con lágrimas... sus baúles... A través de esa frase, a Budhi-Dhorma se le representa el dolor de una vida a la intemperie, la angustia de un alma despellejada.

* * *

Budhi-Dhorma hace un alto en la lectura. Interpela a Blas, el perro cojo, con un pareado insulso:

—Hola Blas, ¿qué tal vas?

Blas, que no se da por aludido, continúa lamiéndose la pata con fruición. Alguna vez levanta la cabeza, pero sus ojos callan.

* * *

“Sí, Zoar parecía como el Padre, Baldovina como la hija y la Truni como el Espíritu Santo”, aventura el narrador. Budhi-Dhorma, lector ingenuo, se empequeñece antes tales teologías novelescas; él, de puro ingenuo, lee sin recelo, aunque alberga la sospecha de que se le escapan muchas cosas, cosas que a veces ni siquiera sospecha.

Cuanto más densa es una novela —cogita Budhi-Dhorma—, menos lectores cosecha. Y sí, aunque resulte extraño, algunos escritores parece que escriben “no para el goce del lector”, como quería Borges, sino para su propio goce. Pero esas libertades se pagan sin duda. Lo oscuro es oscuro, de acuerdo; pero ¿por qué entenebrecer lo claro?

Con las dudas repicando en la cabeza, Budhi-Dhorma vuelve al libro, y lee: “Los tres iban a ofrecer soluciones ancestrales, lanzándose hasta lo último para evitar el jadeo y las ronchas.” Hasta lo último…

30/6/2011.

Continuará.

19.8.11

+”Sonnet I“, de William Shakespeare, recitado por Sir John Gielgud, con versiones de José Méndez Herrera y Agustín García Calvo

Son varios los que han advertido en los Sonetos de Shakespeare reflejos de los de Miguel Ángel, aunque sean menos refinados que los de aquellos que absorbieron la elegancia petrarquiana. Los sonetos de Miguel Ángel dedicados a Tomaso Cavalieri poseen el acento apasionado que Shakespeare puso en los dedicados al «joven rubio» pero no cabe duda de que los del primero revelan asperezas que han desaparecido en los del bardo inglés.

Ahora bien, los sonetos ingleses, por cuanto a la forma se refiere, no han seguido la composición del soneto petrarquiano, formados por dos cuartetos y dos tercetos, sino que adoptan el esquema de tres cuartetos de rimas independientes, con un dístico o pareado final. Tal es la línea seguida por los poetas ingleses de la época, incluyendo a Michael Dayton, contemporáneo de Shakespeare; y han conseguido así aciertos definitivos de expresión, hallazgos valiosos en la palabra, felicidad que es la característica principal de la sonetística europea del siglo XVI.


José Méndez Herrera


SONETO I

Multiplicarse debe el ser preciado,
no ha de morir la flor de su hermosura;
si el tiempo ha de agostarla, ya madura,
sea en su tierno brote recordado.

Mas tú, a tus bellos ojos desposado,
tu llama avivas con su ausencia pura,
y llevas hambre donde reina hartura,
enemigo de ti, contigo airado.

Si en el mundo eres fresco ornato suyo,
único heraldo de la primavera,
al sepultar tu savia en tu capullo

la derrochas, avaro, toda entera.
Apiádate del mundo y de su suerte,
no acabes lo que es suyo, con tu muerte.

Versión de José Méndez Herrera
(W. Shakespeare, Sonetos. Versión y prólogo de José Méndez Herrera. Barcelona, Plaza & Janés, 1976.)


SONETO I

De los seres hermosos deseamos grana,
que así la rosa de hermosura nunca muera,
mas según sale de sazón la más temprana,
lleve en sí su memoria su tierna heredera.

Mas tú, a tus propios claros ojos reducido,
tu llama en pasto de tu mismo ser renuevas,
trayendo el hambre al silo más abastecido,
tú tu enemigo, que en tu dulce TI te cebas.

Tú que eres hoy la fresca gala de las tierras
y heraldo solo de los ledos meses verdes,
en tu propio capullo tu linaje entierras
y, tierno avaro, escatimándote te pierdes.

Duélate el mundo, o bien tal ansia en ti confiesa
que trague el bien del mundo en ti y tu sola huesa.

Versión de Agustín García Calvo
(Shakespeare, The Sonnets. Sonetos de amor. Texto crítico y traducción de Agustín García Calvo. Barcelona, Anagrama, 1974.)

“Sonnet I”, de Shakespeare, recitado por John Gielgud

SONNET I

From fairest creatures we desire increase,
That thereby beauty's rose might never die,
But as the riper should by time decease,
His tender heir might bear his memory:
But thou, contracted to thine own bright eyes,
Feed'st thy light's flame with self-substantial fuel,
Making a famine where abundance lies,
Thyself thy foe, to thy sweet self too cruel.
Thou that art now the world's fresh ornament
And only herald to the gaudy spring,
Within thine own bud buriest thy content
And, tender churl, mak’st waste in niggarding.
    Pity the world, or else this glutton be,
    To eat the world's due, by the grave and thee.

William Shakespeare


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18.8.11

Relecturas

Hay que recelar de uno mismo cuando ya sólo se quiere leer lo ya leído. Triste sino si ya sólo se toleran los viejos sabores, el antiguo saber. 


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17.8.11

+”Voces”, de Antonio Porchia

“Voces”, de Antonio Porchia

Más aforismos de Antonio Porchia, en este  blog, AQUÍ.


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16.8.11

Sin alma

Francis Bacon

Padecía un extraña enfermedad: era mudo de pensamiento. De su boca sólo salían huecas palabras, sin alma.


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15.8.11

Digresiones: Bukowski, Om Kolthoum, poesía erótica del Siglo de Oro y frases para la historia…

Abúlica mañana del demediado agosto. Todavía no arrecía la calorina, pero arreciará. Hojeo el último libro póstumo de poemas  
––¿cuántos van–– de Bukowski. Poesía  narrativa, dialogada, hecha de esas pequeñas historias cotidianas ––vividas por Chinaski o imaginadas por Bukowski–– que reflejan el mundo del escritor (mujeres del pasado, visitas al hipódromo, recuerdos de la Depresión o de su trabajo en Correos, la lucha por “el siguiente minuto”…) Historias distintas que fluyen como si fueran una misma historia, casi infinita, partida en versos. L
a clave de esa abundancia tal vez esté en un poemita donde el poeta confiesa:

mientras la mayoría de la gente
lo desperdicia todo conversando
yo
lo escribo.

z

Suena en el tocadiscos una canción de Om Kolthoum, la cantante egipcia. Una canción inabarcable como una sinfonía, una canción de la que me llega, dejando aparte la de los instrumentos, la música secreta de una voz entre dulzona y desgarrada. Aunque no sé lo que dice, me seduce su manera de decirlo.

z

Después de leer algunos poemas de Bukowski, hojeo la Poesía erótica del Siglo de Oro, una antología de Alzieu, Jammes y Lissorgues. Aunque relegada a la trastienda de la literatura, a la poesía erótica no le han faltado cultivadores, aunque muchos poemas nos hayan llegado anónimamente. Frente al lenguaje de frac que a veces parecen requerir ––sin requerirlo realmente–– otros temas, el poema erótico pide desenvoltura, procacidad, buen humor, frescura, rijosidad, espíritu burlón y deslenguado… En suma, alma de Arcipreste, de Hita o de donde fuere. Veamos un soneto anónimo espigado de la mencionada antología:

––¿Qué me quiere, señor? ––Niña, hoderte.
––Dígalo más rodado.
––Cabalgarte.
––Dígalo a lo cortés.
––Quiero gozarte.
––Dígamelo a lo bobo. ––Merecerte.

––¡Mal haya quien lo pide de esa suerte,
y tú hayas bien, que sabes declararte!
Y luego ¿qué harás?
––Arremangarte,
y con la pija arrecha acometerte.

––Tú sí que gozarás mi paraíso.
––¿Qué paraíso? Yo tu coño quiero,
para meterle dentro mi carajo.

––¡Qué rodado lo dices y qué liso!
––Calla, mi vida, calla, que me muero
por culear tiniéndote debajo.

“¡Admirable lección de vocabulario! ––anotan, asombrados, los estudiosos––. El soneto incluye su propio comentario.” Sin duda.

z

Ordenando papeles, doy con un recorte de periódico (la fotocopia de un recorte, para ser exactos) en el que bajo el rótulo de “Frases para la historia” se recogen algunas de esas frases que, por presuponerlas fruto de  la ignorancia más que del mero lapsus, han hecho las delicias de muchos. Pionera en esas lides fue Sofía Mazagatos, quien dijo acerca de los toreros: “Me gustan los toreros que están en el candelabro”, inventando así una famosa y repetida expresión. Pero a la modelo y actriz no sólo le encandilan los toreros, los escritores también, incluso si aún no han recibido el Premio Nobel. Refiriéndose a Vargas Llosa, dijo esta frase memorable: “Me gusta mucho Vargas Llosa, pero no he tenido ocasión de leerle.” La frase es endiablada: cuantas más vueltas le doy, más profunda me parece. Misterios de la necedad. 
Terelu Campos, por su parte, cometió un lapsus, es seguro, cuando dijo que “la aspirina fluorescente es más rápida y eficaz”. No se concibe que alguien en sus cabales renuncie a decir la única palabra que, según se me alcanza, tiene cinco vocales, y todas son e: efervescente. ¿Fluorescente, efervescente? Imperdonable. Confundir el alegre bisbiseo con el tubo de luz fría.

Christina Aguilera se planteaba una duda topográfica: “¿Dónde se celebra el Festival de Cannes este año?”. Y Yola Berrocal, que acaso tenía un verano tonto y estaba alarmada por la creciente corrupción, dijo: “Qué calor, qué soborno.” Aunque la frase más poética, más  azul, y que me recuerda a un cuento de García Márquez, quizás la dijera Rocío Jurado: “Llovía muchísimo, parecía el Danubio universal”.


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14.8.11

+”Le tombeau d’Edgar Poe”, de Stéphane Mallarmé


En su críptica obra, el tema de la muerte en relación dialéctica con la inmortalidad es esencial y determinante. Es la raíz de todos los demás temas… […] El título de tumbas dado a estos homenajes [homenajes fúnebres a Théophile Gautier, Edgar Poe, Baudelaire, Verlaine: artistas en cuya muerte Mallarmé veía reflejado su propio destino] no es sólo una costumbre imitada del siglo XVI, sino una metáfora amada por Mallarmé que veía una semejanza entre la forma de paralelepípedo de un libro y la de una tumba, y pensaba que el libro es la verdadera tumba del escritor, que está encerrada en él [sic] y es resucitado por cada lector: idea de una inmortalidad totalmente terrestre…

PILAR GÓMEZ BEDATE


LA TUMBA DE EDGAR POE

Tal como en Él al fin la eternidad lo cambia
El Poeta suscita con la espada desnuda
A su siglo espantado por no haber conocido
Que la muerte triunfaba en esta voz extraña.

Ellos, en sobresalto vil de hidra oyendo al ángel
Purificar antaño la lengua de la tribu,
Proclamaron muy alto el hechizo bebido
Del agua sin honor de alguna negra mezcla.

Con el suelo y la nube hostiles, oh dolor,
Si nuestra idea no esculpe aquí un bajorrelieve
Con que adornar la tumba de Poe resplandeciente,

Sereno bloque de una catástrofe caído,
Que este granito al menos muestre siempre su límite
A la Blasfemia oscura volando en el futuro.

Versión de Pilar Gómez Bedate
(Mallarmé, Madrid, Ediciones Júcar, 1985.)

“Le tombeau d’Edgar Poe”, de Mallarmé

LE TOMBEAU D’EDGAR POE

Tel qu’en Lui-même enfin l’éternité le change,
Le Poëte suscite avec un glaive nu
Son siècle épouvanté de n’avoir pas connu
Que la mort triomphait dans cette voix étrange  !

Eux, comme un vil sursaut d’hydre oyant jadis l’ange
Donner un sens plus pur aux mots de la tribu
Proclamèrent très haut le sortilège bu
Dans le flot sans honneur de quelque noir mélange.

Du sol et de la nue hostiles, ô grief  !
Si notre idée avec ne sculpte un bas-relief
Dont la tombe de Poe éblouissante s’orne,

Calme bloc ici-bas chu d’un désastre obscur,
Que ce granit du moins montre à jamais sa borne
Aux noirs vols du Blasphème épars dans le futur.

Stéphane Mallarmé
(1842-1898)


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13.8.11

Budhi-Dhorma y “Paradiso” [Notas…] (13) El/La esperma

SINOPSIS I

Finalmente, cediendo a un designio aristotélico, Budhi-Dhorma pasó de la potencia al acto: tras meses de divagaciones, aprovechó unos días de holganza en el septentrión para adentrarse en Paradiso. Como afirma el dicho: Nunca es tarde si la dicha es buena.

Llegada la medianoche, se corta la luz a las casas del campamento. Y sólo quedan encendidas las postas y los faroles de recorrido. La oscuridad sorprende a Baldovina, que, al fin, logró encender la vela del candelabro y contempló cómo su sombra desgreñada bailaba por todas las paredes, pero el niño seguía solo, oscurecido y falto de respiración.

Presa de la angustia, Baldovina fricciona el pecho de José Cemí: con estopa empapada en alcohol, primero; con un periódico abandonado, después. Tras cada desesperada maniobra, Baldovina acerca el candelabro hasta la piel del niño para observar el aspecto de las ronchas. En uno de esos acercamientos, José Cemí se retuerce: una gruesa gota de esperma alcanzó su pecho. Baldovina se desespera al ver que el niño no llora. Y como si musitara una oración a nadie dirigida, de su boca brota este deseo: Me gustaría oírle llorar para saber que vive. A pesar de todo, nuevas gotas de esperma caerán sobre el cuerpecito de José Cemí.

Ladra Blas, el perro cojo, y sale a la carrera. Quién sabe qué ruido sordo atrajo su atención. Budhi-Dhorma escucha en la radio una famosa, y suavemente exultante, sinfonía de Schubert. Inacabada y maravillosamente leve.

Vuelve Blas, jadeando, y se tumba a la vera de Budhi-Dhorma; y mientras bosteza, el perro le mira fijamente, como si esperara una respuesta.

[30/6/2011]

Continuará.


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12.8.11

+”Arte poética”, de Jorge Luis Borges, en su propia voz

Mi propósito era hablar del credo del poeta, pero, al examinarme, me he dado cuenta de que yo sólo tengo un credo vacilante. Este credo quizá me sea útil a mí, pero difícilmente servirá a otros.

De hecho, considero todas las teorías poéticas meras herramientas para escribir un poema. Supongo que deben de existir muchos credos, tantos como religiones o poetas. […]

Me considero esencialmente un lector. Como saben ustedes, me he atrevido a escribir; pero creo que lo que he leído es mucho más importante que lo que he escrito. Pues uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede.

Jorge Luis Borges, “Credo de poeta”, en Arte poética. Seis conferencias.

“Arte poética”, de Borges.

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11.8.11

Poesía de la derrota

Paolo Uccello

¿A quién no hirió el fracaso alguna vez? ¿Quién esquivó siempre la derrota? Fracaso y derrota son parte de nuestra condición, aun si la derrota es para cada uno distinta, y así la victoria. Nadie se libra del amargo sabor de la derrota ni del insufrible veneno del fracaso. Y poco importa que nuestras derrotas sean, a veces, victorias para otros. Aunque lo mismo puede suceder al revés.

Cada uno mira la vida con sus propios ojos, y cada uno administra sus fracasos y sus derrotas. Nadie, fuera de nosotros, tiene la experiencia de nosotros mismos, invisible experiencia que en ocasiones traducimos en palabras. Si los actos son visibles, la intención y la experiencia no se ven. La mentira tiene, pues, vasto territorio donde propagarse. Y así no es extraño que a veces nos engañemos a nosotros mismos fingiendo despreciar aquello que anhelamos, y que por las razones que sea nos es negado. En la fragua de nuestro ser forjamos a veces una imagen de nosotros mismos distante de lo que en realidad somos. Y si nuestra propia mentira consigue engañarnos acabaremos creyendo ser quien no somos. ¿Cómo describiría un ciego lo que ni siquiera ve? Y ciegos somos cuando no queremos ver, cuando la verdad de lo que somos esconde una colosal mentira. Porque ¿hay hay mayor falsedad que no ver el fracaso allí donde escuece, ni sentir el dolor de la derrota allí donde duele? Negar la realidad, o disfrazarla con mentiras, no muda la realidad, no la atañe. Y para aceptarla quizás nos sea de ayuda algún gesto que nos devuelva a nuestro ser. Un gesto, como si remedáramos a Jerjes. ¿Hay algo más poético, se pregunta Proust, que Jerjes, hijo de Darío, mandando azotar el mar que se había tragado sus barcos?

Sí, un gesto quizás ayude a aceptar lo irremediable.


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10.8.11

+”The Good Morrow” (“El saludo”), de John Donne, recitado por Richard Burton

EL SALUDO


¿Qué estaríamos haciendo tú y yo
antes de amarnos como ahora?
¿Acaso fuimos simplemente, niños, 
que libaban placeres bucólicos?
¿Roncábamos quizás en la caverna
de los siete durmientes? 
Sólo así consigo explicarme
esta penosa y larga ausencia;
lo que fue hermoso y que a vivir me dieron
porque estoy seguro de que fueron.
Sueño de aquel amor que yo tejí.

Saludemos ahora
a nuestras almas temerosas, cautas,
que vacilan aún al contemplarse.
Pues, en amor, el amor es quien manda,
y hace, del sitio más menguado,
estancia y lecho donde amarse.
Deja que se descubran nuevo mundos;
deja que poseamos solamente uno;
el que es más nuestro, el más profundo.

Mi rostro, amor, está en tus ojos
y el tuyo, aquí en los míos;
y nuestros corazones
en nuestra faz descansan dulcemente.
¿Dónde podría hallar
tan cabal hemisferio,
sin el ocaso del Oeste
ni el rigor del Norte?
Las malas mezclas se deshacen pronto,
y en su desproporción
deslíen las promesas.
Pero nuestros amores,
de impares proporciones,
en su mixtura se conservan siempre.


Versión de Víctor Pozanco
John Donne, Elegías y canciones.
Barcelona, Ocnos, 1973.

Richard Burton recita “The Good Morrow”, de John Donne

THE GOOD MORROW


I wonder by my troth, what thou and I
Did, till we loved? were we not wean'd till then?
But suck'd on country pleasures, childishly?
Or snorted we in the Seven Sleepers' den?
'Twas so; but this, all pleasures fancies be;
If ever any beauty I did see,
Which I desired, and got, 'twas but a dream of thee.

And now good-morrow to our waking souls,
Which watch not one another out of fear;
For love all love of other sights controls,
And makes one little room an everywhere.
Let sea-discoverers to new worlds have gone;
Let maps to other, worlds on worlds have shown;
Let us possess one world; each hath one, and is one.

My face in thine eye, thine in mine appears,
And true plain hearts do in the faces rest;
Where can we find two better hemispheres
Without sharp north, without declining west?
Whatever dies, was not mix'd equally;
If our two loves be one, or thou and I
Love so alike that none can slacken, none can die.


JOHN DONNE
(1571-1631)

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9.8.11

Budhi-Dhorma y “Paradiso” [Notas…] (12) Budhi-Dhorma dormita

SINOPSIS I

Finalmente, cediendo a un designio aristotélico, Budhi-Dhorma pasó de la potencia al acto: tras meses de divagaciones, aprovechó unos días de holganza en el septentrión para adentrarse en Paradiso. Como afirma el dicho: Nunca es tarde si la dicha es buena.

Budhi-Dhorma no había pasado buena noche. Y ahora, mientras asiste al desconcierto de Baldovina, le rinde el cansancio. Blas, el perro cojo, se remueve, inquieto. A lo lejos, el diabólico estruendo de una motocicleta araña la calma del instante.

Budhi-Dhorma, embriagado de cálido sopor, fantasea a la sombra de la parra: En el Paraíso, si existe tal lugar, si no es utópico placebo ni un estado del alma, no ha de haber tiempo; allí todo ha de ser novísima visión de las cosas, sin la pátina de los años. Allí, las almas vivirán sin pasado y sin futuro, en un presente eterno que no existe.

Los ladridos de Blas, el perro cojo, sacan a Budhi-Dhorma de sus ensoñaciones; feroces ladridos lanzados contra sordos rumores. Por su acuidad auditiva, los perros acaban siendo gravosos. Budhi-Dhorma, impasible, clausura los párpados y renueva fantasías: En el infierno, el eterno infierno de siempre, sí ha de haber tiempo, tiempo a raudales, tiempo cocido, eterno tiempo de la rumia del ser. Quizás no haya llamas, según novísimas teologías, pero sí tiempo, tiempo infinito, el tiempo que nos roe hasta el tuétano de nuestro dolor sin fin. Ese dolor, infinito dolor, que aviva aquél que alguna vez causamos.

A Budhi-Dhorma, la imaginación le distrae de Baldovina y de las ronchas de José Cemí, arrastrándole por vericuetos insospechados. Al fin y al cabo, leer es una invitación a salir de nosotros mismos para ahondar más en lo que somos.

[30/6/2011]

Continuará.


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8.8.11

Entrada 500

Este blog (o cuaderno, o bitácora) empezó su andadura de manera clandestina: durante más de medio año a nadie di noticia de él, aunque siempre fue público.

Tan raro proceder escondía una razón (quizás no menos rara): dudaba yo si sería capaz de mantener el blog con cierta asiduidad (y dudaba pese a que durante décadas fui un diarista empedernido; pero, claro, ahora se trataba de algo diferente).

Cuando ahuyenté las dudas, después de publicar casi 150 entradas, informé al amigo Poz, veterano en estas lides. A él debo los primeros lectores, ya que, a la vez que comentaba en los blogs, dejaba la dirección del mío.

A él, a los primeros lectores, a los que vinieron después, a los que ya se fueron, a los que van y vienen, GRACIAS.

Ah, y felices vacaciones, también.

7.8.11

+”This is Just To Say”, de William Carlos Williams, leído por él mismo

SÓLO PARA DECIRTE

que me he comido
las ciruelas
que había en
la nevera

y que
probablemente
guardabas
para el desayuno

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías

Versión de Matilde Horne y Carlos Manzano
William Carlos Williams,
Cien poemas
Madrid, Visor, 1988

William Carlos Williams lee su poema “This Is Just To Say”

THIS IS JUST TO SAY

I have eaten
the plums
that were in
the icebox


and which
you were probably
saving
for breakfast


Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold

William Carlos Williams
(1883-1963)

6.8.11

La entrada de Castro en La Habana o La adivinación histórica


Camilo Cienfuegos y Fidel Castro
Foto de Korda (Luis)

Leyendo Vista del amanecer en el trópico (gavilla de viñetas en las que Guillermo Cabrera Infante recrea la historia de Cuba con anécdotas en las que los personajes aparecen sin nombre) di con el siguiente texto:

En la foto se ve al comandante en jefe entrando en la capital montado en un jeep. A su lado va otro comandante y se puede ver al chofer y a uno que es miembro de su escolta. Al fondo la multitud vitorea a los héroes. Pero el fotógrafo tuvo un toque de presciencia. Como no conocía al tercer comandante lo cortó de la foto para hacerla más compacta. Pocos meses después el tercer comandante estaba en la cárcel acusado de traición y condenado a cumplir treinta años de prisión. Todos los que tuvieron que ver con él fueron inmediatamente tildados de sospechosos y se procedió a erradicar su nombre de los libros de historia. Adelantado a su tiempo, el fotógrafo no tuvo que recoger su foto para recortarla convenientemente. Eso se llama adivinación histórica. [Seix Barral, 1974.]

En respuesta a un cuestionario de Rosa M.ª Pereda, Cabrera Infante define así, en Londres, agosto de 1977, su libro: “Vista es un libro trágico en su visión particular de Cuba y su perspectiva de la historia: el hombre atrapado por la violencia, luchando contra ella con las armas de la violencia y volviendo a crear una nueva trampa de violencia.” Un círculo vicioso, como se ve.

He buscado en internet esa foto, la foto que Cabrera Infante guardaba en su retina o que tenía ante los ojos mientras escribía. No he dado con ella. ¿Pudiera ser, la que figura al principio, una versión reducida? No lo sé. Lo cierto es que detrás de esta foto histórica de Cienfuegos y Castro hay algunas historias. Durante décadas no quedó claro quién fue su autor. La foto se tomó el jueves 8 de enero de 1959, día en que el Ejército Rebelde, después de una marcha de más de mil kilómetros, que comenzó en Santiago de Cuba, entró en la capital, en lo que se conoció como la Caravana de la Libertad. Unos días antes, Batista había huido a Santo Domingo, lo que precipitó la caída del régimen.

El autor de la foto fue Luis Pierce Byres, quien, años atrás, había formado con Alberto Díaz Gutiérrez, también fotógrafo, una sociedad para dedicarse a la fotografía de modas, un campo por entonces virgen. Tras encontrar un lugar bien situado para su negocio, buscaron un nombre comercial atractivo. Les cayó en gracia un nombre que por aquellos tiempos sonaba mucho: Korda, el nombre de tres hermanos: cineastas, húngaros y judíos: Alexander, Zoltan y Vincent. El mayor, Alexander, fue el más conocido. Entre su filmografía destaca El ladrón de Bagdad (1940), El libro de la selva (1942), Tempestad sobre el Nilo (1955) y Ricardo III (1956). Fue, asimismo, el productor de El tercer hombre. Y según se cuenta no descansó hasta conseguir que Orson Welles fuera el protagonista. Lo curioso es que Korda no era su apellido. De joven, Alexander colaboró en el periódico Hungría Independiente. Firmaba con seudónimo: Sursum Corda. Y de ese Corda, todo sentimiento, deriva Korda, tras convertir la c en k. Una ventaja añadida, según supieron ver los fotógrafos, era que Korda podía recordar algo a Kodak, la marca señera en el mundo de la fotografía durante décadas.


Foto de Jorge Oller

Ambos socios, Alberto y Luis, firmaban Korda, y así aparecían las fotos que publicaban en la revista Carteles, donde, precisamente, G. Caín (acrónimo de Cabrera Infante, por si alguien lo ignora a estas alturas) publicaba sus singulares críticas de cine. (Aquí me voy a permitir una digresión personal: cuando se publicó en España Un oficio del siglo XX, libro en el que se recogían aquellas críticas, envié un cuestionario con preguntas sobre cine, exclusivamente, al escritor cubano, quien amable y extensamente me contestó. Varias revistas de la época rechazaron publicarlo y desistí del empeño. Quizás debiera ponerme a la tarea de buscar ese cuestionario y darlo a conocer en el blog. Veremos.) 

Según parece, durante muchos años la famosa foto de Korda se le adjudicó a Alberto, quien fuera autor indiscutido de la foto original del Che en la que se basa la mítica foto del revolucionario argentino.

Foto de Korda (Alberto)

A estas alturas parece que nadie duda de que la famosa foto de Fidel Castro y Camilo Cienfuegos la tomara Luis. Margarita Sánchez Treto, viuda del fotógrafo, declaró en 2007, buscando apoyo, curiosamente, en la autoridad del Che: “Él me lo decía, y cada vez que veo esa pifia o desconocimiento, trato enseguida de comunicarme con los que la suscriben, porque como el Che dijera en una carta ‘hay que ceñirse a la verdad como los dedos de la mano a un guante’. Y yo respeto mucho al Che y a la verdad.”

Pero al margen de la autoría, aún hay otros datos curiosos por que se refiere a la foto de los dos comandantes. Luis había tomado varias fotografías. Y lo que sucedió después lo cuenta Jorge Oller Oller: “Cuando reveló los rollos e imprimió las pruebas de contacto no vio ninguna fotografía que le llamara la atención, y se las enseñó a su socio Alberto Díaz que estaba escuchando en la radio el histórico discurso que Fidel dirigía al pueblo cubano desde Columbia [el cuartel Columbia, en el que nació José Lezama Lima,  rebautizado como Ciudad Escolar Libertad] como colofón de aquél descomunal desfile. Fidel a veces hacía un paréntesis en su discurso para preguntarle al Señor de la Vanguardia [uno de los sobrenombres de Camilo Cienfuegos; también fue conocido como el Comandante del Pueblo, el Héroe de Yaguajay y el Héroe del sombrero alón]: ¿Voy bien, Camilo? Y Camilo sonriente le contestaba: ¡Vas bien, Fidel! Aquellas frases repetidas a lo largo de su discurso quedaron grabadas en la mente del pueblo y también en la de Alberto Díaz. Por eso, cuando Luis le mostró las pruebas de contacto vio que una de las fotos reflejaba la frase de Fidel tan reiteraba [sic], solo que había que encuadrarla. El propio Alberto imprimió la foto eliminando las dos terceras partes del negativo para dejar enmarcada solamente la imagen de Fidel y Camilo. De entre las miles de fotografías que se captaron aquel día, ésta fue una de las mejores y ha quedado como un símbolo de aquella hermosa jornada.”

Y es de suponer que la foto se publicara bajo el nombre de Korda, lo que daría pie a los futuros errores. Por otra parte, si esta foto está recortada, ¿no cabe la posibilidad de que Cabrera Infante llegara a conocer la original? Quién sabe. Pero lo más seguro es que se refiera a otra foto [¿la que figura más abajo?], ya que habla de un chófer, de un escolta e incluso del jeep, y en la de Luis Korda no hay nada de eso. Supongo que la foto existe, y que estamos ante una licencia poética del escritor cubano, pero lo cierto es que no he sido capaz de dar con ella. Por cierto, ¿quién será ese tercer comandante? ¿Eloy Gutiérrez Menoyo, que también fue condenado a treinta años? Me rindo ante mi ignorancia de diletante.


Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Huber Matos
Antes de un año, Cienfuegos desaparecería en extrañas circunstancias. Pero antes, cumpliendo órdenes de Castro, arrestaría a Matos, condenado por sedición a 20 años de cárcel.

Margarita Sánchez, la viuda del Luis, añade una última pincelada sobre el devenir de los Korda: “En 1968, exactamente el 14 de marzo, su negocio fue intervenido, y Luis ubicado en el periódico Revolución y Alberto pasó a la revisa Mar y Pesca. Luis luego estuvo como colaborador de la revista Cuba, Bohemia, Palante, Radio Rebelde y en el diario Granma.”

Parece evidente que detrás de una fotografía históricas pueden esconderse otras muchas historias.