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8.9.09

Monterroso y el unicornio, sí

Tiene su gracia leer las apreciaciones de Augusto Monterroso acerca de su nombradísimo cuento "El dinosaurio", uno de los más cortos de cuantos se han escrito; aunque más corto sea, si acaso es cuento y no camelo, uno del hondureño Áloe Azid, recogido en su libro, de título juanramoniano, Unidad, publicado póstumamente en 1931, dos años después de su muerte. El cuento de marras declara lo que sigue:

AUTOBIOGRAFÍA

Yo.

¿Quién da más por menos?
Pero volvamos a Monterroso. Se queja el guatemalteco de lo torcidamente que se ha citado su escueto cuento. El dinosaurio original ha sufrido diversas metamorfosis, ya que cada quien parece acomodarlo a sus preferencias.
El cuento de Monterroso, que tanto renombre le da, y tanto mérito le quita, es, en su literalidad, el siguiente:

EL DINOSAURIO

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

(En resumen, siete palabras, a secas -no como las de Cristo en la cruz-, y una coma, que no deja de tener su importancia.)
Pues bien, Monterroso se quejó dulcemente de Vargas Llosa, que en un artículo publicado en "El País", aporta esta versión personal del cuento:

Cuando despertó, el unicornio todavía estaba allí.

Basta, como es evidente, cambiar una palabra para que el cuento sea otro cuento, quien sabe si mejor. 
Pero la osadía de Carlos Fuentes fue aún mayor: el dinosaurio se convirtió en cocodrilo. (Sin dua la memoria es débil, aunque uno haya leído todos los libros.)
No lo sé, pero tampoco me extrañaría que, igual que se ha citado el cuento suplantando al dinosaurio, se hubiera citado desplazando la coma, con lo que el misterio aumenta:

Cuando despertó el dinosaurio, todavía estaba allí.

Cambia el durmiente, y surge el misterio de saber quién estaba a su vera. Esta versión añade una pizca de ternura a la historia. ¿Quién vela el sueño del dinosaurio? Acaso Monterroso, tan amante de la perfección jocosa.

3 comentarios:

Luis Valdesueiro dijo...

Leo en el libro de Fernando Valls Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español que "Aloe Azid es, por supuesto, el ingenuo anagrama de José Díaz, el editor de Thule y el autor de la útil antología Ojos de aguja (2000), además de un puñado de microrrelatos" (pág. 266).
Dicho queda.
Por cierto, en el libro de Valls se recoge un microrrelato, de Juan Pedro Aparicio, más corto aún que el del mentado Azid:
Luis XIV
Yo.
A la vista de lo cual, y por seguir la juerga, propongo uno, todavía más corto, medio latino, medio castellano...
Ego
Yo.

pedrete dijo...

Leo ahora esta entrada, y recuerdo que el crítico y poeta José Luis García Martín proponía una curiosa variante del relato. No cambia su texto, que seguiría siendo "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí",sino su título, que pasaría a ser "Matrimonio".

Luis Valdesueiro dijo...

Es ingenioso. Otra posibilidad sería titularlo "Amantes". También ofrece toda una amplia gama de posibilidades en cuanto a la interpretación.

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