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30.6.12

Desdichas de la edad (2/2)

A veces nos enredamos: que si optimismo, que si pesimismo… Falaz disyuntiva. Cada quien mira la vida desde el balcón de su alma; y cada vida es única para cada quien. Por eso, lo que vivimos nos deja huérfanos de sentido y a solas con nuestro optimismo o nuestro pesimismo.

*

Recuerdo aquella foto, turbadora y trágica, de la joven ahorcada en un árbol durante la guerra de desintegración de Yugoslavia. Esa joven, quizás fue en tiempos optimista, en el buen sentido de la palabra optimista, pero lo visto y lo vivido, más una pizca de libertad, zarandeó su fe. Y acaso pensó que era injusto el precio que pagaba por vivir. Equivocada o no, eligió su fin; cobarde o valiente, dio muerte a su vida; optimista o pesimista, se alió con la nada.

El alucinado Céline dijo que la verdad de este mundo es la muerte, y que es preciso elegir: mentir o morir. ¡Pero qué mortíferas son las mentiras podridas, también!

27.6.12

Desdichas de la edad (1/2)

Despedir quejas contra el tiempo: lugar común de la literatura y de la vida. ¿Quién no se preguntó por el tiempo ido? Aquel tiempo todo nuestro cuyos ecos aún aturden la memoria. Pese a todo, amanecen nuevos días, prontos a perecer, también; y nosotros con ellos.

*

Lo que nos afecta, no son las cosas sino nuestra opinión sobre las cosas, asegura Epicteto. Quizás por eso, cuando no tenemos opinión sobre las cosas sentimos en la espalda el peso mismo de las cosas, incapaces, ay, de abrazar opinión alguna.

25.6.12

Solzhenitsyn y la peste del mal (Una página de “Archipiélago Gulag”)

 Recuerdo una anécdota leída en un libro de Castilla del Pino: quizás por los años cincuenta, frecuentaba un café madrileño (pongamos que el Gijón) un parroquiano proclive a ufanarse, con abundosas risotadas, de una “hazaña” bélica: el achicharramiento de varias personas (¿soldados, civiles?) con un lanzallamas.

Aquel hombre gozaba narrando el suceso. Con el paso del tiempo, la recurrente anécdota empezó a ser recibida con hosco silencio, pero silencio al fin. Hasta que llegó un día en que alguien se encaró con el flamígero reprochándole su bajeza moral; si no por la acción, sí por el empeño en revivirla jocosamente. Las palabras dieron en el blanco. A raíz del suceso, aquel hombre cayó en profunda depresión. Cuando resurgió, después de meses, no se reconocía a sí mismo en su triste hazaña. Conversión del corazón, luz justiciera: metanoia. 

Puede que mi recuerdo no sea fiel a lo recordado por Castilla del Pino; sabido es que los recuerdos viven de invenciones, incluso si no lo sospechamos. En cualquier caso, la anécdota de Castilla del Pino me ha traído el recuerdo de estas lúcidas palabras de Solzhenitsyn. Sin duda, alguna secreta ilación las une.     

¿Cómo hay que entender una palabra como malvado? ¿Qué queremos decir exactamente con ella? ¿Existe semejante cosa en el mundo? 

Nuestra primera reacción sería responder que no puede haber malvados, que no los hay. En los cuentos es lícito hablar de ellos, porque son para niños y hay que simplificar las escenas. Pero cuando la gran literatura mundial de los siglos pasados ―Shakespeare, Schiller o Dickens― nos presenta una tras otra semblanzas de malvados de un negro espeso, los malvados nos parecen casi de guiñol, poco acordes con la sensibilidad moderna. Debemos fijarnos sobre todo en cómo están caracterizados: tienen perfecta conciencia de su maldad y de su alma tiznada. Razonan así: no puedo vivir sin hacer el mal. ¡A ver si enfrento al padre contra el hermano! ¡Qué deleite, ver padecer a mis víctimas! Yago dice sin tapujos que sus objetivos e impulsos son negros, nacidos del odio. 

¡No, no suele ser así! Para hacer el mal, antes el hombre debe concebirlo como un bien o como un acto meditado y legítimo. Afortunadamente, el hombre está obligado, por naturaleza, a encontrar justificación a sus actos. 

Las justificaciones de Macbeth eran muy endebles y por eso su conciencia acabó con él. Yago era otro corderito. Con los malvados shakespearianos bastaba una decena de cadáveres para agotar la imaginación y la fuerza de espíritu. Eso les pasaba por carecer de  i d e o l o g í a. 

¡La ideología! He aquí lo que proporciona al malvado la justificación anhelada y la firmeza prolongada que necesita. La ideología es una teoría social que le permite blanquear sus actos ante sí mismo y ante los demás y oír, en lugar de reproches y maldiciones, loas y honores. Así, los inquisidores se apoyaron en el cristianismo; los conquistadores, en la mayor gloria de la patria; los colonizadores, en la civilización; los nazis, en la raza; los jacobinos y los bolcheviques, en la igualdad, la fraternidad y la felicidad de las generaciones futuras. 

Gracias a la ideología, el siglo XX ha conocido la práctica de la maldad contra millones de seres. Y esto es algo que no se puede refutar, ni esquivar, ni silenciar. ¿Y cómo después de esto podríamos atrevernos a seguir afirmando que no existen los malvados? ¿Quién, pues, exterminó a esos millones? Sin malvados no hubiera habido Archipiélago.


Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag (1918-1956)
Traducción de Josep M.ª Güel y Enrique Fernández Vernet
Tusquets Editores [en la Biblioteca El Mundo], 2002

23.6.12

Errores que son pecado

I
Kieerkegaard llama pecado a la obstinación en el error. Aunque todos cometemos errores, algunos seres son contumaces en el error. Unos aprenden de él, y otros no aprenden: quien aprende, pudiera enmendarse; quien no aprende, se vuelve un Sísifo idiota entregado a la costumbre, incapaz de descifrar su oscuro sino.

II
La memoria es traicionera y yo estaba convencido de que Segismundo proclamó que el mayor pecado del hombre es haber nacido; convencido, pero no tanto que no dejara un resquicio a la duda. Razonable duda. De delito, no de pecado, habla Segismundo, por pluma de Calderón. Aclarado el equívoco, persisten sus raíces ocultas. ¿Acaso no hay pecados que son delito? Sea pecado o sea delito, nacer se paga. Y no siempre con alegría.

20.6.12

Romanticismo y política… (Consideraciones de Rüdiger Safranski)

El Romanticismo es una época resplandeciente del espíritu alemán; sus rayos llegaron con fuerza a otras culturas nacionales. Ha pasado ya el Romanticismo como época, pero nos ha quedado lo romántico como actitud del espíritu. Cuando hay desazón por lo real y acostumbrado y se buscan salidas, cambios y posibilidades de superación, casi siempre entra en juego lo romántico. Lo romántico es fantástico, inventivo, metafísico, imaginario, tentador, exaltado, abismal. No está obligado al consenso, no necesita ser útil a la comunidad, y ni siquiera ser útil a la vida. Puede estar enamorado de la muerte. Lo romántico busca la intensidad hasta llegar al sufrimiento y la tragedia. Con todos esos rasgos lo romántico no es particularmente apropiado para la política. Cuando desemboca en ella, habría de tener un suplemento de realismo. La política, en efecto, debería fundarse en el principio de evitar los dolores, el sufrimiento y la crueldad. Lo romántico ama los extremos; en cambio, una política racional ama más bien el compromiso. Nosotros necesitamos ambas cosas: la aventura del Romanticismo y la sobriedad de una política adelgazada. Si no entendemos la razón de la política y las pasiones del Romanticismo como dos esferas, y no sabemos separarlas en cuanto tales, si en lugar de ello deseamos la unidad sin quiebra y no tenemos la habilidad de vivir por lo menos en dos mundos, entonces surge el peligro de que en lo político busquemos una aventura, que sería mejor hallar en la cultura, o bien de que exijamos a la cultura la misma utilidad social que a la política. Pero no es deseable ni una política aventurera, ni una cultura políticamente correcta. Fue Friedrich Schlegel quien resaltó la necesidad de la separación de las esferas. Afirmó que es necesario empezar «con la autonomía de lo bello» y mantenerlo separado de lo «verdadero y lo moral». Así se llegó entonces, en la época del Romanticismo, al grandioso desencadenamiento de lo romántico.

La tensión entre lo romántico y lo político se halla inmersa en la tensión más amplia entre lo que puede representarse y lo que puede vivirse. El intento de conducir esta tensión a una unidad sin contradicciones puede llevar al empobrecimiento o a la desertización de la vida. Ésta se empobrece cuando no somos capaces de representarnos nada más allá de lo que creemos que es posible traducir a una realidad vivida. Y la vida se desertiza cuando queremos vivir algo a cualquier precio, incluso al precio de la destrucción y de la propia destrucción, simplemente por el hecho de habérnoslo representado. En un caso la vida se empobrece porque se renuncia a lo representable en aras de la amada paz; y en el otro caso se rompe bajo la violencia con que se quiere realizar lo representable sin ningún tipo de reducción. En ninguno de los dos casos somos capaces de soportar la contradicción entre lo que se puede representar y lo que se puede vivir, y, por tanto, en ambos se aspira a una vida de una sola pieza. Pero una vida así es solamente un sueño romántico.

Aunque lo romántico forma parte de una cultura viva, una política romántica es peligrosa. Para el Romanticismo, que es una continuación de la religión con medios estéticos, rige lo mismo que para la religión: ha de resistir a la tentación de recurrir al poder político. “La imaginación al poder” no era precisamente una buena idea.

Por otra parte, no podemos perder el Romanticismo, pues la razón política y el sentido de la realidad no son suficientes para vivir. El Romanticismo es la plusvalía, el excedente de hermosa extrañeza frente al mundo, el excedente de significación. El Romanticismo despierta nuestra curiosidad para lo completamente diferente. Su imaginación desencadenada nos otorga los espacios de juego que necesitamos, siempre y cuando compartamos la observación de Rilke:

No estamos muy seguros, no nos sentimos en casa
en el mundo interpretado.


RÜDIGER SAFRANSKI
Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán
Traducción del alemán de Raúl Gabás
Barcelona: Tusquets Editores, 2009

18.6.12

Aforismos de Xavier Forneret (y 2)

JUNIO

El hombre es débil riendo,
          y la mujer llorando. —

*

El antes del amor es el después de la muerte. — ¡Dulzura! ¡Dulzura!

*

La botella estalla, — el vino corre; — el crimen nace y el amor llega. —


JULIO

A veces uno piensa:
Si Dios estuviera en todas partes, —
¿dónde se hallaría el Hombre? —

*

Demasiadas palabras es lo mismo que demasiadas cosas: no sabemos qué coger. —

*

La mujer que no se atreve es una mentira que dice la verdad. —

*

La coraza del corazón está hecha de amigos, pero ¿qué es? — Un guerrero vencido. —

*

Cuando la campana de la iglesia habla, entre el sonido y el aire hay silencio. Escuchad bien: — es la santidad. —

*

¡Qué bueno es llorar
          cuando no nos comprenden! —

*

Nuestro pensamiento es el ojo,
          y este ojo, una lágrima. —

*

Para que dos corazones se miren bien es necesario que no tengan ojos en absoluto. —


AGOSTO

La desgracia que no se tiene 
          es la que se tendrá. —

*

No deseamos tener otro cuerpo sino otra alma, porque —
el cuerpo es para la tierra 
          y el alma para el amor. —

*

La sombra del pensamiento
          es el sol del alma. —

*

Aquel que se deja consolar es consolado. —

*

El hombre más conocido
          es el hombre en general. —


SEPTIEMBRE

La exigencia se muere 
          cuando la cabeza se inclina. —

*

El marido que se duerme 
          es un niño perdido. —

*

Los minutos de hotel son las alas sin el pájaro. —

*

El amor supersticioso es un gran santo. —


OCTUBRE

Nada tan verdadero como el teatro: sabemos que en él todo es falso. —

*

Estar muerto es — NUNCA;
          Vivir es — A VECES. —


NOVIEMBRE

La muerte ubica. —

*

El alma es loca enamorada del silencio. —

*

En muchos casos sería necesario que la razón se volviese locura para que la locura se convirtiese en razón. —

*

Amar, — ¿acaso sabéis
          lo que eso quiere decir?
Es un pobre jorobado
          que llora y que hace reír. —

*

No es que sea bueno; es que estoy contento. 


DICIEMBRE

Todos los ojos sienten, no todos los corazones ven. —

*

En nuestro mundo —
Se ha buscado — SIEMPRE,
          Se ha encontrado — MUCHO TIEMPO. —

*

Escribir es abusar de la sensación, es hacerle daño; es lo contrario del agua, que se purifica fluyendo. —

*

—¿Por qué no mirarla?
—Para verla. —

*

MUJER debe ser la última palabra de un moribundo y de un libro. —


XAVIER FORNERET, De Todavía un año de sin título
[Traducción de Luis Valdesueiro]

14.6.12

“Aínda eu era médico rural…” / “Todavía era yo médico rural…” (Un texto de Castelao)

[TODAVÍA ERA YO MÉDICO RURAL…] 

Todavía era yo médico rural y subía por un camino de la sierra. Los casares estaban lejos, las arboledas también y por allí solo había tojos y piedras.

En la cima divisé la figura de una mujer que me llamaba con la mano, y el padre de familia que caminaba al lado de mi caballo me contó:

—¡Pobrecilla! Le llaman la loca del monte. Era una muchacha muy prudente y bonita como un sol, y dicen que fue una bruja quien la hechizó y después de perder el juicio todavía tuvo un hijo y cuentan que fue del demonio…

Sobre la loca del monte volaba un milano.


[Traducción de Lola Fernández y Luis Valdesueiro]
[AÍNDA EU ERA MÉDICO RURAL…]

Aínda eu era médico rural e rubía por un camiño da serra. Os casales estaban lonxe, os alboredos tamén e por alí non había máis que toxos e pedras.

No curuto avistei a figura dunha muller que me chamaba coa man, e o petrucio que camiñaba de par do meu cabalo contóume:

—¡Malpocadiña! Chámanlle a tola do monte. Era unha rapaza ben asisada e bonita coma [sic] un sol, e din que foi unha meiga quen a enfeitizóu e dispois de perder o xuício tívolle un fillo e contan que foi do demo…

Por riba da tola do monte voaba un miñato.   


Alfonso R. CASTELAO, Cousas
Vigo: Galaxia, 4.a edición, 1962

12.6.12

Aforismos de Xavier Forneret (1)

También entre los escritores hay seres raros. En el siglo XIX vivió, en Francia, un digno ejemplar, al que los surrealistas redimieron del olvido y el propio Breton le hizo el honor de figurar en su Antología del humor negro. Ese escritor se llamaba Xavier Forneret, y su vida discurrió entre los años 1809 y 1884.

Forneret firmó alguno de sus libros como Un hombre negro (más esta coletilla: blanco de cara). Tan curiosa denominación evocaba el triste fracaso de una obra de teatro homónima, estrenada en Dijon allá por 1834 o 1835, que cosechó un rotundo fracaso.

Se pregunta Breton por qué el autor de una veintena de obras singulares ha pasado casi completamente inadvertido. El casi modera, en cierto sentido, la afirmación. El pope del surrealismo no sale de su asombro ante la dispareja producción de Forneret: lo sublime limita con lo necio y la constante originalidad de la expresión oculta frecuentemente la indigencia del pensamiento. Tan peculiar era el hombre negro que, tras la publicación de uno de sus libros, insertó en la prensa el siguiente anuncio (curioso ejemplo de reserva del derecho de admisión):

La nueva obra del Sr. Xavier Forneret sólo es vendida a las personas que envíen su nombre al impresor, Sr. Duverger, calle de Verneuil, y después de examen de su petición por parte del autor.

En alguna de sus obras, sin embargo, parece que Forneret llegó a pedir excusas por su incapacidad y solicitó la indulgencia del público. Quizás pensara, dicho sea en su honor, que hubiera debido escribir mejor lo escrito.

Forneret escribió libros de aforismos bizarres. Conozco el que lleva por título Todavía un año de sin título (1840), posterior a otro titulado Sin título, igual que tantos cuadros abstractos, o no. Proliferan las mayúsculas (como si estuviera escrito en alemán), y las rayas, y alguna otra peculiaridad tipográfica. El libro está dividido en capítulos, y los capítulos se nombran igual que los meses del año, como una suerte de diario aforístico.

De Todavía un año de sin título he seleccionado y traducido los siguientes aforismos que acaso contribuyan a dar una idea cabal de la singularidad de este hombre negro, blanco de cara.


AFORISMOS


ENERO

El ladrón más grande que yo conozca, — soy yo, — si me leéis. —

*

Cuando alguien se hace esperar, podemos decir: — Tal vez ensarta perlas para coronar a los bribones de la Tierra. —

*

Es el espejo el que se contempla en la mujer. —

*

El espectro es la mentira de la muerte como la desgracia es la verdad de la vida. —

*

Creed en lo lleno del vacío, 
                   y en el vacío de lo lleno. —

*

El pino, con el que se hacen ataúdes, es un árbol siempre verde. —

*

   ¡LA INOCENCIA!
Bonita nieve que se derrite 
          pobremente en el lodo. —

*

El viento llama, 
          y el árbol le responde. —


FEBRERO

Dichoso aquel que tiene dos cuerpos: uno, del corazón a la cabeza; otro, de los pies al corazón. —

*

¿Por qué el hombre muere más con más frecuencia durante la noche que durante el día? Es que el avaro oculta su tesoro. —

*

El sentido de una frase es tan solo un poco de aire allí donde no lo había. —

*

Para ser esperado 
          hay que haber llegado. —

*

Nuestra pluma que escribe es el perro que conduce al ciego; y nuestras palabras, la cuerda entre nosotros y el perro. —

*

Se puede decir todo con el arcoíris de las frases. —


MARZO

El sauce es el ojo; y el agua, la lágrima. —

*

El espíritu es el sol que se levanta; — la imbecilidad, — la luna que se acuesta. —

*

La niebla es la coquetería del sol. —

*

Saber únicamente Sentir
          es ignorar el mundo. —

*

He visto un buzón en un cementerio.


ABRIL

Carnero negro, carnero blanco: — misma fuente y otra agua.

*

Es necesario decir:
Olvidar una cosa, —
          Abandonar a alguien. —

*

Los ojos que se mueren son los ojos que viven. —

*

          YO.
Hoy he cometido casi un crimen: no he creído a una madre que lloraba. —

*

Al menos, si él no responde,
         
el mármol nos escucha. —


MAYO

Es triste cosa pensar que cada uno tiene su nombre, — lo que quiere decir: «Tú no eres mi hermano.» —

*

En un sonido puro siempre habita un alma, y con frecuencia todo un destino. —

*

Seguir amando a alguien que ya no ama es más horrible que un cuello cortado a medias; — ahí, al menos, hay remedio, levantando el cuchillo. —


XAVIER FORNERET, De Todavía un año de sin título
[Traducción de Luis Valdesueiro]


10.6.12

Budhi-Dhorma & Vauvenargues

Budhi-Dhorma está enfrascado en la lectura de las reflexiones y máximas del marqués de Vauvenargues. Aunque a veces se aturulla intentando clasificarlas, no es menos cierto que la templanza del provenzal aquieta su espíritu…
Y pues está tranquilo, respetemos su paz. Hoy.

8.6.12

Laus Deo


[…] ¡Bendito sea el Señor, que nos da el bien más grande de nuestros cuerpos: el hambre santísima!


[La señá Benina a doña Francisca Juárez,  viuda de Zapata,  su señora ama.]
Benito Pérez Galdós, Misericordia

5.6.12

Schopenhauer, desolador [Notas]

Ignoro si la lectura de Schopenhauer empujó a alguien al suicidio. Pudiera ser. Leyendo a algunos filósofos dan ganas de matarse o de morir: decapitan la más leve esperanza, guillotinan la más nimia ilusión. Pero aunque el filósofo se erija en descifrador y forense de la realidad, la realidad viva no se deja atrapar por el pensamiento. Sea lo que sea la realidad, sea lo que sea el pensamiento.

*

En su opúsculo “A propósito de la ética”*, Schopenhauer afirma que el juicio universal tiene lugar en este mundo: aquí y ahora. Aquí y ahora seremos premiados, aquí y ahora sufriremos castigo. No será necesaria la espera para rendir cuentas en el Valle de Josafat.

*

Schopenhauer filosofa sobre la libertad moral. Su opinión es rotunda: nuestras acciones individuales no son libres en modo alguno. Y por si quedaba alguna duda, remacha: en el fondo, cada uno hace sólo aquello que ya se halla irrevocablemente fijado en su naturaleza de un modo innato. Irrevocable, naturaleza, innato. ¿Quién escapará de la trampa?

*

Schopenhauer niega el libre albedrio. Suponer la plena libertad de la voluntad le parece una ilusión: el transcurso de cada vida está minuciosamente determinado, sin excepción alguna, desde la A hasta la Z. El abecedario de nuestra vida no admite secretos. Las razones del filósofo rentista rezuman brahmanismo: tanto las condiciones subjetivas con las que nace cada uno, como las condiciones objetivas bajo las cuales nace cada uno, constituyen la consecuencia moral de una existencia precedente. Efecto de una causa, eco de lo que fuimos, ¿eso somos? ¿Filosofía?, ¿religión?

*

Predestinación y fatalismo, a pesar de sus diferencias, acaban dándose la mano: ocurre aquello que ha de ocurrir. Y la razón es esta: Tal y como el hombre es, así tiene que actuar. La culpa y el mérito no son algo inherente a sus actos aislados, sino a su esencia y a su ser.

*

Al final se queda uno con la sospecha de que en ese juicio universal que, según el filósofo alemán, se celebra en este mundo, premios y castigos están dados de antemano. Si nuestra libertad viene determinada por una existencia precedente, ¿qué libertad será la nuestra?, ¿qué condena nos trae?


* Arthur Schopenhauer, “A propósito de la ética”, en Los designios del destino, § 116 y § 117. Editorial Tecnos.


 

3.6.12

Inolvidable Chéjov (o Chejov, por lo que se dirá después)

 Leer a Chéjov es una experiencia inolvidable, intensa e inolvidable. Sus palabras fluyen como torrente de vida. Sabe, como nadie, convertir lo profundo en sencillo; sencillo y sorprendente. Leer sus cuentos, sus relatos, su teatro es un verdadero gozo, una auténtica gozada espiritual. En sus obras siempre hay algo que nos reconcilia con la vida –y sus inevitables alegrías y desdichas y con el mundo circundante. ¿Y qué decir de esa honda emoción que trasminan sus historias y que parece como si afinara nuestro sentir? Nuestro sentir y nuestra mirada, nuestra percepción, en suma, que es su desemboque natural.

El amor de un contrabajoSon muchos los cuentos memorables de Chéjov, pero ahora quiero recordar uno bastante singular: “El amor de un contrabajo”. Cuenta las peripecias de un músico, Smechkoff, que se dirige a la casa de campo de un príncipe, donde intervendrá en una velada musical. Con su contrabajo a cuestas, Smechkoff camina por la orilla del río. Y ni corto ni perezoso, como la rana de Basho, decide darse un chapuzón. «El alma lírica de Smechkoff  –susurra el narradorcomenzó a integrarse en la armonía de todo lo que le rodeaba.» Una vez en el  agua, el músico descubre a una hermosa muchacha que pareciera estar pescando. Un dulce sentimiento invade su alma. Para su sorpresa, se siente pleno de amor, perdidamente enamorado: él, Smechkoff, al que la fuga de su amadísima mujer con el fagot Sobakin le había hecho perder la fe en la humanidad, y de paso en su mujer, y en su amigo, también. «¿Qué es la vida? –se preguntó más de una vez–. ¿Para qué vivimos? La vida es un mito, un sueño... ¡Una ventriloquia!...» Pero como la hermosa pescadora parece dormida, Smechkoff decide dejarle un recuerdo antes de irse: «recogió una gran cantidad de flores silvestres y acuática, las ató en un ramo y las colgó del anzuelo». Ah, y qué poco dura la felicidad: cuando el músico vuelve a la orilla descubre que algún desalmado le ha robado, todo menos el contrabajo y el sombrero de copa. El ladrón no era filarmónico. Ahora Smechkoff está desnudo, desnudo y sin saber qué hacer...

Hasta aquí un resumen del principio del cuento. En las páginas siguientes sucederán imprevistos acontecimientos que resuenan en nuestra alma como música triste en día neblinoso.

Quizás no sea este uno de los mejores cuentos de Chéjov, pero lo sorprendente con Chéjov es que incluso sus cuentos menos logrados acaban cautivándonos. 



Aunque yo he leído la traducción de Espasa (Summa), AQUí está disponible una traducción de “El amor de un contrabajo”.


APOSTILLA NOMINAL.Durante mucho tiempo dije Chejov, y ahora pareciera que debo decir Chéjov. Durante mucho tiempo dije Tolstoi, y ahora pareciera que debo decir Tolstói, incluso Lev, que no León.

Hubo un tiempo en que fue moda decir Tokío en lugar de Tokio. Tokío por aquí, Tokío por allá. Pero Tokío, afortunadamente, se esfumó. Y lo mismo le ha sucedido a Beijing (¿se dice Beiyín o Beijín o…?).

Me pregunto ¿por qué Lev Tolstói y no León Tolstoi, por qué, digamos, Jules Verne y no Julio Verne?
La familiaridad con un escritor extranjero se expresa (¿o debo decir se expresaba?) con la asimilación de su nombre, que a veces sigue extraños vericuetos. Pero, ¿por qué Lev y no León? Sí, hay razones, lo sé; pero más allá de eruditas razones, ¿por qué Chéjov y no Chejov, por qué Tolstói y no Tolstoi, por qué deshacer lo hecho? Autores ambos, por otra parte, cuyo nombre no levanta dudas, y está a mil verstas, más o menos, de las múltiples formas de escribir (elijo una al azar) Solzhenitsyn (que cada quien pronuncia como quiere).