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31.12.13

¡Año a la vista!…

Para saludar al nuevo año –si no es posible, ay, que sea un año nuevo– vaya esta serenísima “Spiegel im Spiegel”, de Arvo Pärt. ¡Feliz 2014!

30.12.13

Pasen y vean

En una ocasión, al menos, Cervantes renunció a poner títulos descriptivos a los capítulos del Quijote.
En el capítulo IX de la Segunda parte, aquel en que don Quijote y Sancho Panza entran en el Toboso –media noche era por filo, poco más o menos en busca del palacio de Dulcinea, el socarrón alcalaíno se pone tautológico y recurre a un título  magistral, e inapelable, por lo poco que declara y lo mucho que sugiere: Donde se cuenta lo que en él se verá. Como en el circo: “pasen y vean”.

28.12.13

De la soledad

No es fácil llegar a conocer las entrañas de la soledad -conocer la soledad como se conoce un territorio-: el impulso a huir de ella es muy poderoso, y nos domina de tal modo que, aunque la soledad nunca nos abandone, siempre le estamos dando la espalda. No llegamos a conocerla del todo; el miedo nos domina. Y, por eso, cuanto más huimos de ella, más la tememos. Nuestro miedo acrecienta el pavor que despierta en nosotros. Pero la huida nada remedia, y más cuando ni siquiera sabemos de qué huimos. Al huir, el miedo multiplica el temido mal que nos asedia.

27.12.13

Fragmentos de "Fragmentos de un evangelio apócrifo"

47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.
Jorge Luis Borges, "Fragmentos de un evangelio apócrifo", en Elogio de la sombra (1969)

21.12.13

Sumario del n.º 8 de la revista de poesía “El Alambique” [Se incluye, además, 1 poema de Enrique García-Máiquez, 2 poemas de Fernando Merlo y 3 aforismos de Manuel Neila]

Acaba de aparecer el número 8 de El Alambique. Agustín Porras, su director, abre el número con una breve reflexión en el Brindis de bienvenida.

Las restantes secciones son:

TIENEN LA PALABRA
Poemas de
Raquel Fernández Menéndez, Enrique García-Máiquez, Álvaro Galán Castro, Ana Garrido, Leoni Disla, Fernando Aínsa, José Ángel García, Manuel Quiroga Clérigo, Francisco Mora, Enrique Gismero, Juan Antonio Marín, Aitor Francos, Pedro Ovalles, Jacobo Valcárcel y Marco Rosmarine.


HOMENAJE A FERNANDO MERLO
Dosier coordinado por Francisco Cumpián

Textos de
Luis García de Ángela, Pedro Roso, Francisco Cumpián, José María Báez, Juan Miguel González, Javier Espinosa, José Luis de la Vega, Alejandro Robles y José Infante.
Álbum Merlo. Fotografías.
Antología poética de Fernando Merlo. Selección de Francisco Cumpián y Luis García de Ángela. 
ÁTOMOS (Máximas, sentencias, aforismos)  
Los imprescindibles
Joubert: Los aforismos de un poeta de la luz, por Luis Valdesueiro.
Aforismos de Joubert (Selección y traducción de L. V.). 
Escribir al límite: el aforismo español contemporáneo
Manuel Neila, por José Ramón González.
Cabos sueltos, de Manuel Neila.

DISCURSOS  
Los pasos contados de Manuel Carrión, por Lorenzo Martín del Burgo.

HOY NOS ACOMPAÑAN  
Leandro Calle
, Seis poetas de Mendoza (Argentina).
Débora Benacot, Carlos Levy, Marta Miranda, Patricia Rodón, Hernán Schillagi y Fernando G. Toledo.
Nota bibliográfica.

ESTA NOCHE, GRAN VELADA
Inés Ramón, La poesía de Alejandro Céspedes.
LENGUA EXTRANJERA, VERSIÓN CASTELLANA 
Poemas de
Niels Hav (traducción de Orlando Alomá).
La penúltima 
Poema manuscrito de Fernando Merlo.

Artistas invitados 
José Aguilera, Bonifacio Alfonso, Rafael Alvarado, Ángel Luis Calvo Capa, Mari García, Isabel Garnelo, Chema Lumbreras y Sebastián Navas



LÓGICO

Mi mujer me abandona, unas veces por otro
y otras porque descubre
al monstruo que he podido ocultarle hasta ahora;
me quedo sin amigos o me atacan
o son ellos los monstruos; el mundo se desploma;
me echan del trabajo; mis alumnos
vienen a celebrarlo a centenares
hasta el departamento; la inspectora
de educación se ríe; mis poemas
los empapa la lluvia y los arrastra
a las alcantarillas; y yo corro
y me persiguen las enfermedades
y los peligros cercan a mis hijos
y me duele hasta el alma –el alma que no existe–
en sueños…
Solamente, cuando al final despierto,
entiendo en un segundo de lucidez y asombro
que el mundo lógico son esas pesadillas
–perfectamente lógico–
y que el mundo real es un milagro,
un milagro extrañísimo
que no nos merecemos.

Enrique García-Máiquez


DOS CUCHILLOS
son mi pecho.
Uno blanco
y otro negro.

Ayúdame,
que el blanco se está muriendo.

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Dibujo de José Aguilera

A SUS VENAS

Estos cauces que ves amoratados 
y de amarillo cieno revestidos
eran la flor azul de los sentidos
que hoy descubre sus pétalos ajados

Besos verdes de aguja en todos lados
hieren la trabazón de los tejidos
y denuncian los brazos resentidos
la enigmática piel de los drogados

Las que llevaban vida y alimento
son tibias cobras de veneno breve
blanco caballo con la sien de nieve

Trotando corazón y pensamiento
que por las aguas de la sangre vierte
con rápido caudal la lenta muerte
                    (De Escatófago)
Fernando Merlo


TRES AFORISMOS DE MANUEL NEILA

No está mal eso de conocerse a uno mismo; pero si te resignas a ser tú mismo, ¿cómo llegarás a ser el que eres?

También los paganos se han quedado sin dioses, que han muerto como del rayo; quiero decir, la verdad, la bondad y la poesía.

La escritura poética puede dar lugar a una obra memorable o a una confesión no pedida. En el segundo caso, sólo compete al autor.

Manuel Neila


19.12.13

El momento de la inspiración…

Hay momentos en los que nos envuelve un gélido vacío, como si nuestros sentimientos estuvieran ateridos.

Hay momentos en los que tememos la llegada del mal tiempo: desabridas mañanas, tardes adustas del invierno, momentos en que la imaginación se retuerce de hastío. 

Hay momentos en los que sentimos el frío venidero como un mal presagio, como si los ariscos meses invernales flagelaran nuestro espíritu.  

Hay momentos, en fin, en que las palabras se secan, y tiemblan, ajenas al menor atisbo de inspiración, esa gozosa inspiración de la que tanto receló Stendhal.

“Para escribir –confiesa en su Vida de Henry Brulard-, aguardaba el momento de la inspiración.” (¡El momento de la inspiración!) Y a cuenta de esa espera, se propina un reproche: “No superé esta manía hasta muy tarde”. (¡Manía!) Y para desbaratar dudas, el novelista remata: “Esta estupidez ha perjudicado mucho a la cantidad de mis trabajos”. (¡Estupidez!)

Pero a partir de cierto momento, Stendhal dejó de esperar el momento de la inspiración, y encontró su verdadera inspiración escribiendo. Buen remedio, sin duda, para la falta de inspiración, o para que la inspiración se manifieste, si le place.

Menos esquiva se muestra la inspiración con los poetas que con los novelistas. Al fin y al cabo, un buen poema pudiera labrarse, en ocasión feliz, con unas docenas de palabras fulgurantes, mientras que para armar una buena novela se necesitan muchas palabras, todas las necesarias, que son muchas. Muchas palabras, muchos días. Para tal labor quizás sea más útil la dócil paciencia que la inspiración.

17.12.13

Geografía humana [La carta de Gazel a Ben-Beley –XXVI– en las CARTAS MARRUECAS, de Cadalso]

Las Cartas marruecas son un libro póstumo; no se atrevió Cadalso a publicarlo en vida. [...] Las Cartas marruecas son un anticipo de Larra y de Costa. Esa cancelación del pasado en que Cadalso insiste, ¿no es la misma renunciación al ensueño pretérito de que nos habla el pensador aragonés? Después de José Cadalso y Vázquez vendrá Mariano José de Larra.

Todavía falta algo para llegar a la honda crítica de Fígaro. En Cadalso vemos simplemente al observador; en Larra –merced a la revolución romántica– contemplamos la personalidad del artista, la individualidad del yo, frente a todo lo demás, frente a la sociedad. Y en esa lucha estriba lo dramático, lo intenso, lo emocional de Larra, que en Cadalso no existe.


Azorín, Lecturas españolas

Cadalso intenta caracterizar a sus personajes, pero no insiste demasiado en ello, porque le interesa más la censura de las costumbres que la verosimilitud de la ficción. Por eso no recarga su obra con detalles de más o menos falso orientalismo, y el lector ve oscurecerse, entre nieblas, estas figuras imaginarias de Gazel y Nuño para advertir ante sí, en el proscenio del libro, al soldado que fue cantor de Filis y a él solamente. A veces este desdoblamiento de Cadalso le obliga a defender el pro y el contra de una cuestión. En esos casos, su pensar íntimo coincide con la opinión de Nuño en quien, según se advierte por detalles muy expresivos, quiso ocultarse siempre el propio autor.

Una de las notas que la crítica ha subrayado como característica de Cadalso es su patriotismo. Este sentimiento es en toda su obra evidente. Amor a la patria consciente y perspicaz; no del que reputa lo mejor, lo único conocido, sino del que discierne las virtudes y los defectos de España y desea ardientemente la sacudida que ponga en fuga la inercia, la atonía española. Cadalso comprende que ‘el amor a la patria es ciego, como cualquier otro amor…’ (Carta XLIV). A él, su patriotismo no le impide advertir la decadencia de España, que compara con una casa que se desploma, en una página admirable. Sin embargo, y a pesar de todo, cree en la posibilidad de una redención y apunta los remedios.

Para Cadalso, la vida de España está unida a la institución monárquica. Su monarquismo es un culto. Y para él, nuestros mejores reyes fueron Isabel y Fernando –creadores de la unidad nacional– y Felipe V, que ‘fue héroe y rey’. Censura acremente a la casa de Austria y acusa a Carlos I de que ‘gastó los tesoros, talentos y sangre de los españoles en cosas ajenas a España’ (Carta III).

La sátira de Cadalso, grave en las Cartas marruecas y lejana de la travesura de Los eruditos a la violeta, endereza sus dardos hacia los cuatro puntos cardinales. El pueblo, los menestrales, los mercaderes, el escolástico pedante, el señorito jaque e inútil, la donemanía, el galiparlismo, las traducciones, la retribución de los cultos, la heráldica… Estos y otros muchos temas son blanco de sus ironías. Pero no se busque en Cadalso el sarcasmo cruel de Quevedo. Su burla suave y bien intencionada, aunque valerosa, no rehúsa el ataque a las instituciones ornadas de viejos prestigios; por ejemplo: la nobleza, las supersticiones religiosas. Así, su crítica de la aparición de Santiago en Clavijo, que atrajo la atención de Azorín, es característica de aquel siglo XVIII, siglo de Moratín, de Forner, de Jovellanos, de Feijoo, de Masdeu, espíritus independientes, críticos, agudos, valerosos.

Azorín observa también la modernidad de la crítica de Cadalso al censurar muchos defectos del siglo XVIII que aun hoy perduran. [...] Pero aunque en algún aspecto, la crítica de Cadalso sea hoy actual en conjunto, es muy de su tiempo y de su época. Así, las ideas del amante de Filis, se elevan sobre el plano del amor a la patria para llegar a conceptos de humanitarismo típicos del siglo XVIII. Las Cartas marruecas están empapadas de este espíritu de humanidad, de esta categoría ética...


Juan Tamayo Rubio, prólogo a la edición de Cartas marruecas

Carta XXVI
Del mismo al mismo
[De Gazel a Ben-Beley]

Por la última tuya veo cuán extraña te ha parecido la diversidad de las provincias que componen esta monarquía. Después de haberlas visitado, hallo muy verdadero el informe que me había dado Nuño de esta diversidad.

En efecto; los cántabros, entendiendo por este nombre todos los que hablan el idioma vizcaíno, son unos pueblos sencillos y de notoria probidad. Fueron los primeros marineros de Europa, y han mantenido siempre la fama de excelentes hombres de mar. Su país, aunque sumamente áspero, tiene una población numerosísima, que no parece disminuirse con las continuas colonias que envía a la América. Aunque un vizcaíno se ausente de su patria, siempre se halla en ella como se encuentre con paisanos suyos. Tienen entre sí tal unión, que la mayor recomendación que puede uno tener para con otro es el mero hecho de ser vizcaíno, sin más diferencia entre varios de ellos para alcanzar el favor de[l] poderoso que la mayor o menor inmediación de los lugares respectivos. El señorío de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y el reino de Navarra tienen tal pacto entre sí, que algunos llaman a estos países las provincias unidas de España.

Los de Asturias y las Montañas hacen sumo aprecio de su genealogía, y de la memoria de haber sido aquel país el que produjo la reconquista de toda España con la expulsión de nuestros abuelos. Su población es sobrada para la estrechez de la tierra, hace que un número considerable de ellos se emplee continuamente en Madrid en la librea, que es la clase inferior de criados; de modo que si yo fuese natural de este país y me hallara con coche en la corte, examinaría con mucha madurez los papeles de mis cocheros y lacayos, por no tener algún día la mortificación de ver un primo mío echar cebada a mis mulas, o a uno de mis tíos limpiarme los zapatos. Sin embargo de todo esto, varias familias respetables de esta provincia se mantienen con el debido lustre; son acreedoras a la mayor consideración, y producen continuamente oficiales del mayor mérito en el ejército.

Los gallegos, en medio de la pobreza de su tierra, son robustos; se esparcen por la península a emprender los trabajos más duros, para llevar a sus casas algún dinero físico a costa de tan penosa industria. Sus soldados, aunque carecen de aquel lucido exterior de otras naciones, son excelentes para la infantería por su subordinación, dureza de cuerpo y hábito de sufrir incomodidades de hambre, sed y cansancio.

Los castellanos son, de todos los pueblos del mundo, los que merecen la primacía en lealtad. Cuando el ejército del primer rey de España de la casa de Francia quedó arruinado en la batalla de Zaragoza, la sola provincia de Soria dio a su rey un ejército nuevo con que salir a campaña, y fue el que ganó la victoria de donde resultó la destrucción del ejército y bando austríaco. El ilustre historiador que refiere las revoluciones del principio de este siglo, con todo el rigor y verdad que pide la historia para distinguirse de la fábula, pondera tanto la fidelidad de estos pueblos, que dice serán eternos en la memoria de los reyes. Esta provincia aún conserva cierto orgullo nacido de su antigua grandeza, que hoy no se conserva sino en las ruinas de las ciudades, y en la honradez de sus habitantes.

Extremadura produjo los conquistadores del nuevo mundo, y ha continuado siendo madre de insignes guerreros. Sus pueblos son poco afectos a las letras; pero los que entre ellos las han cultivado, no han tenido menos suceso que sus compatriotas en las armas.

Los andaluces, nacidos y criados en un país abundante, delicioso y ardiente, tienen fama de ser algo arrogantes; pero si este defecto es verdadero, debe servirles de excusa su clima, siendo tan notorio el influjo de lo físico sobre lo moral. Las ventajas con que la naturaleza dotó aquellas provincias, hacen que miren con desprecio la pobreza de Galicia, la aspereza de Vizcaya y la sencillez de Castilla; pero como quiera que todo esto sea, entre ellos ha habido hombres insignes que han dado mucho honor a toda España; y en tiempos antiguos, los Trajanos, Sénecas y otros semejantes, que pueden envanecer el país en que nacieron. La viveza, astucia y atractivo de las andaluzas las hace incomparables. Te aseguro que una de ellas sería bastante para llenar de confusión el imperio de Marruecos, de modo que todos nos matásemos unos a otros.

Los murcianos participan del carácter de los andaluces y valencianos. Estos últimos están tenidos por hombres de sobrada ligereza, atribuyéndose este defecto al clima y suelo, pretendiendo algunos que hasta en los mismos alimentos falta aquel jugo que se halla en los de los otros. Mi imparcialidad no me permite someterme a esta preocupación, por general que sea; antes debo observar que los valencianos de este siglo son los españoles que más progresos hacen en las ciencias positivas y lenguas muertas.

Los catalanes son los pueblos más industriosos de España. Manufacturas, pesca, navegación, comercio y asientos, son cosas apenas conocidas de los demás pueblos de la península, respecto de los de Cataluña. No sólo son útiles en la paz, sino del mayor uso en la guerra. Fundición de cañones, fábricas de armas, vestuario y montura para ejército, conducción de artillería, municiones y víveres, formación de tropas ligeras de excelente calidad, todo esto sale de Cataluña. Los campos se cultivan, su población se aumenta, los caudales crecen y, en suma, parece esta una nación a mil leguas de la gallega, andaluza y castellana. Pero sus genios son poco tratables, únicamente dedicados a su propia ganancia e interés. Algunos los llaman los holandeses de España. Mi amigo Nuño me dice que esta provincia florecerá mientras no se introduzca en ella el lujo personal y la manía de ennoblecerse los artesanos: dos vicios que se oponen al genio que hasta ahora los ha enriquecido.

Los aragoneses son hombres de valor y espíritu, honrados, tenaces en su dictamen, amantes de su provincia y notablemente preocupados a favor de sus paisanos. En otros tiempos cultivaron con suceso las ciencias y manejaron con mucha gloria las armas contra los franceses en Nápoles y contra nuestros abuelos en España. Su país, como todo lo restante de la península, fue sumamente poblado en la antigüedad, y tanto, que es común tradición entre ellos, y aun lo creo punto de su historia, que en las bodas de uno de sus reyes entraron en Zaragoza diez mil infanzones con un criado cada uno, montando los veinte mil otros tantos caballos de la tierra.

Por causa de los muchos siglos que todos estos pueblos estuvieron divididos, guerrearon unos con otros, hablaron distintas lenguas, se gobernaron por diferentes leyes, llevaron diversos trajes y, en fin, fueron naciones separadas, se mantuvo entre ellos cierto odio que, sin duda, han minorado y aun llegado a aniquilarse; pero aún se mantiene cierto despego entre los de las provincias lejanas; y si esto puede dañar en tiempo de paz, porque es obstáculo considerable para la perfecta unión, puede ser ventajoso en tiempo de guerra por la mutua emulación de unos con otros. Un regimiento todo aragonés no mirará con frialdad la gloria adquirida por una tropa toda castellana, y un navío todo tripulado de vizcaínos no se rendirá al enemigo mientras se defienda uno lleno de catalanes.


José Cadalso (1741-1782), Cartas marruecas. Edición, prólogo y notas de Juan Tamayo y Ribo.
Madrid: Espasa-Calpe (Clásicos Castellanos), 6ª ed., 1971.

14.12.13

*Salpicaduras*, de Fernando Menéndez

Ediciones Trea inaugura su colección “Aforismo” con un libro de Fernando Menéndez: Salpicaduras. Se compone de doscientos setenta y cuatro aforismos (versos, según los denomina Silverio Sánchez Corredera en el prólogo). Autor de varios libros de poesía y de aforismos, Menéndez ha caligrafiado numerosos manuscritos, objeto de varias exposiciones.

En los últimos años, Menéndez ha publicado dos libros de aforismos: Hilos sueltos (Difácil, 2008) y Tira líneas (Difácil, 2010). Aforismos suyos figuran asimismo en la reciente antología de José Ramón González, Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (Trea, 2013).

Salpicaduras está dividido en tres partes: “Tachaduras”, “Teselas” y “Llamaradas”. Así las describe el prologuista:

Tachaduras... se encara con el poder injusto, la sucia política o el Estado opresor.

Teselas... habla desde el desengaño escéptico, los abismos existenciales y la vida absurda.; también, desde los gozos, el imperativo de vivir y la autoafirmación del ímpetu que mueve la humana naturaleza.

Llamaradas... busca la patencia de la verdad, la visión universal, la evidencia común a la que se consigue poner nombre.


[El prólogo, y dos páginas de aforismos, se pueden leer en la web de Ediciones Trea.]

Fruto de una lectura fugaz, copio a continuación unos cuantos aforismos. (Según la posología al uso, los aforismos deben degustarse en pequeñas dosis. Y así debe ser. Pero yo necesito una lectura voraz, omnicomprensiva, antes de poder demorarme en cada aforismo. Qué le vamos a hacer, si somos hijos —o hijastros, tal vez— de nuestras neurosis...).

Aforismos

La mentira es exuberante en matices.

Nada más libre que la muerte.

Vivimos en la obligación de la rapidez.
         
[De “Tachaduras”]

La realidad te hace añicos o te vuelve cínico.

Estamos abandonados al dolor de la espera.

Escribir lo necesario y sentir lo inalcanzable.
         
[De “Teselas”]

Quien gira sobre sí mismo, marea su ilusión.

La memoria es un vasto mar de olvidos.

La vida no tiene sentido sino remordimientos.
         
[De “Llamaradas”]


Fernando Menéndez, Salpicaduras

12.12.13

Aprender a ver

Toda la vida se nos va en aprender. Es un ejercicio sin fin. Algunas cosas nacemos sabiéndolas, pero las más tenemos que aprenderlas. El aprendizaje del dolor es, por ineludible, nuestra más encarnizada asignatura. Sin embargo, hay algo que descuidamos, por considerarlo irrelevante: aprender a ver. Lo cierto es que por más que miramos, no siempre vemos. Somos ciegos ante lo que nos rodea. Aprender a ver exige mirar con acuidad, interés y pasión, y desgraciadamente no siempre queremos ver. Nos falta tiempo, las prisas son nuestra coartada. Si nos detenemos en la calle a contemplar lo que nadie mira, a nuestro alrededor cunde la sorpresa. La cámara de fotos es, entonces, un buen aliado, además de buen maestro: nos ayuda a fijar nuestro tiempo en una cosa, a escrutar lo que nos rodea... Si vamos por la vida con anteojeras, la realidad se nos escapa por los flancos. Aun a riesgo de parecer ridículos, lo propio es pararse ante las cosas: sea una ventana, un árbol tísico, una puerta, el trampantojo tatuado en una pared, la sombra de una bicicleta... Mirar para ver; y ver para experimentar lo mirado.

10.12.13

Presentación del n.º 8 de la revista *El Alambique*, dedicado a Fernando Merlo

La Fundación Alambique para la Poesía tiene el placer de invitarles, el lunes 16 de diciembre, a las 20 horas, a la presentación del número 8 de la revista de poesía El Alambique, en homenaje al poeta malagueño Fernando Merlo.
Presentado por Miguel Losada (secretario de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid), Francisco Cumpián (coordinador del dosier) y Agustín Porras (director de la revista), el acto contará con la participación de varios de sus colaboradores e incluirá la lectura de una selección de textos del poeta homenajeado, en las voces de José Luis de la Vega y del ya citado Francisco Cumpián.

 


ATENEO DE MADRID
Sala Estafeta
c/ Prado, 21
28014 Madrid


www.fundacionalambique.com


7.12.13

El extraño y desagradable sueño de Manuel o el mundo al revés (Un texto de Pío Baroja)

Tuvo un sueño extraño y desagradable. Estaba en la Puerta del Sol y se celebraba una fiesta, una fiesta rara. Llevaban en andas una porción de estatuas; en una ponía: «La Verdad»; en la otra, «La Naturaleza»; en la otra, «El Bien»; tras ellas iban grupos de hombres de blusa con una bandera roja. Miraba Manuel asombrado aquella procesión, cuando un guardia le dijo:
–¡Descúbrete, compañero!
–¿Pues qué es lo que pasa? ¿Qué procesión es ésta?
–Es la fiesta de la Anarquía.
En esto pasaron unos andrajosos, en los cuales Manuel reconoció al Madrileño, Prats y al Libertario, y gritaron: «¡Muera la Anarquía!», y los guardias los persiguieron y fueron dándoles sablazos por las calles.


Pío Baroja, fragmento de Aurora roja

4.12.13

“Elegía”, de José Gorostiza

A veces me dan ganas de llorar,
pero las suple el mar.

[1922]


José Gorostiza, Poesía y poética
Madrid: Colección Archivos, 1988

A veces incluso unas pocas palabras resultan excesivas. Según el cuándo y según el cómo. Lo mismo ocurre con el dolor: basta una pizca para sentir todo el dolor del mundo. Inconmensurable dolor: en la parte está el todo, todo el dolor. Y si se contiene, duele más, siendo el mismo; el dolor contenido desgarra, desuella al propio dolor.

Algo de recóndito dolor —lágrimas esquivas frente al mar— bulle en este pareado. Precedidos de un título que presagia desbordada aflicción, quizás parezcan juguetones estos versos, aunque hablen de un juego muy serio, tan serio como el equívoco juego de vivir.

2.12.13

Chejov aconseja a Gorki sobre el uso de los adjetivos

En una carta escrita en Yalta, el 3 de septiembre de 1899, Chejov ofrece a Gorki, enfrascado por entonces en la composición de su novela Tomas Gordeiev, algunos consejos literarios. El maestro del cuento y la novela corta, el innovador dramaturgo, concluye así:

Un consejo más: al realizar [¿revisar?] las pruebas, suprima, allí donde sea posible, los adjetivos y los adverbios. Hay tantos en usted que la atención se pierde y el lector se cansa. Se comprende cuando escribo: «El hombre se sentó sobre la hierba»; se comprende porque está claro y porque no retiene la atención. Al contrario, me vuelvo oscuro y agotador si escribo: «Grande, con el pecho estrecho, hombre de estatura media, de barba pelirroja, se sentó sobre la hierba verde, ya pisada por los transeúntes, se sentó sin hacer ruido, lanzando a su alrededor miradas tímidas y temerosas...». Eso no se inscribe de un golpe en el cerebro, y la literatura debe grabarse de un solo golpe, al segundo.


Chejov/Gorki, Correspondencia
Traducción y postfacio de Rubén Pujante Corbalán
Madrid: Funambulista, 2011

Vicente Huidobro ya advirtió en su “Arte poética”: «El adjetivo, cuando no da vida, mata». Ramón Eder, por su parte, nos recuerda (en La vida ondulante) esa fatalidad homicida: «Se puede matar con un adjetivo».

Leyendo sus palabras, no parece arriesgado suponer lo que Chejov habría podido pensar del barroquismo caribeño de Paradiso, la exuberante (¿o exhuberante, como fue moda escribir?) novela de Lezama Lima. Cada quien escribe como quiere (o como puede, pues no siempre somos dignos de nuestro querer). Mientras a Chejov le preocupa el hipotético lector, a Lezama le es indiferente el hipócrita lector. Y acaso por ello los cuentos del ruso inspiran en el lector ingenuo un gozo paradisíaco y dulcemente melancólico, mientras que el escarpado Paradiso del cubano exige una lucha a brazo partido, infernal y eternizante. Pero, misterios de la estética, siempre habrá gozos para todos los gustos y lectores, por raros que sean unos y otros.

30.11.13

Buenos sentimientos y mala literatura

Con buenos sentimientos se hace mala literatura, sentencia Gide. Pero hay que ser un Céline, un Bernhard o un Vallejo (Fernando) para hacer buena literatura con mala baba.

27.11.13

“La piedra zen” (Una irónica aportación de Perucho a la mineralogía)

La piedra zen pertenece al mundo oriental y guarda vehementes analogías con la filosofía de tal nombre. Sirve para enjuagues bucales, mezclada con agua y un ramito de hierbabuena. Schopenhauer cantó sus excelencias y parece que la han conocido Spengler y Henri Massis. Por el contrario, en la actualidad no goza de demasiado prestigio, y hay una página de Adorno –un tanto oscura, por cierto– en que se habla de ella con desdén.


Juan Perucho, Lapidario portátil

25.11.13

Los testigos

¿Quién no conoce a esos peripatéticos de fin de semana que proponen a los viandantes enigmas metafísicos? Son fáciles de reconocer. Tesoneros como son, la respuesta incrédula, o la hosca indiferencia, apenas les arredra. Están bien asidos a su fe, elemental y de acero inoxidable, ajena a la corrosión. Varias veces han puesto fecha al fin del mundo, pero el mundo no se acaba, que diría Charles Simic (cuyo sugerente libro, traducido por Jordi Doce, leo en estos días).

Son los testigos, los Testigos de Jehová.

Hubo un tiempo en que se presentaban como tales; pero ahora, con tantos vendedores de todas clases, se han vuelto más cautos y retrasan la identificación. Pero incluso sin decir quiénes son, es fácil reconocerlos. Suelen ir en parejas, bien trajeados, caminan lentamente, otean el horizonte y los extremos, portan su revista en la mano... A diferencia de los jóvenes mormones rubicundos de Utah, los testigos son muy muy castizos.

Recuerdo que cuando leí las memorias de Rudolf Höss, el aplicado comandante de Auschwitz, me llamó la atención el respeto (si puede decirse así) que mostraba al hablar de los testigos. Höss escribe: “Nada les parecía más bello ni deseable que sufrir e incluso morir por Jehová, pues se trataba del medio más seguro de acceder a la categoría de los elegidos. Así, aceptaban sin rechistar su ingreso en prisión, con todos los sufrimientos que ello implicaba. Resultaba conmovedor ver con cuánta entrega cuidaban de sus correligionarios y les brindaban toda la ayuda posible”. Parece que admiraba la entrega sin fisuras a su fe. Aunque su dios no fuera el mismo, ¿veía en ellos un ejemplo de obediencia más allá de la razón? Sin duda. Y no solo él: “Tanto Eicke como el propio Himmler dijeron en varias ocasiones que la fe ciega de los Testigos de Jehová podía servir de modelo a las SS, cuyos miembros debían dar muestras de un fanatismo acérrimo en su adhesión a Hitler y el nacionalsocialismo. Sólo se aseguraría el porvenir del Reich hitleriano cuando todos los SS estuvieran imbuidos de la nueva concepción del mundo, sacrificando por completo su ‘yo’ a la gran causa”. Pero, por lo que a la obediencia se refiere, qué mejor ejemplo que Abraham: no dudó en sacrificar a su hijo, aunque a última hora hubiera final feliz. Kierkegaard escribió páginas memorables al respecto. Los caballeros de la fe (religiosa o política) desafían continuamente a la razón, prescinden de ella en su relación con dios. Y quien intente comprenderlos se hundirá en una ciénaga de absurdos. Fuera de la razón, no es posible comprender.

Pero volvamos a los testigos: ayer llamaron a mi puerta. Dos adultos de mediana edad y una niña, “nuestra sobrina”, de apenas cuatro años. Ella fue la encargada de entregarme un díptico titulado “Será posible que los muertos vuelvan a vivir? (Según parece, ahora están de moda las películas sobre “muertos vivientes”. El tema no me interesa; me quedé en la inquietante, pionera y magistral película de Romero, y en algunas secuelas paródicas.) A lo que apuntaba el díptico era a la resurrección de los muertos. A veces pienso que si es difícil ser budista, más difícil es ser cristiano. Quizás sea la reencarnación más concebible que la resurrección de la carne. Y quien no cree en la resurrección no es un verdadero cristiano. Con las creencias, también es posible hacerse trampas: creer en lo que no se cree, y no creer en lo que se cree. O dudar de lo que se cree, como ese personaje de Dostoievsky que si cree, no cree que cree, y si no cree, no cree que no cree. Si, como decía Ortega, en las creencias se está, quizás sea cierto que muchas veces no sabemos dónde estamos. Tan desconocidos somos para nosotros mismos. Vivimos en la caverna, escrutamos sombras. Es tanta nuestra ignorancia, que acaso somos lo que no creemos ser. La verdad se nos escapa, engaña a nuestros sentidos, confunde a nuestras sensaciones, se burla de nuestras ideas, nos hace un corte de mangas a un palmo de la nariz. Si vemos sombras quizás sea porque nosotros mismos somos sombra. Sombra y tiempo. Y el tiempo todo lo mueve, nada es lo que fue, nunca hay un mañana. Pero una cosa es creer en la resurrección de los muertos y otra muy distinta resucitar. Y si resucitar no parece tarea fácil, más difícil será cuando hay numerus clausus de resucitados: ¡144.000! Ni uno más ni uno menos. Al actual ritmo de crecimiento de la población mundial, y por fatalismo aritmético, cada día que pasa hay menos posibilidades de ser uno de los elegidos. La competencia (o la mies) es mucha...

22.11.13

¡Cierra los ojos!

Si cierras los ojos y alcanzas a concebir la nada, cuando los abras verás el mundo de otro modo. (Pero ¿es posible suponer que nada existe: ni dioses, ni hombres, ni mares, ni árboles, ni prisas, ni tiempo, ni dudas…? Para llegar a imaginar el no mundo sería necesario estar muerto, o ser un consumado jesuita; y, en ese caso, la imaginación sobra.)

21.11.13

La hospedería de la razón (Glosa de unas palabras de Bernardo Soares)

A Bernardo Soares, trasunto del Pessoa oficinista, no le arredran los intríngulis. En la selva del lenguaje se maneja como avezado cazador. No le teme a las paradojas ni a los anacolutos. Cuando piensa, su pensar es levitativo, más próximo del éter que de la piedra dura. Sus razones parecen tiznadas de sentimientos. Bernardo Soares conoce bien la hospedería de la razón; esa hospedería que se encuentra, según sus palabras, “a medio camino entre la fe y la crítica”. La hospedería de la razón es refugio al que no todos se acogen, enfangados unos en su ceguera y otros en su no querer ver. Y, sin embargo, la hospedería de la razón es acogedora con quien acepta humildemente su fatal ignorancia. Pero ¿qué razón es esa que mora en la hospedería de la razón? Es una razón limitada, que si bien ayuda a comprender lo comprensible, no va más allá, abandonándonos a las puertas del misterio. La fe, a su vez, si no ayuda a comprender lo incomprensible, ayuda a sobrellevarlo. Sin el báculo de la fe, incluso la razón tropieza. Y a la fe no se le piden pruebas; ella, la fe, es la prueba de no se sabe qué. Rizando el rizo, Soares afirma que la razón misma participa de la fe, que la razón “es todavía una fe”. ¿Cómo es eso? “Porque comprender —sostiene Soares— implica presuponer que hay alguna cosa comprensible.” Pero incluso eso quizás sea mucho suponer, por más que nos forjemos la ilusión de comprender incluso lo incomprensible. Todo sea a fin de mantener la puerta del vacío cerrada a cal y canto. Por si las moscas.

20.11.13

“Un sueño”, de Yasmina Reza

He tenido un sueño. Mi difunto padre me visitaba.
–Vaya –le dije–, ¿qué tal? ¿Has visto a Beethoven?
Se enfurruña y menea la cabeza, enojado y triste:
–¡Quita, quita! ¡Qué horrible encuentro!
–¿Y eso?
–Muy antipático. Muchísimo.
–No me digas, papá...
–Me acerco a él –prosigue mi padre–, dispuesto a abrazarle, ¿y sabes qué me dice?: «¿Cómo se ha atrevido a tocar el adagio de la Hammerklavier?* ¿Cómo ha podido pensar ni por un segundo en interpretar un compás de la Hammerklavier?». «Discúlpeme, maestro –le contestó mi padre–, le creía por encima de esas cosas ahora.» «¡Pero bueno! –exclamó Beethoven–. ¡Estar muerto no significa ser sensato!»

Yasmina Reza,
Hammerklavier
[Editorial Anagrama. Traducción de Joaquín Jordá]______________________
* Nombre con el que se conoce popularmente la Sonata para piano en si bemol mayor, opus 106, de Beethoven. (N. del T.)

19.11.13

El desparpajo de Montaigne

Hay que tener mucho desparpajo —o ser Montaigne— para decir lo que el sabio francés desliza en el prólogo a sus vastos Ensayos. Tras afirmar que su libro es “un libro de buena fe”, y exponer sus motivos para escribirlo, concluye: “Así, lector, yo mismo soy la materia de mi libro...”. Pero ahí no acaba la frase; tan novedosa afirmación se cierra con un tímido desplante: “... no hay razón para que ocupes tu ocio en tema tan frívolo y vano. Adiós pues”.

A mil leguas de los autores zalameros, obligados a dedicar su obra a la nobleza en busca de prebendas, Montaigne se dirige al lector común, advirtiéndole, con sinceridad que le honra, de su responsabilidad en el trato. Curiosa manera esta de invitar al lector al festín de las palabras, apelando al mismo tiempo a su sensatez. Hay que tener mucho desparpajo, o ser Montaigne...

18.11.13

El infinito…

El infinito, lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande: la sed de infinito que asedia nuestro vivir. Ese infinito que se confunde con la divinidad, y en el que se inscribe nuestra historia finita, y la ceniza de los años, y la estela del olvido. Pensar en el infinito sobrecoge. Es preferible pensar en la nada: el infinito de lo inexistente, la rabia de lo dormido y lo secreto, la desazón de lo inmaduro y lo abortado. El infinito supera nuestra comprensión. Aturde la cabeza si pensamos en él. A lo más que podemos llegar, si alguna vez llegamos, es a sentir que el infinito atraviesa nuestro ser como un áspero rayo de luz.

[De El círculo de las palabras, 61. Inédito.]

15.11.13

Lapsus calami

Para poner una sonrisa en la tantas veces ríspida realidad cotidiana quizás puedan servir unos cuantos lapsus calami. Aunque resulten graciosos, seguro estoy de que a su autor –sean imputables a él, o no lo sean–, poca gracia le harían. Los tomo del Diccionario de tipografía y del libro, del benemérito José Martínez Sousa, quien los espigó de una obra publicada en París con el título de Museo de errores (excepto los dos últimos, recopilados por el escritor austriaco Max Sengen).

“El duque apareció seguido de su séquito, que iba delante.” (Cartas de mi molino, de Alfonso Daudet.)

“Con un ojo leía, con el otro escribía.” (A orillas del Rin, de Auback.)

“Guillermo no pensaba que el corazón pudiera servir para algo más que para la respiración.” (La muerte, de Argibachev.)

“Empiezo a ver mal –dijo la pobre ciega.” (Beatriz, de Balzac.)

“Después de cortarle la cabeza, lo enterraron vivo.” (La muerte de Mongomer, de Henri Zvedan.)

“El cadáver miraba con reproche a los que le rodeaban.” (Recopilada por Max Sengen.)

“Por desgracia, la boda retrasóse quince días, durante los cuales la novia huyó con el capitán y dio a luz ocho hijos.” (Ídem.)

23.9.13

Una cita de Horacio


Nosotros y nuestras obras

nos debemos a la muerte.


Horacio, Poética

15.9.13

Un poema de José Antonio Muñoz Rojas (y una apostilla ortográfica)

VII

Ahora que lo pienso bien
lo que me pasa es lo que no me pasa.
Qué es lo que me pasa, Dios mío?
Que no me pasa nada. Por eso
me quedo así, sin hacer nada.
Sabes lo que haces, o lo que dices
cuando dices, sin hacer nada?
Puede no hacerse nada? Sería
nada, lo que tú haces, Dios mío?
Nadie y nada. Es eso todo?


José Antonio Muñoz Rojas, Objetos perdidos
Valencia: Pre-Textos, 19982.

Apostilla ortográfica

Recuerdo que leyendo un libro de prosa nerudiana —¿Una casa en la arena?— (los signos de interrogación no forman parte del título, son expresión de mi duda) me llevé algunos chascos: al final de renglones nítidamente afirmativos solía toparme con un ? que hacía tambalear a la frase recién leída y trocaba lo hasta entonces afirmado en sorpresiva interrogación.
No sé si es esnobismo, tontería o descuido lo que lleva a ignorar el genio de una lengua que, a diferencia de otras, suele exigir, por mor de la claridad, poner los dos signos de interrogación para saber desde el principio la intención de la frase.
Leyendo este breve poema de Muñoz Rojas, delicioso poema de metafísica cotidiana, también me he llevado algún chasco, casi imperceptible por la rapidez con que las supuestas afirmaciones se convierten en preguntas. Parece como si en el fondo del poema latieran dos lecturas posibles: una afirmativa, interrogativa otra. Según la primera, obviando la imprevisible interrogación final, podría leerse, por ejemplo: “puede no hacerse nada”; según la segunda, sospechando la apertura de la interrogación, cabría una pregunta candente: “[¿]puede no hacerse nada?
Y cabe, asimismo, ensayar una tercera lectura, entreverada de afirmaciones a medias e interrogaciones por sorpresa, una lectura en la que pronto se duda de cuanto parece afirmarse.
Que estas minucias (insignificantes?, significativas?) no impidan disfrutar del poema. Remedando a su autor, y volteando el último verso, concluyo con una frase que sabe a infancia: Eso es todo, amigos.

11.9.13

Adiós a la política: el ejemplo alemán o la emoción profunda (Un texto de Safranski)

La toma del poder por parte de Hitler desató un estado de ánimo revolucionario en el momento en que se notó con espanto, pero también con admiración y alivio, que los nazis pretendían efectivamente triturar el sistema de Weimar, apoyado solamente por una minoría. Hubo manifestaciones sobrecogedoras del nuevo sentimiento de comunidad, juramentos de masas bajo catedrales luminosas, fuegos de campamento en las montañas, discursos del Führer en la radio, mientras la gente se congregaba con sus vestidos estivales para escucharlo en las plazas públicas, en el aula de la universidad y en las cervecerías, así como cantos corales en las iglesias para celebrar la toma del poder. Es difícil reproducir el temple de ánimo de aquellas semanas, escribe Sebastian Haffner, que lo experimentó en persona. Esa disposición de ánimo constituía la auténtica base del poder para el futuro Estado del Führer. «Era un sentimiento muy ampliamente difundido de redención y liberación de la democracia, no puede decirse de otra manera.» Este sentimiento de alivio por el final de la democracia no se limitaba a los enemigos de la República. Incluso la mayoría de sus adictos no le atribuían la capacidad de hacer frente a la crisis. Era como si se hubiese disuelto un hechizo paralizante. Parecía anunciarse algo realmente nuevo: un gobierno del pueblo sin partidos y con un caudillo, del cual se esperaba que hiciera nuevamente de Alemania una nación unida en el interior y segura de sí misma hacia el exterior. Parecía cumplirse finalmente la añoranza de una política apolítica. La política había sido para la mayoría un asunto de altercados de partidos y de egoísmo. Heidegger había expresado el resentimiento contra la política cuando adjudicó toda esta esfera al «uno» y a las «habladurías». La política era considerada una traición a los valores de la verdadera dicha: dicha familiar, espíritu, fidelidad, valor. «Un hombre político me resulta repugnante», había escrito ya Richard Wagner. El afecto antipolítico no quiere avenirse con el hecho de la pluralidad de los hombres, sino que busca el gran singular: el alemán, el pueblo, el trabajador, el espíritu.

Lo que había quedado de prudencia política perdió todo crédito de la noche a la mañana; y lo que ahora contaba era la emoción profunda.  [La cursiva es mía.]


Rüdiger Safranski, Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán
Barcelona: Tusquets, 2009
Traducción de Raúl Gabás

2.9.13

Regreso a *La velada en Benicarló*

¡Cuídate, España, de tu propia España!
CÉSAR VALLEJO, España, aparta de mí este cáliz

España es el único país que se clava su propio aguijón.
GARCÉS (personaje de La velada en Benicarló)

¿Qué se han hecho los españoles unos a otros para odiarse tanto?
MORALES (personaje de La velada en Benicarló)

De vez en cuando releo, guiado por el azar, alguna página de La velada en Benicarló, de Manuel Azaña, memorable diálogo sobre la guerra de España, como reza el subtítulo de la edición príncipe*; lectura ineludible que desvela, en tantos sentidos, la historia íntima de la guerra civil y sus prolegómenos.

imageEn la nota preliminar (de mayo del 39), Azaña afirma que escribió ese diálogo en Barcelona, «dos semanas antes de la insurrección de mayo de 1937». Aunque nadie lo sospechara entonces, aún pasarían dos años antes de que acabara la guerra. En esa nota, Azaña resume lo que encontrará el lector:

No es el fruto de un arrebato fatídico. No era un vaticinio. Es una demostración. Exhibe agrupadas, en formación polémica, algunas opiniones muy pregonadas durante la guerra española, y otras, difícilmente audibles en el estruendo de la batalla, pero existentes, y con profunda raíz... Los personajes son inventados. Las opiniones y, como se dice, el “estado de espíritu” revelado por ellas, rigurosamente auténticos...

Y, como es lógico, en el trasfondo de ese intercambio de opiniones (del que están ausentes las de anarquistas, comunistas y nacionalistas) pulula el angustioso deseo de comprender y explicar la terrible realidad presente, con alguna apelación a la historia y el asedio a la metafísica pregunta sobre el ser de España. (“No hay un ser, España, diferente de la suma de los españoles”, sostiene Garcés, exministro.)

La velada en Benicarló se publico en 1939 en Buenos Aires (Losada), y ese mismo año apareció la traducción francesa, debida a Jean Camp, y supervisada por Azaña. Si el diálogo no cosechó aplausos entre los exiliados, sin duda espoleó rencores. El mismo año de su publicación —año de la victoria, para unos; y de la derrota, para otros—, Joaquín Arrarás, un vencedor, trazó un feroz retrato de Azaña y su circunstancia:

Engendro espurio elevado a la más alta magistratura de una República abyecta por un sufragio seudodemocrático corrompido y corruptor. Digamos, para ser exactos, que Azaña era el aborto de logias e Internacionales a quien correspondía la presidencia genuina de la República del Frente Popular, oruga repulsiva de la España roja, la de las matanzas y las checas, la de las refinadas crueldades satánicas.
(Memorias íntimas de Azaña con anotaciones de Joaquín Arrarás. Madrid: Ediciones Españolas, 1939.)

Leyendo La velada en Benicarló no es posible evitar la sospecha de que el presidente de la República (o el autor del libro, si cabe disociarlos) desconfiaba de la victoria, fuera cual fuera el resultado de la guerra. De lo que no cabe duda, es de su recelo hacia algunos “defensores” de la República. Al margen del enfrentamiento bélico, la República estaba sitiada por muchos lados: en su seno albergaba fuerzas adversas e irreconciliables. Garcés, personaje en el que se ha visto un trasunto del propio Azaña, afirma:

Enumerados por orden de su importancia, de mayor a menor, los enemigos de la República son: la política franco-inglesa; la intervención armada de Italia y Alemania; los desmanes, la indisciplina y los fines subalternos que han menoscabado la reputación de la República y la autoridad de Gobierno; por último, las fuerzas propias de los rebeldes. ¿Dónde estarían ahora los sublevados de julio, si las otras tres causas, singularmente la primera, no hubiesen obrado a su favor?

En consonancia con lo dicho por Garcés, el historiador Antonio Domínguez Ortiz se refiere así al desplome de la República:

Las causas son conocidas y pueden resumirse en dos: insuficiente apoyo externo y falta de unidad interna. La República recibió ayudas, pero fueron más eficaces aquellas de las que se benefició Franco. Hizo un esfuerzo por superar la anarquía inicial, consiguió construir un ejército eficiente, pero sus gobiernos carecieron de la férrea autoridad que tuvo el de Francisco Franco.

Y, pese a las divisiones reinantes en el bando nacional (“la otra banda”, según expresión de Paquita Vargas -“del teatro”-, el único personaje femenino de la obra.),

a efectos prácticos, a efectos militares la unidad de mando se cumplió sin consentir la menor transgresión. ¡Qué contraste con lo que ocurría en la zona republicana!, divisiones, tensiones que al final desembocaron en las sangrientas jornadas de mayo de 1937 en Barcelona que significaron la destrucción de la CNT.
(Antonio Domínguez Ortiz: España. Tres milenios de Historia. Madrid: Marcial Pons, 2001.)

Para desbrozar las nieblas del pasado, y aventar los mitos que teje la distancia, este libro de un Azaña entreverado de intelectual y político resulta esclarecedor, y de alcance duradero, pese a ser obra de ficción, o quizás por eso. Y a estas alturas poco importa si Azaña pretendió justificarse ante el futuro, ya que la obra ha trascendido con creces a su autor. Al asomarnos a sus páginas siempre es posible descubrir algo que nos ayude a dilucidar nuestro presente, revenido presente en el que, de vez en cuando, las agujas del tiempo se detienen, como si nada fuera capaz de exorcizar las heridas del pasado…


* En la primera edición publicada en España (Castalia, 1981) figura: diálogo de la guerra de España. Disparidad de preposiciones. Pero más extraño es que la primorosa edición de Reino de Cordelia (2011), que incluye un amplio “epílogo gráfico” de Vicente A. Serrano, ostente este sorprendente subtítulo: Diario de la guerra de España.

31.8.13

Budhi-Dhorma y la soledad

Budhi-Dhorma ama la soledad. Le encantaría compartir esa pasión suya sin traicionarse, pero claudica ante la inexorable lógica de las cosas. “La mejor compañía es la sola soledad”, se miente sin ilusión.

[24/3/2009]

7.8.13

Cielo e infierno / Justina y Susana

—¿Cuántos pájaros has matado en tu vida, Justina?

—Muchos, Susana.

—¿Y no has sentido tristeza?

—Sí, Susana.

—Entonces, ¿qué esperas para morirte?

—La muerte, Susana.

—Si es nada más eso, ya vendrá. No te preocupes.

(...)

—¿Tú crees en el infierno, Justina?

—Sí, Susana. Y también en el cielo.

—Yo solo creo en el infierno —dijo. Y cerró los ojos.


JUAN RULFO, Pedro Páramo

1.8.13

“Caminos de la rica nada”

Paralelismos.- Todo y nada, memoria y olvido, alfa y omega, amor y odio, sístole y diástole, agua y fuego, guerra y paz, noche y día, vida y muerte...
Muerte y... eternidad.


Caminos de la rica nada
XXV

Todo sin la nada es nada,
y en mi nada está ya todo,
y el oro sin nada es lodo.
BERNARDINO DE LAREDO


La nada como meta positiva (fragmento)

Por la nada he de ir a nado,
que es un mar muy sosegado...
DIEGO DE JESÚS


Melquíades Andrés, Los místicos de la Edad de Oro en España y América. Antología. Madrid: BAC, 1996.

28.6.13

Algunas fotografías de Josef Sudek

Contemplando las fotografías del checo Josef Sudek (1896-1976) es fácil reconocer que en todas partes, incluso en los objetos más humildes, arraiga la poesía. Según Flaubert “está en todo y en todas partes”.

En su adolescencia, Sudek fue aprendiz de encuadernador, en Praga, y ya por entonces le interesaba la fotografía.

Participó en la Gran Guerra, y la explosión de una granada le desgajó el brazo derecho.

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Nunca más volvió a ser encuadernador.

Se concentró entonces en la fotografía, utilizando cámaras de gran formato, sus favoritas.

Las fotografías de Sudek descubren la belleza y la poesía oculta en las cosas. Son verdaderos poemas visuales.

19.6.13

El protojesuita, el moro, la concepción inmaculada y la mula… (Fragmento de “El relato del peregrino”, de Ignacio de Loyola)

En El relato del peregrino, la singular autobiografía de Ignacio de Loyola, se narra una anécdota que da una idea cabal de su bravía juventud. 
De todos es sabido que el paso del tiempo vuelve extraños comportamientos que fueron normales, lo que dificulta asomarse al pasado sin enjuiciarlo con la superioridad propia del que cree que sus valores de época son el no va más. Tales ejercicios de ética ucrónica adulan nuestro ego hasta el delirio y, bien mirado, equivaldrían a la compra de indulgencias, laicas. Mirar hacia atrás en plan perdonavidas es propio de mentecatos cegados por la mera cronología. ¿Cómo comprender el pasado sin renunciar a las certezas del presente? ¿Y quién ha dicho que nuestro presente sea moralmente superior a todo el pasado? Epicteto decía que unas cosas dependen de nosotros y otras no. En aquellas que dependen de nosotros ponemos en juego nuestra libertad. Pero a veces nos asusta decidir y recurrimos a subterfugios para rebajar el miedo. Es una manera de decidir como si no decidiéramos. Y eso es lo que hizo el futuro fundador de la Compañía de Jesús: supeditar su crucial decisión a lo que hiciera una mula. Y la mula bendita “decidió”, sin ella saberlo, que no se derramara sobre ella sangre inocente.


Pues, yendo por su camino, le alcanzó un moro, caballero en un mulo; y yendo hablando los dos, vinieron a hablar en Nuestra Señora; y el moro decía que bien le parecía a él la Virgen haber concebido sin hombre; mas el parir quedando virgen no lo podía creer, dando para esto las causas naturales que a él se le ofrecían. La cual opinión, por muchas razones que le dio el peregrino, no pudo deshacer. Y así el moro se adelantó con tanta prisa, que le perdió de vista, quedando pensando en lo que había pasado con el moro. Y en esto le vinieron unas mociones que hacían en su ánima descontentamiento, pareciéndole que no había hecho su deber, y también le causan indignación contra el moro, pareciéndole que había hecho mal en consentir que un moro dijese tales cosas de Nuestra Señora, y que era obligado volver por su honra. Y así le venían deseos de ir a buscar el moro y darle de puñaladas por lo que había dicho; y perseverando mucho en el combate de estos deseos, a la fin quedó dubio, sin saber lo que era obligado hacer. El moro, que se había adelantado, le había dicho que se iba a un lugar que estaba un poco adelante en su mismo camino, muy junto del camino real, mas no que pasase el camino real por el lugar.
Y así, después de cansado de examinar lo que sería bueno hacer, no hallando cosa cierta a que se determinase, se determinó en esto, scilicet, de dejar ir a la mula con la rienda suelta hasta al lugar donde se dividían los caminos; y que si la mula fuese por el camino de la villa, él buscaría el moro y le daría de puñaladas; y si no fuese hacia la villa, sino por el camino real, dejarlo quedar. Y haciéndolo así como pensó, quiso Nuestro Señor que, aunque la villa estaba poco más de treinta o cuarenta pasos, y el camino que a ella iba era muy ancho y muy bueno, la mula tomó el camino real, y dejó el de la villa.


Ignacio de Loyola, El relato del peregrino
Barcelona: Editorial Labor (“Las Ediciones Liberales”), 1973

18.6.13

Presentación de *Arcos y flechas*, de Ricardo Paseyro

LOS LIBROS DE EL ALAMBIQUE
colección de poesía


La Fundación Alambique para la Poesía tiene el placer de invitarle el domingo 23 de junio, a las 12:00 h, en la Taberna El Alambique, a la presentación de

Arcos y flechas (2000-2007)

libro póstumo del gran poeta uruguayo

Ricardo Paseyro




Intervendrán:
Fernando Bergamín, Fernando-Guillermo de Castro, Jorge Dot,
Ignacio Gómez de Liaño, Ángel Guinda y Agustín Porras

Lectura de una selección de sus poemas en la voz de
José Luis de la Vega

Taberna El Alambique * Calle Fúcar, 7 (Barrio de las Letras) * Madrid
Más información en

http://www.fundacionalambique.com/


14.6.13

El testigo oidor (En el metro)

Sé que hay gente que desprecia (esa es la palabra) viajar en metro. Allá ellos. A mí el metro me gusta (aunque no sea esa la palabra) pero, por desgracia, hasta esas toperas han terminado llegando los teléfonos móviles, y ahora, además del sincopado “¡oye...! ¡oye...! ¡se corta!”, también es posible escuchar enjundiosos monólogos. El martes, sin ir más lejos, tuve la extraña sensación de haberme colado en la consulta de un terapeuta. Se siente algo turbio (¿pudor ajeno?) cuando, a solo unos centímetros, oyes a una mujer que abre de par en par su corazón al interlocutor lejano y, de paso, a los circunstantes. La aindiada mujer despedía quejas de su hija adolescente, y declaraba el dolor por tener que separarse de ella, y reconocía la llaga abierta del desprecio con que la hija despachaba sus desvelos. Fría como el mármol, la hija parece dispuesta —al menos mientras le dure la adolescencia— a pasarle factura a la madre por tanta lejanía. La interlocutora de la mujer, y yo mismo, involuntario testigo oidor, pudimos escuchar este triste lamento:
—Y yo le dije: «Doménica, ¿por qué no hablas conmigo...? Yo te quiero, cariño...» Y ella me contestó: «¿Acaso usted habló conmigo cuando se fue para allá? ¿Y de qué me sirve ahora que usted me quiera?»

10.6.13

“Borges y yo”, en la voz de uno de los dos

No le vendría mal a este “Borges y yo” un epígrafe tomado del Rimbaud más precoz, que escribía cartas enigmáticas a su profesor: Je est un autre (Yo es otro).
Las personas necesitamos los espejos (tan recurrentes en la obra de Borges) para, unas veces, ver en ellos el reflejo de lo que somos, y otras, las menos, aquello que nos permite ser, el azogue de nuestra alma.
Quizás vivimos, sin apenas sospecharlo, escindidos de nosotros mismos, sin saber quién habla en nosotros, ni si soy yo, o el otro, el que calla en mí.
¿Quién no ha sentido alguna vez que caminaba a dos pasos de sí mismo?


“Borges y yo” (EL HACEDOR, 1960)

8.6.13

Sumario del número 7 de “El Alambique” (Se anexan poemas de Pablo Guerrero, Ángel Campos Pámpano y Erich Mühsam, así como aforismos de Juan Varo)

Fiel  a su cita semestral, acaba de aparecer el número 7 de El Alambique. Agustín Porras, su director, propone como de costumbre una breve reflexión en el Brindis de bienvenida.

Las restantes secciones son:

TIENEN LA PALABRA Poemas de José Luis de la Vega, Alejandro Marzioni, Enric López Tuset, Ricardo Virtanen, Miguel Ángel Yusta, Vicente García, Patricio Gutiérrez del Álamo, Adriana Davidova, Carlos Iglesias Díez, Arabella Siles, Joseto Romero, Anaís Pérez Layea, Pedro Gandía, Ricardo Fernández Moyano, David Rey Fernández, Miguel Losada, Yamila Greco, Ismael García Clavero, Manuel Quiroga Clérigo, Arahel Rodas y Carmen López.

HOMENAJE A ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO 
Dosier coordinado por Miguel Ángel Lama 
Textos y poemas de Miguel Ángel Lama, José Antonio Zambrano, Miguel Casado, Irene Sánchez Carrón, Claudio Rodríguez Fer, Elías Moro Cuéllar, Carlos Medrano, Antonio Sáez Delgado, Tomás Sánchez Santiago, Manuel Vicente González, Eva María Romero Rivero, Álex Chico, Luis Arroyo Masa, José Juan Cuño, Joaquín Beltrán Salgado, Antonio Gómez, Basilio Sánchez, Pablo Guerrero y Álvaro Valverde.
Álbum Campos Pámpano. 
Fotografías.
Antología poética de Ángel Campos Pámpano. 
Selección de Miguel Ángel Lama.  
Bibliografía de Ángel Campos Pámpano

ÁTOMOS (Máximas, sentencias, aforismos)   
Los imprescindibles
Chamfort: Las máximas de un hombre desesperanzado, por Luis Valdesueiro. 
Máximas y pensamientos de Chamfort (Selección y traducción de Luis Valdesueiro). 
Escribir al límite: el aforismo español contemporáneo

Juan Varo Zafra, por José Ramón González.
Aforismos de Juan Vara Zafra.


LENGUA EXTRANJERA, VERSIÓN CASTELLANA  Poemas de Maria do Sameiro Barroso (versión de Ángel Guinda), António Barahona (versión de Manuele Masini), Paul Celan (versión de Andrés Unger y Dominique Leonor Unger) Luljeta Lleshanaku (versión de Lucia Paprčková) y Erich Mühsam (versión de Andrés Unger y Dominique Leonor Unger). 
Notas biobibliográficas.

UN BOCETO DEL NATURAL   
(Fragmentos de diario), por Ada Soriano.

DISCURSOS   
Fragmentos de la Ausencia, por Mohsen Emadi.

La penúltima  
Noticia de la aparición del primer volumen de la nueva colección de poesía “Los libros de El Alambique”: Arcos y flechas (2000-2007), de Ricardo Paseyro.

Artistas invitados  
Antonio Covarsí, Luis Costillo, Javier Fernández de Molina, Luis Valdesueiro, María Isabel Rodríguez Villar y Manuel Calvo Abad


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Manuel Calvo Abad, Sin título

ÁNGEL

Extiendes la blancura de la luz primera 
y limpias la ceniza del vuelo de los pájaros.
Untas a las raíces la noche temblorosa
para aceptar la sombra.

Pero ciernes la nieve.

Para explicar el aire, las palabras
que rayan la costumbre
de mirar y no ver.

Amas el agua que somos. Lentamente
nace el sol en los quejigos.

Quieres quebrar las corazas,
el engaño del frío, para ser
un silencio feliz en el poema.

Un instante, tal vez, de certidumbre.

Así te veo ahora: amando
ferozmente a la vida
desde el reloj sin tiempo de la muerte.


Pablo Guerrero


ME LLEGUÉ A LA CIUDAD con el frío de las mañanas de viaje para ver los colores de las casas: la lentitud del rosa ensombrecido de sus fachadas, la luz blanca o dorada de las plazas vacías tras la lluvia, en la tarde. Buscaba mi lugar, perseguía un texto que había perdido (leído) en algún sitio. Anduve hasta el muelle. Lloviznaba. Y, allí, solo, en el muelle sin nadie, recordé en voz alta el comienzo de la Oda Marítima.
(De La ciudad blanca)

ASÍ VIVIERAS: 
cercano a lo que importa,
visión más alta.

Donde crece el olvido,
donde deslumbra y hiere.
(De Por aprender del aire)


Ángel Campos Pámpano


TRES AFORISMOS DE JUAN VARO ZAFRA

La vida se parece más al póker que al ajedrez: el ajedrez premia a los osados; la vida a los prudentes.

Dos demonios me visitan diariamente: el demonio de mediodía, solar, lascivo y perezoso; el demonio de medianoche, febril, desmemoriado y suicida.

Los sentimientos se contagian; la inteligencia y la sensibilidad no. Por eso nada pueden éstas contra aquéllos.

Juan Varo Zafra


LEITSATZ

Fürcht nicht die Stunde, da du stirbst.
Die Welt, o glaub’s nur, kann dich missen. 

Kein Stern, um dessen Licht du wirbst, 

wird mit dir in den Tod gerissen.

Solang du lebst, wirst du gebraucht.
Soll dich das Leben nicht vergessen, 

sorg, daß die Tat nicht untertaucht, 

an der du deine Kraft gemessen.

Leb, daß du stündlich sterben kannst,
in Pflicht und Freude stark und ehrlich, 

nicht dich, — das Werk, das du begannst, 

mach für die Menschheit unentbehrlich!


AXIOMA

No tienes por qué temer la hora de tu muerte.
El mundo, créeme, se las arreglará sin ti.
Ninguna de las estrellas cuya luz cortejas
se apagará contigo cuando mueras.

Mientras vivas, se te necesita.
Para que la vida no te olvide
procura que no se pierdan las obras
a las que dedicas tus esfuerzos.

Vive como si cada hora fuera la última.
Sé fuerte, actúa con honestidad en el deber y la alegría.
¡Que las obras que iniciaste —no tú—
sean imprescindibles para la humanidad! 


Erich Mühsam (Versión de Andrés Unger y Dominique Leonor Unger)