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2.8.09

Gustos que cambian

Los gustos cambian. Sí, no cabe duda, los gustos cambian, y todo cambia. Cambian de tal modo que alguien puede acabar detestando las novelas y convertido en adepto a la poesía, aunque siempre le hubiera resultado indiferente: por la sencilla y poderosa razón de que no le decía nada. Hasta ese punto son posibles los cambios. A pesar de todo, esa traición a la novela parece rara, aunque tal vez sea más normal de lo que parece. Una novela nos invita a un mundo ajeno, mientras que la poesía -la verdadera poesía, es decir, la poesía verdadera- nos abre la cancela de nuestro jardín: allí nos descubrimos, absortos en nuestro ser, rendidos a la evidencia. A cierta edad, uno se vuelve reacio a descubrir más mundos de papel y se entrega a la metafísica de los días. Pero para llegar ahí, y no a la pura nada, es preciso atravesar el alma, el propio alma.