Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

31.5.12

¿Cuándo mañanaremos? Un poema de Bergamín

A tiempos sombríos les cuadra bien este soneto de Bergamín. Soneto que aplica tales recortes al dispendio silábico del endecasílabo que acaba –austeridad obliga– en el muy castizo octosílabo.
Si las palabras de un texto son siempre las mismas, no siempre dicen lo mismo, ni aun al mismo lector; pero en cada nueva lectura siempre se cumple el poema, diga lo que diga.

 

Siempre mañana y nunca mañanamos.
                                         LOPE

Mañana está enmañanado
y ayer está ayerecido:
y hoy, por no decir que hoyido
diré que huido y hoyado.

A tal extremo ha llegado
hoy a perder el sentido
que al mañana ha convertido
en "cualquier tiempo pasado".

Un ayer futurizado
y un mañana preterido
nos han escamoteado

un hoy por hoy suspendido
de un mañana anonadado
y de un ayer evadido.


JOSÉ BERGAMÍN, Rimas y sonetos rezagados, 1962.


9.5.12

Aforismos de Ramón Eder

Una expresión de Montaigne ―la vida ondulante― sirve a Ramón Eder para titular su último libro de aforismos, que publica Renacimiento en la colección “A la mínima”, dirigida por Manuel Neila y dedicada al género aforístico.

Este libro de Eder consta de tres partes: Hablando en plata, Ironías y Pompas de jabón; las dos primeras son una selección de los libros homónimos, publicados en 2001 y 2007, respectivamente.

Ramón Eder cultiva una ironía fina y bienhumorada que le pone a salvo del sarcasmo y sus desgarros. Ironía que le permite desvelar sombras de la vida, aventar vicios de la costumbre o el pensar y desenmascarar lo obvio, invisible tantas veces.

Destino del aforista es mantenerse alerta, vigía en la frontera de lo profundo y lo banal. Ramón Eder supera con elegancia esta prueba.

Durante un tiempo, Eder mantuvo el blog Hablando en Plata. En él agavilló apuntes, aforismos y notas varias.


A F O R I S M O S


Los escritores son esas personas que tienen un yo de tomo y lomo.

*

Leer un buen libro mal traducido es como escuchar a Beethoven en un transistor.

*

¡Si tuviéramos siete vidas con qué valentía y desapego moriríamos las tres o cuatro primeras!

*

Soñar es hacer experimentos con el tiempo.

*

Somos inmortales todos los días de nuestra vida, excepto uno.

*

El fin justifica los miedos.


(Hablando en plata)

Contra el patético quiero y no puedo, nada mejor que practicar el elegante puedo y no quiero.

*

Un buen aforismo es un relámpago en las tinieblas.

*

Hay personas que tienen un mal gusto infalible.

*

Seríamos más felices teniendo la mitad de lo que tenemos y disfrutándolo el doble.

*

El pasado es imprevisible, cambia constantemente en la memoria.

*

Los domingos son la eternidad en miniatura.


(Ironías)

La melancolía tiene de bueno que nos impide caer en la megalomanía.

*

Uno nunca olvida su primer amor, ni lo recuerda.

*

Hay dos tipos de grandes escritores: los que nos gustan y los que nos aburren.

*

A las personas que tienen dos caras hay que mirarlas de perfil.

*

Como creía que la carne no es triste y aún no había leído todos los libros, disfrutaba de cierto bienestar.

*

Siempre cometemos los mismos errores, lo cual nos da una especie extraña coherencia. [Sic] [Supongo que falta un ‘de’: ¿vendría después de ‘especie”, o detrás de ‘extraña’?]

*

Se asomaba al abismo y tomaba notas.


(Pompas de jabón)

RAMÓN EDER, La vida ondulante
Sevilla: Editorial Renacimiento (“A la mínima”), 2012


7.5.12

¿Gigantes o molinos? (Un fragmento del Quijote precedido por unas notas de Martín de Riquer)

 “Para llegar a una cabal comprensión del Quijote, pues, es preciso tener bien en cuenta que esta novela no es una sátira de la caballería o de los ideales caballerescos, como algunas veces se ha afirmado y puede hacer creer un juicio precipitado, sino la parodia de un género literario muy en boga durante el siglo XVI. […]

Se ha dicho también que el Quijote es el mejor de los libros de caballerías o la sublimación o idealización del género. Tal concepto es falso, ya que el Quijote no es un libro de caballerías sino precisamente todo lo contrario, o sea su parodia. […]

Lo cierto es que Cervantes se propuso satirizar y parodiar los libros de caballerías a fin de acabar con su lectura, que el consideraba nociva… […]

Y es que a lo largo de todo el siglo XVI los libros de caballerías habían sido objeto de constantes ataques y censuras por parte de filósofos, moralistas y autores graves, como Juan Luis Vives, fray Antonio de Guevara, Juan de Valdés y muchos otros que representan lo más autorizado del pensamiento español de la época. Todos ellos habían batallado para desacreditar la lectura de los libros de caballerías por considerarlos obra de personas ociosas y desocupadas, que escribían mal y enemigas de la verdad y de la historia auténtica, los cuales, con sus nocivos engendros incitaban a la ociosidad y al vicio y hacían perder el tiempo de un modo vano y pecaminoso. Estos graves escritores pedían que se prohibieran los libros de caballerías, que se quemaran y que se persiguiera su lectura, ideas en las que abundaban algunos procuradores en Cortes, en las que se llegó a debatir este punto, y ciertas autoridades eclesiásticas de España y de Indias. Pero todos estos esfuerzos eran vanos e inútiles: los libros de caballerías seguían imprimiéndose y leyéndose con avidez.

Cervantes, compenetrado con el pensamiento de los citados moralistas, sabía muy bien que estos predicaban en el desierto y que eran inútiles sus anatemas. Solo la ironía y la burla podían desacreditar tan perniciosos libros, y para evitar que se leyeran, lo más adecuado era ponerlos en ridículo. Desde 1605 menguan considerablemente las ediciones de libros de caballerías: el Quijote ha acabado con ellos.”


MARTÍN DE RIQUER, “Cervantes y el Quijote” , en Don Quijote de la Mancha
Real Academia Española/Alfaguara, 2004
Edición del IV centenario

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero:

-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

-Bien parece -respondió Don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. 


Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, viii
Real Academia Española, 2004
Edición del IV centenario

23.4.12

“La armadura del buen gusto, ó el corse”

No hay día que no sea nuevo. Siempre aprendemos algo, aunque olvidemos más. No son ríos, sino cauce, nuestras vidas. 
El corsé

LA ARMADURA DEL BUEN GUSTO, Ó EL CORSE

Lector mira esas figuras, 
que son criticas morales; 
y retratos vien cabales 
de vanidosas locuras. 
Ese Joben a infinitos 
en el dia Representa, 
que lleban errada cuenta, 
por parecer puliditos, 
con sus locos kalendarios
resultan muchos perjuicios;
pues son fomentos de vicios, 
y martires boluntarios. 
El criado a incapie tirando
ajusta bien el corsé:
sabe muy bien el porque
pero se burla callando.
A hombres afeminados 
miramos en nuestros dias.
pués todas sus valentias 
son por berse acicalados.
Bestid (jovenes pudientes) 
sin tretas artificiales;
y creed que prendas morales 
son los trajes mas decentes.

[Talla dulce, iluminada. 19 x 22,4 cm.]

24.3.12

“Desde mi lecho de infortunio” (Cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero)

Una grave enfermedad, causa de un largo ingreso hospitalario, da pie a estas dos cartas que César Vallejo dirige a su fiel amigo Pablo Abril. En las palabras del poeta late el profundo dolor y el acerado fatalismo del hombre gravemente enfermo, inerme ante el destino. De esas palabras, asediadas por la fatalidad, brota la añoranza del pasado: el recuerdo de los padres lejanos y los cariños perdidos, la memoria de los ritos aprendidos en la infancia.

Cuando la muerte ronda, la metafísica extiende las alas, no siendo extraño entonces que se aferre uno a insospechados asideros, ya que si es insoslayable que todo pasa, aún más letal para nuestro egotismo es que nosotros perecemos. El convaleciente Vallejo, cediendo a un irrenunciable deseo de justicia, acaba anhelando
“otro mundo de refugio para los muchos que sufren en la tierra”.

Américo Ferrari, en un libro lejano (El universo poético de César Vallejo, 1972) aventura una interpretación del dolor en Vallejo, omnipresente dolor que atraviesa tantos poemas de sus libros y que oprime tantas horas de su vida: “El dolor es, en Vallejo, una abertura a la existencia, una vía de conocimiento, fuente de comunicación con todos los seres que sufren (todos los seres sufren), pero también isla en que el poeta se encuentra solo frente a la muerte. Mensajero de la muerte y testigo de la vida, el dolor es manantial de conciencia y el poeta lo busca, se hace doler él mismo para sentirse vivo y se encuentra exiliado, de repente, en la atmósfera extraña de la soledad y del tiempo…”

 

[1]

París, 19 octbre. 1924

Mi querido Pablo:

Parece que la mala suerte sigue empecinada en herirme. Esta carta la escribo desde el hospital de la Charité, Sala Boyer, cama 22, donde acabo de ser operado de una hemorragia intestinal. He sufrido, mi querido amigo, veinte días horribles de dolores físicos y abatimientos espirituales increíbles. Hay, Pablo, en la vida horas de una negrura y cerrada a todo consuelo [sic]. Hay horas más, acaso, mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba. Yo no las he conocido antes. Este hospital me las ha presentado, y no las olvidaré. Ahora, en la convalecencia, lloro a menudo por no importa qué causa cualquiera. Una facilidad infantil para las lágrimas me tiene saturado de una inmensa piedad por todas las cosas. A menudo me acuerdo de mi casa, de mis padres y cariños perdidos. Algún día podré morirme, en el transcurso de la azarosa vida que me ha tocado llevar, y entonces, como ahora, me veré solo, huérfano de todo aliento familiar y hasta de todo amor. Pero mi suerte está echada. Estaba escrito. Soy fatalista. Creo que todo está escrito.

Dentro de seis u ocho días más creo que saldré del hospital según dice el médico. En la calle me aguarda la vida, lista, sin duda, a golpearme a su antojo. Adelante. Son cosas que deben seguir su curso natural, y no se puede detenerlas.

[…]

Desde mi lecho de infortunio, le envío mi abrazo fraternal y agradecido.

César

 

[2]

París, 5 novbre. 1924

Mi querido Pablo:

Mi enfermedad se ha alargado más y más. Ayer hizo un mes que estoy en cama. Después de la operación, me vino de nuevo una hemorragia, que por poco carga conmigo. La noche del domingo 27, pudo haber sido fatal. ¡Horrible! Pero hoy estoy otra vez mejor. Ya estoy, desde el martes, en mi cuarto, pero siempre en cama. El médico me ha dicho que guarde cama todavía y que me cuide.

¡Pablo! Hay gente dura y cruel en el mundo. Hay dolores que espantan, y la muerte es un hecho evidente, pavoroso. Hay gente dura de corazón, y uno puede morirse de miseria. Bueno. Pero qué se va hacer [sic]. Vuelvo a creer en Nuestro Señor Jesucristo. Vuelvo a ser religioso, pero tomando la religión como el supremo consuelo de esta vida. Sí. Sí. Debe haber otro mundo de refugio para los muchos que sufren en la tierra. De otra manera, no se concibe la existencia, Pablo.

[…]

Adiós, Pablo inolvidable. Dios lo proteja y disfrute del mejor bienestar.

Le abraza su amigo

César

César Vallejo
Correspondencia completa
Edición de Jesús Cabel
Valencia: Pre-Textos, 2011