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30.4.09

Don Juan o el arte "ginecético"

DON JUAN
Juro, ojos bellos,
que mirando me matáis,
de ser vuestro esposo.


TISBEA
Advierte,
mi bien, que hay Dios y que hay muerte.


DON JUAN
¡Qué largo me lo fiáis!
Y mientras Dios me dé vida,
yo vuestro esclavo seré.
Esta es mi mano y mi fe.


(Tirso de Molina, El burlador de Sevilla y convidado de piedra, vv. 940-947. Cátedra, edición de Joaquín Casalduero)


***

La altanería de don Juan es una altanería suprema; a nada le teme, ni a Dios ni a la muerte. De ahí su estribillo bravío: ¡Qué largo me lo fiáis! Don Juan no teme porque vive en la inmediatez más absoluta, en el vórtice del instante. El futuro no existe para él, y el pasado ha muerto, lo que cancela el pesar y el remordimiento. Entregado a la pura eternidad del presente, Don Juan no recuerda el pasado ni anticipa el futuro. Por esa razón, nada teme. El presente es su edén, su única realidad. Bestia con anteojeras, sólo ve y adivina lo que tiene delante de los ojos. Don Juan es un cazador contumaz, siempre en guardia: el arte "ginecético" le absorbe plenamente. Incapaz de ver más allá de su deseo, su deseo es el único horizonte de su vida. No hay nada en ella que se sustraiga a ese designio.

29.4.09

El sentido de la vida

¿El sentido de la vida? La vida no tiene sentido, decía Caeiro; no tiene más sentido que el que nosotros seamos capaces de darle. Sentido que nace día a día, aun cuando no seamos capaces de adivinarlo. Sólo tenemos atisbos, sólo ecos. Pero nuestra vida, aunque no caigamos en la cuenta, es permeable a ese sentido, oculto y profundo. (Páginas de un diario, Jueves, 18/9/03)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004)

28.4.09

La brevedad (Al margen de Gracián)

La brevedad es ambigua: buena y mala, mala y buena. La brevedad de lo malo es buena, la brevedad de lo bueno es mala. Pero a veces, y por uno de esos misterios de la vida, incluso la brevedad de lo bueno es buena; y la brevedad de lo malo, mucho mejor.

27.4.09

"Cuando siento, no escribo"

En la primera de las Cartas literarias a una mujer, Bécquer da vueltas al secreto de la poesía. En la segunda, más interesante, aborda cuestiones cruciales de poética. Me sorprendo al descubrir estas palabras: cuando siento no escribo. Creo que expresan una verdad muy honda: se escribe desde el recuerdo de lo sentido (esa memoria viva de la que habla el poeta), y no desde la presencia de los sentimientos. Rescato otra frase memorable, de auténtico médium: escribo como el que copia de una página ya escrita. (24 de septiembre de 1998.)

En Poesía, Por Ejemplo, nº 13 (2000).

26.4.09

Las palabras

Las palabras hablan. Y callan. Hablan y callan. A través de ellas se adivinan grietas o silencios, simas o secretos... No siempre es fácil llegar al fondo de ellas mismas. Esquivas o claras, las palabras apenas son la cáscara de su sentido. Cuesta descifrar lo que ocultan, cuesta descubrir su intención, cuesta arrebatarles su misterio. Si nos atenemos a su apariencia, las palabras nos escupen su desprecio.

25.4.09

Lo invisible

Los árboles se cimbrean, danzan. El viento, invisible, los anima. Ese viento que, no visible, hace natural lo que de otro modo fuera misterio. ¿Cuántas cosas, por invisibles, ignoramos? Acaso sentimos su roce, pero las ignoramos: el saber mostrenco nos guía, nuestro lazarillo es él.

24.4.09

Locura divina

Platón describe (Ion, 534b) la inspiración poética como un estado de locura, un rapto de la razón. Sólo después de sentir la inspiración divina, y cuando ya no es dueño de su razón, puede el poeta crear. De este modo, expresa un saber ajeno: dice lo que ni sabe ni piensa. Locura divina que, si le veda la razón, no le niega la verdad.
¡Qué viejo se nos ha quedado Platón! ¿Qué poeta se reconoce hoy en sus palabras? Cualquiera se siente a sí mismo como si en realidad él fuera dios. Un dios de cartón piedra, lo que no le impedirá creer que, mientras escribe un poema, él, y sólo él, inventa la palabra.

23.4.09

Estupidez y profundidad

La estupidez: más odiosa cuanto más profunda.

En La Primera Piedra, nº 9 (2005).

22.4.09

Vivirte

Ése es tu sino: vivirte. ¡Qué hermoso verso! El poeta, Pedro Salinas, no dice vivir, no. Su intención es más honda. No importa vivir sino ser uno con la vida, es decir, vivirnos. La poesía se vuelve aquí profunda y transparente, como el silencio. Misteriosa sencillez. Cinco palabras y un mundo...

En La Primera Piedra, nº 9 (2005)

21.4.09

El buen humor de Camba

Los artículos de Julio Camba ―acabo de leer "Sobre la mendicidad" y "Sobre la caridad"― son un lenitivo contra la melancolía y la tristeza. Humor agridulce, paradójico, sorprendente. Provoca risotadas, aunque no falta algo profundo en ese humor, algo que va más allá del absurdo o de retorcer el pescuezo a la lógica. Humor sardónico, zumbón: el humor de quien, a dos pasos de todo, se burla de la vida y de la muerte. Si acaso deja un poso de tristeza, será una tristeza lánguida, tranquila, sosegada. En Camba, el humor es verdugo de la nada. (Páginas de un diario. Miércoles, 17/9/03)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004)

20.4.09

El "apocalipsis" según Caraco



Algunos autores concluyen su obra poniendo fin a su vida, y obligan a sus lectores a leer esa obra sin inocencia y con prejuicios (favorables en muchos casos). Albert Caraco se suicidó en septiembre de 1971, un día después de la muerte de su padre. Esa fidelidad al padre, sin duda quiere decir muchas cosas, aunque cueste saber qué.


Algunos autores concluyen su obra poniendo fin a su vida, y obligan a sus lectores a leer esa obra sin inocencia y con prejuicios (favorables en muchos casos). Albert Caraco se suicidó en septiembre de 1971, un día después de la muerte de su padre. Esa fidelidad al padre, sin duda quiere decir muchas cosas, aunque cueste saber qué.

Quien abra al azar el Breviario del caos se encontrará, irremediablemente, ante un auténtico caos: un guirigay de ideas homicidas y deseos malsanos y profecías horripilantes, expresado con una frialdad metálica que aturde y anonada.

Según Monterroso, tres son los temas: el amor, la muerte... y las moscas. Para Caraco, los tres temas son, inevitablemente, el odio, la muerte y el caos de las postrimerías. Este libro supura rabia, prepotencia impotente. El iluminado que llevara a cabo algunas de las cláusulas de este panfleto nihilista sería un sátrapa mil veces más terrible que Pol Pot. Caraco habla como un profeta con pies de barro. En su discurso la muerte lo preside todo. La aniquilación es el único argumento. Caraco es un profeta de la desolación, un profeta que siente placer ante la idea del exterminio de los humanos.
De muestra, unos cuantos botones (elegidos de entre unas pocas páginas):


La catástrofe es necesaria, la catástrofe es deseable, la catástrofe es legítima, la catástrofe es providencial, el mundo no se renueva por menos y, si el mundo no se renueva, deberá desaparecer con los hombres, que lo infectan. [p. 36]

El único remedio para la miseria es la esterilidad de los miserables… [p. 37]

No se debe tolerar más que a las familias eugenésicas, y sabemos que son escasas, las otras terminarán por parecernos indeseables (...), toda familia pobre es ya criminal por el solo hecho de su existencia. [p. 42]

No podremos cambiar nuestras ciudades más que aniquilándolas, aunque sea con los hombres que las pueblan, y vendrá la hora en la que aplaudiremos este holocausto. [p. 47]

Cuando los humanos sepan que no hay remedio más que en la muerte, bendecirán a aquellos que los matan, para no tener que destruirse ellos mismos. [p. 48]

¿Para qué seguir? En cada página se encuentran invectivas semejantes. Hasta el punto de que la lectura se vuelve ardua, monocorde, oprobiosa. Y cuesta creer en la inocencia de esas frases, que expresan tal odio que resulta penoso abrirse paso a través de ellas: o son el delirio de un loco, o el "apocalipsis" de un iluminado que canta el fin de los tiempos, o son el sueño de la razón desnuda... ¡Quién sabe!

19.4.09

Si cambian los dioses, todo cambia

Cuánta razón tiene Mairena: si cambian los dioses, todo cambia. Esos dioses que son la expresión de nuestros deseos, miedos y esperanzas. Cuando muere en nuestro corazón lo que ellos representan, esos dioses también mueren. Y nacen otros. Que vuelven a morir. Aunque quizás no mueran: mudan la faz, y se perpetúan a sí mismos como si fueran otros. (Páginas de un diario. Martes, 23/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

16.4.09

El espejo interior

Es difícil asomarse a nuestro interior sin sentir que nos atrapa un vértigo oscuro. Nos aturden las cosas que bullen y agonizan. Lo que fue y no fue se mezcla en la memoria. Los recuerdos presagian olvidos. Todo huye de nosotros. Todo nos asedia. Verdad y mentira nos ciegan. Vagamos alrededor de suspiros y anhelos. Vanos anhelos, leves suspiros. Una ráfaga de desolación nubla la mirada. Y los deseos se arredran como si el miedo derramara su ponzoña. Todo es incendio frío dentro de nosotros y, mientras las esperanzas arden, un látigo de dolor nos azota el alma. (Páginas de un diario. Martes, 16/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

15.4.09

El poema y la rosa

EL POEMA
1
—¡No le toques ya más,
que así es la rosa!

Mucho éxito y poca fortuna ha tenido este poema, que consta de tres partes y figura en Piedra y cielo; uno de los poemas más citados de Juan Ramón Jiménez. Citas traidoras casi siempre. El poeta se refiere al poema mismo, aunque haga un guiño a la rosa. Sin embargo, la traición se empeña en que desaparezca el poema y permanezca la rosa, intocable.
Tan harto estaba el andaluz universal de la monserga de la rosa, que envió este mensaje a sus críticos (aunque habría que extenderlo a cualquier lector):


Crítico de mi corazón; cuando yo digo del poema:
No le toques ya más,
que así es la rosa,
es después de haber tocado el poema hasta la rosa.
Reprimenda que sin duda no alcanzó su objetivo. El malentendido permanece, y hasta quién sabe cuándo. Sin ir más lejos, Juan Perucho lo cita, sin mencionar el título, en su Dietario apócrifo de Octavio Romeu [sic], de la siguiente manera: “No la [sic] toques ya más[,] que así es la rosa.”
Parecida traición persigue a Cervantes, aunque en su caso pesa más la intención que el descuido, al elevar el error a ideología: “Con la iglesia hemos topado…”

14.4.09

El futuro

El futuro es un sueño y en ocasiones una pesadilla. A él volamos con la imaginación. Y de él volvemos con ceniza en los dedos o un brillo alegre en la mirada. (Páginas de un diario. Lunes, 15/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

13.4.09

De la esperanza

Las esperanzas se oxidan. Su brillo ―desafío al tiempo y a la nada―, amarillea, claudica. La esperanza es la flecha que no alcanza ningún blanco. Sólo desde la más absoluta desesperación puede la esperanza erigirse en tótem que vigila nuestros deseos. La esperanza es nuestra tabla de salvación; y tantas veces nos aferramos a ella con furia, y no por ello la salvación es posible, aunque ese abrazo nos haga creer que es inevitable. Nos hacemos trampas a nosotros mismos, pero esas trampas nos ayudan a seguir viviendo. Porque la esperanza es, pese a todo, heraldo de la vida: cuando desaparece, cuando la desesperación nos arrebata ese don, caemos del lado de la muerte y renegamos de la vida, por odio a la vida que vivimos. Pero la desesperación (enfermedad mortal que no mata, según Kierkegaard) no es eterna, dura lo que dura. Y basta a veces la luz del sol para que esa fiebre negra nos abandone. Pero hay una pregunta inevitable: ¿es posible vivir sin esperanza, morir sin desesperación? Acaso el secreto de la verdadera vida sea ése: vivir sin esperanza, morir sin desesperación. Vivir al dictado de la vida, morir al amparo de la muerte. Nada más. (Páginas de un diario. Lunes, 15/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

12.4.09

La verdad del hombre

La verdad del hombre, asevera Juan de Mairena, empieza donde acaba su tontería. Pero la tontería del hombre, remacha Mairena, es inagotable. Inagotable, sí, lo que nos obliga a vivir lejos de nuestra propia verdad si antes no traspasamos los límites, ilimitados sin duda, de la tontería. Y así, nuestra verdad acaba siendo el sueño de la verdad, el desolado deseo de armonía entre las cosas, lo que pensamos y lo que somos. (Páginas de un diario. Sábado, 13/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

10.4.09

La vida

LA vida, nuestra vida, ¿qué vida?, es una caja de sorpresas. Y así es, salvo que el rigor de la muerte haga mella en nuestro ser. Nos sorprende lo inesperado y, a veces, incluso nos sorprende lo esperado. Todo nos sucede como si fuéramos espectadores privilegiados del puro acontecer. Cuanto sucede, sucede en nosotros, pero nosotros no llevamos las riendas de lo que sucede. Ni siquiera cuando no renunciamos a la acción, ni siquiera entonces somos dueños del fruto de esa acción. Obrar y esperar, no queda otro remedio. Y ahí arraiga la sorpresa. Esperamos lo que no sabemos, porque nuestros actos apenas son una gota de vida en la inmensidad de la existencia. (Páginas de un diario. Viernes, 12/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

9.4.09

Del tedio

El tedio del aventurero. Su condena a huir de sí mismo en busca de la ausencia. El tedio del quieto. Su condena a hundirse en la inacción. Aventureros los dos: aventurero uno del todo, aventurero otro de la nada. Ambos huyen de sí mismos, en todas las direcciones, hacia las entrañas del abismo. (Páginas de un diario. 11/9/03.)

En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

8.4.09

La noche

Qué difícil es hablar comedidamente de la luna!
¡Es tan puta! Debe ser el culo lo que nos está
exhibiendo todo el rato. Como pueden ver,
hubo un tiempo en que me interesó la astronomía.

BECKETT
La noche es el símbolo más claro de la noche, de la noche que es esencia de todas las noches. Símbolo de penumbras, de sombras que ululan en el alma, de penas que roen las entrañas, del rencor y la roña del sentir. El silencio y la noche son reposo para el sueño, la grupa de todos los deseos. En la noche, la realidad se transfigura en sombras; el tosco relieve de las cosas se diluye en brumas; la certeza se disipa en nieblas. En la noche, la luz se amotina y la realidad se desangra. La noche abre una herida en los sentidos, mientras el cuerpo pierde su aplomo, reniega del orgullo y tirita con torpeza. (Páginas de un diario. 11/9/03.)
En La Primera Piedra, nº 5 (2004).

7.4.09

Dadaístas


Cuando miro ese capricho de Goya en el que dos mujeres, ligeras de ropa, asientan una silla en su cabeza, me acuerdo, sin saber exactamente por qué, de los dadaístas. Mientras una guerra voraz asolaba Europa y día a día aniquilaba su pasado, ellos, desde su refugio suizo, pretendían hacer tabla rasa, ponerlo todo patas arriba. Sus armas no herían: estridentes soflamas, inusitadas actuaciones, búsqueda adánica del balbuceo original. Querían asentar la silla en la cabeza, escupir al mundo el asco que sentían. Asco contra el que reaccionaban los que tenían el sentido del humor averiado y la capacidad de sorpresa rota: la tragedia, según parece, no consiente bromas.

6.4.09

Algunas respuestas al ¿por qué? - Continuación

Creo recordar que lo primero que leí sobre los Sonderkommando (que, como aclaran Mesnard y Saletti en la introducción, es palabra que designa a la vez al equipo especial y a los miembros de ese equipo) fue en Los hundidos y los salvados, de Primo Levi. Alli hablaba Primo Levi de la zona gris, ese zona en la que situaba a los prisioneros que se veían forzados a colaborar con los nazis en las labores de exterminio. Así lo explica Primo Levi:

Un caso límite de colaboración está representado por los Sonderkommandos de Auschwitz y de los otros Lager [campos] de exterminio. Aquí uno duda si hablar de privilegio: quien formaba parte de ellos era privilegiado (¡pero a qué precio!) sólo por el hecho de que durante algún tiempo comía lo bastante, lo que no supone que pudiera ser envidiado por ello. Con esta denominación debidamente vaga, “Comandos especiales”, las SS designaban los grupos de prisioneros a los que se confiaba la gestión de los hornos crematorios. A ellos correspondía mantener el orden entre los recién llegados (a menudo del todo inconscientes del destino que les esperaba) que debían ser conducidos a las cámaras de gas; extraer los dientes de oro de las mandíbulas, cortar los cabellos femeninos; seleccionar y clasificar las ropas, zapatos, el contenido de los equipajes; transportar los cuerpos a los crematorios y supervisar el funcionamiento de los hornos; sacar y eliminar las cenizas. El Comando Especial de Auschwitz contaba, dependiendo de las épocas, entre 700 y 1000 efectivos.

Pues bien, el mismo día de su llegada al campo, el 8 de diciembre de 1942, Gradowski es seleccionado para el Sonderkommando y buena parde de su familia es gaseada e incinerada. A ellos les dedicará el primero de los dos manuscritos que componen la obra, y que fue desenterrado, en los alrededores de Birkenau, poco después de terminar la guerra. La dedicatoria impresiona por su rotunda sencillez: Dedicado a mi familia que fue quemada en Auschwitz-Birkenau: Mi esposa – Sonia. Mi madre – Sore. Mi hermana – Éster-Rojl. Mi hermana – Luba. Mi suegro – Refúel. Mi cuñado - Volf. Pocos libros habrá que tengan un título tan acorde con su contenido: En el corazón del infierno. El relato de Gradowski está escrito desde el infierno mismo, y más que de recuerdos habla de presencias. Cuesta imaginar que alguien en sus circunstancias, y salvadas las dificultades materiales, tuviera la presencia de ánimo necesaria para escribir. Pero se ve que existe el más difícil todavía, y que la voluntad de dar testimonio puede llegar a ser irrefrenable. Si Klemperer parece osado, ¿qué decir de Gradowski? Lo que queda claro es que a ambos les mueve un mismo deseo: ser notarios de la tragedia.
Gradowski fue asesinado el 7 de octubre de 1944, durante la rebelión del Sonderkommando, de la que era uno de los cabecillas.

5.4.09

Algunas respuestas al ¿por qué?

En un texto escrito a lo largo del otoño de 1943 por Zalmen Gradowski, un judío polaco perteneciente al Sonderkommando del crematorio III de Auschwitz-Birkenau, encuentro algunas respuestas al angustioso ¿por qué? lanzado unos meses antes por Ringelblum:

Yo veo, amigo mío, que deseas preguntarme algo. Comprendo lo que te resulta inconcebible: por qué, por qué llegamos hasta aquí.(…)

Tres factores influyeron (…)

Uno es de índole colectiva y dos [individuales]. El factor colectivo fue que vivíamos entre el pueblo polaco, que en su mayoría, tal como pudimos ver y sentir, estaba integrado por grandes bestias antisemitas (…). Preguntas por qué los judíos no ofrecieron resistencia. Sabes por qué [¿?], porque no tenían confianza en sus vecinos que los hubieran delatado al primer intento. (…) Ves amigo mío […] por qué no huimos hacia los tupidos y frondosos bosques para reunirnos, para ser más o para organizar por nuestra propia cuenta grupos de parti[sanos], que lucharan por un mañana más hermoso y mejor. En esto influyeron los dos factores individuales que, como una suerte de droga, afectaron a las grandes masas judías que se dejaron conducir sin oposición a la grandiosa y cruel matanza.

El primero de ellos, que trastornó incluso a la juventud, fueron los vínculos familiares. El sentimiento de responsabilidad por las mujeres y los niños nos mantuvo unidos y atados a ellos y se extendió entre nosotros como si fuéramos una masa imposible de ser disuelta.

El segundo factor fue el instinto vital, que entremezcló todos los pensamientos oscuros y, como una tormenta, arrancó las malas ideas, porque todo aquello que se habla y se piensa en secreto no se considera más que un exagerado pesimismo ancestral y cada individuo se dejo apresar fácilmente por esta idea.

(Zalmen Gradowski, En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz – 1944. Edición dirigida y presentada por Philippe Mesnard y Carlo Saletti. Anthropos Editorial, Barcelona, 2008. Los corchetes forman parte del texto original.)

4.4.09

Del tener

Se pierde lo que se tiene, y sólo se tiene lo que se pierde. Marco Aurelio lo expresó con lucidez: Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde.

En La Primera Piedra, nº 9 (2005).

3.4.09

Preguntas sin respuesta

A veces las preguntas son gritos sin respuesta. Lanzadas al vacío, las preguntas buscan un sentido. Exentas de retórica, aunque no de rabia y dolor, mucho dolor. Preguntas que chocan contra el acero de la realidad, y que no obtienen respuesta: la realidad, dura ley, es su respuesta. Nada colma el ansia de la pregunta, nada abre la boca del silencio. Preguntas que zigzaguean entre miles de sospechas humillantes. Pero no hay respuesta. Las sospechas son el azogue de las preguntas. Sólo la realidad es la respuesta. Pero es tanto lo que cuesta comprender la desnuda realidad, que se vuelven inevitables las preguntas: eterna cantinela de la desolación.

Esta digresión surge de la relectura del siguiente fragmento de la Crónica del gueto de Varsovia, en el que Emanuel Ringelblum convierte su desolación en una retahíla de preguntas sin respuesta, aunque tal vez encontrara su particular respuesta durante el levantamiento del gueto, en el que perdió la vida:

Varsovia, 15 de octubre de 1942.

¿Por qué?
¿Por qué no hubo resistencia cuando se inició la deportación de 300.000 judíos de Varsovia? ¿Por qué se dejaron llevar como ovejas al matadero? ¿Por qué le resultó al enemigo tan sencillo, tan fácil? ¿Cómo es posible que los verdugos no sufrieran ni siquiera una baja? ¿Por qué cincuenta hombres de la SS (hay personas que sostienen que eran todavía menos), con la ayuda de un destacamento de doscientos ucranianos y otros tantos letones, pudieron llevar a cabo la operación de forma tan sencilla?

2.4.09

El futuro ya no es lo que era

El futuro, escribió con amargura Paul Valéry, ya no es lo que era. Ni antes, ni ahora. Acostumbrados a pensar que la felicidad habita en el mañana, es amargo descubrir que las cosas nunca son como nuestra imaginación las sueña. Si acatamos la infelicidad presente, es porque confiamos en ser felices más adelante. Pero la sensatez se impone, y empezamos a sospechar que si no somos felices ahora, no lo seremos nunca. Si caemos en la trampa del futuro, adiós felicidad.

En La Primera Piedra, nº 9 (2005).

1.4.09

Lo que pasa en la calle

‒…porque me quedé preñada de…
Palabras oídas en la calle, de refilón. Cae de golpe sobre mí una mortaja de silencio, el denso silencio de una palabra muerta. ¡Preñada, y en primera persona! ¡Y en tiempos canallas en que hasta las perras se quedan embarazadas! ¿Por qué ese ostracismo? Todavía recuerdo cuando los chavales utilizaban esa palabra con intención ofensiva:
‒¡…anda, que tu madre está preñada…!
Las palabras son como la piel: envuelven un cuerpo. Pero hay palabras que, sin saber por qué, se nos vuelven tan ásperas que no llegamos a decirlas.