Hay erratas felices y encantadas de haberse conocido. Son las erratas perfectas, aquellas que sólo el autor descubre. Y que puede que denuncie, o puede que no. Una de esas erratas felices y perfectas adornó un artículo de Savater publicado en un suplemento dominical, entre anuncios de lo más chic. Pues bien, Savater, abochornado por los exultantes parabienes que recibía a causa de la errata (que sólo él sabía que era tal) acabó denunciándola. En este momento no sería ocioso recurrir a ese lugar común que asimila éxito y malentendido. Lamento no tener a mano el recorte, pero acudiré a mi memoria. Lo que Savater escribía, al final de su artículo, era más o menos esto: "No temáis, que no os voy a fallar", pero gracias a los duendes de la imprenta apareció lo siguiente: "No temáis, que no os voy a follar." Bestial errata que ilustra hasta qué punto podemos llegar a ser procaces sin saberlo. Pero, ¿y si Savater no hubiera denunciado el crimen? Entonces, la errata sería ferpecta, ¿o no?
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1.11.09
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