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14.2.12

Un poema de Juan Ramón Jiménez: “Colores, ideas”

La vida abunda en misterios, y la poesía es uno más. Misterios que desafían nuestra capacidad de comprensión, que amurallan nuestro entendimiento, que aherrojan nuestro afán de claridad con candados de sombra. 

El misterio de la vida es un misterio vivido día a día, un misterio cotidiano. Y tan misterioso como el morir es el vivir, aunque estemos tentados de creer que solo la muerte, con su velo de sombras, es misteriosa. Nos equivocamos sin remedio. La ceguera del alma a veces nos impide ver el misterio de los días, ese continuo maremágnum en el fluir del tiempo. Y otras veces, a fin de soslayar ese misterio, miramos a otro lado, para mejor no ver. Y, en efecto, nada vemos allí donde miramos.

En este poema, tan sorprendente, Juan Ramón Jiménez roza, o así me lo parece, el corazón del misterio: el de la vida, el de la muerte, el de la poesía. Por entre sus palabras cabe vislumbrar nuestro no saber, nuestra rendición, nuestra derrota.


Colores, ideas

Los colores que saca la luz a los cuerpos,
me levantan, me escitan, no me dejan morir;
las ideas que saca la sombra a las almas,
me perturban, me escitan, no me dejan vivir.

¿Para qué estas ideas, para qué esos colores,
que nos cambian de sombra y de luz?
¿Dónde estaban?
                           No estaban.
¿Su destino es lucir y sombrar el morir?
Mi destino es morir el sombrar y el lucir.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
LÍRICA DE UNA ATLÁNTIDA:
Una colina meridiana (1942-1950)
Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1999

(Hay edición exenta en Huerga & Fierro Editores, colección Signos, 2003)

30.8.11

*La rosa (y II): Poemas y aforismos de Juan Ramón Jiménez

Salvador Dalí

P O E M A S

La única rosa

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo
¡amor! la única rosa.

Rosa

Sólo eres tú
(aquella tú)
cuando me hieres.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Canción. Seix Barral, Barcelona, 1993.

A F O R I S M O S
[Ideolojía, Ideolojía II, inéditos]

Uno y las rosas de la tumba solamente. Sólo nuestro pensamiento, flor de nuestra vida o la flor que abre de nuestra carne podrida. Eso es intimidad. Lo demás -amada, padre, madre, hermanos, amigos-   no es nada.

*

El pensamiento primero es como una rosa de sueño; después como una rosa de bruma; después como una rosa de cristal...

*

Le arranco más al sueño que a la vida; porque el sueño es como una vida mejor, cuyas rosas quisiera sembrar en mi realidad.

*

La rosa, ¿cómo está vestida y desnuda a un tiempo?

*

Perfecto e imperfecto, como la rosa.

*

Crítico de mis entrañas; cuando yo digo del poema:

No le toques ya más,
que así es la rosa,

es después de haber llevado el poema hasta la rosa.

*

Dos rosas son dos; cuatro, cuatro; siete, siete. Muchas, una.

*

¡Pobre rosa, que no puedes huir!

*

La poesía debe ser tan natural en el poeta como la rosa en el rosal.

*

La forma de la rosa dura lo que dura la forma de su esencia.

*

Perfección es penúltima imperfección.
De ahí no hay que pasar si queremos seguir vivos. "Así es la rosa."


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958), Con la Rosa del Mundo (1896-1954). Libro transcrito y orquestado por Emilio Ríos. Barcelona, La Poesía, señor hidalgo, 2002.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

18.7.11

+”Una noche” o ”Nocturno III”, de José Asunción Silva, recitado por Berta Singerman, con unas palabras de Juan Ramón Jiménez

Con toda justicia, José Asunción Silva merece entrar en cualquier antología de poetas suicidas, e incluso de poetas a secas, menos numerosos acaso 
que los poetas suicidas.
Gracias a un único poema, el “Nocturno III”, José Asunción Silva se hizo acreedor a figurar en cualquier antología.

En Españoles de tres mundos, Juan Ramón Jiménez fantaseaba así sobre el poeta:

Me gusta representarme a José Asunción Silva desnudo, con su Nocturno segundo [sic] y único en la mano. No necesito de él otro poema, ni otro retrato ni otra biografía, y quemaría el resto de su decadente vida y su escritura confusa: interiores de sedalina, tertulias tontas, encuadernaciones de París, alardes de casino, lacas aproximadas; todo ese dandismo provinciano, vacuo y ridículo que el pobre José Asunción se puso, como el pobre Julián del Casal, alrededor de su espíritu verdadero para asustar o mortificar a los colombianos corrientes, más o menos sensitivos o tolerantes, de una indiferente Bogotá sin culpa.

Y, más adelante, fiel a su peculiar ortografía, el andaluz universal festeja, como si fuera una deslumbramiento, el susodicho poema:

Este nocturno, jermen de tanto en tantos, es sin duda el poema más representativo del último romanticismo y del primer modernismo que se escribió en la América española. Funde dos tendencias o fases idealistas en un punto exacto que coje lo mejor, más desnudo, más esencial de cada una, y desecha de cada una lo sobrante. Es poesía desnuda, poeta desnudo, mujer desnuda, por eso no pasa, como no pasarán los picadores desnudos entre los toros desnudos y los caballos desnudos de Picasso. Es poesía escrita casi no escrita, escrita en el aire con el dedo. Tiene la calidad de un nocturno, de un preludio, un estudio de Chopin eterno, eso que dicen femenino porque está saturado de mujer y luna. Como una joya natural de Chopin, raudal desnudo de Debussi, este río de melodía del fatal colombiano (esta música hablada, suma de amor, sueño, espíritu, majia, sensualidad, melancolía humana y divina) lo guardo en mí, alma y cuerpo, para siempre y siempre que me vuelve me embriaga y me desvela.

¿Y quién mejor que Berta Singerman para interpretar esa música hablada? Música que, como la buena música, gana con la repetición.

Berta Singerman recita “Nocturno III”, de José Asunción Silva

3.10.10

Dalí y Buñuel, gamberros

Buñuel y Dalí

En sus años mozos, Buñuel y Dali fueron unos consumados gamberros. (¿Es posible que Dalí lo fuera toda su vida?) Ellos, como otros muchos, hicieron de Juan Ramón Jiménez blanco de sus iras. No le perdonaban nada; ni siquiera Platero, el algodonoso burrito, se libraba de sus invectivas. Eran los tiempos (¡los felices 20!) en que las vanguardias artísticas arrasaban, convirtiendo las discrepancias estéticas en asuntos bélicos. 
"¡Cuánto sinvergüenza y qué poca ética estética", quizá pensara el poeta de Moguer.

*   *   * 

Sr. Dn. Juan Ramón Jiménez
Madrid

            Nuestro distinguido amigo: Nos creemos en el deber de decirle -sí, desinteresadamente- que su obra nos repugna profundamente por inmoral, por histérica, por cadavérica, por arbitraria.
          Especialmente:
          ¡¡MERDE!!
para su Platero y yo, para su fácil y mal intencionado Platero y yo, el burro menos burro, el burro más odioso con que nos hemos tropezado.
          Y para V., para su funesta actuación, también:
          ¡¡¡MIERDA!!!
          Sinceramente

                                LUIS BUÑUEL     SALVADOR DALÍ

(David Castillo y Marc Sardá, Conversaciones con José "Pepín" Bello. Barcelona, Anagrama, 2007.)

2.11.09

A vueltas con la ortografía

En cuanto a peculiaridades ortográficas, Juan Ramón Jiménez no le iba a la zaga a Unamuno. Y todavía ahora se le respetan sus ideas (con la consiguiente confusión para los no avezados en los arcanos de la ortografía). A Juan Ramón Jiménez se le respeta mucho, y en sus libros se vuelve inevitable la consabida advertencia acerca de la la peculiar ortografía del poeta.
Este asunto de la ortografía no es baladí. Hace años se levantó una polvareda de aúpa cuando García Márquez propuso, creo que en una reunión de academias de la lengua española, potenciar la ortografía fonética, a fin de acabar de una vez y para siempre con las faltas de ortografía. La propuesta no estuvo acompañada por el éxito. (¿Y qué éxito iba a tener si, pese a las bendiciones de la Academia, da repeluzno, aunque uno sea abstemio, escribir güisqui?
Como no es mi intención meterme en este jardín (¿es posible cambiar la lengua a golpe de decreto?, propongo como jocosa ilustración del tema este documento sobre la reforma de la ortografía española, apócrifo pese a su apariencia. Su autor ha llevado una reducción al absurdo absolutamente perfecta.