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Lars Svendsen escribe en su Filosofía del tedio:
Y añade más adelante:
Y Beckett supo, sin duda, plasmar la exacta radiografía de ese tedio.
ESTRAGÓN . ¿Adónde iremos? VLADIMIR. No muy lejos. ESTRAGÓN . ¡No, no, vámonos lejos de aquí! VLADIMIR. No podemos. ESTRAGÓN. ¿Por qué? VLADIMIR. Tenemos que volver mañana. ESTRAGÓN. ¿Para qué? VLADIMIR. Para esperar a Godot. ESTRAGÓN. Es verdad. (Pausa.) ¿No ha venido? VLADIMIR. No. ESTRAGÓN. Y ahora ya es demasiado tarde. VLADIMIR. Sí, es de noche. ESTRAGÓN. ¿Y si lo dejamos correr? (Pausa.) ¿Y si lo dejamos correr? VLADIMIR. Nos castigaría. (Silencio. Mira el árbol.) Solo el árbol vive. ESTRAGÓN. (Mirando el árbol.) ¿Qué es? VLADIMIR. EI árbol. ESTRAGÓN. No, ¿qué clase de árbol? VLADIMIR. No sé. Un sauce. ESTRAGÓN. Vamos a ver. (Lleva a VLADIMIR hacia el árbol. Quedan inmóviles ante él. Silencio.) ¿Y si nos ahorcáramos? VLADIMIR. ¿Con qué? ESTRAGÓN. ¿No tienes un trozo de cuerda? VLADIMIR. No. ESTRAGÓN. Pues no podemos. VLADIMIR. Vámonos. ESTRAGÓN. Espera, podemos hacerlo con mi cinturón. VLADIMIR. Es demasiado corto. ESTRAGÓN. Tú me tiras de las piernas. VLADIMIR. ¿Y quién tirará de las mías? ESTRAGÓN. Es verdad. VLADIMIR. De todos modos, déjame ver. (ESTRAGÓN desata la cuerda que sujeta su pantalón. Éste, demasiado ancho, se le cae sobre los tobillos. Miran la cuerda.) Yo creo que podría servir. ¿Resistirá? ESTRAGÓN. Probemos. Toma. (Cada uno coge una punta de la cuerda y tiran. La cuerda se rompe. Están a punto de caer.) VLADIMIR. No vale. (Silencio.) ESTRAGÓN. ¿Dices que tenemos que volver mañana? VLADIMIR. Sí. ESTRAGÓN. Pues nos traeremos una buena cuerda. VLADIMIR. Eso es.
(Silencio.) ESTRAGÓN. Didi. VLADIMIR. ¿Qué? ESTRAGÓN. No puedo seguir así. VLADIMIR. Eso es un decir. ESTRAGÓN. ¿Y si nos separásemos? Quizá sería lo mejor. VLADIMIR. Mañana nos ahorcaremos. (Pausa.) A menos que venga Godot. ESTRAGÓN. ¿Y si viene? VLADIMIR. Nos habremos salvado. (VLADIMIR se quita el sombrero –el de LUCKY–, mira el interior, pasa la mano por dentro, lo sacude y se lo vuelve a poner.) ESTRAGÓN. ¿Qué? ¿Nos vamos? VLADIMIR. Súbete los pantalones. ESTRAGÓN. ¿Qué? VLADIMIR. Súbete los pantalones. ESTRAGÓN. ¿Que me quite los pantalones? VLADIMIR. Súbete los pantalones. ESTRAGÓN. Ah, sí, es cierto.
(Se sube los pantalones. Silencio.) VLADIMIR. ¿Qué? ¿Nos vamos? ESTRAGÓN. Vámonos. (No se mueven.)
” [Traducción de Pedro Barceló (1960). He sustituido algunas palabras y frases, tomándolas de la traducción de Ana María Moix (1970)] |
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2.5.13
La horca de los días... Vladimir y Estragón charlan
Publicado por
Luis Valdesueiro
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30.9.09
Vivir sin saberlo
Entonces yo era esclavo de la seriedad. Ha sido mi peor enfermedad. Otros nacen sifilíticos, yo nací grave. Y gravemente intenté no serlo, vivir, inventar, yo me entiendo. Pero cada vez que lo intentaba de nuevo perdía la cabeza, creía precipitarme hacia mi salvación cuando me precipitaba en mis tinieblas, me postraba de rodillas ante quien no puede vivir ni soportar este espectáculo en los demás. Vivir. Digo vivir y ni siquiera conozco su significado. Lo intenté sin saber qué intentaba. A pesar de todo quizás haya vivido sin saberlo. Me pregunto por qué hablo de estas cosas. Ah, sí, para distraerme. Vivir y hacer vivir. Ya no vale la pena enjuiciar las palabras. No están más huecas que lo que arrastran.
BECKETT: Malone muere.
BECKETT: Malone muere.
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