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1.7.12

“España, aparta de mí este cáliz”

XIV


ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ

Niños del mundo,
si cae España —digo, es un decir—
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra madre con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae —digo, es un decir— si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera, aquélla de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—,
salid, niños del mundo; id a buscarla!...


César Vallejo, “XIV. España. aparta de mí este cáliz”,
en
España, aparta de mí este cáliz
Edición de Julio Vélez
M
adrid: Cátedra, 1988


20.6.12

Romanticismo y política… (Consideraciones de Rüdiger Safranski)

“

El Romanticismo es una época resplandeciente del espíritu alemán; sus rayos llegaron con fuerza a otras culturas nacionales. Ha pasado ya el Romanticismo como época, pero nos ha quedado lo romántico como actitud del espíritu. Cuando hay desazón por lo real y acostumbrado y se buscan salidas, cambios y posibilidades de superación, casi siempre entra en juego lo romántico. Lo romántico es fantástico, inventivo, metafísico, imaginario, tentador, exaltado, abismal. No está obligado al consenso, no necesita ser útil a la comunidad, y ni siquiera ser útil a la vida. Puede estar enamorado de la muerte. Lo romántico busca la intensidad hasta llegar al sufrimiento y la tragedia. Con todos esos rasgos lo romántico no es particularmente apropiado para la política. Cuando desemboca en ella, habría de tener un suplemento de realismo. La política, en efecto, debería fundarse en el principio de evitar los dolores, el sufrimiento y la crueldad. Lo romántico ama los extremos; en cambio, una política racional ama más bien el compromiso. Nosotros necesitamos ambas cosas: la aventura del Romanticismo y la sobriedad de una política adelgazada. Si no entendemos la razón de la política y las pasiones del Romanticismo como dos esferas, y no sabemos separarlas en cuanto tales, si en lugar de ello deseamos la unidad sin quiebra y no tenemos la habilidad de vivir por lo menos en dos mundos, entonces surge el peligro de que en lo político busquemos una aventura, que sería mejor hallar en la cultura, o bien de que exijamos a la cultura la misma utilidad social que a la política. Pero no es deseable ni una política aventurera, ni una cultura políticamente correcta. Fue Friedrich Schlegel quien resaltó la necesidad de la separación de las esferas. Afirmó que es necesario empezar «con la autonomía de lo bello» y mantenerlo separado de lo «verdadero y lo moral». Así se llegó entonces, en la época del Romanticismo, al grandioso desencadenamiento de lo romántico.

La tensión entre lo romántico y lo político se halla inmersa en la tensión más amplia entre lo que puede representarse y lo que puede vivirse. El intento de conducir esta tensión a una unidad sin contradicciones puede llevar al empobrecimiento o a la desertización de la vida. Ésta se empobrece cuando no somos capaces de representarnos nada más allá de lo que creemos que es posible traducir a una realidad vivida. Y la vida se desertiza cuando queremos vivir algo a cualquier precio, incluso al precio de la destrucción y de la propia destrucción, simplemente por el hecho de habérnoslo representado. En un caso la vida se empobrece porque se renuncia a lo representable en aras de la amada paz; y en el otro caso se rompe bajo la violencia con que se quiere realizar lo representable sin ningún tipo de reducción. En ninguno de los dos casos somos capaces de soportar la contradicción entre lo que se puede representar y lo que se puede vivir, y, por tanto, en ambos se aspira a una vida de una sola pieza. Pero una vida así es solamente un sueño romántico.

Aunque lo romántico forma parte de una cultura viva, una política romántica es peligrosa. Para el Romanticismo, que es una continuación de la religión con medios estéticos, rige lo mismo que para la religión: ha de resistir a la tentación de recurrir al poder político. “La imaginación al poder” no era precisamente una buena idea.

Por otra parte, no podemos perder el Romanticismo, pues la razón política y el sentido de la realidad no son suficientes para vivir. El Romanticismo es la plusvalía, el excedente de hermosa extrañeza frente al mundo, el excedente de significación. El Romanticismo despierta nuestra curiosidad para lo completamente diferente. Su imaginación desencadenada nos otorga los espacios de juego que necesitamos, siempre y cuando compartamos la observación de Rilke:

No estamos muy seguros, no nos sentimos en casa
en el mundo interpretado.

”


RÜDIGER SAFRANSKI
Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán
Traducción del alemán de Raúl Gabás
Barcelona: Tusquets Editores, 2009

31.5.12

¿Cuándo mañanaremos? Un poema de Bergamín

A tiempos sombríos les cuadra bien este soneto de Bergamín. Soneto que aplica tales recortes al dispendio silábico del endecasílabo que acaba –austeridad obliga– en el muy castizo octosílabo.
Si las palabras de un texto son siempre las mismas, no siempre dicen lo mismo, ni aun al mismo lector; pero en cada nueva lectura siempre se cumple el poema, diga lo que diga.

 

Siempre mañana y nunca mañanamos.
                                         LOPE

Mañana está enmañanado
y ayer está ayerecido:
y hoy, por no decir que hoyido
diré que huido y hoyado.

A tal extremo ha llegado
hoy a perder el sentido
que al mañana ha convertido
en "cualquier tiempo pasado".

Un ayer futurizado
y un mañana preterido
nos han escamoteado

un hoy por hoy suspendido
de un mañana anonadado
y de un ayer evadido.


JOSÉ BERGAMÍN, Rimas y sonetos rezagados, 1962.


9.5.12

Aforismos de Ramón Eder

Una expresión de Montaigne ―la vida ondulante― sirve a Ramón Eder para titular su último libro de aforismos, que publica Renacimiento en la colección “A la mínima”, dirigida por Manuel Neila y dedicada al género aforístico.

Este libro de Eder consta de tres partes: Hablando en plata, Ironías y Pompas de jabón; las dos primeras son una selección de los libros homónimos, publicados en 2001 y 2007, respectivamente.

Ramón Eder cultiva una ironía fina y bienhumorada que le pone a salvo del sarcasmo y sus desgarros. Ironía que le permite desvelar sombras de la vida, aventar vicios de la costumbre o el pensar y desenmascarar lo obvio, invisible tantas veces.

Destino del aforista es mantenerse alerta, vigía en la frontera de lo profundo y lo banal. Ramón Eder supera con elegancia esta prueba.

Durante un tiempo, Eder mantuvo el blog Hablando en Plata. En él agavilló apuntes, aforismos y notas varias.


A F O R I S M O S


Los escritores son esas personas que tienen un yo de tomo y lomo.

*

Leer un buen libro mal traducido es como escuchar a Beethoven en un transistor.

*

¡Si tuviéramos siete vidas con qué valentía y desapego moriríamos las tres o cuatro primeras!

*

Soñar es hacer experimentos con el tiempo.

*

Somos inmortales todos los días de nuestra vida, excepto uno.

*

El fin justifica los miedos.


(Hablando en plata)

Contra el patético quiero y no puedo, nada mejor que practicar el elegante puedo y no quiero.

*

Un buen aforismo es un relámpago en las tinieblas.

*

Hay personas que tienen un mal gusto infalible.

*

Seríamos más felices teniendo la mitad de lo que tenemos y disfrutándolo el doble.

*

El pasado es imprevisible, cambia constantemente en la memoria.

*

Los domingos son la eternidad en miniatura.


(Ironías)

La melancolía tiene de bueno que nos impide caer en la megalomanía.

*

Uno nunca olvida su primer amor, ni lo recuerda.

*

Hay dos tipos de grandes escritores: los que nos gustan y los que nos aburren.

*

A las personas que tienen dos caras hay que mirarlas de perfil.

*

Como creía que la carne no es triste y aún no había leído todos los libros, disfrutaba de cierto bienestar.

*

Siempre cometemos los mismos errores, lo cual nos da una especie extraña coherencia. [Sic] [Supongo que falta un ‘de’: ¿vendría después de ‘especie”, o detrás de ‘extraña’?]

*

Se asomaba al abismo y tomaba notas.


(Pompas de jabón)

RAMÓN EDER, La vida ondulante
Sevilla: Editorial Renacimiento (“A la mínima”), 2012


7.5.12

¿Gigantes o molinos? (Un fragmento del Quijote precedido por unas notas de Martín de Riquer)

 “Para llegar a una cabal comprensión del Quijote, pues, es preciso tener bien en cuenta que esta novela no es una sátira de la caballería o de los ideales caballerescos, como algunas veces se ha afirmado y puede hacer creer un juicio precipitado, sino la parodia de un género literario muy en boga durante el siglo XVI. […]

Se ha dicho también que el Quijote es el mejor de los libros de caballerías o la sublimación o idealización del género. Tal concepto es falso, ya que el Quijote no es un libro de caballerías sino precisamente todo lo contrario, o sea su parodia. […]

Lo cierto es que Cervantes se propuso satirizar y parodiar los libros de caballerías a fin de acabar con su lectura, que el consideraba nociva… […]

Y es que a lo largo de todo el siglo XVI los libros de caballerías habían sido objeto de constantes ataques y censuras por parte de filósofos, moralistas y autores graves, como Juan Luis Vives, fray Antonio de Guevara, Juan de Valdés y muchos otros que representan lo más autorizado del pensamiento español de la época. Todos ellos habían batallado para desacreditar la lectura de los libros de caballerías por considerarlos obra de personas ociosas y desocupadas, que escribían mal y enemigas de la verdad y de la historia auténtica, los cuales, con sus nocivos engendros incitaban a la ociosidad y al vicio y hacían perder el tiempo de un modo vano y pecaminoso. Estos graves escritores pedían que se prohibieran los libros de caballerías, que se quemaran y que se persiguiera su lectura, ideas en las que abundaban algunos procuradores en Cortes, en las que se llegó a debatir este punto, y ciertas autoridades eclesiásticas de España y de Indias. Pero todos estos esfuerzos eran vanos e inútiles: los libros de caballerías seguían imprimiéndose y leyéndose con avidez.

Cervantes, compenetrado con el pensamiento de los citados moralistas, sabía muy bien que estos predicaban en el desierto y que eran inútiles sus anatemas. Solo la ironía y la burla podían desacreditar tan perniciosos libros, y para evitar que se leyeran, lo más adecuado era ponerlos en ridículo. Desde 1605 menguan considerablemente las ediciones de libros de caballerías: el Quijote ha acabado con ellos.”


MARTÍN DE RIQUER, “Cervantes y el Quijote” , en Don Quijote de la Mancha
Real Academia Española/Alfaguara, 2004
Edición del IV centenario

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero:

-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

-Bien parece -respondió Don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. 


Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, viii
Real Academia Española, 2004
Edición del IV centenario