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XIV Niños del mundo, ¡Niños del mundo, está Si cae —digo, es un decir— si cae Niños, ¡Bajad la voz, os digo; César Vallejo, “XIV. España. aparta de mí este cáliz”, |
1.7.12
“España, aparta de mí este cáliz”
Etiquetas: "España aparta de mí este cáliz", Un poema de..., Vallejo (César)
20.6.12
Romanticismo y política… (Consideraciones de Rüdiger Safranski)
“ El Romanticismo es una época resplandeciente del espíritu alemán; sus rayos llegaron con fuerza a otras culturas nacionales. Ha pasado ya el Romanticismo como época, pero nos ha quedado lo romántico como actitud del espíritu. Cuando hay desazón por lo real y acostumbrado y se buscan salidas, cambios y posibilidades de superación, casi siempre entra en juego lo romántico. Lo romántico es fantástico, inventivo, metafísico, imaginario, tentador, exaltado, abismal. No está obligado al consenso, no necesita ser útil a la comunidad, y ni siquiera ser útil a la vida. Puede estar enamorado de la muerte. Lo romántico busca la intensidad hasta llegar al sufrimiento y la tragedia. Con todos esos rasgos lo romántico no es particularmente apropiado para la política. Cuando desemboca en ella, habría de tener un suplemento de realismo. La política, en efecto, debería fundarse en el principio de evitar los dolores, el sufrimiento y la crueldad. Lo romántico ama los extremos; en cambio, una política racional ama más bien el compromiso. Nosotros necesitamos ambas cosas: la aventura del Romanticismo y la sobriedad de una política adelgazada. Si no entendemos la razón de la política y las pasiones del Romanticismo como dos esferas, y no sabemos separarlas en cuanto tales, si en lugar de ello deseamos la unidad sin quiebra y no tenemos la habilidad de vivir por lo menos en dos mundos, entonces surge el peligro de que en lo político busquemos una aventura, que sería mejor hallar en la cultura, o bien de que exijamos a la cultura la misma utilidad social que a la política. Pero no es deseable ni una política aventurera, ni una cultura políticamente correcta. Fue Friedrich Schlegel quien resaltó la necesidad de la separación de las esferas. Afirmó que es necesario empezar «con la autonomía de lo bello» y mantenerlo separado de lo «verdadero y lo moral». Así se llegó entonces, en la época del Romanticismo, al grandioso desencadenamiento de lo romántico.
Aunque lo romántico forma parte de una cultura viva, una política romántica es peligrosa. Para el Romanticismo, que es una continuación de la religión con medios estéticos, rige lo mismo que para la religión: ha de resistir a la tentación de recurrir al poder político. “La imaginación al poder” no era precisamente una buena idea. Por otra parte, no podemos perder el Romanticismo, pues la razón política y el sentido de la realidad no son suficientes para vivir. El Romanticismo es la plusvalía, el excedente de hermosa extrañeza frente al mundo, el excedente de significación. El Romanticismo despierta nuestra curiosidad para lo completamente diferente. Su imaginación desencadenada nos otorga los espacios de juego que necesitamos, siempre y cuando compartamos la observación de Rilke: No estamos muy seguros, no nos sentimos en casa ”
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31.5.12
¿Cuándo mañanaremos? Un poema de Bergamín
A tiempos sombríos les cuadra bien este soneto de Bergamín. Soneto que aplica tales recortes al dispendio silábico del endecasílabo que acaba –austeridad obliga– en el muy castizo octosílabo.
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Etiquetas: "Mañana está enmañanado", Actualidades, Bergamín (José), Po, Poemas
9.5.12
Aforismos de Ramón Eder
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Este libro de Eder consta de tres partes: Hablando en plata, Ironías y Pompas de jabón; las dos primeras son una selección de los libros homónimos, publicados en 2001 y 2007, respectivamente. Ramón Eder cultiva una ironía fina y bienhumorada que le pone a salvo del sarcasmo y sus desgarros. Ironía que le permite desvelar sombras de la vida, aventar vicios de la costumbre o el pensar y desenmascarar lo obvio, invisible tantas veces. Destino del aforista es mantenerse alerta, vigía en la frontera de lo profundo y lo banal. Ramón Eder supera con elegancia esta prueba. Durante un tiempo, Eder mantuvo el blog Hablando en Plata. En él agavilló apuntes, aforismos y notas varias. |
| A F O R I S M O S |
| Los escritores son esas personas que tienen un yo de tomo y lomo. * Leer un buen libro mal traducido es como escuchar a Beethoven en un transistor. * ¡Si tuviéramos siete vidas con qué valentía y desapego moriríamos las tres o cuatro primeras! * Soñar es hacer experimentos con el tiempo. * Somos inmortales todos los días de nuestra vida, excepto uno. * El fin justifica los miedos. |
| (Hablando en plata) |
| Contra el patético quiero y no puedo, nada mejor que practicar el elegante puedo y no quiero. * Un buen aforismo es un relámpago en las tinieblas. * Hay personas que tienen un mal gusto infalible. * Seríamos más felices teniendo la mitad de lo que tenemos y disfrutándolo el doble. * El pasado es imprevisible, cambia constantemente en la memoria. * Los domingos son la eternidad en miniatura. |
| (Ironías) |
| La melancolía tiene de bueno que nos impide caer en la megalomanía. * Uno nunca olvida su primer amor, ni lo recuerda. * Hay dos tipos de grandes escritores: los que nos gustan y los que nos aburren. * A las personas que tienen dos caras hay que mirarlas de perfil. * Como creía que la carne no es triste y aún no había leído todos los libros, disfrutaba de cierto bienestar. * Siempre cometemos los mismos errores, lo cual nos da una especie extraña coherencia. [Sic] [Supongo que falta un ‘de’: ¿vendría después de ‘especie”, o detrás de ‘extraña’?] * Se asomaba al abismo y tomaba notas. |
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(Pompas de jabón) RAMÓN EDER, La vida ondulante Sevilla: Editorial Renacimiento (“A la mínima”), 2012 |
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7.5.12
¿Gigantes o molinos? (Un fragmento del Quijote precedido por unas notas de Martín de Riquer)
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Se ha dicho también que el Quijote es el mejor de los libros de caballerías o la sublimación o idealización del género. Tal concepto es falso, ya que el Quijote no es un libro de caballerías sino precisamente todo lo contrario, o sea su parodia. […] Lo cierto es que Cervantes se propuso satirizar y parodiar los libros de caballerías a fin de acabar con su lectura, que el consideraba nociva… […] Y es que a lo largo de todo el siglo XVI los libros de caballerías habían sido objeto de constantes ataques y censuras por parte de filósofos, moralistas y autores graves, como Juan Luis Vives, fray Antonio de Guevara, Juan de Valdés y muchos otros que representan lo más autorizado del pensamiento español de la época. Todos ellos habían batallado para desacreditar la lectura de los libros de caballerías por considerarlos obra de personas ociosas y desocupadas, que escribían mal y enemigas de la verdad y de la historia auténtica, los cuales, con sus nocivos engendros incitaban a la ociosidad y al vicio y hacían perder el tiempo de un modo vano y pecaminoso. Estos graves escritores pedían que se prohibieran los libros de caballerías, que se quemaran y que se persiguiera su lectura, ideas en las que abundaban algunos procuradores en Cortes, en las que se llegó a debatir este punto, y ciertas autoridades eclesiásticas de España y de Indias. Pero todos estos esfuerzos eran vanos e inútiles: los libros de caballerías seguían imprimiéndose y leyéndose con avidez. MARTÍN DE RIQUER, “Cervantes y el Quijote” , en Don Quijote de la Mancha Real Academia Española/Alfaguara, 2004 Edición del IV centenario En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: -La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. -¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza. -Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. -Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino. -Bien parece -respondió Don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, viii Real Academia Española, 2004 Edición del IV centenario |
“Para llegar a una cabal comprensión del Quijote, pues, es preciso tener bien en cuenta que esta novela no es una sátira de la caballería o de los ideales caballerescos, como algunas veces se ha afirmado y puede hacer creer un juicio precipitado, sino la parodia de un género literario muy en boga durante el siglo XVI. […]