Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

29.9.10

*Lírica popular hispánica. Siglos XV a XVII (y 3)

Mis penas son como ondas del mar,

qu'unas se vienen y otras se van:

de día y de noche guerra me dan. [843 B]

***

Súfrase quien penas tiene,

que tras tiempo tiempo viene. [849]

***

¡Ai de mí, que sienpre veo

al rrevés lo que deseo! [874]

***

Soñava yo que tenía

alegre mi coraçon,

mas a la fe, madre mía,

que los sueños sueños son. [875]

 

***

Veo que todos se quexan;

yo callando moriré. [876]

 

***

Salteóme la serrana

juntico al pie de la cabaña.

Serrana, cuerpo garrido,

manos blancas, ojos vellidos,

salteóme en escondido,

juntico al pie de la cabaña.

Salteóme la serrana

juntico al pie de la cabaña.

Serrana, cuerpo lozano,

ojos negros, blancas manos,

salteóme en escanpado,

juntico al pie de la cabaña.

Salteóme la serrana

juntico al pie de la cabaña. [994 B]

MARGIT FRENK, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII). Madrid: Castalia,  1987.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

27.9.10

*Lírica popular hispánica. Siglos XV a XVII (2)

«De entre la poesía “de tipo popular” registrada en las fuentes quise recoger lo que sentía, por su temática, estilo y técnica, como más “auténtico”, más cercano a lo antiguo, menos “contaminado” por los estilos poéticos cultos. Consciente de la dificultad de esa tarea, que a la vez juzgaba imprescindible, me debatía una y otra vez con el enigma que me planteaban muchos textos: ¿es o no es? ¿pertenece o no a la “escuela poética popular”?

¿Hasta qué punto, me pregunto yo ahora, era atinada —por no decir sensata— esa preocupación, esa búsqueda desesperada de la “autenticidad”? Las canciones que durante la Edad Media cantaban los campesinos y pastores, las hilanderas y panaderas, los marineros y pescadores, eran, sí, distintas de la poesía de corte trovadoresco que se practicaba en los palacios señoriales. Distintas y contrastantes, como que respondían por fuerza a una diferente, y aun opuesta, concepción de la vida. Pero entre ambos mundos existían contactos múltiples, que repercutieron en la cultura popular. Ésta no es, ni ha sido nunca, totalmente autónoma, sujeta como está al dominio de los poderosos. Nuestras cancioncillas muestran, precisamente, hasta qué punto la ideología dominante pudo condicionar ciertos aspectos de las concepciones populares durante la Edad Media; en algunas canciones aparece el amor como privilegio de la nobleza y como servicio, con sus requisitos forzosos de silencio y discreción; aparecen la timidez del amante, el odio a los murmuradores, la guerra de amor, la caza de amor, el cautiverio del amor…, temas típicos de la poesía aristocrática. Y en su contacto con la temática propiamente popular surgen curiosas contradicciones.

Si la total “pureza” de esa lírica es un mito, al integrarse ella a la cultura cortesana, y luego urbana, de la España renacentista y posrenacentista, el panorama se complica aún más. Los cruces de lo popular con lo culto se multiplican. Junto a las imitaciones perfectas cunden cantarcillos de estilo semi-popular, muchos de los cuales, ampliamente divulgados, se irían integrando al acervo de las clases humildes. Visto globalmente, este acervo ya no sería en el siglo XVI lo que fue en el XV, pues se había incrementado con más aportaciones procedentes de la poesía aristocrática. O sea, que tanto en el nivel de la poesía cortesana y urbana, como en el de la lírica folklórica contemporánea lo popular ya no era lo que había sido en la Edad Media.» (Del "Prólogo" de Margit Frenk)

********************************************

Metido entre amor y miedo,

no sé cómo bevir puedo. [611]

***

Pensamiento, ¿dónde as estado?,

que tan mal noche me as dado. [657 D]

***

Querer  a quien no me quiere,

¡mal aia quien tal hiziere! [678]

***

Si, como viene, el mal durasse,

no abría mármol que no quebrasse:

¡qué hará el corazón, siendo de carne! [811 B]

***

¡O, tiempo bueno!, ¡o, tiempo pasado!,

que toda mi gloria contigo as llevado.

Pues todos mis bienes contigo llevaste,

la dulçe memoria ¿por qué la dexaste? [829]

MARGIT FRENK, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII). Editorial Castalia, Madrid, 1987.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

25.9.10

*Lírica popular hispánica. Siglos XV a XVII (1)

Morenica m'era yo:

dizen que sí, dizen que no.

Unos que bien mi quieren

dizen que sí;

otros que por mí mueren

dizen que no.

Morenica m'era yo:

dizen que sí, dizen que no. [129]


***

-Pastorcico, amigo,

¿qué avedes, qué?

-A la fe, señora,

vuestros amores he. [323]

***

Los mis pensamientos, madre,

pedírselos quiero al aire. [598]

***

Corazón, quiébrate, quiebra,

no digan que eres de piedra. [600]

 

***

Amores me matan, madre:

¿qué será, triste de mí?,

que nunca tan mal me vi. [610]

MARGIT FRENK, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII). Editorial Castalia, Madrid, 1987.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

19.9.10

*Álvaro Cunqueiro: "Vitorio Lence"

Álvaro Cunqueiro

Con Las historias gallegas, Álvaro Cunqueiro logró un libro entrañable, se mire por donde se mire. La fantasía y la realidad parecen indiscernibles, atrapadas en una lógica mágica y jovial que propicia sonrisas. Todo resulta de lo más natural, y no hay lugar para la sorpresa, incluso si un paraguas, lleno de escrúpulos porque su importe se dejó a deber en la tienda, lucha contra su destino y, henchido de dignidad, declara: "¡No me mojo por nada de este mundo!" Qué cosa más natural que un paraguas tenga sus buenas razones para no mojarse. ¿Quién será tan desalmado que no entienda su queja?

Cada una de estas historias, hijas de una imaginación fértil y pizpireta, deja tras de sí un reguero de alegría en el ánimo y un gozoso rebullir. Historias encantadoras, como la de Vitorio Lence, tan entrañable y coherente. Pero cada historia tiene su encanto particular, ya se trate de la "Historia de un paraguas", o de "El bolimarte", o de "Una siria en Ribadeo", o de "La voladora de Serantes", o de "Tristán García"... Cualquiera de ellas... Todas.

Así presenta Cunqueiro estas páginas memorables, tan memorables como las  sorprendentes historias de Escuela de curanderos:

Estas estampas son retratos al minuto de diversos gallegos, en los cuales aparecen algunas de las condiciones esenciales de este pueblo del Finisterre, la región más occidental de España y del Viejo Mundo... En estos pequeños retratos míos aparece el gallego tal y como es, a la vez creador y escéptico, mágico pero racionalista, supersticioso y espiritual. Una mezcla bastante compleja, pero que constituye un éxito humano. Este gallego ha vivido durante siglos rodeado de extrañas poblaciones invisibles, os mouros, as fadas, protegido  por un conjunto que sorprende a los antropólogos de meigas, sabias, adivinas, arresponsadoras; ha evitado con los cruceros el pavor de las encrucijadas, ha aprendido a hablar con los animales, a ahuyentar el lobo, a curarse sus enfermedades -muchas de las cuales no son de médico-, y ha sabido cómo obtener la ayuda de los santos patronos en las iglesias perdidas en los montes, en los valles, en la beiramar. El gallego tiene santuarios para la cura de todo mal, desde Nosa Señora do Corpiño que cura a los privados de la mente, hasta San Amaro, que libra del reúma a sus ofrecidos, Roque, Cosme, los Milagros de Saavedra o los Milagros de Amil...  Cada una de mis estampas supone una actitud ante un hecho de vida, pero también ante una ilusión o un sueño.

[De la "Introducción", febrero 1981.]    

Como regresó de Cuba con un panamá, reloj con cadena de oro, anteojos para leer el periódico y hablando castellano, comenzaron a darle el don, don Vitorio Lence. Tendría sus cuarenta y cinco años, más de mediana estatura, el pelo arrubiado y rizo, y era muy amable conversador. Empezó a dar consejos a los vecinos enfermos, los cuales sanaban si atendían a sus instrucciones. Don Vitorio Lence aseguraba que en Santiago de Cuba había aprendido ciencia médica con un sabio negro.

-Aquí levantan la paletilla -decía-, pero en Cuba levantaban el aliento.

Don Vitorio Lence levantaba el aliento a sus vecinos enfermos, y también acertaba con las vacas y los cerdos. No cobraba nada, acudía siempre que lo llamaban, y era muy apreciado. Un día lo llamaron para que viese al sacristán de Pol, que tenía un cólico. Don Vitorio Lence le tomó el pulso y le dijo:

-Estás mal, pero yo puedo curarte, que tengo fuerza medicinal para ello, pero, para pasártela, tengo que ponerme desnudo y tú también.

Don Vitorio Lence se desnudó y se puso a los pies de la cama del sacristán, haciendo con las manos pases en el aire. Terminada la sesión, recetó una infusión de flor de tojo. Al sacristán le pasó el cólico, y nunca más volvió a tener otro. El caso fue muy comentado. Hubo muchos enfermos a los que don Vitorio Lence curó desnudándose ante ellos para que de su cuerpo saliesen con facilidad las virtudes curativas. Muy respetuoso, antes de desnudarse pedía a las señoras que cerrasen los ojos. A veces explicaba que si hubiese la instalación adecuada, que podía probar que tenía en su cuerpo corriente eléctrica suficiente para encender una bombilla de cuarenta.  

Una tarde de invierno lo llamaron para que fuese al pazo de Meza, que la más joven de las señoritas estaba muy mal. Un médico había dicho que era cosa de estómago y otro que tenía mal el hígado. El caso es que estaba muy mal. Era la más joven de las tres hermanas solteronas, y aún estaba de buen ver. Pasaba el día bordando, cuidando las flores y tocaba algo el piano. Don Vitorio Lence aseguró que aquel era precisamente uno de los casos en los que no tenía más remedio que desnudarse. Las tres hermanas celebraron sesión en el comedor de la casa, y decidieron que lo más importante en esta vida es la salud y que un desnudo de hombre tomado como medicina, que no suponía deshonestidad. ¡Si vivieran sus padres y lo vieran! Pero los tiempos cambiaban y las ciencias adelantaban. Don Vitorio Lence se desnudó a los pies de la cama de la señorita Delia, hizo los pases de rigor, le frotó los pies, y finalmente, dándole un beso en uno de ellos, le dijo:

-¡Ya está usted curada!

Lo que estaba era mejorada, pero de vez en cuando le venían los dolores y unos sofocos, y había que llamar de nuevo a don Vitorio Lence. Un día don Vitorio le dijo a las hermanas:

-Para una curación completa, no hay más solución que el cuerpo a cuerpo. Y como se trata de una señorita muy decente, no tengo inconveniente en sacrificarme y pasar al matrimonio.

Y como la salud es lo más importante de esta vida, doña Delia se casó con don Vitorio, y con el matrimonio curó del todo. Por pedido de su mujer, don Vitorio se retiró de la medicina de señoras, y últimamente se dedicaba al ganado, lo que no le obligaba a desnudarse.

ÁLVARO CUNQUEIRO: "Vitorio Lence", en Las historias gallegas (Obras literarias en castellano, II). Biblioteca Castro, Madrid, 2006.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

10.9.10

Censura de España: Baltasar Gracián y Blas de Otero (y 2)

Otero: el tema de España

Ese tema [“el tema predominante en toda la segunda fase de su poesía”], que llega a ser obsesivo en Otero, es el tema de España, en sus dos vertientes principales: de un lado, la preocupación por España –el ser, el destino, el drama de España–; de otro, el paisaje, el rostro vario y hermoso de la patria física, de todas las Españas que el poeta ha vivido y contemplado, lenta y saboreadamente. […]

Como a Unamuno, como a Machado, también a Otero le duele amargamente España, le punza dolorosamente la espina de una patria injusta y cruel, el cáliz amargo de la guerra civil. Si César Vallejo titula su libro escrito durante la guerra España, aparta de mí este cáliz, Otero nos dirá en un poema de Pido la paz y la palabra:

España, espina de mi alma. Uña
y carne de mi alma. Arráncame
tu cáliz de las manos.
Y amárralas a tu cintura, madre.

El tema de la guerra civil, de la guerra cainita, como diría Unamuno, reaparece una y otra vez, como una obsesión, en estos poemas de Otero. Y una y otra vez clama a España para que dé una paz respirable para todos. Así al final de tremendo poema Hija de Yago:

Madre y maestra mía, triste, espaciosa España.
He aquí a tu hijo. Úngenos, madre. Haz
habitable tu ámbito. Respirable tu extraña
paz. Para el hombre. Paz. Para el aire, Madre, paz.

Madre y maestra, pero también, en algún momento, madrastra, como en el bello y doliente poema Por venir, en el que se funden aquellas dos vertientes del tema de España -dolor de la patria y belleza de sus tierras-…

JOSÉ LUIS CANO (Del prólogo a País. Antología (1955-1970), de Blas de Otero. 2ª edición. Plaza & Janés, Barcelona, 1974.)

 

Por venir

Madre y madrastra mía,
España miserable
y hermosa. Si repaso
con los ojos tu ayer, salta la sangre
fratricida, el desdén
idiota ante la ciencia,
el progreso.
                       
Silencio,
laderas de la sierra
Aitana,
rumor del Duero rodeándome,
márgenes lentas del Carrión,
bella y doliente patria,
mis años
por ti fueron quemándose, mi incierta
adolescencia, mi grave juventud,
la madurez andante de mis horas,
toda
mi vida o muerte en ti fue derramada
a fin de que tus días
por venir
rasguen la sombra que abatió tu rostro.

BLAS DE OTERO, del libro Que trata de España, en Verso y prosa. Edición del autor. 2ª edición. Cátedra, Madrid, 1976.