Fernando Menéndez escribe aforismos. Hace meses recogí una muestra de su libro Hilos sueltos; no conocía yo entonces su última entrega: Tira líneas (Editorial Difácil, 2010). Pero Fernando Menéndez no solo escribe aforismos, también los caligrafía: su ultima trabajo, Posos (edición limitada de 25 originales), recoge aforismos de una veintena de autores, italianos y españoles*; un aforismo por autor. En cada página va caligrafiado un aforismo, y dibujada la letra capitular correspondiente. Fabrizio Caramagna, en su blog Aforisticamente (un blog que verdaderamente da la vuelta al mundo del aforismo: en él están representados aforistas de muchos países y lenguas) se refiere así a Fernando Menéndez: “un artesano que crea con las manos libros irrepetibles como si se tratase de un delicado trabajo de orfebrería”. No puedo estar más de acuerdo. * Mauro Parrini, Carlo Ferrario, Luis Valdesueiro, Rinaldo Caddeo, Maria Luisa Spaziani, Alberto Casiraghy, Donato Di Foce, Juan Varo, Antonio Castronuovo, Silvana Baroni, Marco Ercolani, Sandro Montalto, Fernando Menéndez, Fabrizio Caramagna, Dino Basili, Stefano Lanuzza Lorenzo Morandotti, Jordi Doce, Roberto Morpurgo y Erika Martínez. |
27.9.12
“Posos” (Aforismos caligrafiados)
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8.9.12
+ Kohachiro Miyata (“Tsuru no Sugomori”) y fray Luis de León (“A Francisco Salinas”)
| No sé cuántas veces habré escuchado esta pieza, interpretada con la clásica flauta japonesa por Kohachiro Miyata (al que descubrí en las ofertas de unos grandes almacenes), ni cuántas habré leído esta poesía de fray Luis (desde que me alcanza la razón). Ni lo sé ni me importa. Pero lo que bien sé, y no olvido, es que en el vértigo de la noche, la alta noche de los desvelos, la flauta de Kohachiro, o la poesía de fray Luis, serenan el alma y aquietan el espíritu. Esta es música y poesía siempre nueva, como luz no usada. |
| Kohachiro Miyata interpreta “Tsuru no Sugomori” con la flauta japonesa. |
III
A Francisco Salinas
Catedrático de música de la Universidad de Salamanca
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
mi alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo ciego adora:
la belleza caduca engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es de todas la primera.
Ve cómo el gran maestro
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado
con que este eterno templo es sustentado.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
mezclan una dulcísima armonía.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y, finalmente
en él ansí se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.
¡Oh desmayo dichoso!
¡Oh muerte que das vida! ¡Oh dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!
A aqueste bien os llamo,
gloria del Apolíneo sacro coro,
amigos, a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo demás es triste lloro.
¡Oh! suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás amortecidos.
FRAY LUIS DE LEÓN
(según la edición de Ángel Custodio Vega, O.S.A. Planeta [Hispánicos Planeta], 1975)
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29.8.12
"El reino de los cielos es de los hombres sencillos" (Puche y Justina dialogan)
—Hija mía, hija mía: la vida es triste, el dolor es eterno, el mal es implacable. En el ansioso afán del mundo, la inquietud del momento futuro nos consume. Y por él son los rencores, las ambiciones devoradoras, la hipocresía lisonjera, el anhelante ir y venir de la humanidad errabunda sobre la tierra. Jesús ha dicho: “Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni allegan en trojes; y vuestro Padre celestial las alimenta...” La humanidad perece en sus propias inquietudes. La ciencia la contrista; el anhelo de las riquezas la enardece. Y así, triste y exasperada, gime en perdurables amarguras.
Justina murmura en voz opaca:
—El cuidado del día de mañana nos hace taciturnos.
Puche calla un momento; luego añade:
—Las avecillas del cielo y los lirios del campo son más felices que el hombre. El hombre se acongoja vanamente. “Porque el día de mañana á sí mismo se traerá su cuidado. Le basta al día su propio afán.” La sencillez ha huido de nuestros corazones. El reino de los cielos es de los hombres sencillos. “Y dijo: En verdad os digo, que si no os volviereis é hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”
Los martillos de la vecindad cantan en sonoro repiqueteo argentino. Justina y Puche callan durante un largo rato. Luego Puche exclama:
—Hija mía, hija mía: el mundo es enemigo del amor de Dios. Y el amor de Dios es la paz. Mas el hombre ama las cosas de la tierra. Y las cosas de la tierra se llevan nuestra paz. “Y aconteció que como fuesen de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer, que se llamaba Marta lo recibió en su casa. ”Y ésta tenía una hermana, llamada María, la cual también sentada á los pies del Señor oía su palabra. ”Pero Marta estaba afanada de continuo en las haciendas de la casa: la cual se presentó y dijo: Señor, ¿no ves cómo mi hermana me ha dejado sola para servir? Dile, pues, que me ayude. ”Y el Señor le respondió y dijo: Marta, Marta, muy cuidadosa estás y en muchas cosas te fatigas. ”En verdad una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada.”
[Puche, viejo clérigo de cenceño cuerpo y cara escuálida, dialoga con su sobrina Justina, moza fina y blanca, novia de Azorín (Antonio), aunque no por mucho tiempo, ya que Justina elegirá entrar en religión.]
José Martínez Ruiz [futuro Azorín], La voluntad [1902]
Edición de E. Inman Fox
Madrid: Clásicos Castalia (Narrativa siglo XX), 2010
23.8.12
El mundo es ansí y así somos todos
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14.8.12
+”Sequenza III”, per voce femminile, de Luciano Berio
| ¿Quién no ha sentido perplejidad al escuchar alguna obra de música contemporánea? Los años no pasan de balde, y alguna de esas obras tan vanguardistas –como esta Sequenza III, per voce femminile (1965) de Luciano Berio– ya calzan décadas, y quizás ahora nos suenen de otra manera. Ha llovido tanto… En cualquier caso, escuchar esta música es toda una experiencia… Y que cada cual aplique el adjetivo idóneo según su parecer. El primer vídeo es un fragmento grabado en 2007. El montaje resulta bastante singular. El segundo vídeo recoge la obra entera, de apenas siete minutos, interpretada por Cathy Berberian, a quien está dedicada. La grabación es de 1969. |
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