Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

23.8.12

El mundo es ansí y así somos todos

Mi estancia en Moscou [sic] ha sido para mí un terrible desencanto.

¿Cómo ha podido cambiar en tan poco tiempo el ambiente de esta ciudad? Ya aquí nadie se preocupa de lo que nosotros nos preocupábamos; ya nadie habla entre la gente joven de vivir para los demás, de sacrificarse por el pueblo.

Los estudiantes se ríen del antiguo idealismo.

—Aquello se paró —me ha dicho—. Nosotros soñábamos con la revolución, dispuestos a sacrificar nuestras vidas; con una revolución espiritual y moral que transformara y perfeccionara la sociedad. Estos jóvenes no sueñan con nada. Quieren vivir, aprovechar la vida, y todo el mundo se lanza a los placeres con una brutalidad horrorosa. Hay sociedades para fomentar la borrachera y la voluptuosidad. Ya los estudiantes no leen a Dostoievski, ni a Tolstoi, ni a los escritores socialistas; en las Universidades, las obras eróticas son las únicas que privan.

—Pero, ¿es posible?

—Es la pura verdad. Los rusos estamos entre dos corrientes, la que va a Oriente y la que va a Occidente. El ruso de hoy parece que se ha decidido a ser oriental.

Le he preguntado a este profesor por algunos amigos y conocidos. Unos fueron llevados a la Siberia, otros se suicidaron, la mayoría han desaparecido; algunos, muy pocos, los astutos y los intrigantes, han progresado y se han acercado al poder. Los débiles, los idealistas, han perecido. ¡El mundo es ansí! Con mucha frecuencia me acuerdo de aquel escudo del pueblo [Navaridas] y de su concisa leyenda.

La vida es esto; crueldad, ingratitud, inconsciencia, desdén de la fuerza por la debilidad, y así son los hombres y las mujeres, y así somos todos.

Sí; todo es violencia, todo es crueldad en la vida. ¿Y qué hacer? No se puede abstenerse de vivir, no se puede parar, hay que seguir marchando hasta el final.


[Apuntes íntimos de Sacha Savarof, madama feminista, rusa, rubia, muy blanca y sonrosada, los ojos claros e ingenuos, las cejas doradas, la nariz corta y los labios gruesos.]
Pío Baroja, El mundo es ansí  [1912]
Edición de José Antonio Pérez Bowie
Madrid: Espasa (Austral básicos), 2011

14.8.12

+”Sequenza III”, per voce femminile, de Luciano Berio

¿Quién no ha sentido perplejidad al escuchar alguna obra de música contemporánea? Los años no pasan de balde, y alguna de esas obras tan vanguardistas –como esta Sequenza III, per voce femminile (1965) de Luciano Berio ya calzan décadas, y quizás ahora nos suenen de otra manera. Ha llovido tanto… En cualquier caso, escuchar esta música es toda una experiencia… Y que cada cual aplique el adjetivo idóneo según su parecer. 
El primer vídeo es un fragmento grabado en 2007. El montaje resulta bastante singular.
El segundo vídeo recoge la obra entera, de apenas siete minutos, interpretada por Cathy Berberian, a quien está dedicada. La grabación es de 1969.

Fragmento de Sequenza III. Sabina Meyer, soprano.
Versión completa de Sequenza III. Cathy Berberian, soprano.

12.7.12

“El mejor cerdo de Cuatro Caminos” / Diálogo de mendigos en la iglesia de San Sebastián [Galdós, Misericordia, fragmento del capítulo III]

Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián… mejor será decir la iglesia… dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la Plaza del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan maravillosamente. En la cara del Sur campea, sobre una puerta chabacana, la imagen barroca del santo mártir, retorcida, en actitud más bien danzante que religiosa; en la del Norte, desnuda de ornatos, pobre y vulgar, se alza la torre, de la cual podría creerse que se pone en jarras, soltándole cuatro frescas a la Plaza del Ángel.
[Comienzo de Misericordia]

No he frecuentado en exceso, y lo lamento, a Galdós, don Benito Pérez. Pero nunca es tarde si la dicha es buena.
A modo de contrición por mis lagunas lectoras, vaya esta admirable página de Misericordia, una de las grandes novelas del egregio madrileño insular.  

A eso de las diez, la Casiana salió al patio para ir a la sacristía (donde tenía gran metimiento, como antigua), para tratar con D. Senén de alguna incumbencia desconocida para los compañeros y por lo mismo muy comentada. Lo mismo fue salir la caporala, que correrse la Burlada hacia el otro grupo, como un envoltorio que se echara a rodar por el pasadizo, y sentándose entre la mujer que pedía con dos niñas, llamada Demetria, y el ciego marroquí, dio suelta a la lengua, más cortante y afilada que las diez uñas lagartijeras de sus dedos negros y rapantes.

«¿Pero qué, no creéis lo que vos dije? La caporala es rica, mismamente rica, tal como lo estáis oyendo, y todo lo que coge aquí nos lo quita a las que semos de verdadera solenidá, porque no tenemos más que el día y la noche.

—Vive por allá arriba —indicó la Crescencia—, orilla en cá los Paúles.

—¡Quiá, no, señora! Eso era antes. Yo lo sé todo —prosiguió la Burlada, haciendo presa en el aire con sus uñas—. A mí no me la da esa, y he tomado lenguas. Vive en Cuatro Caminos, donde tiene corral, y en él cría, con perdón, un cerdo; sin agraviar a nadie, el mejor cerdo de Cuatro Caminos.

—¿Ha visto usted la jorobada que viene por ella?

—¿Que si la he visto? Esa cree que semos bobas. La corcovada es su hija, y por más señas costurera, ¿sabes?, y con achaque de la joroba, pide también. Pero es modista, y gana dinero para casa... Total, que allí son ricos, el Señor me perdone; ricos sinvergonzonazos, que engañan a nosotras y a la Santa Iglesia católica, apostólica. Y como no gasta nada en comer, porque tiene dos o tres casas de donde le traen todos los días los cazolones de cocido, que es la gloria de Dios... ¡a ver!

—Ayer —dijo Demetria quitándole la teta a la niña—, bien lo vide. Le trajeron...

—¿Qué?

—Pues un arroz con almejas, que lo menos había para siete personas.

—¡A ver!... ¿Estás segura de que era con almejas? ¿Y qué, golía bien?

—¡Vaya si golía!... Los cazolones los tiene en el sacristán. Allí vienen y se los llenan, y hala con todo para Cuatro Caminos.

—El marido... —añadió la Burlada echando lumbre por los ojos— , es uno que vende teas y perejil... Ha sido melitar, y tiene siete cruces sencillas y una con cinco riales... Ya ves qué familia. Y aquí me tienes que hoy no he comido más que un corrusco de pan; y si esta noche no me da cobijo la Ricarda en el cajón de Chamberí, tendré que quedarme al santo raso. ¿Tú qué dices, Almudena?

El ciego murmuraba. Preguntado segunda vez, dijo con áspera y dificultosa lengua:

—¿Hablar vos del Piche? Conocierle mí. No ser marido la Casiana con casarmiento, por la luz bendita, no. Ser quirido, por la bendita luz, quirido.

—¿Conócesle tú?

—Conocierle mí, comprarmi dos rosarios él... de mi tierra dos rosarios, y una pieldra imán. Diniero él, mucho diniero... Ser capatazo de la sopa en el Sagriado Corazón de allá... y en toda la probeza de allá, mandando él, con garrota él... barrio Salmanca... capatazo... Malo, mu malo, y no dejar comer... Ser un criado del Goberno, del Goberno malo de Ispania, y de los del Banco, aonde estar tuda el diniero en cajas soterranas... Guardar él, matarnos de hambre él...

—Es lo que faltaba —dijo la Burlada con aspavientos de oficiosa ira—; que también tuvieran dinero en las arcas del Banco esos hormigonazos.

—¡Tanto como eso!... Vaya usted a saber —indicó la Demetria, volviendo a dar la teta a la criatura, que había empezado a chillar—. ¡Calla, tragona!

—¡A ver!... Con tanto chupío, no sé cómo vives, hija... Y usted, señá Benina, ¿qué cree?

—¿Yo?... ¿De qué?

—De si tien o no tien dinero en el Banco.

—¿Y a mí qué? Con su pan se lo coman.

—Con el nuestro, ¡ja, ja!... y encima codillo de jamón.

—¡A callar se ha dicho! —gritó el cojo, vendedor de La Semana —. Aquí se viene a lo que se viene, y a guardar la circuspición.

—Ya callamos, hombre, ya callamos. ¡A ver!... ¡Ni que fuás Vítor Manuel, el que puso preso al Papa!

—Callar, digo, y tengan más religión.

—Religión tengo, aunque no como con la Iglesia como tú, pues yo vivo en compañía del hambre, y mi negocio es miraros tragar y ver los papelaos de cosas ricas que vos traen de las casas. Pero no tenemos envidia, ¿sabes, Eliseo? y nos alegramos de ser pobres y de morirnos de flato, para irnos en globo al cielo, mientras que tú...

—Yo ¿qué?

—¡A ver!... Pues que estás rico, Eliseo; no niegues que estás rico... Con la Semana, y lo que te dan D. Senén y el señor cura... Ya sabemos: el que parte y reparte... No es por murmurar: Dios me libre. Bendita sea nuestra santa miseria... El Señor te lo aumente. Dígolo porque te estoy agradecida, Eliseo. Cuando me cogió el coche en la calle de la Luna... fue el día que llevaron a ese Sr. de Zorrilla... pues, como digo, mes y medio estuve en el espital, y cuando salí, tú, viéndome sola y desamparada, me dijiste: «Señá Flora, ¿por qué no se pone a pedir en un templo, quitándose de la santimperie, y arrimándose al cisco de la religión? Véngase conmigo y verá cómo puede sacar un diario, sin rodar por las calles, y tratando con pobres decentes». Eso me dijiste, Eliseo, y yo me eché a llorar, y me vine acá contigo. De lo cual vino el estar yo aquí, y muy agradecida a tu conduta fina y de caballero. Sabes que rezo un Padrenuestro por ti todos los días, y le pido al Señor que te haga más rico de lo que eres; que vendas sinfinidá de Semanas, y que te traigan buen bodrio del café y de la casa de los señores condes, para que te hartes tú y la carreterona de tu mujer. ¿Qué importa que Crescencia y yo, y este pobre Almudena, nos desayunemos a las doce del mediodía con un mendrugo, que serviría para empedrar las santas calles? Yo le pido al Señor que no te falte para el aguardentazo. Tú lo necesitas para vivir; yo me moriría si lo catara... ¡Y ojalá que tus dos hijos lleguen a duques! Al uno le tienes de aprendiz de tornero, y te mete en casa seis reales cada semana; al otro le tienes en una taberna de las Maldonadas, y saca buenas propinillas de las golfas, con perdón... El Señor te los conserve, y te los aumente cada año; y véate yo vestido de terciopelo y con una pata nueva de palo santo, y a tu tarasca véala yo con sombrero de plumas. Soy agradecida: se me ha olvidado el comer, de las hambres que paso; pero no tengo malos quereres, Eliseo de mi alma, y lo que a mí me falta tenlo tú, y come y bebe, y emborráchate; y ten casa de balcón con mesas de de noche, y camas de hierro con sus colchas rameadas, tan limpias como las del Rey; y ten hijos que lleven boina nueva y alpargata de suela, y niña que gaste toquilla rosa y zapatito de charol los domingos, y ten un buen anafre, y buenos felpudos para delante de las camas, y cocina de co, con papeles nuevos, y una batería que da gloria con tantismas cazoletas; y buenas láminas del Cristo de la Caña y Santa Bárbara bendita, y una cómoda llena de ropa blanca; y pantallas con flores, y hasta máquina de coser que no sirve, pero encima de ella pones la pila de Semanas; ten también muchos amigos y vecinos buenos, y las grandes casas de acá, con señores que por verte inválido te dan barreduras del almacén de azúcar, y papelaos del café de la moca, y de arroz de tres pasadas; ten también metimiento con las señoras de la Conferencia, para que te paguen la casa o la cédula, y den plancha de fino a tu mujer... ten eso y más, y más, Eliseo...

Cortó los despotriques vertiginosos de la Burlada, produciendo un silencio terrorífico en el pasadizo, la repentina aparición de la señá Casiana por la puerta de la iglesia.

—Ya salen de misa mayor —dijo; y encarándose después con la habladora, echó sobre ella toda su autoridad con estas despóticas palabras—: «Burlada, pronto a tu puesto, y cerrar el pico, que estamos en la casa de Dios.»


Benito Pérez Galdós, Misericordia, frag. capítulo III.
Edición de Luciano García Lorenzo
Madrid: Cátedra, 200010.


9.7.12

Número 5 de “El Alambique”, revista semestral de poesía (Índice. Y poemas de Leopoldo Alas, Susana Benet y José Manuel Capêlo)


Acaba de aparecer el número 5 de El Alambique. Copio a continuación el índice.
Como de costumbre, Agustín Porras, el  director, propone una breve reflexión en el
Brindis de bienvenida.
Otras secciones, alguna nueva, son:
 

TIENEN LA PALABRA

Poemas de
Noni Benegas, Pedro A. González Moreno, Susana Benet, Rubén Romero Sánchez, Ángel A. López Ortega, Miguel Ferrando, Antonio Ferrández, Eduardo Moga, Mingo Messeguer, Javier Sánchez Menéndez, Pablo Núñez Díaz, Mariano Anós, Begoña Montes, Inés Ramón, Rut Sanz, Francisco Caro, Rafael Soler, Beatriz Blanco, Juan Carlos Aros Aros, Rafael Lobarte, Fernando G. Toledo y Viviana Paletta.

HOMENAJE A JOSÉ MANUEL CAPÊLO   

Coordinado por Maria do Sameiro Barroso y Ángel Guinda.
Textos de Manuel Frías Martins, Ariadne Quintella, Manuel Cándido Pimentel, Paulo Alexandre Louçao, Albano Martins, Cándido Franco, António Ramos Rosa, Ângelo Monteiro, Jo
ão Rui de Sousa, António Salvado, y Maria Azenha.  
Antología poética
de José Manuel Capêlo.
 
Selección y traducción de Ángel Guinda. 
Álbum Capêlo. 
 Fotografías.

ÁTOMOS (Máximas, sentencias, aforismos)   

Los imprescindibles 
La Rochefoucauld: Las máximas de un hombre desengañado, por Luis Valdesueiro.
Máximas de La Rochefoucauld (Selección y traducción de Luis Valdesueiro). 
Escribir al límite: el aforismo español contemporáneo 

Fernando Menéndez, por José Ramón González.
Aforismos de Fernando Menéndez.


UN BOCETO DEL NATURAL   

Cuatro poemas, por Leopoldo Alas.
Nueve poemas, por José Luis Zerón Huguet.
Tres poemas italianos, por Amador Palacios.


DISCURSOS   

Huellas becquerianas en el Moncayo, por Luigi Maráez. 

LENGUA EXTRANJERA, VERSIÓN CASTELLANA  

Poemas de Ahmad Yamani (versión de Milagros Nuin), Maria do Sameiro Barroso (versión de Ángel Guinda), Rada Panchovska (versión de Reynol Pérez Vázquez) y Casimiro de Brito (versión de Ángel Guinda).
Y VICEVERSA (Lengua castellana, versión extranjera) 
Poema de Juan Velasco (versión de Ron Hansen).

ESTA NOCHE, GRAN VELADA  

José Cereijo: el pulso íntimo de la escritura, por Javier Lostalé.

La penúltima  

¿G. A. B.?, por Agustín Porras.




Artistas invitados  
Juan Díaz, Luigi Maráez, José Manuel Capêlo y Elena Caicoya.



Contémplalo, padécelo, disfruta,
no temas, que el dolor

es efímero también;
la luz se nos concede y se nos niega
con la misma vehemencia.
Siente sin fin el calambre del mundo,
cambia de fe, de disfraz, de premisas,
que no hay nada veraz y todo es cierto
y un grito es un susurro de repente,
y por fortuna el mundo
se está acabando ahora mientras duermes.

Leopoldo Alas





HAIKUS


*
Roza el paraguas
la rama del naranjo.
Lluvia de azahar.

                                      *
                                      Sobre la acequia
                                      la telaraña atrapa
                                      rayos de sol.

                                                                           * * *
                                                                           Mientras discuten, 
                                                                           el canario en su jaula 
                                                                           canta más alto.

Susana Benet


     
SE… EN REALIDADE
Se eu tivesse tempo de ser tempo
se o tempo tivesse tempo de ser eu
talvez que o tempo fosse mais tempo
e eu tivesse tempo de ser mais eu.


SI… EN REALIDAD

Si yo tuviese tiempo de ser tiempo
si el tiempo tuviese tiempo de ser yo
tal vez el tiempo sería más tiempo
y yo tendría tiempo de ser más yo.


José Manuel Capêlo
(Traducción de Ángel Guinda)



7.7.12

La lógica española, según Villaamil

—Pues le he de decir a usted —manifestó el cesante con la serenidad de un hombre dueño de sus facultades—, que se vaya usted haciendo a la injusticia, que se familiarice con las bofetadas y se acostumbre a la idea de ver a ese piojo pasándole por delante. La lógica española no puede fallar. El pillo delante del honrado; el ignorante encima del entendido; el funcionario probo debajo, siempre debajo. Y agradezca usted que en premio de sus servicios no le limpian el comedero..., que no sé, no sé si sacar también esa consecuencia lógica.


[El cesante Ramón Villaamil, señor de Miau, al probo funcionario, y trompista de teatro, Argüelles y Mora, conocido como el padre de familia y el caballero de Felipe IV]
Benito Pérez Galdós, Miau
Edición de Francisco Javier Díez de Revenga
Madrid: Cátedra, 2000