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23.4.12

“La armadura del buen gusto, ó el corse”

No hay día que no sea nuevo. Siempre aprendemos algo, aunque olvidemos más. No son ríos, sino cauce, nuestras vidas. 
El corsé

LA ARMADURA DEL BUEN GUSTO, Ó EL CORSE

Lector mira esas figuras, 
que son criticas morales; 
y retratos vien cabales 
de vanidosas locuras. 
Ese Joben a infinitos 
en el dia Representa, 
que lleban errada cuenta, 
por parecer puliditos, 
con sus locos kalendarios
resultan muchos perjuicios;
pues son fomentos de vicios, 
y martires boluntarios. 
El criado a incapie tirando
ajusta bien el corsé:
sabe muy bien el porque
pero se burla callando.
A hombres afeminados 
miramos en nuestros dias.
pués todas sus valentias 
son por berse acicalados.
Bestid (jovenes pudientes) 
sin tretas artificiales;
y creed que prendas morales 
son los trajes mas decentes.

[Talla dulce, iluminada. 19 x 22,4 cm.]

14.4.12

Sobre la Vida de Marco Bruto (Con algunas sentencias de Quevedo)

Releo, después de bastantes años, la Vida de Marco Bruto, de Quevedo. Leo y subrayo. Este libro pide incesante atención, y conviene saborearlo a pequeños sorbos, y con sosiego. Más allá de las piruetas verbales, la ceñida prosa de Quevedo deslumbra y asombra. Tras las amuralladas frases, las palabras tasadas y los pensamientos exactos. Ya desde el prólogo, Quevedo advierte: “Gastaré pocas palabras, y haré gastar poco tiempo”. Unas líneas antes, por si fuera necesaria, había aducido la razón: “Poco escribo, no porque excuso palabras, sino porque las aprovecho, y deseo que hable la do[c]trina a costa de mi ostentación. Aquél calla, que escribe lo que nadie lee; y es peor que el silencio, escribir lo que no puede acabarse de leer; y más reprehensible acabar de escribir lo que cualquiera se arrepiente de acabar de leer. De mí sólo aseguro que ni el que me empezare a leer se cansará mucho, ni el que me acabare de leer se arrepentirá tarde.” Poco hay que añadir, todo está dicho. En efecto, ¿habrá quien se arrepienta de penetrar en esta prosa recia, severa y de contenida belleza? De creer a su autor, la Vida de Marco Bruto sería el menos malo de sus libros y el más razonable de todos.

En estas páginas, prodiga Quevedo depuradas y rotundas sentencias. No sin cierta aprensión, me permito seleccionar algunas de esas frases que, aun desgajadas del tronco de la obra, conservan pleno sentido en sí mismas. [Para ver una selección de las Migajas sentenciosas de Quevedo, pinchar aquí y aquí.]


Sentencias sacadas de la Vida de Marco Bruto,
de don Francisco de Quevedo Villegas,
Caballero del Hábito de Santiago
y Señor de la Torre de Juan Abad


Yo afirmo que lo bueno en el malo es peor, porque ordinariamente es achaque y no virtud, y lo malo en él es verdad, y lo bueno mentira. Mas no negaré que lo malo en el bueno es peligro y no mérito.

*

Ricos fueron los romanos en tanto que supieron ser pobres: con su pobreza se enterró su honra.

*

Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra.

*

Cuerpo que no le arma su corazón, las armas le esconden; mas no le arman. Quien va desnudo de sí y armado de hierro, es hombre con armas, cuando ellas son armas sin hombre. Si vive, es por ignorado; si muere, es por impedido; pues si no huye, es de embarazo y no de cobarde; y destos mueren más con sus armas que con las de los enemigos.

*

El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que pudiera pensar. Y muchas veces a sí mismo se persuade el miedo, y se le hace el discurso receloso, porque no hay quien no se crea a sí mismo. Y es blasón grande del temor, siendo tan ruin, hacer de nada algo y de poco mucho.

*

¡Oh cuánta noche habitan nuestros deseos!

*

El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde tiene miedo de su propio temor. De aquí le nace no tener la seguridad en otra cosa sino en la muerte de su muerte, cuando no hay enemigo que no tenga quien sólo se defiende con el mal suceso del que se le opone.

*

¡Oh cuán sólidamente obra quien es sólidamente bueno!

*

Por eso se ha de mirar a quién se hace bien; porque haber quien con el bien se hace malo, siempre se ha visto, y quien con el mal se hace bueno, muchas veces se ve.

*

Grande dolor es sentir mucho, y grande enfermedad no sentir nada: esto es ya de muerto, aquello aún es de vivo. Por esto habíades de sentir más la falta de sentimiento, que la sobra de dolor.

*

Peor es vivir indignos de la vida por no saber morir, que morir dignos de la vida por saber buscar la muerte.

*

Breve es la vida; antes ninguna en aquel que olvida lo pasado, y desperdicia lo presente, y desprecia lo por venir. Y solamente es vida y tiene espacio en aquel varón que junta todos los tiempos en uno.

*

Perder la libertad es de bestias; dejar que nos la quiten, de cobardes. Quien por vivir queda esclavo, no sabe que la esclavitud no merece nombre de vida, y se deja morir de miedo de no dejarse matar. Tenemos por honesto morir de nuestra enfermedad, y ¿rehusaremos morir de la que tiene nuestra república? Quien no ve la hermosura que tiene el perder la vida por no perder la honra, no tiene ni honra ni vida.

*

Grande gloria es ser único en la bondad; empero es gloria avarienta. No lo deseo, porque quiero bien a mi patria; no lo temo, porque conozco sus ciudadanos.

*

Y si tiene pereza nuestro celo y le damos lugar a que se corone, con las mercedes y cargos hará ministros y príncipes estos que hoy son delincuentes, y se embarazará el castigo de sus culpas en lo magnífico de sus cargos; que en el mundo los delitos pequeños se castigan, y los grandes se coronan; y sólo es delincuente el que puede ser castigado, y el facineroso que no puede ser castigado es señor.

*

El pensar quiere tiempo, y lo pensado ejecución. Muchas cosas hay que no se dicen, y se derraman; porque lo que no se comunica, se sospecha. Nada es tan seguro como pensar lo que se ha de hacer, y nada es secreto si para hacer lo determinado se tarda en pensar, cuando el pensar es delito y la tristeza amenaza.

*

Nada se ha de mostrar menos que lo que se desea más. La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política.

*

¡Oh, ceguedad del hombre, que no sabiendo lo que es y olvidando lo que fue, quiere saber lo que será!

*

Mejor se puede disculpar el que se muere de miedo que el que de miedo se mata, porque allí obra su culpa la naturaleza, y en éste, con delito y culpa, el discurso apocado y vil.

*

Necio ahorro es el del miedo. Dase Catón la muerte porque César no se la dé; si fue por esto, él fue en sí propio vencido, y justificado, y verdugo, y venganza, y vengador de César.

*

El sufrimiento y la paciencia son los valentones de la virtud.

*

Determinarse tarde al remedio del daño, es daño sin remedio.

*

Quien pregunta lo que padece, con razón padece, y sin remedio, lo que pregunta. No puede ser mayor ignorancia que preguntar uno lo que ve.

*

Las cosas grandes no las consigue quien no las aventura.


Francisco de Quevedo, Vida de Marco Bruto
(según la edición de
Wikisource)

31.3.12

Modo de montar en bicicleta (Un texto que no escribió Cortázar)

untitledProlegómenos. Es preciso, ante todo, que el que monta no tenga miedo a las caídas. Es además conveniente que los brazos no estén rígidos. Hay varios sistemas de montar; los más usados consisten en servirse del pedal, o mejor montar teniendo la máquina entre piernas. Para apearse, lo más cómodo es hacerlo por el pedal; algunos lo hacen por detrás y también apoyando el pie en una acera próxima. El eje del pedal ha de estar al tercio de la longitud de la planta del pie a contar desde los dedos. Al mover los pedales conviene que la punta del pie se halle dirigida un poco hacia abajo. Para sostenerse, si la máquina se inclina hacia un lado, basta girar el manillar de modo que la máquina tienda a desviarse hacia el mismo lado.

Excursión en bicicleta. Cuando se emprende una excursión en bicicleta es necesario llevar consigo un farol, una bomba, un neumático, una camisa de dormir (de seda), medias y pañuelos, una camiseta, un revólver y un mapa. Es práctico llevar varios botones y el dinero y el reloj en un cinturón, al cual irá sujeto la pistola o revólver.

Carreras modernas. En las carreras modernas el ciclista va precedido de una motocicleta, alcanzándose así velocidades mucho mayores. El efecto de los entrenadores es cortar el aire y producir una aspiración del mismo delante del ciclista, aparte de evitar a éste la fatiga cerebral que exige el cuidar de conservar la velocidad lo más constante posible, en cuyas condiciones el trabajo realizado en un tiempo dado es mínimo. Distínguense los corredores en dos clases, los “sprinters” y los “stayers”. Los primeros tienden a alcanzar la mayor velocidad, los segundos a hacer el mayor recorrido. A los últimos se les llama también “de fondo”. 
ENCICLOPEDIA VNIVERSAL ILVSTRADA EVROPEO-AMERICANA, s.f. (pero posterior a 1907).

24.3.12

“Desde mi lecho de infortunio” (Cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero)

Una grave enfermedad, causa de un largo ingreso hospitalario, da pie a estas dos cartas que César Vallejo dirige a su fiel amigo Pablo Abril. En las palabras del poeta late el profundo dolor y el acerado fatalismo del hombre gravemente enfermo, inerme ante el destino. De esas palabras, asediadas por la fatalidad, brota la añoranza del pasado: el recuerdo de los padres lejanos y los cariños perdidos, la memoria de los ritos aprendidos en la infancia.

Cuando la muerte ronda, la metafísica extiende las alas, no siendo extraño entonces que se aferre uno a insospechados asideros, ya que si es insoslayable que todo pasa, aún más letal para nuestro egotismo es que nosotros perecemos. El convaleciente Vallejo, cediendo a un irrenunciable deseo de justicia, acaba anhelando
“otro mundo de refugio para los muchos que sufren en la tierra”.

Américo Ferrari, en un libro lejano (El universo poético de César Vallejo, 1972) aventura una interpretación del dolor en Vallejo, omnipresente dolor que atraviesa tantos poemas de sus libros y que oprime tantas horas de su vida: “El dolor es, en Vallejo, una abertura a la existencia, una vía de conocimiento, fuente de comunicación con todos los seres que sufren (todos los seres sufren), pero también isla en que el poeta se encuentra solo frente a la muerte. Mensajero de la muerte y testigo de la vida, el dolor es manantial de conciencia y el poeta lo busca, se hace doler él mismo para sentirse vivo y se encuentra exiliado, de repente, en la atmósfera extraña de la soledad y del tiempo…”

 

[1]

París, 19 octbre. 1924

Mi querido Pablo:

Parece que la mala suerte sigue empecinada en herirme. Esta carta la escribo desde el hospital de la Charité, Sala Boyer, cama 22, donde acabo de ser operado de una hemorragia intestinal. He sufrido, mi querido amigo, veinte días horribles de dolores físicos y abatimientos espirituales increíbles. Hay, Pablo, en la vida horas de una negrura y cerrada a todo consuelo [sic]. Hay horas más, acaso, mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba. Yo no las he conocido antes. Este hospital me las ha presentado, y no las olvidaré. Ahora, en la convalecencia, lloro a menudo por no importa qué causa cualquiera. Una facilidad infantil para las lágrimas me tiene saturado de una inmensa piedad por todas las cosas. A menudo me acuerdo de mi casa, de mis padres y cariños perdidos. Algún día podré morirme, en el transcurso de la azarosa vida que me ha tocado llevar, y entonces, como ahora, me veré solo, huérfano de todo aliento familiar y hasta de todo amor. Pero mi suerte está echada. Estaba escrito. Soy fatalista. Creo que todo está escrito.

Dentro de seis u ocho días más creo que saldré del hospital según dice el médico. En la calle me aguarda la vida, lista, sin duda, a golpearme a su antojo. Adelante. Son cosas que deben seguir su curso natural, y no se puede detenerlas.

[…]

Desde mi lecho de infortunio, le envío mi abrazo fraternal y agradecido.

César

 

[2]

París, 5 novbre. 1924

Mi querido Pablo:

Mi enfermedad se ha alargado más y más. Ayer hizo un mes que estoy en cama. Después de la operación, me vino de nuevo una hemorragia, que por poco carga conmigo. La noche del domingo 27, pudo haber sido fatal. ¡Horrible! Pero hoy estoy otra vez mejor. Ya estoy, desde el martes, en mi cuarto, pero siempre en cama. El médico me ha dicho que guarde cama todavía y que me cuide.

¡Pablo! Hay gente dura y cruel en el mundo. Hay dolores que espantan, y la muerte es un hecho evidente, pavoroso. Hay gente dura de corazón, y uno puede morirse de miseria. Bueno. Pero qué se va hacer [sic]. Vuelvo a creer en Nuestro Señor Jesucristo. Vuelvo a ser religioso, pero tomando la religión como el supremo consuelo de esta vida. Sí. Sí. Debe haber otro mundo de refugio para los muchos que sufren en la tierra. De otra manera, no se concibe la existencia, Pablo.

[…]

Adiós, Pablo inolvidable. Dios lo proteja y disfrute del mejor bienestar.

Le abraza su amigo

César

César Vallejo
Correspondencia completa
Edición de Jesús Cabel
Valencia: Pre-Textos, 2011

15.3.12

Las desgracias nunca vienen solas

Él la violó.
Las familias ordenan la boda: para lavar la honra, para burlar la cárcel.
Pero ella se suicida.

(Sucedió en Marruecos, y no necesariamente.)