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14.3.12

Olvido

Olvido: hermosa y trágica palabra. Una de las más hermosas y trágicas de la lengua castellana, la más noble de las lenguas, según aventura Ceronetti.

Sílabas que se funden en la boca como presagio de gozo o íntimo dolor. En sus recodos se esconde una secreta nostalgia, y un aliento voraz, y un extraño fulgor. Sílabas en busca del sentido, sílabas que reniegan de aquello que señalan, sílabas que escarban en su rumor de nombre. 

Como si fuera un loco entregado a la ausencia, el olvido es rama seca de recuerdos, velo hidrófilo del alma, incierta savia de dormidos sueños, lágrima vertida en pozos de la nada.


[Ultimísima revisión de un texto del libro inédito La rueda de las palabras.]

10.3.12

Fe de erratas


p. v. Donde dice: Debe decir:
335 18 y, en fin, suelen decirse: ¡Allá las putas, Luis Taboada, Y exijo del sombrero la infausta analogía del recuerdo,

César Vallejo, Obra poética. Madrid: Colección Archivos, 1988.
¿Quién negará que incluso en el error traslaticio abunda la poesía? 

6.3.12

Los «senores» extranjeros (Un artículo de Julio Camba sobre la dichosa ñ)

El pasado martes se cumplieron cincuenta años de la muerte de Julio Camba. Una buena excusa (y qué excusa no es buena) para degustar alguno de sus memorables artículos, que son un gozo para el espíritu y un tónico para los músculos faciales. ¿Cuántos autores son capaces de provocar en el lector un estallido de risa? Pocos o muchos, es indudable que Camba es uno de ellos. Maestro de la crítica sutil y elegante, en Camba nunca se echa de menos la cortesía del humor, aunque sea un humor serio.

La querella de la ñ, como evidencia el artículo de Camba que propicia esta nota, viene de antiguo y acaso no tenga fin. Dichosa tilde, hispánica boina que le cayó a la n en pos de la sencillez, y que tantas porfías provoca.


“Está claro que la ñ es la aportación española al alfabeto latino y la simple duda acerca de su carácter de letra independiente ya es ofensa que se le hace a la cultura hispánica. […] La nasal palatal no existía en latín, pero la evolución de grupos tales como gn, nn o ni dio lugar a ella y, durante la Edad Media alternaron y se confundieron, en el ámbito románico, todas esas grafías e incluso otras, como in, yn, ny, nj, ng, nig, ign y hasta una simple n. Finalmente, italiano y francés se quedaron con gn, el catalán prefirió ny y el portugués eligió la nh que había arbitrado el provenzal, porque la h, ya muda en latín, lo mismo servía para un roto que para un descosido. El castellano se decidió pronto por la grafía nn, que se abreviaba por medio de una n con una raya encima, y así se confirmó en la ortografía alfonsí. Luego la raya se onduló en tilde y para Nebrija, pese a tener pleno conocimiento de su origen como abreviación de la doble ene, era ya una letra tan independiente y propia que afirmaba ‘hazemos le injuria en no la poner en orden con las otras letras del a b c’. Una letra emblemática, pues, en el alfabeto español, que figura en el propio nombre de España, como acaba de reconocer, el 30 de mayo [1991], la comisión de Cultura y Educación del Consejo de Europa, pero bastante más que eso, porque no es signo usado solo en nuestra lengua, sino en todas aquellas, que son bastantes y algunas de notable importancia, a las que el castellano dio alfabeto y tenían una consonante nasal palatal en su sistema fonológico. Aquí, en la propia casa, el vasco; en América, el guaraní, el quechua, el aymara, el araucano, el zapoteco y tantas otras; en Filipinas, el tagalo, su idioma oficial, y en las Islas Marianas, el chamorro. Sin olvidar que también la usa el gallego ¡y con qué frecuencia afectiva! […] El día 30 de mayo de 1991, ya lo he dicho, la Comisión de Cultura del Consejo de Europa reconoció públicamente que le eñe es una letra emblemática en la escritura del español…” [Gregorio Salvador.]

Gregorio Salvador y Juan R. Lodares, Historia de la Letras, Madrid, Espasa, 1996.


Otras letras, en otros idiomas, llevan esa misma tilde, pero lo privativo de la virgulilla de la ñ es que, lejos de ser el tocado con que se cubre la n, se trata de una letra distinta, aunque ambas sean gemelas, y de tan distinto bramar. Allí donde la n es letra tímida y modosita, la ñ parece una letra gamberra, belicosa, que inflama palabras y conceptos. En cuanto a su sonido parece de hormigón armado, pero su apariencia es de una elegancia natural que deslumbra.

De la antología que preparó el mismo Camba, Mis páginas mejores (Gredos, 1956), rescato este cómico texto sobre los infortunios de la dichosa ñ, orgullo y emblema de nuestro alfabeto.


LOS «SENORES» EXTRANJEROS
Los únicos impresores del mundo que han aceptado la ñ española son los ingleses. Los franceses no la han aceptado todavía, y los alemanes tampoco.

Los franceses, especialmente, no sólo no aceptan nuestra ñ, sino que ni siquiera la traducen. Hay una traducción francesa de La campaña del Maestrazgo, que se titula La cloche du Maestrazgo. Yo me quedé loco un día que me preguntaron en París:

Mais, qu’est ce que c’est que cette sacrée cloche du Maroc?

Sin embargo, nosotros respetamos el rabito de la c francesa, ese rabito que parece una perilla, y nunca escribimos francais, sino français, ni francois, sino françois.

Que los franceses respeten nuestra ñ, si quieren que nosotros respetemos su c de rabito. No es cosa de que se abuse de nosotros porque seamos una nación débil.

La ñ española ha corrido muchísimas aventuras en el mundo. Un español entró un día en un estanco de Berlín a comprar cigarros. Le enseñaron unos habanos con una vitola que decía: «Cabanas».

—Estos habanos —dijo el español— los hacen ustedes en la trastienda, ¿eh?

El estanquero protestó:

—No proteste usted. Si fueran habanos, no diría en la vitola Cabanas, sino Cabañas. Esta n debiera tener una tilde.

Y el español inició al estanquero en los misterios de la ñ española.

Algún tiempo después el mismo español volvió al estanco. El estanquero lo reconoció en seguida.

—Ya tenemos legítimos Cabañas —le dijo—. Vea usted.

Abrió una caja y le mostró un cigarro. En la vitola se leía: «Cabañas.­Habaña.» El estanquero, muy orgulloso, exclamaba:

—¡Habaños, habaños legítimos!...


Julio Camba, Alemania (1916).

5.3.12

“Mala noche”




 Goya, Caprichos, 36


A estos trabajos se esponen las niñas pindongas q.e no se quieren estar en casa.[Comentario manuscrito. Museo del Prado]


Noche de viento recio,mala para las putas.
[Comentario manuscrito. Biblioteca Nacional]

3.3.12

Paul Éluard & Benjamin Péret: Proverbios modernizados (continuación y fin)

Por cierto, y continuando con el tema del último día, en unos versos del poema “He aquí todos los siglos pasados a filo de espada”, traducido por César Moro, y no recogido por Pellegrini, Gui Rosey expresa lo siguiente:

Ahora que los proverbios seductores viajan a costa de los ojos
los brazos escasean de recuerdos y caen a lo largo del cielo
todos los dioses han regresado a sus conchas
y la muerte vestida de soldado
coloca el terror blanco bajo urna
en las patrias pintadas de nuevo

Puestos a imaginar: proverbios seductores, ¿los de Éluard y Péret?; soldados que son el traje de la muerte, ¿los de la Wehrnacht? Tal vez ni lo uno ni lo otro, o lo uno y lo otro, que para el caso es lo mismo. 



 

P R O V ER BI OS


 

 


M
   O
        D
         ER
                   NI
               ZA
                                     D
                          O
                S

 

Los elefantes son contagiosos.

*

Es necesario devolver a la paja lo que pertenece a la viga.

*

Sueño que canta hace temblar a las sombras.

*

A toneles pequeños, toneles pequeños.

*

Los grandes pájaros hacen las pequeñas persianas.

*

Enjuagar el árbol.

*

No hace falta coser los animales.

*

Hay que pegarle a la madre mientras es joven.

*

Carne fría no apaga el fuego.

*

Piel que se descama va al cielo.

*

Un lobo hace dos rostros hermosos.

*

Rascar a la vecina no da flores en mayo.

*

No es rosa todo lo que vuela.

*

Los pelos caídos no vuelven a crecer gratis.

*

Aplastar dos adoquines con la misma mosca.

*

Matar nunca es robar.

*

Un sueño sin estrellas es un sueño olvidado.


ÉLUARD & PÉRET
De
152 proverbes mis au goût du jour, traducidos por Aldo Pellegrini.