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26.1.12

“El sueño de la razón produce monstruos”

                                Goya, Caprichos, 43
La fantasia abandonada de la razon, produce monstruos imposibles: unida con ella, es madre de las artes y origen de sus marabillas. [Comentario manuscrito. Museo del Prado]
Portada para esta obra: cuando los hombres no oyen el grito de la razón [sic], todo se vuelve visiones. [Comentario manuscrito. Biblioteca Nacional]

23.1.12

Poetas prostitutas, chinas

No sin sorpresa, descubro la existencia de un libro curioso: Antología de poetas prostitutas chinas (siglo V-siglo XXI). Ante tan extraño título, y desconocedor de su contenido, cabe preguntarse qué es lo sustantivo: la poesía o la prostitución. ¿Cómo no recordar ahora el sarcasmo de Baudelaire: “el arte es prostitución”, si las prostitutas chinas dan para una antología poética que atraviesa los siglos? Aparece, pues, una nueva clase de poetas adjetivos: al ya clásico de “poetas suicidas” (entre los que no sólo hay hombres) se une el de “poetas prostitutas” (que excluye a los hombres, aunque quizás haya poetas putos, ya que, según Quevedo, “puto es el hombre que de putas fía”).

Lo curioso de tales designios adjetivos, no puede evitarnos reconocer su absurdo reduccionismo. Quién sabe si en esa antología hay tantas prostitutas como poetas, o tantas poetas como prostitutas. Por lo que a mí respecta, tan sugerente título me impone estricta castidad lectora, aunque, al final, quizás la curiosidad me venza: la carne es débil (o triste) y quedan muchos libros por leer.

Dándole vueltas al magín, y a fin de contribuir en algo al arte de titular libros, se me ocurren algunas antologías posibles: Antología de cuentos guarros escritos por carteros (ineludible la presencia de Bukowski), Antología de poetas masones (los nombres de los poetas se mantendrán en secreto), Antología de poetas inéditos que quieren dejar de serlo (un problema para el antólogo: ¿se excluyen a los poetas que han publicado en revistas o en internet?), Antología de poetas españolas (estarían representadas poetas españolas, con un anexo para quienes siendo españolas, no se sientan tales), Antología de poetas españoles (vale lo anterior, aunque esta antología incluiría también a los poetas), Antología de poetas muñidores de antologías poéticas (imperdonable la ausencia de José Luis García Martín y Luis Antonio de Villena), Antología de poetas de obra corta (con representación de un Fray Luis de León, por ejemplo, o un Bécquer), Antología de poetas calvos y de obra larga (lamentablemente estaría excluido Walt Whitman, por su pelambrera), Antología de poetas viudos y viudas (en cada nueva edición se renovarían los poetas), Antología de poetas muertos (complementaria de la anterior: viudos y viudas también pasan a mejor vida), Antología de poetas nobeles (por oposición a noveles), Antología concisa de poetas pajilleras (obra de mucha erudición: el prólogo debería aclarar la posible relación causal entre la prohibición de las casas de lenocinio y el trabajo autónomo y cinéfilo de las tales), Antología de poetas de Sevilla la Nueva (con un requisito inexcusable: la reproducción de la Partida de nacimiento literal de los antologados), y la más universal de todas las antologías: la Antología universal de poetas tristes… ¿Alguien da más? Títulos, quiero decir. 

20.1.12

¡Existir! ¿Y cómo?

Nunca aprendi a existir, escribe ese semiheterónimo de Fernando Pessoa llamado Bernardo Soares, tenedor de libros en la ciudad de Lisboa; y escribe en un portugués que, en esta frase, casi casi es español. ¡Existir! ¡Vaya sueño! Cómo aprender a existir si andamos a tientas por la vida, si apenas vamos tirando, si tropezamos en los días como lerdos, si anhelamos efímeras paparruchas… ¡Existir! ¿Y quién sueña con existir? Para existir nos falta vida, vida honda, vida de calidad. (Releo la última frase y rumio la última palabra: ca-li-dad. ¡Qué extraña palabra! Pero así son las cosas: basta con que nos detengamos en ellas para que nos invada toda su extrañeza, lo mismo que si acabaran de nacer.)

18.1.12

El Tiempo corta las alas a Cupido

François Perrier, El Tiempo corta las alas a Cupido, grabado, ca. 1630-1670. Londres, British Museum.


En el margen inferior puede leerse la frase: “El amor lo vence todo, mas el tiempo vence al amor”. Aquí el Padre Tiempo, musculoso y con barba, con la guadaña y el reloj de arena a sus pies, aferra a Cupido, cuyas flechas han caído al suelo en señal de rendición, y le recorta las alas para que no vuele demasiado alto.
Pietro Redondi, Historias del tiempo
Madrid: Gredos, 2010

      

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San Juan de la Cruz

Alberto Caeiro

José A. Muñoz Rojas

 

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4.1.12

Soldadesca

SEGÚN parece, y por qué dudarlo, los protagonistas de esta foto, en la que el vuelo queda para siempre suspendido, son soldados que gozan de un instante de asueto en algún lugar de la Segunda Guerra Mundial. Así, tan desnudamente, ¿quién adivinaría la patria por la que luchan?


     

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