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31.8.11

Monterroso, ¿destronado?

Hace semanas que observo con creciente perplejidad las estadísticas del blog. Durante mucho tiempo, y hasta hace un par de meses, la entrada de los cuentos y fábulas de Augusto Monterroso campaba invicta en la estadística diaria, semanal y mensual.

Ya sabía yo que con las estadísticas hay que ser escéptico y tomárselas con cautela: nos dicen que alguien llamó a la puerta pero nos ocultan si llegó a entrar, si apenas echó un vistazo, si leyó la entrada o si salió raudo lanzando pestes, quizás. La estadística nos informa del número de veces que llamaron a la puerta. Y poco más. Y a eso vamos: la entrada sobre los cuentos de Monterroso ha sido destronada del primer puesto de la estadística diaria, semanal y mensual. Veamos cómo ha sido. Hace dos meses publiqué una entrada sobre un viaje en autobús. Recogía en ella una expresión, que elevé a título, digamos que en rumañol, de una deslenguada muchacha: “Están en el chocho folladas”.

A raíz de la publicación, el número de visitantes de esa entrada no dejó de crecer sin que ninguna otra fuera capaz de desbancarla, lo que en cierto sentido me apenaba. Bastaron dos palabras procaces para que un blog (permitidme una pizca de ironía) que se quiere devoto de la más acendrada cultura acabara mancillado por inquisidores lujuriosos. (A veces me asalta la tentación de eliminar esa entrada, pero no sería justo.) Si “folladas” y “chocho” da pie a más búsquedas que “Monterroso” y “cuentos”, ¿acaso queda otra que rendirse ante la tozuda realidad?

Pero no, no me resigno a que dos sonorosas palabras destronen impunemente a un zahoría de la lengua. Ensayaré un remedio, que espero útil para desbancar a la susodicha entrada. Me serviré, para ese fin, de un texto de Cabrera Infante, plagadísimo de todas esas palabras que tan diversamente nombran al falo, y que sin duda aumentarán la competencia léxica de quienes lleguen hasta ellas. Al fin y al cabo, el ámbito de nuestra lengua es vasto y numeroso.   

NOTA: Anoche preparé esta entrada con la intención de publicarla hoy. Pues bien, esta mañana, para mi sorpresa, descubrí que la entrada de los cuentos de Monterroso había recuperado el primer puesto semanal. ¿Por qué hoy y por cuánto tiempo?


PERI PHALOS

Altar_fálico_de_Dionisos_en_Delos

 

Polla, picha, pija, pico, pinga, morronga, cabilla, cabia o cavia, caoba, majagua, mazorca, moco, pájaro, levana o lebana, linga, carajo, tranca, trozo, mecha, trabuco, perinola o pirinola, mandarria, pene, palo, mástil, verga, vergajo, vianda, la cabezona, la calva, cuero, látigo, rabo, chorizo, morcilla, tabaco, la sinhueso, arma, espada, pluma (“mojar la pluma”) –y casi siempre, cosa curiosa, el nombre está en femenino.

Guillermo Cabrera Infante
Exorcismos de esti(l)o
Barcelona, Seix Barral, 1976


 

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30.8.11

*La rosa (y II): Poemas y aforismos de Juan Ramón Jiménez

Salvador Dalí

P O E M A S

La única rosa

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo
¡amor! la única rosa.

Rosa

Sólo eres tú
(aquella tú)
cuando me hieres.


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Canción. Seix Barral, Barcelona, 1993.

A F O R I S M O S
[Ideolojía, Ideolojía II, inéditos]

Uno y las rosas de la tumba solamente. Sólo nuestro pensamiento, flor de nuestra vida o la flor que abre de nuestra carne podrida. Eso es intimidad. Lo demás -amada, padre, madre, hermanos, amigos-   no es nada.

*

El pensamiento primero es como una rosa de sueño; después como una rosa de bruma; después como una rosa de cristal...

*

Le arranco más al sueño que a la vida; porque el sueño es como una vida mejor, cuyas rosas quisiera sembrar en mi realidad.

*

La rosa, ¿cómo está vestida y desnuda a un tiempo?

*

Perfecto e imperfecto, como la rosa.

*

Crítico de mis entrañas; cuando yo digo del poema:

No le toques ya más,
que así es la rosa,

es después de haber llevado el poema hasta la rosa.

*

Dos rosas son dos; cuatro, cuatro; siete, siete. Muchas, una.

*

¡Pobre rosa, que no puedes huir!

*

La poesía debe ser tan natural en el poeta como la rosa en el rosal.

*

La forma de la rosa dura lo que dura la forma de su esencia.

*

Perfección es penúltima imperfección.
De ahí no hay que pasar si queremos seguir vivos. "Así es la rosa."


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958), Con la Rosa del Mundo (1896-1954). Libro transcrito y orquestado por Emilio Ríos. Barcelona, La Poesía, señor hidalgo, 2002.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)

28.8.11

A pie de foto (2): La mujer cebra

 

Lucien Clergue


La mujer cebra es blanca y es negra.

Negra y blanca, de día y de noche.
De noche y de día, blanca y negra.

Y siempre a rayas.


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27.8.11

*La rosa (I): Un soneto de Góngora, y un comentario de Azorín

A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?

Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

LUIS DE GÓNGORA (1561-1627), Sonetos completos. Edición, introducción y notas de Biruté Ciplijauskaité. Clásicos Castalia, Madrid, 2ª ed., 1975.


Comentario de Azorín

Rosas de España, rosas que el recio pintor Zurbarán amaba: D. Luis de Góngora ha querido pintaros en catorce versos henchidos de emoción. No sabemos cuándo Góngora escribió este soneto; pero nos place ver al poeta ya un poco viejo, pobre, amargado por las adversidades de la vida. ¿Se acordaba de su Córdoba cuando escribía estos versos? ¿Veía, sobre la foscura del panorama de la Serranía, brillar una rosa encendida que se inclina sobre su tallo? ¿Era para él la rosa símbolo del breve esplendor del poeta, del poeta que tiene un momento de inspiración, de plenitud, y luego acaba en la sombra y en el olvido? Ayer naciste y morirás mañana -escribe Góngora-.
Para tan breve ser, ¿quien te dio vida? En una estancia, sobre una mesa, puesta en un búcaro, hay una bella rosa; en las paredes se ven los retratos de guerreros y de teólogos; un libro de Garcilaso o de Cervantes reposa junto al jarrón en que la rosa luce.
Entra un rayo vívido de sol por la ancha ventana. La rosa alcanza, en este minuto supremo de su vida, su plenitud. Unas manos finas y blancas la han cogido; unos ojos claros y verdes -como los de Melibea, como los de Dulcinea- la han contemplado; un instante sus pétalos fragantes han rosado una boca y una nariz sensuales y ávidas. Luego la rosa ha sido puesta en el búcaro de cristal. En la estancia reina la paz, y los teólogos y los guerreros miran desde sus marcos.
¿Para vivir tan poco estás lucida, y para no ser nada estás lozana? Este minuto en que la rosa brilla y aroma, ¿qué es en la eternidad del tiempo? Minuto de 1600, o de 1800, o de 1900; minuto en que en estas paredes de la sosegada estancia acaba de ser colocado un cuadro de Velázquez, o una escena de Goya, o un paisaje de Beruete; minuto en que unos ojos han leído una poesía de Garcilaso, o de Chénier, o de Samain; minuto en que ha resonado en el callado ámbito una dulce música de Salinas, o una trágica sonata de Beethoven; minuto en que la emoción humana ha llegado a lo más delicado y lo más intenso, ¿qué representas tú entre las dos eternidades que nos ciñen y aprisionan en lo pretérito y en lo futuro, las dos eternidades del pasado y del presente? Dilata tu nacer para tu vida, que anticipas tu ser para tu muerte. Así escribe el poeta. No importará nada, sin embargo, el dilatar ese nacer. No se adelantará nada con perdurar en el limbo de la vida sin entrar de lleno en la vida. El limbo de la vida es tan fugaz como la vida misma. Entremos en la vida resueltamente. Seamos en ella lo que nuestro ser quiere -espontáneamente- que seamos. Podrán pasar los mundos y podrá dilatarse el tiempo en sucesión interminable de siglos y siglos. Pero este minuto en que la rosa -cortada por bellas manos- luce y perfuma en su búcaro de cristal, frente a un retrato de Velázquez, en una estancia en que han resonado las armonías de Beethoven, este minuto es lo más alto, lo más fino y lo más exquisito de la civilización humana. No sabemos lo que podrá producir el tiempo en su corriente inacabable; mas este instante, tan fugitivo, tan alado, es la flor maravillosa -¡oh hombres!- de la pretérita eternidad...

JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (Azorín), Al margen de los clásicos. Introducción de Santiago Riopérez y Milá. Biblioteca Nueva, Madrid, 2005.

Bajo esta etiqueta -Florilegio (Antología mínima de autores varios)- pretendo acoger una selección de textos breves (verso y prosa) que, al margen de cualquier juicio crítico, me han interesado como lector. Los textos en prosa responden a "géneros" que hacen de la brevedad virtud: aforismos, poemas en prosa, fragmentos, microcuentos, etc. De los textos poéticos en otras lenguas ofrezco el original. Menciono, asimismo, la edición utilizada en cada caso. (Téngase por excepción cualquier olvido de estas pautas.)


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24.8.11

+”Gassman legge il menù.” (Y una receta dadá para componer poemas.)

Tristan Tzara tuvo una feliz idea: ofrecer al mundo su receta para componer poemas (dadaístas, por supuesto).

La receta ponía al alcance de todos, fueran letrados o iletrados, la creación poética.

La cosa no podía ser más sencilla.

Se toma un periódico y unas tijeras.
Se elige un artículo que tenga la misma extensión que queremos dar al poema. Se recorta con cuidado cada palabra del artículo y la vamos introduciendo en una bolsa. Agitamos las palabras, y acto seguido sacamos de la bolsa una tras otra, colocándolas por orden. El último paso, y definitivo, consistirá en copiar a conciencia las palabras, y voilà!: el poema está hecho.

De un modo fácil y entretenido, y con ayuda del azar, hemos compuesto un poema (¡un poema dadaísta!) que no conocían los siglos, y que te convertirá en un poeta original, pero incomprendido por los simples. (Un poema en prosa, por supuesto, pero tan poético… Supongo que no sería traición al espíritu dadá componer el poema en verso, troceándolo según nos venga en gana, aun a riesgo de que el poema sea más largo que el artículo original.)

De la receta de Tzara parece desprenderse un axioma: Todos poetas y la poesía en todo. ¡Me gustaría creerlo!

En cualquier caso, recientemente he encontrado, en You Tube, un divertido ejemplo (hay más) de cómo un buen rapsoda es capaz de convertir en poesía incluso el menú de un restaurante. Pasen y vean.

Gassman lee el menú

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