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12.9.11

A pie de foto (12): Mirada de poeta

          Retrato de Baudelaire, por Étienne Carjat


Ojos tenebrosos, oceánica frente, rostro cincelado por el miedo, el odio o el rencor.

Tímida soberbia, airada fijeza del hombre sufriente. Desamparo del poeta que chapotea en la ciénaga de los días y que acaso recuerda al albatros de su famoso poema: un albatros, exiliado en el suelo, cuyas alas de gigante le impiden caminar..

A ese albatros, asevera Baudelaire, se asemeja el Poeta. 


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11.6.11

Baudelaire -arte y prostitución- Tolstoi

En la primera página de Mi corazón al desnudo, Baudelaire plantea una pregunta: ¿Qué es el arte?

Décadas más tarde, el conde León Tolstoi se hizo la misma pregunta. Su respuesta fue un libro, con ese mismo título, en el que arremetía contra el arte “moderno” (Baudelaire incluido).

La respuesta de Baudelaire es tan clara, escueta, sonora y rotunda que sobrecoge: Prostitución.

Sabido es que Jeanne Duval, la amante negra del poeta, era prostituta; pero parece que Baudelaire también tuvo tratos en su arte con la prostitución, aunque desconozcamos su esencia.

Para el conde ruso, renacido a la fe, Baudelaire era un ejemplo de mal poeta, de detestable poeta. Y le acusa (porque es una acusación) de haber inventado nuevas formas, y de sazonarlas con detalles pornográficos, nunca antes vistos, con lo que los críticos, y el público de las clases elevadas, cayeron rendidos a sus pies.  

En su alegato, Tolstoi acusa al arte “moderno” de buscar lo oscuro y lo afectado, y de tomar el placer por objeto, para servírselo a una determinada clase social. Y, sobre todo, le acusa de renunciar a transmitir los más altos sentimientos de la humanidad, que para el anciano Tolstoi son aquellos que dimanan de una concepción religiosa de la vida.

Sin duda, el novelista estaba de acuerdo en una cosa con el poeta: el arte (el de Baudelaire, al menos) es prostitución, diga lo que diga esa palabra.