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12.12.13

Aprender a ver

Toda la vida se nos va en aprender. Es un ejercicio sin fin. Algunas cosas nacemos sabiéndolas, pero las más tenemos que aprenderlas. El aprendizaje del dolor es, por ineludible, nuestra más encarnizada asignatura. Sin embargo, hay algo que descuidamos, por considerarlo irrelevante: aprender a ver. Lo cierto es que por más que miramos, no siempre vemos. Somos ciegos ante lo que nos rodea. Aprender a ver exige mirar con acuidad, interés y pasión, y desgraciadamente no siempre queremos ver. Nos falta tiempo, las prisas son nuestra coartada. Si nos detenemos en la calle a contemplar lo que nadie mira, a nuestro alrededor cunde la sorpresa. La cámara de fotos es, entonces, un buen aliado, además de buen maestro: nos ayuda a fijar nuestro tiempo en una cosa, a escrutar lo que nos rodea... Si vamos por la vida con anteojeras, la realidad se nos escapa por los flancos. Aun a riesgo de parecer ridículos, lo propio es pararse ante las cosas: sea una ventana, un árbol tísico, una puerta, el trampantojo tatuado en una pared, la sombra de una bicicleta... Mirar para ver; y ver para experimentar lo mirado.

2 comentarios:

Jesús Díaz Palma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jesús Díaz Palma dijo...

Vacua tarea la de aprender. Estamos condenados a la ceguera.

Como dijo Henri Roorda: "Cuando me hablan de los Intereses Superiores de la Humanidad, no comprendo de qué me hablan. Pero me gusta el solomillo de corzo y el borgoña viejo. Y sé lo adorable que puede ser la poesía, la música y la sonrisa de la mujer".

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