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15.11.13

Lapsus calami

Para poner una sonrisa en la tantas veces ríspida realidad cotidiana quizás puedan servir unos cuantos lapsus calami. Aunque resulten graciosos, seguro estoy de que a su autor –sean imputables a él, o no lo sean–, poca gracia le harían. Los tomo del Diccionario de tipografía y del libro, del benemérito José Martínez Sousa, quien los espigó de una obra publicada en París con el título de Museo de errores (excepto los dos últimos, recopilados por el escritor austriaco Max Sengen).

“El duque apareció seguido de su séquito, que iba delante.” (Cartas de mi molino, de Alfonso Daudet.)

“Con un ojo leía, con el otro escribía.” (A orillas del Rin, de Auback.)

“Guillermo no pensaba que el corazón pudiera servir para algo más que para la respiración.” (La muerte, de Argibachev.)

“Empiezo a ver mal –dijo la pobre ciega.” (Beatriz, de Balzac.)

“Después de cortarle la cabeza, lo enterraron vivo.” (La muerte de Mongomer, de Henri Zvedan.)

“El cadáver miraba con reproche a los que le rodeaban.” (Recopilada por Max Sengen.)

“Por desgracia, la boda retrasóse quince días, durante los cuales la novia huyó con el capitán y dio a luz ocho hijos.” (Ídem.)

2 comentarios:

Juan Poz dijo...

Bienvuelto a tu espacio (y el nuestro). En esto de la red también juegan su importante papel los hábitos, y el de entrar en ciertas páginas, como una rutina de aseo, de higiene inteletual,es uno de ellos. Encantado de retomarlo.
Sería interesante disponer de una muestra semejante de nuestros gloriosos literatos. Acaso los de "La fiera literaria" la tengan hasta publicada.

Luis Valdesueiro dijo...

Muchas gracias, Poz. Espero volver a la costumbre, poco a poco,

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