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18.11.13

El infinito…

El infinito, lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande: la sed de infinito que asedia nuestro vivir. Ese infinito que se confunde con la divinidad, y en el que se inscribe nuestra historia finita, y la ceniza de los años, y la estela del olvido. Pensar en el infinito sobrecoge. Es preferible pensar en la nada: el infinito de lo inexistente, la rabia de lo dormido y lo secreto, la desazón de lo inmaduro y lo abortado. El infinito supera nuestra comprensión. Aturde la cabeza si pensamos en él. A lo más que podemos llegar, si alguna vez llegamos, es a sentir que el infinito atraviesa nuestro ser como un áspero rayo de luz.

[De El círculo de las palabras, 61. Inédito.]

2 comentarios:

Juan Poz dijo...

La palabra infinito actúa como un poema visual que "muestra" tu percepción: InfInItO: la monotonía de la repetición i...i...i.. que desemboca en la nada O.

Luis Valdesueiro dijo...

Una muy gráfica interpretación, sin duda.

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