Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

8.1.13

Vauvenargues: las máximas de un hombre doliente




Selección, traducción y nota de Luis Valdesueiro


Luc de Clapiers, marqués de Vauvenargues (1715-1747) nació en Aix (Provenza). Ingresó muy joven en el ejército. Se distinguió en las campañas de Italia y Bohemia. Durante la retirada de Praga cayó enfermo, pero meses después combatió en la batalla de Dittingen (1743). Su precaria salud le obligó a pedir el retiro. Solicitó entonces al rey un cargo diplomático, pero su petición fue desestimada. El contagio de viruela acabó frustrando sus aspiraciones a un empleo público. En 1746 apareció, anónimamente, su primera obra: Introducción à la connoissance [sic] de l’esprit humain, suivie de Réflexions et de maximes (Introducción al conocimiento del espíritu humano, seguida de Reflexiones y máximas). El año siguiente, cuando estaba en marcha la segunda edición, le alcanzó la muerte. Voltaire, que fue su amigo, elogió el libro, y lo consideró “uno de los mejores de nuestra lengua”. François Dufay, antólogo de los moralistas franceses, le considera el más grande moralista del siglo XVIII.
En Reflexiones y máximas, Vauvenargues sigue la senda iniciada, en cuanto a la forma, por La Rochefoucauld, procurando apresar en sus máximas las mínimas verdades de la vida. Pero frente a la gelidez de un La Rochefoucauld, en Vauvenargues alienta un candor que le impide ser más escéptico de lo necesario e incluso más razonable de lo que fuera sensato.
Vauvenargues busca el equilibrio entre el demoledor azote del pesimismo y el iluso azote del optimismo. Persigue la exacta medida de las cosas, y asume la realidad sin que le cieguen las quimeras. Vauvenargues desconfía de la razón y derrocha indulgencia con los vicios. Considera que los grandes pensamientos vienen del corazón; que sin el soplo del sentimiento la razón se vuelve áspera y fría. Frente a las emociones negativas, Vauvenargues reivindica las pasiones exaltantes. No es raro encontrar en sus máximas atisbos de psicólogo profundo.
Aunque su posición ante la religión es tibia, Vauvenargues reivindica la fe: La fe es el consuelo de los miserables y el terror de los felices. Si se le quita la fe, se le roba al pueblo la esperanza, por ilusa que esta sea, parece decir Vauvenargues. Décadas después, el mismísimo Robespierre también reivindicó la fe frente al ateísmo, aunque sus intenciones fueran otras.
Los moralistas escrutan al hombre y sus costumbres. Pequeños filósofos, no elaboran teorías sino apuntes del natural. Asedian las pasiones, las virtudes y los vicios. Son los furtivos del pensamiento. Pertrechados de un afán de concisión, se adentran en la selva social o en la penumbra de sí mismos para cobrar algún pensamiento digno. Pensamiento que, frecuentemente, se resume en breves renglones rodeados de silencio.
A pesar de la pretenciosidad del término, Vauvenargues nos enseña a desconfiar de las máximas: no son verdaderas en todos los aspectos. Y esta falta de verdad es inevitable dada la diversidad de los seres. Lo que para unos es la verdad más verdadera, para otros no deja de ser una soberana mentira. Vauvenargues, alejado de los pensadores del XVII, tampoco está cerca de los de su siglo, seducidos por la razón. Discrepa de los tintes oscuros que La Rochefoucauld imprime a sus máximas, y repudia su concepción del amor propio entendido como el colmo del egoísmo. En su opinión, no todo es egoísmo en el amor propio, cabe también desinterés. Frente a la visión lúgubre que La Rochefoucauld expresa en sus máximas, Vauvenargues enarbola la bandera de la dignidad de la naturaleza humana, de las pasiones y de la acción. Por encima de la razón, Vauvenargues pone el sentimiento; y por encima de la reflexión, pone el corazón. 





R E F L E X I O N E S   y   M Á X I M A S

La claridad adorna los pensamientos profundos. [4]

La oscuridad es el reino del error. [5]

Es un gran signo de mediocridad elogiar siempre comedidamente. [12]

Los hombres tienen grandes pretensiones y pequeños proyectos. [89]

Es necesario esperarlo todo y temerlo todo del tiempo y de los hombres. [102]

Descubrimos en nosotros mismos lo que los otros nos ocultan, y reconocemos en los otros lo que nosotros nos ocultamos a nosotros mismos. [106]

Pocas máximas son verdaderas en todos los aspectos. [111]

Las pasiones han enseñado a los hombres la razón. [154]

El pretexto ordinario de quienes causan la desgracia de los demás es que quieren su bien. [160]

Quien sabe sufrirlo todo puede atreverse a todo. [189]

Es bueno ser firme por temperamento y flexible por reflexión. [191]

A veces los débiles quieren que se les considere malos, pero los malos quieren pasar por buenos. [192]

Despreciamos muchas cosas para no despreciarnos a nosotros mismos. [196]

Es falso que la igualdad sea una ley de la naturaleza. La naturaleza no ha hecho nada igual. Su ley suprema es la subordinación y la dependencia. [227]

Raramente nos consolamos de las grandes humillaciones. Las olvidamos. [243]

La necesidad envenena los males que no puede curar. [249]

Lo que llamamos un pensamiento brillante no es, frecuentemente, sino una expresión capciosa que, con ayuda de una pizca de verdad, nos impone un error que nos asombra. [273]

Un mentiroso es un hombre que no sabe engañar; un adulador, alguien que por lo general solo engaña a los tontos. Solo quien usa con destreza la verdad, y conoce su elocuencia, puede ufanarse de ser hábil. [277]

En la naturaleza no hay ninguna contradicción. [289]

¿Va contra la razón o la justicia amarse a sí mismo? ¿Y por qué queremos que el amor propio sea siempre un vicio? [290]

Si el ilustre autor de las Máximas hubiera sido tal como trató de pintar a los hombres, ¿merecería nuestros homenajes y el culto idólatra de sus prosélitos? [299]

Nuestras acciones no son ni tan buenas ni tan licenciosas como nuestras voluntades. [314]

No hay nada de lo que el temor y la esperanza no logren persuadir a los hombres. [320]

La fe es el consuelo de los miserables y el terror de los felices. [323]

La breve duración de la vida no puede disuadirnos de sus placeres ni consolarnos de sus penas. [324]

Por debilidad, y por miedo a ser despreciados, los hombres disimulan sus más queridas, constantes y, a veces, virtuosas inclinaciones. [328]

El arte de agradar es el arte de engañar. [329]

La esperanza es el más útil o el más pernicioso de los bienes. [384]

El valor es la luz de la adversidad. [387]

La constancia es la quimera del amor. [406]

La utilidad de la virtud es tan evidente que los malvados la practican por interés. [411]

Se promete mucho para dispensarse de dar poco. [445]

Los perezosos siempre tienen deseos de hacer algo. [467]

Es injusto exigir a los demás que hagan por nosotros lo que no quieren hacer por ellos mismos. [474]

La desesperación es el mayor de nuestros errores. [523]

No tenemos suficiente amor propio para desdeñar el desprecio ajeno. [549]

Nadie nos censura tan severamente como nos condenamos a menudo a nosotros mismos. [550]

Si es cierto que nuestras alegrías son cortas, la mayoría de nuestras aflicciones no son largas. [584]

La experiencia que tenemos de los límites de nuestra razón nos vuelve sumisos con los prejuicios. [597]

Los hombres no se comprenden unos a otros. Hay menos locos de lo que creemos. [601]

Las enfermedades suspenden nuestras virtudes y nuestros vicios. [606]

La soledad es al espíritu lo que la dieta es al cuerpo. [609] 


Los que desprecian al hombre no son grandes hombres. [618]


Publicado en el n.º 6 de El Alambique – Noviembre 2012-abril 2013
Guadalajara (España)


2 comentarios:

Diablo III Gold dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ada3martin dijo...

So great! Due
Billiges Smartphone ohne Vertrag online kaufen to the knowledge, I learn more form this article!~ Thanks very much.

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.
Contestaré si tengo algo pertinente que añadir.