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30.1.13

Budhi-Dhorma y la DDHC

Budhi-Dhorma sintió un hondo regocijo el día que descubrió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1793, votada por la Convención Nacional e incorporada como preámbulo de la Constitución. En el artículo 1, Budhi-Dhorma leyó: El fin de la sociedad es la felicidad común. La felicidad, ay, la felicidad, exclama alborozado, la felicidad común, rediós.

El resto del artículo puso a Budhi-Dhorma al borde del delirio: El gobierno ha sido instituido para garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales e imprescriptibles. Los derechos naturales, se dice Budhi-Dhorma, sobando las palabras; ¡imprescriptibles, vive Cronos!, se regodea con fruición. Qué tiempos, piensa Budhi-Dhorma, qué tiempos en los que incluso la pobreza quedaba abolida por decreto.

[19/03/2009]

2 comentarios:

Juan Poz dijo...

Lo de "derechos naturales" no tiene desperdicio. Bien podría figurar en una antología de la literatura del absurdo, junto a La cantante calva, por ejemplo. Ando leyendo Erotismo y prudencia, de Gregorio Luri y sorprende la seriedad con que consideran muchos filósofos expresiones de este tipo, absolitamente vacías, a fuerza de querer decirlo todo, o el Todo, ese Gran Todo creado por el miedo, el desamparo y la angustia.

Javier dijo...

El fin de la sociedad, como inexorable paso a través del espacio-tiempo pero también, si no lo remediamos, simplemente como objetivo, es el fin.

Además, en cuanto a esos presuntos derechos naturales, coincido con Poz.

Un abrazo.

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