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19.5.12

“Ya sé lo que es el dadaísmo” (Del Diario 1921, de Castelao)

La Junta de Ampliación de Estudios concedió, en 1921, una beca a Alfonso R. Castelao para estudiar las últimas tendencias artísticas europeas. Durante nueve meses, el artista y escritor gallego visitó infatigablemente museos, iglesias y exposiciones en Francia, Bélgica y Alemania. Fruto de esta indagación es un variopinto y exhaustivo diario que permaneció inédito hasta 1977: Diario 1921. Francia, Belxica, Alemaña, aunque algunos apuntes fueron publicados en la revista Nos.

En el Diario 1921, Castelao opina sobre diversos movimientos artísticos y sobre muchos pintores, realiza decenas de dibujos, añade alguna tarjeta postal y recortes de prensa... Sin olvidar la añoranza del terruño, de su mujer y de su hijo. “Tengo una morriña que me machaca”, confiesa el primer día.

Al emprender su viaje de estudios, Castelao ya era un artista de arraigadas convicciones. Los ismos de la vanguardia, de los que Ramón Gómez de la Serna ofreció un extenso catálogo en su libro homónimo, son coto vedado para Castelao: tras las estridencias vanguardistas apenas descubre almas sin patria, acendrado desarraigo, cosmopolitismo volátil. Y su juicio sobre tales aventuras es severo. A sus ojos, poco se salva. El futurismo, tal vez, aunque a Castelao le parece imposible ser futurista siendo gallego. 

Hojeando este curioso libro he dado con las burlonas páginas que Castelao dedica al dadaísmo, en 1921, el año que, según Guillermo de Torre -uno de los ¡¡¡71!!! presidentes del movimiento Dadá- “marca en los fastos dadaístas el fin del apogeo y el comienzo de la decadencia”. Lejos quedaba ya el debut en el cabaret Voltaire de Zurich, en 1916. Tras las objeciones iniciales, Castelao se demora en el relato de su visita al Salón Dadá. La exposición pone a prueba su paciencia. Su manera de ver y de sentir no puede ser más distinta. A Castelao, que defiende el arte como expresión de lo popular y del sentimento da terra, le encocora el desenraizamiento dadaísta. Quedaban ya pocos años para la aparición del Manifiesto surrealista. En el novedoso y arrollador movimiento militaron algunos veteranos dadaístas (además de Breton, Soupault y Aragon, entre los escritores; el pintor Max Ernst…).

Es evidente que a Castelao las vanguardias le parecen una locura. Y de esa locura vendría a redimirle el estudio de la primitiva pintura flamenca (el Bosco, van Eick, Brueghel...): “lo mejor que hay en pintura”, afirma.


Los dibujos reproducidos en el Diario 1921 se pueden ver en este enlace al
Museo de Pontevedra


 

Día 13 [Junio, 1921]. Ya sé lo que es el dadaísmo. El dadaísmo no es nada; el dadaísmo es hacer nada con nada y es peor que nada porque es bobo, y en un pueblo donde hubiera un poco de higiene espiritual los dadaístas serían molidos a palos. El dadaísmo es decir ¡mierda! en una comida de personas decentes. En un país bien dirigido sería imposible exponer un cuadro titulado “Mi hermano el cura, mi hermana la dulce puta” y, sin embargo, he visto con mis propios ojos un cuadro titulado así. Bien sé que algunos pecados en un pueblo de mil almas no lo son en un ciudad de cien mil; pero por muchos millones que tenga París hay pecados que no se pueden perdonar. Ganas me dan de no escribir nada sobre eso que quieren llamar arte; pero he venido aquí a observarlo todo y cumplo con mi obligación. El dadaísmo tiene existencia en París y estoy seguro de que habrá muchos que lo tomen en serio.

Dadá es incoloro, inodoro, insípido”*. Así dice Philippe Soupault, uno de los dadás más significados. “Hay que ser perfectamente imbécil”, aconseja otro dadá, cosa muy necesaria para pensar que el dadaísmo es algo.

Estuve en dos exposiciones dadaístas: en la de Max Ernst y en el Salón Dadá (Exposición internacional). De la primera no diré ni pizca; perdió todo interés (¡!) ante la segunda.

En un frente del Salón se ve un maniquí colgado de hombre, un paraguas y un violonchelo. Debajo de estos aparejos hay un letrero que va de un lado a otro, y colgadas del letrero un montón de corbatas. El letrero dice así: “Aquí veis corbatas y no violines, aquí veis caramelos y no matrimonios”*. En un trozo de madera, unas gafas con un solo cristal: “retrato de un sordo”. En un cuadro hay un cascanueces de verdad, una esponja de verdad, y una pieza de diez céntimos: “Una bella muerta”*. Un tubo de cartón con un bonete de cardenal: “El exasesino con cabeza de alfiler (escultura)”*. Un sombrero colgado de un hilo: “Dadá se viste en Dadá”*.

Por las paredes se ven corbatas, tirantes, cajas de cerillas, ruedas de relojes y muchos letreros. En el sitio de un cuadro se ve un letrero que dice: “Un aficionado ahorrador ha robado este cuadro”*. Hay otros letreros: “Este verano los elefantes llevarán bigotes. ¿Y usted?”*; “¡Cuidado con el Ideal!”*; “Si quiere morir, siga”*; “Un estado dentro del estado dadá es dadá dentro de dadá”*; “¡¡Camarero!! Una patria y una crisis nerviosa”*. Lo que me hizo gracia fue ver orejas en las paredes y también me hizo reír un espejo que dice debajo: “Retrato de un desconocido”*. Anuncian una fiesta dadaísta en la que diez personas leerán un manifiesto de Picabia.

El dadaísmo no es nada; pero podía ser una burla de las nuevas escuelas de pintura y de escultura, podía ser algo que sobrepasara a todas ellas en extravagancia. Pero para eso tendría que ser más cómica y más ingeniosa. Por ejemplo: el cuadro del espejo (retrato de un desconocido) tiene su pizca de ironía; pero el resto es completamente tonto.

Creo que Picabia le tiene envidia a Picasso; pero Picasso dio primero y... ahí está. Si los artistas «passeistes» [nostálgicos del pasado] tuvieran verdadero talento podrían aniquilar las nuevas tendencias: bastaba con que pusieran en juego su inteligencia y que inventasen nuevas doctrinas, y que luego expusiesen cuadros locos. Esto nada más que durante uno o dos años, y decir después en un manifiesto: «Todo eso lo hicimos para que se vea que nosotros también sabemos hacer locuras; pero como eso no es Arte, volvemos a nuestro camino». Pero los «paseístas» también son tontos además de malos pintores.


ALFONSO R. CASTELAO, Diario 1921. Francia – Belxica – Alemaña. 
Prólogo, sinopsis y registro de artistas de Xosé Filgueira Valverde
Vigo: Editorial Galaxia/Museo de Pontevedra, 1977
[Traducción de Lola Fernández y Luis Valdesueiro]

* En francés en el original.

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