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4.5.12

De la virtud y sus extremos

Una mañana, al despertar, se reconoció el hombre más vanidoso del mundo. Y sintió horror. Mas pronto acudió en su ayuda el deseo ferviente de inmolar su vida a la más alta modestia. Trabajos y días ofrendados a su deseo de perfección hallaron gracia. Y a cada vanidad vencida le nacía el orgullo de la victoria. Y así, fruto de muchas fatigas y arduas labores, llegó a creerse el hombre más modesto del mundo…


Luis Valdesueiro, Lucidario (1997)


2 comentarios:

Juan Poz dijo...

En basto decimos "La cabra tira al monte".
En fino, "llega a ser quien eres".
Y a fin de cuentas, al fondo a la derecha de la libertad, está el determinismo riéndose de nuestras ficciones.
Excelentísimo este aforismo, Luis, que recuerdo de la lectura de Lucidario con clarísima nitidez. Es de los que te impacta por la clarividencia del creador sobre la naturaleza humana.
Por cierto, ¿sabías que hubo un Lucidario en el siglo XI?
Este: "Lucidario" (Tradución del Elucidarium de Honorius Augustodunensis (1095)

Luis Valdesueiro dijo...

Gracias por tus palabras, Poz, dicho sea con vanidad modesta o modestia vana, que nunca se sabe.
Según tengo entendido, lucidario era un nombre genérico para designar a esos libros que eran como un cajón de sastre, mamotretos en los que cabía de todo un poco.

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