Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

18.4.12

“Somos muerte”

Abres al azar el Libro del desasosiego y te topas con una frase fría, inapelable y fría: Somos muerte. Así lo cree Bernardo Soares -alma gemela y doliente de Pessoa-, quien añade: Lo que consideramos vida, es el sueño de la vida real, la muerte de lo que verdaderamente somos. ¿Vida real? ¿Sueño de la vida real? ¿Muerte de lo que verdaderamente somos? Brumosas palabras, telarañas metafísicas. Aunque menesterosa, ¿acaso tenemos otra vida –en este mundo, al menos– que la vida que tenemos? A veces nos adherimos al ideal de la ausente vida verdadera, con ecos de Rimbaud; ensalzamos la vida ausente como la verdadera vida, aquella en la que seríamos lo que en verdad somos. Pero esa vida real, ese ideal de vida, huele a entelequia. Vivimos atados a un tiempo y a un lugar, atados y libres, esclavos de nuestra libertad, condenados a imperfección, siempre en pos de nuestra medida exacta y apesadumbrados por nuestro anhelo de ser, por ese no ser lo que somos. Pero ¿qué somos? Según dictamen de Soares somos muerte. Muerte, sí, pero muerte zigzagueante, ávida de lucubraciones, asediada por deseos y ultrajada por derrotas, henchida de quiméricos anhelos... Si solo pensamos con la cabeza, pensamos mal, y las palabras se arriesgan a volverse humo, niebla, nada. Hay que pensar con las manos, con la espina dorsal, con los codos, con todo el cuerpo, con el alma toda. Quizás así no busquemos amparo en las palabras, ni necesitemos calentarnos en su fuego, ni embriagarnos con sus bríos; quizás así no olvidemos la presencia de lo real, la muda presencia de lo real. ¿Que somos muerte, que no lo somos? Todo es muerte, o lo será. Pero la muerte de los vivos es muy dada a cavilaciones sin cuento; no así la muerte de los muertos, la muerte de quienes ya no tienen palabras. Y si hablamos de muerte, cómo desoír el desgarrado planto del Arcipreste de Hita, esa terrible elegía que atraviesa los siglos con sus denuestos y maldiciones, y que comienza así:

¡Ay Muerte! ¡muerta sseas, muerta e malandante!
Matásteme mi vieja: ¡matasses a mí enante!
Enemiga del mundo, que non as semejante:
de tu memoria amarga non sé quien non se espante.

[Libro de Buen Amor, 1520a-d]

María Brey, en su meritoria edición modernizada, propone la siguiente versión:

¡Ay muerte! ¡Muerta seas, bien muerta y malandante!
¡Mataste a la mi vieja! ¡Matases a mí antes!
¡Enemiga del mundo, no tienes semejante!
De tu amarga memoria no hay quien no se espante.

3 comentarios:

Javier dijo...

No yerra Soares. Inseparable e inevitable, está en nosotros porque así decidimos. Imposible mantenerla al margen de nuestros asuntos, pero a esta eterna compañera, a la que ni se engaña ni se compra, podemos hacerle regalos para intentar demorarla... No podemos evitarla, pero, sigue, Muerte, tu camino.

Un abrazo.

Juan Poz dijo...

A mí, que me tira lo barroco, me sigue impresionando más Quevedo: "presentes sucesiones de difunto", para decir lo mismo, al cabo.

Buy RS Gold dijo...

AWESOME work. And amazing assortment of tools to work... Really great!!

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.
Contestaré si tengo algo pertinente que añadir.