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11.4.12

Bravata

–Si llego a los cincuenta, me suicido... (Breve silencio.) Lo que es yo, de los cincuenta no paso –sentenció.

Era su cantinela favorita. Era su manera de desafiar al tiempo y burlarse del futuro. Con alguna soberbia la decía.

¿Cumplió los cincuenta? ¿Se suicidó? El tiempo, caballo desbocado, rebasó ya esa linde, y nadie sabe si ella la pasó. Si el hado le fue propicio, quizás cumpliera los cincuenta, y olvidara la vieja cantinela, y se acomodara a la vida, y siguiera viviendo –mal que bien, pero viviendo, en fin–, agradecida a la pródiga vida que le había dado tanto y que tanto le había negado.

4 comentarios:

Joselu dijo...

Es la edad de la sombra y son numerosos los ejemplos de artistas e intelectuales que se han suicidado antes de llegar a esa cifra fatídica. Entiendo el horror que supone porque yo lo sentí. Una vez en la década y asumido lo irremediable no es tan terrible. Vendrán sin duda cosas peores y harán olvidar lo que sentimos pareciéndonos ingenuo aquello.

Luis Valdesueiro dijo...

Ahora caigo en que a ese edad (si no estoy equivocado) es cuando, antiguamente, los hinduistas más devotos abandonaban mujer e hijos y emprendían una vida de errancia, ascetismo y soledad.
Saludos.

Violeta dijo...

por que tanto miedo a los años? miedo hay que tenerle a la vida

Luis Valdesueiro dijo...

El ideal sería no temerle a nada (aunque de ahí se podrían derivar males mayores en algunos casos), pero dado que no somos dioses, ni héroes siquiera, sino simples humanos, los miedos parecen inevitables... Eso sí, cada uno tendrá los suyos, aunque nadie puede elegirlos.

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