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18.3.12

Sobresaltos de un lector o La insuficiencia hermenéutica

A Budhi-Dhorma no se le oculta que la lectura es una operación arriesgada. Que tiene efectos secundarios. A veces perdurables, para bien o para mal. Que nunca se sabe.

De ahí que no le extrañe sentir un alfilerazo al leer unos versos de Otero, Blas de Otero, mientras suena una cantata de Scarlatti, Alessandro Scarlatti. Son un par de versos anafóricos seguidos de un raro versículo, que envuelven su espíritu en brumosa incertidumbre.

Si idénticas frases suelen parecernos distintas según quien las diga, lo cierto es que a Budhi-Dhorma le extraña encontrar en ese poema de Otero [“Ponte unas ajorcas”, de Hojas de Madrid] esa sucesión sorprendente de palabras. Un solo verso puede arrasar el sentido de cuantos le rodean, puede incendiar el poema. Durante un rato, Budhi-Dhorma es incapaz de ver más allá de ese verso, que le deja mudo, desconcertado: no sabe si el poema es bueno o es malo, no sabe si le gusta o no le gusta. No sabe nada. Ni siquiera sabe lo que el poema dice.  

Primero vino este verso:

Es tan hermoso esperarte y comprobar que nunca llegas.

Un verso veladamente ambiguo que parece convertir la ausencia en belleza.

Y luego sobrevino este otro:

Es tan hermoso saber que tus senos no caben por la puerta. [¡¡¡???] 

Extraño verso, y delicado (donde dice “senos” pudiera decir otra cosa); tan extraño que a Budhi-Dhorma le agarra por sorpresa; tan estridente y extraño, tan ajeno a la hermenéutica.

Y después, retador, llegó el versículo:

Tienes que vestirte solamente por la espalda, deja al aire tu pequeña fachada de guerrillera.

Rompedora idea, piensa Budhi-Dhorma, para las pasarelas de la moda de París, Milán, Nueva York…

Budhi-Dhorma está perplejo; crítico no es; ignorante, lo es y mucho. Y descartado un error, no sabe a qué carta quedarse. La lectura es una operación arriesgada. Que tiene efectos secundarios. Como la elefantiásica imagen que atraviesa su mente, o el dolor poemática que transita por su espina dorsal. Budhi-Dhorma se rinde al runrún de las palabras: Es tan hermoso, tan hermoso, tan… ¡Quién sabe! ¿Increíble?

4 comentarios:

Javier dijo...

¿Y si las palabras no fueran tales sino hechizos conjurados para someternos a su magia, sea blanca o negra, o roja, en otros casos? Habrá que estar atentos, Luis...

Un abrazo.

Juan Poz dijo...

Hay un Blas de Otero inicial, el de Ancia, que son palabras mayores. Después hay otro, icono vivo del poeta socialista del hombre nuevo, que son eslóganes lirico-políticos. La historia del segundo,al que controlaron incluso el matrimonio para que se ajustara canónicamente a la corrección revolucionaria, arroja un patetismo/catetismo solo propio de estos lares sin estrellas.

Luis Valdesueiro dijo...

Procuraré estar atento, Javier.
Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Sí, Poz, parece que incluso los grandes poetas pueden caer en la más abisal cursilería político-poética.
Un abrazo.

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