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22.3.12

Sobre una máxima (desechada) de La Rochefoucauld

Algo enfadoso resulta el recelo que pone La Rochefoucauld en sus Máximas. Tanto oscurecer la intención de los actos, quizás acabe mareando al lector. A veces la persistencia roza la ofensa, incluso si es en defensa de la causa de la verdad, tan escasa de valedores.

Algunas sospechas humillan, y muchas verdades también. (De algunas de esas verdades nos defendemos considerándolas mentira.) A fin de rebajar la severidad de sus máximas, La Rochefoucauld suele recurrir a los a menudo, en ocasiones, casi siempre, de ordinario, como ya observó Sainte-Beuve. Esas muletillas pudieran ser meros escrúpulos de pensamiento o el vano intento de ser ecuánime. A pesar de todo, su mirada es claramente pesimista y ahí echa raíces su pensamiento. La Rochefoucauld pudiera defenderse de sus críticos alegando ser un simple notario, del alma y sus estados. Pero, afortunadamente (¿o no?) ni todas las almas son iguales, ni todas las miradas son distintas.

En una máxima desechada tras la primera edición, el moralista afirma: Nunca confesamos nuestros defectos a no ser por vanidad. Y cómo no recordar la acusadora expresión: hacer de la necesidad virtud. Sócrates se reconoció cobarde, y ello le trajo fama de valiente. (Y La Rochefoucauld parece que susurra al oído: Sócrates dijo lo que dijo porque la vanidad se lo dictaba.) Escuece ver cómo se aplica la sospecha a las intenciones, pero si obvios son los actos, las intenciones son secretas. Detrás de la virtud, La Rochefoucauld atisba siempre al amor propio, lo que desmiente a la virtud. Ensayemos una aproximación: tenemos un billete de banco, falso. Dos opciones: sabemos que es falso o no lo sabemos. Pero la falsedad del billete, la falsa virtud, ahí está, lo sepamos o no.

Según el pugnaz moralista, nos ufanamos incluso de los defectos, si la vanidad nos mueve. ¿Y qué no haríamos por vanidad? Seríamos capaces incluso de reírnos de nosotros mismos, cosa harto difícil, aunque para unos lo difícil es fácil, y para otros lo fácil es difícil, como decía Juan Ramón Jiménez, delatando hasta qué punto una misma palabra designa cosas tan diversas.

2 comentarios:

GM MDI dijo...

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