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19.10.11

666

Hace meses encontré en el metro un folleto: a todo color, en papel cuché. Acaso lo olvidó alguien, o quizás alguien lo dejó a propósito. Pudiendo haber caído en otras manos, vino a caer en las mías. Misterios de la contingencia.

El título del folleto era sugestivo: Los Eventos Finales, y asimismo el subtítulo: El futuro de la humanidad según la Biblia. Lo edita un “grupo misionero cristiano de Madrid”. Una nota advierte: “Este publicación no es para negocio”. Sí, parece que sus pretensiones son otras.

Tras echarle un rápido vistazo, un capítulo atrajo mi atención. Hablaba del número de la bestia, 666, y después de leerlo quedé pensativo, si no pasmado. Una vez repuesto de la sorpresa di en pensar que no hay fronteras para la imaginación, que no se puede poner puertas al campo (de la imaginación). Me acordé (por si venía a cuento) de que Borges consideraba a la teología una rama de la literatura fantástica.

Para ilustración de los posibles lectores, copio a continuación el texto, fielmente:

El numero de la Bestia

«Pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13: 18). Uno de los títulos oficiales del papa de Roma es: Vicarius Filii Dei, traducido como: Vicario del Hijo de Dios.

En la coronación de los papas, se les pone la corona papal sobre la cabeza y se pronuncian las siguientes palabras: «Tu eres el padre de los príncipes, de los reyes, y de los gobernadores del mundo y vicario de Dios».

Esta pretensión del papa de ser el vicario de Cristo está en contradicción con la Escritura. El Salvador había dicho que el Espíritu Santo será su sustituto aquí en la tierra (Juan 14: 16, 26; 15: 26).

Apocalipsis 13: 18 nos dice que su número es el 666.

Sobre una de las coronas que lleva el papa esta escrito uno de sus títulos oficiales: VICARIUS FILII DEI (Vicario del Hijo de Dios).

Si desciframos las letras latinas de este título nos da la siguiente suma: 666 =(V = 5, I = 1, C = 100; I = 1; V = 5; I = 1; L = 50; I = 1; I = 1; D = 500; I = 1).

Aunque en el texto escribe VICARIUS, entiendo que quiere decir VICARIVS, a la antigua usanza.

Y concluye el capítulo:

A su vez Irineo, un alumno de Policarpo, discípulo del apóstol Juan, consideraba la cifra 666 como si fuera la palabra griega Lateinos que significa reino latino, la cual también nos da el numero 666. El latín es el idioma oficial de la iglesia de Roma. Todos los documentos papales, todas las bulas papales y todas la excomuniones se escriben en latín.

Cuando hablamos del Anticristo tenemos que decir que no nos referimos a una persona, sino a una institución (la Iglesia Católica Romana). En esta iglesia hay muchos cristianos sinceros que sirven a Dios según el conocimiento que tienen, sobre ellos Dios derrama su misericordia y no tienen nada que ver con los errores de dicha institución.

¡Curioso batiburrillo! Mi ignorancia, y el asombro ante el poder de la imaginación, propicia la sonrisa. De todos modos, y puesto que nunca he sabido cómo se las apañaban los romanos para sumar, me hubiera gustado ver la satánica suma hecha al modo romano.


  

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2 comentarios:

Javier dijo...

Luis, más que sumar, Roma multiplicaba, algo que después hizo con vehemencia la heredera universal de todo lo romano, es decir, la Iglesia católica: acuérdate, si no, de los famosos peces y panes...

Es muy acertada la concepción borgiana de la teología, de toda teología, llena de simbolismos esotéricos discretamente confeccionados por mano humana guiada para mentener al vulgo en la sujeción divina, cábala esencial del poder. Lo del número es lo de menos, tanto dan el 666 cristiano, el 7 judío, el 52 azteca, el 108 budista o cualesquiera combinaciones entre ellos y las distintas religiones/sectas que los idolatran...

Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

... Y sin embargo, se podría añadir, parafraseando a Galileo, que los símbolos se mueven, y atraviesan la historia, y alientan los esfuerzos de la gente... El "antes" de los símbolos quizás no nos ayude a comprender el "después"; y menos a quienes no echan raíces en el suelo. (La razón, según lo veo, no tiene raíces, de ahí que su triunfo sea necesariamente lento, si acaso llega a triunfar; y si las tuviera, esas raíces se asientan, más que en el suelo, en la pura inteligencia. Los símbolos, es evidente, son poderosos. Negar el poder de aquello que refutamos sería tan ingenuo como decir que tan solo aquello que vemos. Disculpa. Javier, esta parrafada, que apenas roza tu comentario.
Un abrazo.

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