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5.6.11

Examen en la biblioteca o La muda vanidad

Estas son las cosas –me dije más tarde–, que le pasan a Budhi-Dhorma. A Budhi-Dhorma y no a mí. A él le suceden cosas extrañas, o sorprendentemente triviales, mientras que a mí me rodea la rutina más banal (si no fuera por el paso del tiempo, esa maravilla a la que todos estamos invitados).

Hacía un rato que estaba en la Biblioteca Municipal. Había devuelto tres libros que pesaban lo suyo, sobre todo la Historia de la fotografía de Newhall.

Del expositor de novedades tomé un libro de Max Scheler y otro, de tema religioso, de Tolstói, que incluye la correspondencia con Gandhi, ese hombre que hizo posible la independencia de la India pero no pudo evitar su fractura. Con su vida pagó aciertos y errores.

Escudriñaba en los anaqueles por si me sorprendía algún libro cuando se dirigió a mí una muchacha, oscura de tez y acento americano, de negra melena ensortijada. Preguntó tímidamente:

¿Sabe usted quién escribió…

(En ese justo momento me pareció oír un redoble de tambor; y sentí un estremecimiento en el lugar de la memoria.)

La taberna fantástica?

¡Uf, qué alivio! Me tomé un respiro de segundos con sabor a eternidad y contesté victorioso:

La taberna fantástica es… de Alfonso Sastre.

La muchacha me dio las gracias y yo le quedé tan agradecido que con gusto hubiera añadido, pues así son las cosas de la vanidad, que había visto la obra en un teatro de la calle Fuencarral, y que esa obra tuvo un éxito tan arrollador como sorprendente, o quizás no, allí estaba “El Brujo”, siempre genial. En esos momentos, ya no sabía si yo era yo o si era otro. Y aunque mi envanecimiento enmudeció ante la muchacha, mi vanidad no es ágrafa, como es fácil comprobar.

Al cabo de un rato, vi de nuevo a la muchacha merodeando por los anaqueles de narrativa:

¿Lo has encontrado?

No.

Tuve una sospecha, y añadí:

–Es teatro… eh. –Pensaba que era una novela.– ¿Has mirado el catálogo en el ordenador?

No era posible consultar la página, por motivos técnicos. Ya me había pasado a mí cuando intenté comprobar en casa si tenían el libro de Francesco Colonna.

Acompañé a la muchacha hasta los libros de teatro, pero el de Sastre no estaba. Quizás lo habían prestado… pero no había manera de saberlo.

Mientras volvía a casa recordé que hacía muchos años, décadas incluso, allá por las postrimerías del franquismo, yo había visto una obra de Sastre: Tierras rojas. Historia de mineros, creo recordar; teatro de lucha, supongo. Aunque no recuerdo nada de la obra, no olvido que la vi en un colegio de monjas. Qui le croirait!

[Viernes, 3/6/2011]

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