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31.5.11

Porque era coja

Recuerdo un cuento -olvidé su autor- sobre un criminal que iba a ser ahorcado.

Por alguna arcaica razón legal, el reo podía ser indultado si alguien, a última hora, aceptaba casarse con él.

El criminal del cuento tuvo suerte: una mujer quiso ser su mujer. Pero el criminal, henchido de orgullo, rechazó la oferta porque la mujer era coja.

Si todo el mundo quiere su propio bien (lo que causa grandes desgracias), es evidente que el bien de cada uno es distinto. Y así, alguno prefiere morir ahorcado antes que aceptar la compasión de una coja. Virtuosa, quizás, por añadidura.

En algunos puede más el orgullo que la razón, y ésos se resisten a que las circunstancias elijan por ellos.

2 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Aquí podría insertarse uno de esos crímenes ejemplares de Max Aub: "La maté porque era coja".

Un abrazo, para no perder las buenas costumbres y tal.

Luis Valdesueiro dijo...

Aunque en este caso, el asunto es diferente: es el criminal el que no quiere deber su vida a una coja.
Uno (je, je) abrazo.

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