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10.2.11

La carne y los libros

Mallarmé forma parte de ese conjunto de poetas a los que un solo verso les identifica. Ahí está Lorca: "verde que te quiero verde", o san Juan de la Cruz: "un no sé qué que quedan balbuciendo" (siempre tan mal citado); Jorge Manrique: "nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar..."; Quevedo: "Polvo serán mas polvo enamorado"; fray Luis: "¡Qué descansada vida"; Darío: "Dichoso aquel que es apenas sensitivo" ... y tantos otros. El verso más visible de Mallarmé dice:

La chair est triste et j'ai lu tous les livres.

Es inevitable preguntarse: ¿quién, que no sea Dios, podría encarnar ese yo que todo lo ha leído? ¡Leer todos los libros! ¿Cabe mayor tristeza? La carne está triste y sufre, o sufre porque la carne es triste; pero también sufre el alma, aunque su dolor le acerque a otras almas.

Leer todos los libros, o la mitad de la mitad de la mitad, etcétera, es una locura, y más si le asiste la razón a Chamfort, cuando sostiene que casi todos los libros son corruptores y que los mejores hacen tanto mal como bien. Como puede apreciarse, el quid de la cuestión consiste en despejar el casi.

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