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16.2.11

Budhi-Dhorma y “Paradiso” [Notas acerca de un lector ingenuo] (3)

A Budhi-Dhorma le intrigan las erratas
–sinuosas, reacias, asediantes–, y sabe que las grandes obras literarias, lo mismo que naos antiguas, arrastran rémoras, erratas. Muchas cristalizan
en el instante mismo en que manos acaso desidiosas mecanografían el manuscrito. Luego, quizás veloces linotipistas respeten las antiguas y añadan otras nuevas. (“Leen el principio de una palabra o frase y ya creen saber cuál es el resto”, les censura un erudito en la materia.) Y, por último, el corrector revisa las galeradas, ajeno al tedio de cotejarlas con el original. Budhi-Dhorma no ignora que éstas son cosas del pasado, y no obstante sabe que las erratas tienen futuro.

Aunque sean inevitables, piensa Budhi-Dhorma, las erratas merman si se las combate. Y no siempre se las persigue con la necesaria saña. Por mil razones. De ahí las adherencias espurias que, edición tras edición, convierten los textos clásicos en desafío a la cabalidad.

Budhi-Dhorma tiende a creer que existen, incluso, erratas de pensamiento, ya que a veces se descubre pensando una cosa cuando en realidad es otra la que quiere pensar. Erratas de pensamiento, piensa Budhi-Dhorma: gazapos del intelecto, sombras del alma.

Entre asombrado y divertido, Budhi-Dhorma repasa una muestra de erratas espigadas por Cintio Vitier en la edición mexicana de Paradiso. Breve muestra, ya que las erratas contabilizadas se acercan al millar.

Gómez de la Serna, por gracia consonántica, greguerizó que “las erratas son hermanas de las ratas”. Y Budhi-Dhorma opina lo mismo. Hermanas, o cuñadas, son de la misma ralea: erratas o ratas, y por más que se las asedie (y más si no se hace) nunca se ve el fin. Siempre perdura alguna, o doce o treinta y cinco. ¿Como estar seguro entonces –se pregunta Budhi-Dhorma, lector ingenuo– de que leo lo escrito por el autor? Leer, operación arriesgada, piensa Budhi-Dhorma mientras repasa las erratas y le viene la duda de si alguna de ellas no será, a su vez, errata de una errata. En lo tocante a erratas,  Budhi-Dhorma peca de receloso, no sin razón. Lee que una puñada se convierte en vil puñalada; que la resistencia deviene existencia (quien resiste, existe, piensa Budhi-Dhorma); que la ducha se torna duda, ducha metódica; que la alergia se revela alegría, bendita sea; que las persianas, quién sabe por qué, son ventanas; que la astenia es abstemia; que las ojeras se transforman, socorrida metátesis, en orejas; que los cisnes negros, ay, no son sino cuencas negras y, misterio de los misterios, que la lechuga se metamorfosea en lechuza. Y, por último, que comenzó a llover cuando alguien comenzó a llorar (agua de lluvia, agua de lágrimas, agua bendita, piensa Budhi-Dhorma).

Pero la errata más rata de todas, la de más quilates alquímicos es, para Budhi-Dhorma, la que transmuta el leibniziano La mónada, la divinidad, en el numismático La moneda, la diversidad.

Budhi-Dhorma queda abrumado, pero se peina su escepticismo. Ah, las erratas, piojos de las palabras, según Flaubert, según Lezama. Para llegar a las palabras prístinas, piensa Budhi-Dhorma, antes hay que purgarlas, expurgarlas, espulgarlas y despiojarlas.

[14/2/11]

(¿Continuará?)

2 comentarios:

Juan Poz dijo...

Como diría un personaje galdosiano, "ahí le has dado, ese es mi tema", pero no "el" tema, sino "la" tema que me tiene atrapado desde que, en mala hora, se me ocurrió levantar acta de con cuantas erratas se tropiezan mis yemas, descubro en las correcciones o malinterpreto en titulares u otros textos. La lista es larga, por supuesto, pero ahí van algunas, paara solaz de quien leyere:
Riumor (por rumor), que vale tanto como el rumor del río o como un bienhumorado río catalán.
Ése era su principal defeco (por defecto)
Es una actitud propifia (por propicia)
Tienen ganas de broca (por bronca)
Es un soserbio (por soberbio)
No le gustaron los salomonetes (por salmonetes)
Aquel calvicémbalo está desafinado.
Le habló con mocos policiales (por modos)
Hicieron un itinerario rutístico (por turístico)
¡Es que no ve más que programas de telebasutra! (por telebasura, so pena que hable de la televisión islámica...)
En fin, esta es, en "resumisas" cuentas, mi contribución.

Luis Valdesueiro dijo...

Casi todas las erratas que alegas son de "arte y ensayo", aunque relativamente fáciles de subsanar. Quizás resulte más difícil adivinar que tras la "moneda" está la mónada" (aunque tan solo cambie una letra). De todos modos, creo que el recelo de Budhi-Dhorma está justificado: seguramente hay erratas que resultan invisibles, pero que traicionan el original.

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