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10.1.11

Nombres singulares, es decir, plurales

Quien busque poesía en el BOE, es seguro que no la encontrará. A cambió, quizás encuentre alguna corrección de errores harto curiosa. El mes pasado se publicó la concesión de la Medalla de Oro al Mérito en el trabajo a doña Patrocinio X. Muy ufana estaría doña Patrocinio de no haber mediado el error al que intenta poner remedio la consabida corrección de errores:

En la página 102014, en el sumario de la disposición y en el segundo párrafo, donde dice: “a doña Patrocinio”, debe decir: “a don Patrocinio”.

Nadie es perfecto. Resulta que la mujer trabajadora es un hombre trabajador. Ante semejantes deslices se impone la comprensión: nadie está libre de ellos. Además, ¿para qué están los errores sino para enmendarlos? Más sonrojante hubiera sido el error si la medalla, en vez de a doña Patrocinio, se hubiera concedido a doña Patrocinia. 

Nadie está libre de meter la pata. En una ocasión tuve que dirigirme por correo a una persona llamada Eliades, y engañado quizás por el recuerdo de un personaje de Rulfo, la traté como si fuera varón. Y era mujer. Es evidente que hay nombres singulares, es decir, plurales: valen para todos (y todas, si no basta el todos). Un casero tuve que se llamaba Visitación; he conocido a un Reyes y a una Reyes; he oído que hay hombres que se llaman Pilar o Trinidad, aunque sean nombres más frecuentes en mujeres. (Doy por supuesto que el Trinidad del espagueti western titulado Le llamaban Trinidad sería un hombre. No habría lugar a dudas si fuera mujer y el título lo hubiera puesto José Jiménez Lozano quien, con su afición al laísmo, escribiría sin rubor La llamaban Trinidad. Y todo más claro.) Sé, asimismo, de hombres y  mujeres que llevan a la vez un nombre de hombre y un nombre de mujer: José María o María José.

Parece, pues, que en estos temas hay que soslayar la lógica despótica, y no pensar que, por ejemplo, un nombre acabado en ‘o’ tan sólo puede referirse a un hombre. Por cierto, tal vez sea la ‘o’ la única vocal a la que le cabe el honor de acompañar a un nombre: María de la O, pero tampoco es improbable que alguien se invente el María de la A, a fin de contribuir a la revolución onomástica. Tiempo al tiempo. 

A pesar de lo dicho, que un nombre termine en ‘o’ o en ‘a’ no es indiferente, como nos recuerda Cabrera Infante en un texto, pura síncopa, titulado “Cuento cubano”:

Una mujer. Encinta. En un pueblo de campo. Grave enfermedad: tifus, tétanos, influenza, también llamada trancazo. Al borde de la tumba. Ruegos a Dios, a Jesús y a todos los santos. No hay cura. Promesa a una virgen propicia: si salvo, Santana, pondré tu nombre Ana a la criaturita que llevo en mis entrañas. Cura inmediata. Pero siete meses más tarde en vez de una niña nace un niño. Dilema. La madre decide cumplir su promesa, a toda costa. Sin embargo, para atenuar el golpe y evitar chacotas deciden todos tácitamente llamar al niño Anito.

Algo que llama la atención es el éxito alcanzado en España por el nombre de Andrea (¡Andrea, come el pollo!), usado, eso sí, para mujer, pese a ser nombre importado de Italia, y  tomado en préstamo del griego, lengua en la que al parecer designa a los varones. Pero eso aquí importa menos que el hecho de acabar en ‘a’. ¿Es posible que Andrea sea el equivalente de nuestro Andrés? Aunque ese nombre no plantee aquí problemas, supongo que en Italia, semejante uso, no dejará de sorprender.

2 comentarios:

Eloi BLQ dijo...

Aquí en Francia hay muchos nombres que se pueden utilizar tanto para hombre como para mujer, y alguna vez ya me he llevado la sorpresa de pensar que estaba dirigiendome a una mujer y era hombre o al inrevés. Hay por ejemplo, Claude, Sthépane y también Jean y Jeanne, que aunque se escriban diferente se pronuncian igual (tonterías del francés)

saludos

Luis Valdesueiro dijo...

Tengo entendido que también Dominique. ¡Las lengua son muy suyas!
Saludos.

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