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21.1.11

El lobo que renegaba de su sino

Aquel Lobo estaba insatisfecho con su sino.

Quería ser Perro el mejor amigo del hombre, según la voz del pueblo y no una alimaña a la que abatir arteramente.

Que si mato ovejas sin ton ni son… Pues claro que mato ovejas sin ton ni son… Y si mato ovejas sin ton ni son, ¿qué culpa tengo yo? ¿Acaso no afirma el eximio Spinoza que la araña está condenada a atrapar a las moscas? Pues otro tanto me pasa a mí; solo que, en lugar de moscas, las ovejas son mi condena.

El Lobo ya andaba harto de su sino y quería ser otro, un lobo nuevo que viera el mundo con amor. 

Quiero ser Perro, no Lobo.

Aquel Lobo envidiaba la vida plácida y burguesa de los perros de ciudad, y más aún de los perros de campo, que aunque no totalmente libres, al menos no se ven abocados a una realidad áspera y sin perspectivas, como la suya.

Saber que los más cívicos de entre los amos recogen las heces de sus chuchos, le producía una inmensa ternura a aquel Lobo de larga prosapia y condenado a ser un fin de raza.

Aunque las cosas que el Lobo envidia sean banales, y dispuesto está a reconocerlo, le encantaría pese a todo disfrutar de ellas.

–¡Qué delicia! Ver los concursos de la televisión… y salir de paseo… y hacer mis necesidades en la acera… y ladrar a otros perros… y mear en las farolas o en las ruedas de los coches… y subir en los ascensores… y bajar… y visitar al veterinario… Y, para remate, si te mueres, adornan tu tumba con risueños epitafios... ¡Y además lloran tu ausencia!

Y una nube de tristeza envuelve al Lobo.

–No hay vida igual a la del Perro… Para vida perra, la mía.

5 comentarios:

Javier dijo...

No es lobo sino hombre. Puede que la condena de este lobo-hombre sea su propia envidia.

Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Tu punto de vista, Javier, me ha recordado el dicho clásico: "el hombre es un lobo para el hombre". Sí, tal vez entre lobos anda el hombre: hombre-lobo. (En el bien entendido de que ese "hombre" acoge también a las mujeres.)

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Tengo una mascota, amigo Luis, y entiendo bien los sentimientos del lobo. Pero éste, tal vez en su lobidad, debería denunciar una campaña de especismo en su contra, y proclamarse "minoría discriminada" y reclamar sus derechos a cambiar de género, de especie, o lo que sea, la perridad en suma.
Un abrazo.

Arturo Valmonte dijo...

Este lobo es un poco incauto. ¿Es que no ha visto las hordas de perros abandonados en las perreras? ¿Cómo son éstos tratados y qué incapaces se han vuelto para recuperar su antigua condición de lobos? ¡Pero cuánto ciegan los deseos frustrados!

Saludos

Luis Valdesueiro dijo...

Desde luego, José Miguel, hoy por hoy sí que son minoría,al menos en relación con los perros, aunque ya no sean perseguidos como en otros tiempos. De todos modos, yo no me fiaría mucho de la "lobidad" de este lobo...
Un abrazo.


La envidia nunca es envidia de la totalidad, sino de aquello que deslumbra. Y ello a pesar de que lo deseado y lo indeseado sean inseparables. Certeras palabras, Arturo: ¡Cuánto ciegan los deseos frustrados!
Saludos.

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